miércoles, 14 de enero de 2026

JDR - Capítulo 360

Capítulo 360

¡Este es un valioso objeto de misión!
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

Puerta este de la Ciudad de Boulder. Junto al punto de descarga de la estación comercial, se apilaban montones de mercancías formando pequeñas montañas. De pie junto a un montón de grano, un estibador sin camisa se echó un trapo sucio al hombro. Extendió la mano para cargar un robusto saco de cáñamo. “¿Este es el cargamento de ayer?” – Henry se sorprendió. Lo recordaba con claridad. Ayer por la mañana descargó todo esto de los lomos de bueyes de dos cabezas y ahora se sorprendió al ver que tenía que volver a cargarlo tan pronto. “Sí, es el trigo de las granjas del sur. Huele tan bien como la ropa recién lavada.” – dijo un compañero, sonriendo. Desde junio, cada vez hacía más calor y todos deseaban poder tomar una Nuka Cola bien fría. Desgraciadamente, no podían permitirse esos lujos con sus ingresos. “¿A dónde van estas mercancías?” – preguntó un adolescente moreno con curiosidad. Henry recordaba su nombre; parecía ser Hang, y vivía en los barrios bajos de la zona. Tenía 12 o 13 años, aún era joven. A diferencia de otros lugares, muchos de los empleados venían de los barrios marginales del otro lado de la gran muralla. Se decía que estas personas estaban dispuestas a aceptar salarios más bajos que ellos y recibir solo una ficha y dos cucharadas de crema nutritiva al día. Francamente, a Henry no le gustaban mucho esos niños de los barrios marginales porque algunos estaban dispuestos a soportar niveles de vida más bajos, lo que hacía que sus salarios siguieran disminuyendo constantemente. Una ficha podía ser suficiente para vivir, ¡pero tenía que mantener a toda una familia! “Se va con nuestros vecinos.” – dijo Henry con indiferencia. Un trabajador cercano no pudo evitar quejarse. “Maldita sea… tanto grano. ¿Por qué esos bastardos comerciantes no nos lo venden más barato?” Si 1 kilo de pan costara solo 1 ficha, podrían permitírselo, pero normalmente solo les alcanzaba para comprar un pastel de trigo verde, duro y con aspecto a piedra. En ese momento, el capataz de la estación comercial se acercó y escuchó las quejas de estos pobres trabajadores. Sin dudarlo, puso los ojos en blanco. “¡Seguid soñando! ¿Crees que el grano que se cultiva en campos va a ser tan barato como la crema nutritiva? Dejaos de tonterías y volved al trabajo. Si no trabajáis más duro, ¡ni siquiera podréis permitiros la crema nutritiva!” Apremiados por el capataz, los cargadores se dispersaron rápidamente, hundiéndose en el trabajo, sin atreverse a decir una palabra más. Aunque estaban llenos de resentimiento e insatisfacción, era complicado encontrar trabajo. Si los despedían, sus familias pasarían hambre…
* * *
No solo era necesario transportar grano, sino también fardos de algodón, piezas y herramientas de construcción, equipos de iluminación y generadores. El valor total de esos bienes ascendía a las 500.000 fichas, con un peso de 450 toneladas. Si pudieran hacer 10 viajes como éste en un mes, el volumen de comercio sería de 5.000.000, 60.000.000 al año. Si se tienen en cuenta los gastos de envío, 200.000.000 de fichas no eran tanto… Al mismo tiempo, no muy lejos del puesto comercial, se habían reunido varios jugadores completamente armados. Caballo Blanco, que llevaba un exoesqueleto y un rifle en la mano, miró en dirección a los barrios marginales. Reinaba la paz. Los rostros sin vida eran completamente normales, y era difícil de creer que allí hubiera ocurrido un asesinato hace apenas unos días. También parecían ignorar las miradas hostiles que se dirigían hacia ellos. Caballo Blanco respiró aliviado. Tal como había predicho, la Banda de la Daga no se atrevería a causarles problemas. Su alianza era joven, llevaba mucho menos tiempo que la Ciudad de Boulder que había liderado el camino durante 200 años. Era mucho menos influyente que la industria armamentística o los señores del centro de la ciudad. Pero frente a unas cuantas bandas de saqueadores, seguían siendo elefantes. Los dos bandos simplemente no estaban al mismo nivel. Y la otra parte, naturalmente, era consciente de ello y no causaría problemas por la vida de un pequeño secuaz. Por supuesto, también era posible que le estuviera dando demasiadas vueltas; quizás el juego simplemente no le daba continuidad a ese tipo de tramas. Mientras Caballo Blanco estaba absorto en sus pensamientos, un guardia PNJ de la oficina se acercó y se detuvo frente a él. “El puesto comercial está cargando la mercancía en los carros. Tendremos que esperar un rato.” Caballo Blanco no era muy bueno en el lenguaje de la federación, pero asintió. “No hay problema, podemos esperar.” – respondió. No muy lejos, el puesto comercial era un hervidero de actividad. Cargadores con el torso desnudo se abrían paso entre montones de sacos y caravanas, cargando la mercancía sobre los lomos de los bueyes de dos cabezas y asegurándolas. Esos animales eran apacibles y robustos. Normalmente, pesaban al menos entre 500 y 600 kilogramos. Pero algunos animales mutados alcanzaban incluso la asombrosa cifra de 1 tonelada. Eran tan grandes como hipopótamos. Lo más importante es que esos animales no eran quisquillosos con la comida. Con estómagos comparables a los de las hienas mutantes, crecían rápidamente, lo que los hacía que fueran ampliamente utilizados como transporte en el páramo. Donde los neumáticos y las orugas no podían llegar, ellos se movían con facilidad. Si bien no eran rápidos, eran increíblemente estables. Incluso podían servir como cobertura en combate. Los jugadores estaban acostumbrados a los bueyes de dos cabezas; los criaba el rancho Lanza Helada en los suburbios del norte. Sin embargo, lo que les sorprendió fue que esta vez eran animales diferentes a lo que estaban acostumbrados. No solo eran más grandes, sino que también llevaban piezas de metal sobre sus cuerpos. Parecían exoesqueletos. “Maldita sea… ¿Ahora los animales tienen exoesqueleto?” – preguntó Daga Asesina con asombro, mirando la caravana. “Son exoesqueletos sin motor.” – dijo Perrito, tras mirar en la misma dirección. “¿Qué es un exoesqueleto sin motor?” – preguntó Daga con curiosidad. “No tiene fuente de energía ni motor. Su función parece ser el de un carro con ruedas, lo que permite descargar parte del peso de la carga hacia el suelo.” – explicó Guerrero Renal. “¿Entonces por qué no compran un vehículo?” “En tu cabeza seguro que usas un cohete.” – contestó Perrito, con los ojos en blanco. “Porque el coste de transporte de un vehículo mecánico no es un puñado de hierba cada 100 kilómetros. También tienes que reemplazar las piezas desgastadas, engrasarlo… Al menos es lo que pienso.” – explicó Renal. Esa explicación le gustó a Daga. Sin embargo, equipar a un buey con un exoesqueleto sin motor era llevar al extremo el concepto de aprovechar al máximo los recursos. No tardaron mucho tiempo en cargarlo todo. Caballo Blanco levantó el brazo y miró la pantalla de la máquina virtual, donde apareció un nuevo mensaje. La misión de escolta había comenzado. Debían entregar la mercancía en los suburbios del norte en 48 horas, garantizando la seguridad del personal y los suministros. “Ya está todo cargado.” “¿Dónde está Habrá Tiempo?” – preguntó Daga, tras mirar a su alrededor y notando que faltaba alguien. “Tiene asuntos que atender. Se quedará aquí. ¡Vamos!” – respondió Caballo Blanco con indiferencia. “Maldita sea, ¡ese tipo se está guardando una misión secreta otra vez!” – gritó Perrito. “¡Exactamente! Ha estado actuando raro últimamente. ¡Sin duda trama algo!” Al oír las quejas de sus compañeros, Caballo Blanco se rio con ganas. “Está bien, no os preocupéis. Tiene sus propios asuntos que atender. Volverá cuando termine.” Observando la caravana que tenía detrás, hizo un gesto con la mano con decisión. “¡Vamos!” La caravana partió. Escoltando a más de 200 bueyes de dos cabezas y cientos de toneladas de suministros, el grupo emprendió el viaje hacia los suburbios del norte, atrayendo la atención de los habitantes del páramo. La escolta de la caravana no estaba compuesta por unos pocos jugadores de la Legión Ardiente, sino que también contrataron a dos grupos de mercenarios de la Ciudad de Boulder, de más de 100 personas. La mayoría de los depredadores evitarían una caravana como esa a toda costa. No hablemos de explorar el terreno, esos cobardes ni siquiera se atreverían en mirar en esa dirección. Se rumorea que la Nueva Alianza también planeaba renovar el túnel del metro que iba desde la Ciudad de Boulder hasta los suburbios del norte, sellando todas las intersecciones. Eso reduciría el trayecto de 2 días a menos de uno. Si se instalasen algunos cables, podrían volver a circular por los túneles. ¡Y el viaje duraría solo 2 o 3 horas! La distancia en línea recta desde la Ciudad de Boulder hasta la Calle Bett era de tan solo 10 kilómetros. Incluso si la extendían hasta el Parque del Humedal de Linghu, sería de alrededor de 14 o 15 kilómetros. Sin embargo… Ese proyecto aún no había finalizado. El ayuntamiento de la Ciudad de Boulder no estaba muy dispuesto a gastar dinero, y el razonamiento de Dulong era bastante sólido: no podían permitirse gastar los impuestos de la gente de la zona exterior fuera de la muralla. Aunque la Nueva Alianza dijo que podrían manejar ellos mismos la construcción y operación del túnel, un proyecto tan grande tendría un coste astronómico. Dada la situación financiera actual de la Nueva Alianza, no podían costearlo, por lo que tendrían que pedir un préstamo al banco de la Ciudad de Boulder. Aunque el presidente del Banco, Malvern, le dijo que veía con buenos ojos que la Nueva Alianza pidiera prestados otros 1.000.000.000, en el fondo se sentía un poco incómodo. Tras gastar 200.000.000 fichas, aún no había visto los resultados y quería esperar antes de tomar una decisión. Chu Guang tampoco insistió. Sacar dinero a un millonario era un asunto a largo plazo. El resultado ideal sería que, tras gastar el primer monte de fichas prestadas, la Ciudad de Boulder experimentara su primera ronda de inflación. Los precios de las materias primas cotizadas empezarían a dispararse. Pero si sobrepasaba la capacidad de producción del oponente, no se reduciría su deuda, sino que lo podía comprar con el dinero que pedía prestado…
* * *
Al noroeste de la Ciudad del Amanecer, se encontraba el granero de los suburbios del norte. De pie junto a un imponente molino de viento, Chu Guang estaba inspeccionando los campos acompañado de Charlie. Tras una serie de reformas y cambios de personal, Charlie renunció a la Asociación de Comerciantes y asumió el papel de Ministro de Economía de la Alianza. El puesto vacante de presidente de la Asociación de Comerciantes fue ocupado por el antiguo jefe del puesto comercial. Eso también fue sugerencia de Charlie. El personal del puesto comercial solía tratar con comerciantes del páramo, especialmente con el personal administrativo que ascendía desde las bases. No solo conocían el carácter de esa gente y los procesos comerciales, sino que también eran expertos relacionándose con ellos. ¡Era perfecto que el jefe del puesto comercial gestionase el gremio de comerciantes! La Asociación de Comerciante servía principalmente a los jugadores, pero no se centraba únicamente en ellos. Esa organización funcionaba más como un departamento de atención al público, actuando como puente entre jugadores y PNJs relacionados con el comercio. Por otra parte, el Departamento de Economía era el responsable de formular estrategias macroeconómicas y servir a toda la alianza. Aunque actualmente solo contaba con una oficina y un pequeño equipo, su importancia dentro de la Alianza sería cada vez más crucial. La reforma del sistema de gestión al fin se había completado y Chu Guang disponía por fin de algo de tiempo libre. Cuando no estaba demasiado ocupado, le gustaba pasear por la zona agrícola, relajarse y observar como crecían los cultivos. A veces venía solo y otras en compañía. La vista más espectacular fueron probablemente los arrozales. Los cultivos prosperaban, y las robustas plántulas de un verde intenso ya mostraban indicios de tiernos brotes amarillos. Gracias a las semillas mejoradas cultivadas por la torre de plantación CNC, junto con los fertilizantes producidos por la planta química y el arduo trabajo de jugadores y supervivientes, se esperaba que la cosecha de este año fuera excepcionalmente abundante. ¡Era posible que el rendimiento por cada 100 metros cuadrados pudiera superar los 1000 kilogramos en su primer año! Actualmente, la superficie cultivada de la Nueva Alianza había aumentado de 1300 hectáreas a 2000, y más de la mitad eran maíz y arroz de alto rendimiento. Solo les quedaba esperar dos meses más. Para agosto, ¡el grano producido en esta tierra fértil llenaría los graneros de la Alianza! Al contemplar los vastos campos de cultivo, el rostro de Chu Guang mostró una enorme sonrisa. ¡Maravilloso! Sin embargo… esos cultivos por sí solos obviamente no eran suficientes. “Originalmente pensé que el plan inicial de 1300 hectáreas sería suficiente, pero parece que los planes no pueden adaptarse a todos los cambios.” En una situación ideal, entre 600 y 1500 metros cuadrados podrían mantener a una persona y con 2000 a un jugador. Con la población de la Ciudad del Amanecer, el plan inicial de Chu Guang de 1300 hectáreas debería haber sido suficiente. Además, con la expansión Forjar arados a partir de espadas, los jugadores cultivaron más de 300 hectáreas adicionales. En la visión de Chu Guang, los alimentos producidos en esta tierra no solo deberían llenar los estómagos de los residentes de la Nueva Alianza, sino también traer prosperidad. Sin embargo, jamás imaginó qué para mediados de año, la población permanente de la Nueva Alianza se hubiera multiplicado varias veces, de 300 a casi 30.000… Eso ni siquiera incluía a los jugadores, que normalmente comían más que la gente común, y a los más de 20.000 esclavos de los campamentos de prisioneros. Debido a las drásticas fluctuaciones demográficas, las reservas de alimentos de la Nueva Alianza, al igual que el gato de Schrödinger, oscilaban constantemente entre suficiente e insuficientes. “Nuestra población crece bastante rápido… La tasa de crecimiento supera con creces nuestras tierras cultivadas.” – Charlie también tenía una pizca de preocupación en su mirada. Una numerosa población era sin duda algo bueno. En el páramo, la población en sí misma era un activo valioso. Sin embargo, era un arma de doble filo. La gente solo tenía fuerza cuando estaba bien alimentada, sentido de vergüenza cuando tenía ropa para vestir, lealtad cuando tenía una casa donde dormir y solo pensaba en el futuro de la siguiente generación cuando formaba una familia. Si no se pudiera satisfacer la creciente demanda, el excedente de población se convertiría en una carga. “No podemos evitarlo. No podemos dejar a esa gente sola.” – respondió Chu Guang, mirando a los supervivientes que trabajaban a lo lejos. Había vivido en la Calle Bett durante bastante tiempo. Para él, esos supervivientes eran personas vivas, no solo un número. Y fue precisamente por eso, que tanta gente estaba dispuesta a jurar lealtad incondicional a la Alianza. Desde una perspectiva optimista, todavía existen muchas maneras de resolver ese problema. Tenía muchas cartas que jugar. “2300 hectáreas no serán suficientes. Necesitamos ampliar esa superficie. Antes de comenzar a sembrar el trigo de invierno, debemos hacer que la superficie cultivada se amplíe a más de 3000. Y deben ser más de 6600 antes de la primavera del próximo año.” Tras reflexionar un momento, Chu Guang continuó. “Además, necesitamos movilizar a los prisioneros de guerra para despejar un camino desde la parte oriental del lago de la Ciudad del Continente Occidental hasta el río del Agua Celestial. Aunque el terreno es algo accidentado, el suelo es fértil. Una vez que se complete la presa, no debería ser un problema conseguir toda esa extensión de tierra cultivable. Pero hasta alcanzar la autosuficiencia alimentaria, debemos importar toda la comida posible de los agricultores del sur. En cuanto a cuestiones comerciales, debes vigilarlas de cerca. Que te ayude el Ministerio de Comercio y el de Asuntos Exteriores.” Charlie asintió. “Le prestaré atención.” Afortunadamente, los productos industriales de Nueva Alianza eran bastante populares en el sur. Especialmente los rifles de la serie LD 47 y diversas armas de gran calibre. Eran perfectos para enfrentarse a los humanos mutantes que se movían por la Provincia de la Llanura Dorada. Aunque esos hombres musculosos de piel verde tenían una fuerte resistencia y feroces habilidades de combate cuerpo a cuerpo, no podían soportar el fuego de las balas de máxima potencia de 7mm ni de los proyectiles de alto poder explosivo de 20mm disparados por una Lanza. Recientemente, muchos agricultores habían enviado a sus hombres a comprar algunos aviones de hélice. Sin embargo, pilotar esos aviones requería de cierta habilidad. El plan de los granjeros era enviar un grupo de sirvientes leales para que aprendieran a pilotar, y una vez que dominasen las habilidades, regresar pilotando a casa. Por supuesto, pagarían la matrícula con grano. Las ganancias por la venta de aviones eran mucho mayores que las de la venta de rifles, y aunque eran de hélice, al menos podía volar. Un avión podía intercambiarse fácilmente por suficiente comida para unas 1000 o 2000 personas. Tras discutir los planes para el futuro, Chu Guang miró al viejo Charlie y continuó con una sonrisa. “Hablemos de algo alegre… Esta mañana me llamó Luka. Dijo que los productos que importamos por un coste de 500.000 fichas ya están de camino. Estoy incluye comida, tela de algodón, equipo para construir la red eléctrica y herramientas de construcción. En dos días, llegará a los suburbios del norte con 450 toneladas de suministros. Luego nos entregarán un nuevo lote cada tres días. Con esos materiales, las obras en Ciudad del Alba serán mucho más eficientes. Es probable que el nuevo asentamiento esté terminado antes de que acabe el año.” Al ver el radiante rostro del Administrador, Charlie también esbozó una sonrisa. Pero llevaba una mezcla de esperanza y exasperación. ‘¿Eso es una buena noticia? 500.000 fichas…’ En un solo día, se habían gastado los ahorros de toda una vida de cinco viejas sanguijuelas. Y tendrían que devolverlo…
* * *
La Ciudad de Boulder, en una residencia cerca del centro de la ciudad. Sentada en una opulenta silla, Elisa acariciaba suavemente al gato negro que yacía en sus brazos con su delgado y pálido dedo índice. Al escuchar el cariñoso ronroneo del gato en sus brazos, sus pestañas ligeramente rizadas formaron una suave medialuna creciente. Junto a su silla estaban sus dos guardaespaldas y un sirviente. Uno de los guardaespaldas tenía ojos electrónicos con textura de metal que giraban en sus cuencas oculares y miraban fijamente al desconocido huésped de la habitación. Aunque los tres pares de ojos lo observaban, a Habrá Tiempo no le importó. Al fin y al cabo, eran PNJs. ¿No era normal que los jugadores fueran el foco de atención al momento de desencadenar una trama? Lo que más le preocupaba era la chica sentada en la silla. Llevaba un vestido largo de aspecto caro y su cabello castaño oscuro estaba cuidadosamente recogido, dejando al descubierto su hermoso cuello. A diferencia de Dori, tenía una especie de temperamento indescriptible, como si no perteneciera a este mundo. Pensándolo bien, no era sorprendente. Después de todo, estando en esta mansión, sin importar desde qué ventana mirase, no podía ver ni un rastro del páramo. Al ver a la chica sentada en la silla, Habrá Tiempo no pudo evitar pensar que el equipo de desarrollo debería aumentar el sueldo a los modeladores. Al incorporar tres estilos artísticos completamente diferentes en el mismo mapa, el impactante contraste visual durante las transiciones de escena era perfecto y no parecía fuera de lugar. ¿Qué era el arte? ¡Algo como esto! “Gracias, mercenario. Creí que no volvería a ver a mi Negrito.” Una voz agradable devolvió a Habrá Tiempo a la realidad. Al recobrar el sentido, apartó la mirada y respondió cortésmente. “De nada.” Su idioma de la Federación se había vuelto más competente recientemente, y con el ánimo de mejorar sus habilidades lingüísticas, decidió hablar un poco más. “Es un honor que te preocupes.” Sin embargo… Puede ser que su expresión no fuera lo suficientemente precisa o que hubiera un problema con su gramática. Los guardaespaldas y el sirviente que estaba junto a Elisa, así como la propia niña, lo miraron estupefactos. Elisa también quedó visiblemente desconcertada. Sin embargo, la chica se recuperó y se limitó a reír juguetonamente. “Quizás querías decir otra cosa. En fin, gracias a tu ayuda pude encontrar a Negrito.” – dijo con su melodiosa voz mientras parpadeaba. Hace dos días, cuando ese pequeño periódico desconocido la contacto, Elisa no tenía muchas esperanzas. Inesperadamente, encontraron a su Negrito perdido. Y por curiosidad, le pidió al sirviente que trajera a ese mercenario. No era exactamente como había imaginado. Había asumido que los mercenarios eran hombres rudos con barbas espesas y más cicatrices que arrugas. En cambio, había entrado un joven aparentemente refinado. “¿Puedes decirme cómo lo hiciste?” – preguntó Elisa con interés mientras lo observaba. La expresión de Habrá Tiempo se volvió un poco extraña. Ciertamente no podría decir que gastó 200 monedas de plata pidiendo ayuda a una rata gorda y encontró al tonto del gato saltando a mitad de la muralla gigante. Por supuesto, no todo fue mérito de Adversidad; Dori también lo ayudó mucho estos dos últimos días. Por alguna razón, el pequeño gato negro, que parecía una bola de carbón, le tenía un poco de miedo, pero no tanto a Dori. ¿Podría ser que el olor a aceite de motor fuera embriagador? De todos modos, este encargo solicitado por el jefe de la Oficina de la Alianza finalmente se había completado. La recompensa total fue de 25 fichas. Sin considerar los puntos de contribución y la reputación regional, seguía representado una pérdida en términos monetarios. “Esa es una larga historia…” “Parece un secreto incómodo… Bueno, no preguntaré.” Elisa no insistió, consoló al gato en sus brazos un rato y luego lo apartó con cuidado. Volviendo a mirar al hombre que tenía frente a ella, parpadeó de repente con picardía. “A cambio, ¿podrías contarme algo sobre el mundo que hay más allá del muro gigante?” “Más allá del muro gigante…” – Habrá Tiempo se encontró en un dilema, con expresión de desconcierto. – “Eso es demasiado amplio. ¿Por dónde empiezo?” “Cuéntame tu historia. Por ejemplo… ¿De dónde eres?” – respondió Elisa. “Los suburbios del norte.” – respondió Habrá Tiempo con sinceridad. Al oír esta respuesta, una pizca de sorpresa se dibujó en los ojos de Elisa. “¿Eres de los suburbios del norte?” “Sí, ¿hay algún problema?” “Bueno, no es nada. Es solo que últimamente mi padre menciona mucho ese lugar.” – Negando levemente con la cabeza, los ojos de Elisa brillaron con curiosidad. – “¿Puedes contarme cómo es ese lugar?” “Es difícil de describir. Si tuviera que dar mi opinión, no es precisamente rico, pero está repleto de esperanza…” Tras ordenar sus pensamientos por un instante, Habrá Tiempo usó su limitado vocabulario para describir brevemente la situación. Pensó que la chica no estaría interesada, pero inesperadamente, escuchó atentamente. Después de unos diez minutos, Elisa cerró los ojos, reflexionó un rato y, de repente, una sonrisa se dibujó en su rostro. “Gracias por charlar tanto tiempo conmigo.” “De nada… Por cierto, ¿puedo molestarte para que escribas una carta de agradecimiento?” – añadió rápidamente Habrá Tiempo. Había recordado de repente la tarea que le había encomendado el PNJ llamado Hal. Eso estuvo cerca. Casi olvidó el propósito por el que había venido. “No hay problema, ya la escribí.” Elisa sonrió y le hizo un gesto con la cabeza al sirviente que estaba a su lado. El sirviente, algo mayor, dio un paso adelante y le entregó a Habrá Tiempo una carta que tenía en su túnica. Habrá Tiempo aceptó la carta, declinó cortésmente la invitación para tomar el té de la tarde, dio las gracias y salió de la mansión escoltado por dos guardias. Al doblar dos esquinas, vio a Dori debajo de una farola con los brazos cruzados. La chica de cabello verde estaba pateando una tapa de botella en el suelo para pasar el rato. Al ver que Habrá Tiempo se acercaba por la esquina de la calle, se detuvo inmediatamente y caminó hacia él. “¿Le diste a Negrito?” “Claro. ¿Ya te encariñaste con él en solo medio día?” – bromeó Habrá Tiempo. Dori arqueó una ceja. “Cómo… ¿cómo es posible? Solo lo estaba comprobando.” Habrá Tiempo se rio entre dientes. “Te creo.” Podía sentir que a la chica le gustaba bastante ese cariñoso Negrito. Sin embargo, era consciente de que era la mascota de otra persona. Además, ni siquiera podía cuidarse bien a sí misma, y mucho menos a un comensal tan quisquilloso como ese animal. “Oye.” – lo llamó Dori de repente. “¿Qué pasa?” “¿Es hermosa la hija del presidente del banco?” – preguntó, curiosa. “Es muy guapa, es una chica digna y elegante.” – respondió con indiferencia. Dori frunció la nariz, aparentemente satisfecha con su curiosidad. Sin embargo, su expresión seguía siendo bastante extraña. “Y hablando de eso… ¿por qué te interesa una tarea que solo te recompensa con 25 fichas?” “Las fichas no eran mi objetivo; necesito esta carta.” Habrá Tiempo agitó suavemente el sobre que sostenía entre las yemas de los dedos antes de guardarlo en su bolsillo. Las 25 fichas eran solo una parte de la recompensa de la misión. Si solo fuera por el dinero, no habría aceptado esta tarea. Pero explicarle esto a un PNJ sería demasiado problemático. Algunos lo habían intentado, pero no terminaban de entender que era un juego, y decir directamente que este era un mundo de fantasía sería demasiado cruel. Quizás eso también era parte de la ambientación del juego. Dori frunció el ceño. “¿Una carta?” “Sí. Un valioso objeto de misión.” – respondió Habrá Tiempo en tono serio. “¿……?” Sin darle explicaciones a la confundida Dori, Habrá Tiempo se dirigió directamente a la redacción del periódico. Entregarle la carta al PNJ Hal en la oficina completaría oficialmente esta misión. Aunque no sabía qué utilidad tenía este nuevo PNJ, aumentar la favorabilidad nunca era una mala idea. Al observar la alegría de Habrá Tiempo, Dori adoptó una expresión compleja mientras lo seguía. Aún no entendía por qué este hombre, capaz de sacar más de 50.000 fichas con facilidad, estaría interesado en una comisión de tan solo 25. ¿Podría ser su amor por los gatos? Pero eso no parecía probable. O tal vez… Quería acercarse a la hija del presidente del banco a través de Negrito, convertirse en el yerno del Señor Malvern y saltar a una familia adinerada. Al pensar en eso, la expresión de Dori cambió de complejidad a desdén… “Je… ¡debes estar soñando!” – dijo, haciendo una mueca de desprecio. “¿Eh? ¿Qué acabas de decir?” Habrá Tiempo se giró para mirarla de repente. “Nada.” Dicho esto, Dori apartó la mirada, dejando a Habrá Tiempo completamente desconcertado. No tardaron mucho en llegar a la oficina del periódico. Dentro, la sala era ruidosa, y todos tenían ojeras. Sin embargo, parecían repletos de energía, incluso emocionados. Cuando los miembros de alto nivel de la Nueva Alianza escucharon el plan de Hal, inmediatamente aprobaron un presupuesto mensual de 200.000 fichas para el periódico. ¡200.000 fichas! ¡Y era una asignación mensual! Al enterarse de la noticia, los editores que solían trabajar bajo la dirección del Señor House estaban tan emocionados que casi se olvidaron de respirar. ¡La Voz de la Ciudad de Boulder ni siquiera ganó tanto dinero en un año! Y su nuevo jefe estaba dispuesto a proporcionar una suma tan enorme cada mes, patrocinando continuamente su trabajo sin esperar ningún retorno a cambio. Con ese dinero, ¡podrían hacer muchísimas cosas! Justo cuando todos en la redacción estaban discutiendo su próximo paso, la puerta de la oficina se abrió. Al ver que Habrá Tiempo regresaba con la carta de agradecimiento, el rostro de Hal se llenó de alegría mientras la agarraba con entusiasmo. “Genial, ¡por fin has vuelto, amigo mio! Estamos discutiendo el diseño del próximo número, ¡y has llegado en el momento justo!” “No lo entiendo bien. ¿Qué tiene que ver encontrar el gato de la hija del presidente del banco con tu periódico?” – preguntó Habrá Tiempo con curiosidad, mientras miraba a Hal, que sostenía el sobre como un tesoro. Pero antes de que Hal pudiera hablar, intervino uno de los editores. “Planeamos dedicar una página entera del periódico a los encargos. ¿Cómo atraemos a la gente para que nos encargue una misión? La mejor manera es mostrarle resultados.” – dijo con entusiasmo. “Así es. ¡Estoy seguro de que esos mercenarios que nunca se han interesado en leer un periódico empezarán a comprar los nuestros a partir de ahora!” – intervino otro editor calvo. “¿Por qué no empezamos una Gaceta Mercenaria?” – sugirió otro editor. Los ojos de Hal se iluminaron y chasqueó los dedos. “¡Es una idea excelente!” Habrá Tiempo tosió levemente. “En mi opinión… ¿Por qué no publicar una novela por entregas en el periódico? Publica 500 palabras cada tres días. Deteniéndote en el punto más crucial. Te garantizo que tu periódico se agotará.” Al oír esto, Hal se quedó atónito por unos segundos antes de mostrar una expresión de éxtasis. “¡Qué idea tan fantástica! Amigo, ¿por qué no vienes a trabajar al periódico?” “No necesito…” – Habrá Tiempo empezó a negarse, dándose cuenta de que podría haber sido mala idea abrir la boca. Sin embargo, sentía mucha curiosidad por saber cómo sería una novela serializada por PNJ. Justo entonces, su mirada se posó repentinamente en un anuncio de trabajo para periodistas y una idea apareció por su mente. “¿Les falta personal?” Hal, que acababa de mostrar una expresión de decepción, asintió con entusiasmo al ver su cambio de opinión. “Claro. Nos faltan periodistas, editores… De todo. ¡Sería genial si pudieras ayudarnos!” “Ejem… No sirvo para eso, pero puedo recomendar a una experta. No hay nada en la Ciudad de Boulder que no sepa. Y si no lo sabe, seguro que sabe cómo averiguarlo…” En ese momento, Habrá Tiempo miró a la chica de pelo corto que estaba junto a la puerta de la oficina, con los brazos cruzados y una completa expresión de aburrimiento. “¿Qué te parece ella?”


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