jueves, 28 de mayo de 2026

JDR - Capítulo 380

Capítulo 380

La debilidad del Corazón de Acero.
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

En lo alto de una colina, junto a un montículo de tierra elevado, Bollito plantó un cartel de madera torcido en el suelo. Tenía una línea de texto escrita en el idioma del páramo.
Defendió a sus compañeros, escribiendo una leyenda sobre la valentía con su vida: Teddy
Debajo del nombre, estaban las firmas de todos los miembros del Caballero del Oso Blanco. Tenía muchos recuerdos, pero no podía escribir mucha prosa florida, ni resumirlas en pocas palabras. “Espero que en tu próxima vida puedas visitar nuestro mundo… Y si puedes elegir, intenta elegir algo que tenga orejas… Tienen la vida más cómoda.” – murmuró mientras tocaba suavemente el montículo elevado con su pata, antes de levantarse lentamente de la tumba con su corpulento cuerpo. Soplaba una suave brisa, meciendo su pelaje blanco y la hierba a su lado. El lejano sol de la mañana proyectaba un resplandor dorado sobre el bosque. Quería cantar una canción antes de irse, pero no recordaba ninguna. Mirando fijamente el cartel de madera y su epitafio, Tail se acarició la barbilla, perdida en sus pensamientos, y de repente vio un defecto. “Espera. Si también ponemos nuestros nombres, ¿no pensarán los demás que estamos enterrados aquí?” – se preguntó en voz alta. “Uf. ¡No empieces a contar historias de fantasmas ahora!” – dijo Bollito, qué a pesar de sentirse triste, no puedo evitar saltar entre la risa y el llanto. “Mm… Se siente algo raro.” – la expresión de Pasta de Sésamo también era sutilmente compleja, con el dedo índice apretado contra los labios. – “Es como… Izar una bandera enorme.” “Hablando de historias de fantasmas, alguna vez has oído hablar de aquella chica que asistió al funeral de un amigo y se encontró con su propio nombre en la lápida…” – dijo Tail de repente, adoptando una expresión fantasmal y un tono de voz inquietante. “Basta, por favor… ¡Basta!” Bollito tapó la boca de Tail, quien comenzó a chillar y hacer ruidos extraños. Su vivacidad alivió un poco la tristeza. Al mirar la lápida hecha a toda prisa, Pasta de Sésamo se agachó con cuidado y plantó una pequeña flor que había traído del pie de la montaña. Dado que es un juego de realidad virtual totalmente realista… En unos años, coloridas flores silvestres deberían cubrir toda la ladera. Siempre y cuando no hubiera un reseteo del servidor… Levantándose del suelo, miró a sus compañeros con una sonrisa. “¡Hora de irse!” Como siempre estaba repleta de energía, Tail se liberó del abrazo de Bollito, agitando enérgicamente su puño en el aire. "¡Vamos! ¡A la carga!”
* * *
Por culpa de un solo periódico, la Ciudad de Boulder se sumió en el pánico. Y avivando toda esta conmoción estaba Hal, quien triunfalmente, o mejor dicho, radiante de orgullo, lideraba a su equipo. “¡Imprimid más! ¡Otros 20.000 ejemplares del número de ayer! Ahora nuestros lectores no son solo holgazanes de taberna o desempleados que vagan por las calles, ¡sino también ciudadanos bien vestidos y nobles que viven en el centro de la ciudad!” – ordenó a los editores a primera hora de la mañana. Estaba ligeramente achispado y apestaba a alcohol. Estaba sentado junto a la ventana de la reacción del periódico, con una botella de champán en la mano. Sí, estaba bebiendo una botella grande, pero valió la pena. Hace apenas dos días, la tirada del Diario del Superviviente rondaba los 6000 ejemplares. Pero en cuanto salió el titular de ayer, los periódicos se agotaron al instante. Además, las subscripciones se habían duplicado y ahora toda la ciudad leía sus palabras. En cuanto al Señor House… Era solo un perdedor que solo sabía ser sarcástico en la radio. ¡Ni siquiera lo consideraba una amenaza! Apartando la mirada de los empleados, Hal observó a Habrá Tiempo, de pie en la redacción, con una brillante sonrisa. “Querido amigo, ¡esas fotos que trajiste son simplemente perfectas! ¿Por qué no te unes a nuestro periódico como reportero? Por mis años de experiencia, ¡eres un genio!” Años de experiencia… Habrá Tiempo recordó que hacía apenas un mes, ese tipo todavía era un acomodado miembro de una familia real lejana. En apenas unas semanas, se había corrompido hasta convertirse en una figura descuidada y parlanchina. Por un momento no supo si criticar al periódico o a esta ciudad avariciosa y destructiva. “Deberías agradecérselo a nuestro Administrador… En el mejor de los casos, solo soy una herramienta de transporte.” – respondió, tras toser levemente. “Ja, ja. Claro, también debo agradecérselo. Permítanme ofrecerle al Administrador mi más profundo respeto. ¡Superado solo por el Espíritu del Desierto!” Mientras hablaba, Hal le dio otro trago a la botella. Habrá Tiempo sintió que su respeto no era sincero. Era solo una excusa para beber. Pero… probablemente tampoco tenía motivos para burlarse de él. Fue la primera persona en gritar Respetado Administrador, pero ahora todos lo hacían para aumentar su sensación de inmersión. ¿En cuanto al respeto? Quizás había un poco de admiración, ya que era difícil encontrar a alguien tan íntegro, desinteresado y dedicado en la vida real, salvo en los libros de historia. Pero hablar de respeto genuino por una persona de un juego no parecía del todo apropiado. “¡Por el Administrador!” – respondió Habrá Tiempo, chocando su vaso con la botella de Hal con una sonrisa. Luego tomó un sorbo y lo dejó a un lado. “¿De verdad está bien que beban tan temprano?” – murmuro Dori, con los brazos cruzados. Toda la reacción estaba trabajando con ahínco. Y a Habrá Tiempo se le podía disculpar, ya que en realidad no formaba parte del periódico, solo venía de vez en cuando a realizar encargos. Sin embargo, las cosas eran diferentes para Hal… Se suponía que era el jefe. “¡No pasa nada! Incluso borracho, puedo escribir frases exquisitas, usando doce secuencias diferent… ¡Brup!” – Hal eructó y buscó una silla para sentarse mientras se tambaleaba. – “¡Lo tengo todo preparado! Esta guerra será nuestra oportunidad. El futuro Diario del Superviviente no solo será el periódico de la Ciudad de Boulder, sino que se convertirá en el más vendido de la Provincia del Valle del Río… ¡y del páramo!” “Para crecer más y hacerse más fuerte, para crear nueva gloria…” – bromeó Habrá Tiempo. Los ojos de Hal se iluminaron y chasqueó los dedos con la mano derecha. “¡Exactamente!” “Me temo que será algo complicado. Ni siquiera hay una moneda unificada en el páramo.” Hal se rio. “Ja, ja. Esos problemas se resolverán tarde o temprano. Estoy seguro.” Al observar como divagaba, Habrá Tiempo sonrió y negó con la cabeza, con la intención de irse con Dori. “La verdad es que no lo entiendo.” – dijo Hal de repente. “¿Qué no entiendes?” “Eso que dijo Shu Yu… Que era crucial para derrotar a la Legión.” – continuó Hal, al ver que Habrá Tiempo se mantenía callado. “Tiene toda la razón… ¿Cuál es el problema?” “Es un gran problema. ¿Por qué piensa el Administrador que un periódico puede resolverlo? Lo que digan los supervivientes del páramo es irrelevante. Apenas tienen para comer.” – añadió Hal, desconcertado. La Ciudad de Boulder se parecía bastante a su ciudad natal. En la Provincia del Atardecer, todo el poder residía exclusivamente en el Emperador. Y aquí, todo el poder residía en el Señor de la Ciudad, quién jamás aparecía en público. Aunque la nave de la Legión asustase a todos los habitantes de la ciudad, aunque temblasen de miedo ante su cañón principal de 400mm… el Señor de la Ciudad no pronunciaría ni una sola palabra. “Sí.” Habrá Tiempo no lo negó. “¿Entonces qué sentido tiene? Bueno, es solo mi curiosidad… Incluso sin instrucciones seguiré publicando más noticias sobre la guerra.” – preguntó Hal con curiosidad. “El objetivo es movilizar a la gente.” “¿Movilizar?” “Sí, vamos a librar otra guerra a vida o muerte. Y no se trata solo de nuestras vidas. Si bien no podemos influir en las decisiones del Señor de la Ciudad, podemos lograr que quienes quieren sobrevivir actúen antes de que sea demasiado tarde. Ya sean estibadores del puesto comercial, obreros de las líneas de montaje, mercenarios que arriesgan sus vidas por dinero, dueños de fábricas, banqueros… o lo que sea. La Ciudad de Boulder sin duda tiene un Señor, pero en última instancia está compuesta por gente.” – explicó mientras miraba al editor del periódico, un poco borracho, antes de continuar. – “Esta ciudad es como una máquina oxidada; necesitamos ponerla en marcha. Aunque solo sea un poco. Ese es el significado de movilización.” Hal reflexionó un instante, con una expresión pensativa en su rostro ebrio. “Ya veo… Creo que ahora entiendo lo que planeas hacer.” Al salir de la oficina del periódico, Habrá Tiempo notó que Dori caminaba a su lado, mirándolo con cara de curiosidad. “¿Qué pasa?” “Sabes muchas cosas.” – dijo con un tono indescriptible. Una mezcla de sorpresa y admiración. “¿Será porque vengo de un refugio?” – dijo Habrá Tiempo, medio en broma. “Un refugio…” – Dori cruzó los brazos detrás de la cabeza, mirando al cielo. Estaba absorta en sus pensamientos. Luego, le asaltó una idea repentina. – “Así que sabéis mucho. ¿Crees que los que estamos fuera somos tontos?” Habrá Tiempo hizo una pausa y luego soltó una risita. “¿Cómo es posible?” Más bien, admiraba el tenaz optimismo de la gente del páramo, al sobrevivir 200 años en medio del declive de la civilización. Verlos a través de una lente estaba bien, pero si realmente tuviera que vivir en este mundo… Probablemente se volvería loco. No se trataba de fortaleza mental, sino que tenía una clara comprensión de sus propias capacidades. No se trataba de guerras, el apocalipsis o el páramo. El simple hecho de no poder comprar nada con dinero probablemente lo haría perder la cordura. “Ah, qué bien.” Dori lo miró fijamente a los ojos un rato, y luego una leve sonrisa apareció en sus labios. Su cabello verde esmeralda se balanceaba suavemente y, tras pronunciar ese comentario enigmático, avanzó a paso ligero. “¿Eh?” Al observar el repentino cambio de humor de la chica, Habrá Tiempo se sumió en sus pensamientos. Jamás pensó que la gente pudiera ser tan feliz por elogiarla por ser inteligente. Era demasiado fácil de complacer.
* * *
En la sede del ejército de Ciudad del Amanecer. Sobre la mesa de mando de madera había un informe de batalla del frente organizado por Pequeño7. Dado que aún no se había establecido una red de comunicaciones estable, Chu Guang solo podía informarse sobre la situación en la frente a través del foro de la página web oficial. La red de comunicaciones establecida usando el campo morfogénico operaba completamente en un mundo paralelo complemente independiente, garantizando una conectividad ininterrumpida en cualquier circunstancia. “Una marcha forzada de más de 30 horas, infiltrándose en la zona en pequeños grupos, lanzando cinco incursiones consecutivas a lo largo de 15 kilómetros, aniquilando a casi una unidad completa de 100 hombres… ¿Estás seguro de que era una unidad de solo 20 hombres?” Lo más importante es que solo unos pocos resultaron heridos. ¡Nadie había muerto! El rostro de Vanus reflejaba asombro. No se lo podía creer. Añadir información superflua en los informes de batalla era una práctica habitual entre las unidades de primera línea. Lo sabía perfectamente. Sin embargo, era comprensible. Después de todo, la situación en el campo de batalla podía cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Si alguien estaba más de tres minutos en el suelo, sin retirarse, se consideraba una baja. Si alguien cargaba con él, se consideraba un herido. Era imposible que alguien usase unos prismáticos y un contador para calcular cuantos segundos estaba una unidad fuera de combate. La primera cualidad que necesitaba un buen comandante era la capacidad de discernir la veracidad de la información que llegaba del frente, evaluar la situación general de la batalla en información imprecisa y dirigir a aquellos que aún pudieran estar vivos para que ejecutasen las órdenes que fueran factibles. Si sus subordinados le hubieran entregado semejante informe de batalla o le hubieran dicho tales cosas por radio, su primera reacción habría sido que estaba diciendo tonterías. Sin embargo… ¡Este informe de batalla le había sido entregado personalmente por el Administrador! No era ningún novato en lo que se refiere a la guerra. Vanus había escuchado que al principio no solo entraba en batalla con un martillo propulsado por nitrógeno, sino que lideraba la carga, haciendo sonar un silbato. Más tarde, a medida que crecía el talento de la Alianza, fue pasando gradualmente de la primera línea a la retaguardia, dejando tras de sí un rastro de historias legendarias. Si Vanus tuviera que evaluarlo, colocaría a Chu Guang al nivel de Klaas o Griffin como mínimo. En cuanto a por qué no le daba un nivel más alto como el de un comandante de legión de mayor rango o del mariscal, era simplemente porque la gente común solo podía alcanzar el nivel de general… Vanus no fue la única persona que se sorprendió. Todos los que vieron el informe se quedaron sin palabras. Los oficiales del puesto de mando, incluidos todos los demás, mostraron expresiones de incredulidad al ver el informe de batalla, que era increíblemente impresionante. “Para ser precisos, solo han llegado unos 20 hasta ahora. Se espera que otros 100, junto al personal de logística, lleguen en tres días ya que están de camino.” – dijo Chu Guang, con un atisbo de emoción. – “No hace falta que me digas que no lo crees. También me sorprendí cuando recibí este informe de batalla… Pero te aseguro que su autenticidad es indiscutible.” Los jugadores que discutían la batalla en el foro se verificaban entre sí. El informe de batalla organizado por Pequeño7 había pasado por múltiples niveles de verificación. Era lo más cercano a la verdad. Al escuchar al Administrador, los oficiales ya no cuestionaron el informe de batalla desde el frente y empezaron a discutir las contramedidas. “Según informes del frente, el Corazón de Acero parece haber sufrido una avería en el motor… Se aprecian soportes de suspensión y operarios de mantenimiento trabajando en el exterior del casco.” “Al mismo tiempo, han aumentado la escala de su despliegue en tierra, enviando cerca de 1000 soldados. Parece que pretenden establecer una base en el Valle Afortunado a largo plazo.” “Sin embargo, sus métodos no son sofisticados. Siguen utilizando la vieja táctica de la intimidación militar, enviando soldados a requisar alimentos, ganado y mano de obra para la nave a los asentamientos de supervivientes cercanos. Al mismo tiempo, utilizan dinares para sobornar a mercenarios y depredadores para que formen parte de su fuerza de milicianos… Esto ha generado un considerable resentimiento entre los supervivientes de la zona.” “He hablado con el comandante del frente y sus ideas son básicamente las mismas que las mías.” – añadió Chu Guang, mirando el mapa colgado en el estante. – “En la primera fase de la campaña, debemos unir a los supervivientes locales. Tácticamente, debemos usar técnicas de guerrilla para desgastar las fuerzas enemigas. Si logramos reducir sus números en más de un 20% durante la primera fase, podríamos obligarlos a retirarse de esta zona… ¡o podemos adoptar una estrategia más agresiva!” En ese momento, Chu Guang hizo una pausa, observando a los oficiales presentes en la sala de mando. “Si se da ese último escenario, el campo de batalla probablemente se extenderá más allá de los 150 kilómetros. Debemos prepararnos para lo peor. Al mismo tiempo, antes de la batalla final, ¡debemos encontrar la manera de derribar esa aeronave!” “¿Conoce al general McClennan?” – preguntó de repente a Vanus, que estaba sumido en sus pensamientos. Vanus se quedó desconcertado, luego esbozó una sonrisa irónica. “Solo soy un centurión… Y un centurión de la Legión Clon. Alcanzar el puesto de capitán antes de los 40, indica que esa persona tiene un futuro brillante en la Legión… No tiene necesidad de molestarse con un don nadie como yo.” Si bien la Legión era famosa en el páramo por su enorme ejército de clones, los oficiales que comandaban esas unidades de carne de cañón tenían un estatus mediocre. Especialmente para una fortaleza aérea como el Corazón de Acero, que pertenecía a un sistema completamente diferente al de las fuerzas terrestres. Incluso si se hubieran conocido, McClennan no le habría dedicado ni una segunda mirada. Chu Guang asintió levemente, sin decir nada más. “Mm... Parece que podemos descartar la opción de la negociación.” Aunque en realidad nunca albergó esa ilusión… “La clave es ese problemático escudo deflector.” – dijo Llave Inglesa de la Primera Legión, frunciendo el ceño. – “Si les lanzamos una bomba muy lenta…” Vanus negó con la cabeza. “Si fuera tan sencillo como dices, ni siquiera podrían volar fuera de su área de influencia, y mucho menos llegar desde la costa Oeste hasta aquí. Las ametralladoras antiaéreas que cubren su fuselaje son suficientes para interceptar cualquier objetivo que se acerque lentamente, sin mencionar las bombas o proyectiles perforantes… Probablemente lo único que podemos hacer es dañar sus motores.” Esas filas paralelas de enormes hélices no eran particularmente avanzadas tecnológicamente: estropear algunas no sería complicado. Sin embargo, incluso si las destruyeran, sería como reventar la rueda de una bicicleta o destruir la oruga de un tanque. No podrían moverse, pero no causaría ningún daño real. “¿Realmente no tiene ningún punto débil?” – preguntó Llave Inglesa, sin poder evitarlo. Vanus guardó silencio durante un rato antes de responder. “Por supuesto que tiene puntos débiles.” “¿Dónde?” – preguntó Chu Guang. “En la panza.” Vanus señaló la foto, justo debajo de la aeronave. “Esta es la bodega de bombas… Comparada con otras zonas, esta tiene una menor densidad de potencia de fuego. Escuché que un asentamiento le causó bastantes problemas con un denso enjambre de globos. Aunque al final fue arrasado.” Se hizo el silencio en el puesto de mando. “Su punto débil está en la panza… Si colocamos nuestras baterías antiaéreas justo debajo y disparamos… ¿le causaremos algún daño?” Vanus negó con la cabeza. “No lo sé, pero creo que sus tropas terrestres y los observadores en la aeronave no son ciegos.” Un oficial de la Primera Legión apretó los puños. “¡Entonces intentemos conseguir una lancha de desembarco de lanzamiento vertical! ¡Les tenderemos una emboscada desde abajo y luego los atacaremos como si estuviéramos asaltando un nido de pájaros! Tenemos una infantería ligera más poderosa. ¡Simplemente asaltaremos esa fortaleza y la destruiremos en un abrir y cerrar de ojos!” Vanus suspiró y guardó silencio. Esta vez, ni siquiera intentó discutir. “¿Eres un idiota? ¡Pueden tirarte las bombas en la cabeza cuando atacas su panza!” – le espetó Llave Inglesa a su oficial. – “¡Exactamente! ¿Y qué es una lancha de desembarco de lanzamiento vertical? ¡Nunca había oído hablar de algo así!” Mientras observaba a los oficiales discutir acaloradamente, Chu Guang también cayó en la contemplación. Justo en ese momento sonó un aviso en el MV de su brazo. “Tengo que atender esta llamada.” Tras decir eso, Chu Guang se dio la vuelta y salió por la puerta, dejando la discusión en manos de los oficiales en el puesto de mando. La llamada era de Luka. En cuanto su torso apareció en la pantalla de Chu Guang, empezó a hablar con entusiasmo. “Señor, ¡el Ayuntamiento de la Ciudad de Boulder convocó esta mañana al director de nuestra oficina en la ciudad!” “¿Dulong?” “¡Sí!” “¿Qué dijo?” “Dijo muchas cosas… Como preguntarnos si necesitábamos ayuda. También mencionó que, como les ayudamos a absorber parte de la Marea a principios de año, les queda almacenado una cantidad considerable del armamento que almacenaron para hacerle frente… y que… si nos interesa. Están dispuestos a vendérnoslo a mitad de precio.” – respondió Luka con una expresión intrigante, ante la pregunta del Administrador. Aunque sin duda eran buenas noticias, las condiciones ofrecidas eran tan generosas que no podía decidir si habría alguna trampa. Por lo tanto, llamó a Chu Guang inmediatamente después de que el jefe de la Oficina de la Nueva Alianza le informara. Este también se sorprendió al escuchar el mensaje. “¿La mitad del precio del mercado o de costo?” – preguntó, sin darse cuenta. “Uh… La mitad del precio al por mayor. Dulong incluso dijo que, si no tenemos suficiente dinero, puede darnos otro préstamo específicamente para la compra de armas.” ‘¿Qué demonios? ¿Algo tan bueno?’ Chu Guang se quedó estupefacto. Aunque fue idea suya incorporar a la Ciudad de Boulder a la maquinaria de guerra de la Alianza, era… ¿demasiado rápido? Parecía que el cañón principal había causado una gran conmoción entre la gente civilizada que vivía dentro de la muralla gigante. Incluso se habían olvidado de pensar en generar beneficios. “¡Que lo envíen de inmediato! Tantos como sea posible. ¡Cuánto antes mejor!” – ordenó Chu Guang, sin la menor vacilación. – “Además, recuérdales que las armas para combatir la Marea no serán suficientes. Podemos fabricar nuestros propios rifles y cañones. ¡Lo que necesitamos son armas que puedan dañar esa nave!” En ese instante, Chu Guang recordó de repente la discusión de los oficiales. “¡Especialmente equipamiento de aterrizaje a gran altitud!” – agregó. – “¡Sería aún mejor si pudieran llevar a nuestra gente a esa nave!”


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