viernes, 3 de mayo de 2019

G4L Capítulo 22

Arco 4 Capítulo 22
El misterio de los patatales
Traducido por Tars
Corregido por DaniR
Editado por Tars

Al día siguiente, después de que Kazura fuera casi apresado en Isteria, la luna comenzó a mostrar su rostro brillante sobre la tierra. El grupo de Kazura había llegado a la entrada de la aldea de Grisea. Finalmente habían vuelto a casa. En comparación con el momento en que habían salido del pueblo, llevaban mucho menos equipaje. Pusieron las cosas que habían traído en su propia bolsa, mientras que los bienes que habían comprado en Isteria los llevaban en una pequeña bolsa de tela. Además, Lodurr también llevaba dos pájaros dentro de una jaula de madera. Debido al fuerte aumento del precio de los alimentos, el valor de las semillas para cultivar también había aumentado. Afortunadamente, con el dinero de la venta del cristal rojo de Kazura y de la piel de almar, pudieron conseguir varios tipos de semillas que el pueblo nunca había podido cultivar. Y de paso, habían comprado un par de pájaros conocidos como ‘cortaraíces’. Se trataba de un ave que había recibido su nombre debido a su gusto por cavar la tierra para comer la raíz de las plantas, y tenía forma de gallina. Estas aves ponían un huevo cada semana y eran fáciles de criar. Con eso, la mesa del comedor de un aldeano podía volverse un poco más abundante. Sin embargo, aunque el huevo del cortaraíces se incubase, la mayoría no daba un pollito. Se decía que si cinco huevos llegaban a eclosionar durante los tres años que solía vivir un cortaraíces ya era algo más que satisfactorio. Además, eran unas aves que habían degenerado y que no podían volar; resultaba sorprendente que no hubieran terminado extinguiéndose. O al menos esa fue la descripción que escuchó Kazura cuando compró las dos aves, aunque pensaba que seguramente todo se debía porque los humanos los encontraban sabrosos. Por cierto, el precio de la pareja de cortaraíces fue de 800 Ar. Además, en los dos sacos que llevaba Kazura había 2 han de tela que se usarían para confeccionar ropa.
(NT: Han es una medida de tela en Japón. Un han sería una tela de unos 606x28,8 cm.)
La ropa japonesa que usaba Kazura hacía que fuera demasiado visible, por lo que Valetta le había sugerido hacerle una nueva ropa a medida. Aunque Kazura pensaba que sería mejor comprar ropa ya terminada, Valetta se opuso con firmeza y dijo que, para mostrar su gratitud por todo lo que había hecho, debía aceptar su oferta. Pasando por la entrada de la aldea, llegaron a la casa del jefe del pueblo y, cuando Varin y el resto de aldeanos vieron que Kazura estaba de regreso, lo saludaron sintiéndose aliviados. “Kazura, debes estar cansado tras tu largo viaje. Entra, la cena ya está preparada y todavía está caliente. Deja el equipaje y disfruta de la comida. Que todos los demás entren y se unan a nosotros.” – dijo Varin. “Estoy en casa… Oh, pescado a la parrilla y tortitas de arroz. ¡Eso es bastante lujoso!” – dijo Kazura. Siguiendo las indicaciones de Varin, Kazura entró en la sala de estar de la residencia. Ya habían terminado de preparar la cena y había un olor en el aire que estimulaba el apetito. El pescado del río había sido ensartado y asado a la parrilla con sal en la chimenea, mientras que una olla grande, donde se mezclaban las hierbas, el arroz sazonado y la carne de un animal de la montaña, estaba hirviendo. Como Valetta había dicho que era raro que los aldeanos pescaran en el río, pensó que Varin y el resto de aldeanos habían capturado los peces para celebrar su regreso. Debido a que solo había comido comida enlatada y caldo salado durante los últimos cuatro días, estaba realmente agradecido por la olla repleta de comida caliente y del pescado a la parrilla. “Señor Kazura, ¿está bien tu pie?” – preguntó una de las chicas de la aldea. Mientras Kazura estaba dejando el saco de tela y la bolsa en el suelo, una de las chicas de la aldea que estaba ayudando a preparar la comida dejó de trabajar y se acercó hasta Kazura, tras ver que tenía el pie vendado. “Sí. Tal vez porque nunca había caminado tanto en mi vida, las plantas de mis pies tienen ampollas y alguna me reventó el otro día. Aunque con el vendaje el dolor ha bajado, todavía molesta.” – respondió Kazura avergonzado. “¿Te ha pasado algo como eso?” – dijo la chica confundida. “Señor Kazura, he traído un poco de agua, te lavaré los pies. Siéntate aquí.” – dijo Valetta entrando en la sala con un cubo lleno de agua y jabón. Al parecer, antes de que se diera cuenta, Valetta ya había traído algo de agua del acueducto. “Muchas gracias. Me lavaré yo mismo, así que señorita Valetta, por favor, descansa en la sala de estar.” – respondió Kazura agradecido mientras extendía su mano para coger el cubo de agua. “No, no. ¿No estás cansado al no estar acostumbrado a viajar? Vale, ahora siéntate y coloca tu pie aquí.” – dijo Valetta negándose a darle el cubo. Sin dejar que Kazura diera su consentimiento o la oportunidad de volver a rechazarlo, Valetta se sentó, agarró su pie y pasó a desenvolver el vendaje manchado de sangre y arena. A continuación, comenzó a lavar suavemente el pie tras colocarlo dentro del cubo. Cuando el pie hizo contacto con el agua, la herida de la planta del pie se empapó y le causó un dolor intenso; sin embargo, él lo soportó con firmeza. “Incluso ha llegado a crear una ampolla… A diferencia de los zapatos que usa el señor Kazura, las sandalias que usamos no son adecuadas para los pies. Lo siento mucho.” – dijo Varin. “No, en absoluto. Ha sido mi error, así que solo yo soy el culpable de mi conducta egoísta, aunque me haya llevado hasta este extremo. No hay nada por lo que disculparse.” – respondió Kazura. Al escuchar las palabras de disculpa de Varin, Kazura se puso nervioso y se dio la vuelta para calmarlo, pero en ese momento, otros aldeanos entraron en la sala de estar y vieron cómo le lavaban los pies a Kazura, con dos tipos de expresiones: preocupados o extrañados. “Señor Kazura, ¿podrías sacar las vendas y el medicamento de la bolsa?” – dijo Valetta cuando terminó de lavarle los pies. Los dos pies habían sido lavados con jabón y ahora necesitaba volver a vendarlos con unas telas limpias. “Muchas gracias. Ya los envuelvo, podrías ir a descansar a la sala de estar.” “No, no puedes. Déjame hacerlo, por favor, pásame la bolsa.” “Ah, sí…” Por alguna razón, Valetta rechazaba la intención de Kazura de envolverse los pies por sí mismo. De mala gana sacó el vendaje y la solución de peróxido de la parte posterior y se lo entregó a Valetta que, tras recibirlo, desinfectó la herida hábilmente, de la misma forma en la que lo hacía Kazura, y luego envolvió cuidadosamente la herida con la venda. Aquella última noche, Valetta le apretó demasiado del vendaje, sin embargo, debido a que el resto de aldeanos lo estaban observando mientras ella le envolvía los pies, se sintió bastante avergonzado y no dijo nada. Después de terminar de reemplazar el vendaje, Valetta entró en la sala de estar y, al igual que el resto de los aldeanos que rodeaban el fuego de la casa, se sentó en un asiento que estaba a la izquierda de Kazura. Al mismo tiempo, Myra se acercó y se sentó a su derecha. “Ahora, ¿deberíamos comenzar la fiesta?” “Sí, gracias por la comida.” – dijo mientras aplaudía con sus manos. A continuación, el resto de los aldeanos hicieron lo mismo y repitieron sus palabras. “Kazura, ¿cómo fue el viaje hasta Isteria?” – preguntó Varin cuando Kazura estaba mordiendo un pescado tostado y apreciando el sabor en su boca. Estaban sentados uno en frente del otro y, al iniciar la conversación, el resto de aldeanos que estaban comiendo arroz y pescado, sintieron curiosidad y lo miraron mientras esperaban su respuesta. “Bueno, fue bastante agradable. Pude ver la muralla de la ciudad y también fuimos hasta el mercado, que estaba repleto de gente. Estoy bastante sorprendido e impresionado.” – respondió Kazura. “Ah, ya veo, ya veo. Entonces, ¿encontraste una situación peligrosa en el camino?” – preguntó Varin. “No, no, ni hablar de una situación peligrosa. Incluso fuimos capaces de cazar un almar mientras nos dirigíamos a Isteria. Gracias a su piel, pudimos venderlo por una gran suma de dinero en la ciudad.” – contestó Lodurr, metiéndose en la conversación. “¿Un almar? ¿Lo cazaste cerca del camino?” “Sí, cuando Kazura y yo estábamos vigilando en la posada, apareció ante mis ojos.” – dijo Lodurr. Mientras Lodurr narraba su historia, Kazura pudo escuchar a los otros aldeanos hacer distintos sonidos y alguna frase sospechosa. “Oooh.” “Como se esperaba del señor Kazura.” Aunque como no era diferente de lo que solía ocurrir, simplemente lo ignoró. “Además, cuando el señor Kazura vendió la gema que llevaba consigo, compartió ese dinero con nosotros por el bien del pueblo. Gracias a eso, pudimos comprar las aves y nuevas semillas para los cultivos.” – añadió Valetta. “Ya veo. Cuando vi a Lodurr cargando con las dos aves, me sorprendió, así que esa es la razón… Señor Kazura realmente te doy mis más sinceros agradecimientos por todo lo que has hecho por nosotros.” – dijo Varin inclinándose profundamente para expresar su agradecimiento tras escuchar la historia de Valetta. “No hay nada que agradecer, ya que todos en el pueblo me han tratado muy bien.” – respondió Kazura tranquilo, ya que suponía que todo se debía a la gran cantidad de dinero que había podido recaudar. A su vez, también expresó su agradecimiento por lo bien que lo trataba Varin todos los días mientras inclinaba la cabeza. Y así, mientras disfrutaban de la espléndida comida, terminaron hablando sobre el incidente que les ocurrió en Isteria, hasta que terminó la comida. A continuación, uno de los aldeanos comenzó una nueva conversación. “Se trata de los patatales; después de que el señor Kazura y los demás abandonasen la aldea, se volvieron increíbles…” “¿Increíbles?” – respondió Kazura con una voz perpleja tras escuchar las palabras del aldeano. “Aunque la patata es algo común, ha crecido con una fuerza increíble y se ha hecho más grande. El fertilizante del país del señor Kazura es increíble. Los aldeanos que trabajaban en los campos no pueden evitar hablar sobre ello.” – añadió mientras asentía. “¿Eh…?” Al oír las palabras del aldeano, Kazura no podía creer lo que estaba escuchando. El fertilizando que había traído era uno normal que había comprado en el centro comercial. No importaba cuántos de esos fertilizantes se utilizasen en el campo, no era posible que las patatas tuvieran un crecimiento tan repentino en tan solo unos días. El resto de aldeanos que habían estado ausentes del pueblo se miraron entre sí tras escuchar las palabras de Varin. “Sí, aún no he informado sobre esto, pero a pesar de que no han pasado ni ocho días desde que se dispersó el fertilizante, las hojas de las plantas han duplicado su tamaño. Es como la bebida energética, los productos del país del señor Kazura son maravillosos.” “¿El doble? Umm, ¿puedo ir al campo de patatas mañana por la mañana? Desde allí quiero confirmarlo con mis propios ojos.” “Sí. Te estaríamos muy agradecidos.” En cualquier caso, Kazura no podía imaginar cuánto habían crecido las patatas solo con escucharlo. En realidad, quería ir mañana a verificar su progreso, pero le preocupaba bastante si su crecimiento era exagerado. No importaba cómo lo mirase, era imposible que doblaran su tamaño en tan solo unos pocos días, por lo que Kazura se preguntaba si Varin estaba exagerando. Así que decidió que lo primero que haría por la mañana sería ir al campo de patatas y luego comenzaría la producción de las piezas necesarias para fabricar la rueda hidráulica.
* * *
A la mañana siguiente. Kazura, que se encontraba agotado por el largo viaje, seguía durmiendo como un tronco dentro de su futón hasta que lo despertó el sonido penetrante de la alarma de su reloj. Había anticipado que sería incapaz de despertarse y no quería dormir demasiado. Después de desayunar con Varin y Valetta, salió de la casa para dirigirse hacia los campos de patatas. Por cierto, cuando sonó la alarma, Varin y Valetta, que ya se habían levantado y se encontraban preparando el desayuno, se sorprendieron por el sonido y entraron corriendo en la habitación. Tras explicar qué ocurría y dar su más sincera disculpa, lo perdonaron soltando una carcajada. Aunque estaba tan cansado como para estar aturdido a pesar de haber dormido toda la noche, después de un breve comentario acerca de lo contento que estaba por haber puesto la alarma, Kazura solo pudo reflexionar sobre lo extraño de sus actos. Después de salir de la casa, caminaron durante un rato hasta llegar a los patatales por los que habían esparcido el fertilizante. No podía creer lo que tenía frente a sus ojos. “¿¡Qué ha pasado aquí…!?” – exclamó Kazura asombrado. “Como puedes ver, gracias al fertilizante, las hojas y los troncos de las plantas se han hecho mucho más grandes. Nunca había pasado algo como esto. A este ritmo, podremos cosechar muchas más patatas que en toda la cosecha del año anterior.” Varin no había exagerado cuando le dijo el día anterior que las hojas habían duplicado su tamaño. Las patatas que habían sido plantadas en los campos, tenían los tallos más largos que había visto Kazura en su vida. Las hojas, incluso cubrían la tierra que rodeaba a las plantas. Era algo magnífico. Al lado de Varin, que estaba asintiendo satisfecho, Valetta miraba a los campos con una expresión encantadora. Sin embargo, a Kazura no le gustó tanto, ya que le preocupaba la situación. Las hojas de las plantas, que habían tenido el tamaño del ratón de un ordenador y ahora, en tan solo ocho días, su tamaño era igual al de la mano de un hombre adulto, mientras que su tallo se había hecho mucho más grueso. En pocas palabras, era algo anormal. “Aunque digas que este es el resultado de mi fertilizante, no importa cómo lo pienses, es imposible. ¿Qué pasa con el otro campo?” – preguntó Kazura mientras se arrodillaba en el suelo y sostenía una hoja de la planta de la patata con una expresión perpleja. A diferencia de Kazura, Varin y Valetta se preguntaban si algo estaba mal. “En los otros campos pasa algo similar, las patatas y los vegetales se han vuelto más grandes, pero, ¿hay algún problema?” “No, no me refiero a eso, pero nunca había escuchado sobre vegetales que pueden llegar a ser tan grandes en tan solo unos días.” – dijo mientras cavaba en la tierra para desenterrar una de las patatas. Sospechaba que, si las hojas habían crecido hasta alcanzar ese tamaño, el tubérculo del suelo debería haberse vuelto mucho más grande. ‘Dios mío… ¡Increíble! La patata también se ha vuelto enorme’ – pensó Kazura. La patata ya tenía la apariencia de un tubérculo que estaba listo para ser cosechado. El tamaño de la patata era aproximadamente el de un huevo de tamaño mediano que se vendía en un supermercado. “A pesar de que se habían marchitado recientemente por culpa de la sequía, las patatas han crecido hasta el tamaño en la solemos cosecharlas… Tal vez fue gracias a dispersar los fertilizantes, pero la diferencia es enorme.” – dijo Valetta en un tono agradable. Tal como decía Valetta, las patatas estaban listas para ser cosechadas, pero era muy extraño. Sin embargo, si no se equivocaba, el crecimiento de la patata podría deberse a un error de cálculo fortuito. No era algo horrible, pero parecía que el campo había sufrido un efecto parecido al de la bebida energética. En cualquier caso, aunque no sabía la causa exacta que había provocado este efecto, estaba seguro de que debía tener algo que ver con el fertilizante. Solo podía aceptarlo como algo bueno. “Bien… Esto no es algo malo, así que creo que estará bien. Me voy ahora a hacer las piezas para la rueda hidráulica. Por favor, señorita Valetta, ven conmigo.” “Entonces, creo que voy a cosechar este campo.” – dijo Varin. Así, Kazura y Valetta se despidieron de Varin y caminaron hacia donde se cortaban los árboles para producir las piezas de la rueda hidráulica.
* * *
Kazura y Valetta llegaron al lugar donde se realizaban los trabajos. En ese lugar ya se encontraban reunidos otros diez aldeanos que estaban talando árboles y fabricando las distintas partes de la rueda hidráulica, mientras charlaban entre ellos. Cuando vieron las figuras de Kazura y Valetta, detuvieron su trabajo y se reunieron a su alrededor. “Buenos días, señor Kazura. ¡Has regresado de Isteria!” – dijo un aldeano. “Sí, volví ayer por la tarde. He conseguido los clavos, así que con esto podremos hacer una rueda hidráulica perfecta. ¿Cómo es el estado de progreso del trabajo?” – preguntó Kazura al aldeano que acaba de dirigirse a él. “Hemos hecho lo que el señor Kazura nos indicó antes de partir a Isteria. Las hojas de la rueda hidráulica y el marco de madera de la rueda ya están terminados. Dado que la madera para el material había sido preparada de antemano, parece que podremos terminar el resto de partes en un día.” – respondió orgulloso. “¿Eh? ¿Es eso cierto? Eso es muy rápido.” Antes de que Kazura se fuera a Isteria, había dibujado los planos de las piezas necesarias para el montaje de la rueda hidráulica en un cuaderno grande. Se lo confió a los aldeanos a los que se les había encomendado producir la rueda hidráulica tras enseñarles cómo leer el plano. Sin embargo, nunca había esperado que el ritmo de trabajo progresara a esa velocidad. Había diez aldeanos a los que se les había encargado construir la rueda hidráulica durante la ausencia del grupo de Kazura y, aunque tenían la reputación de ser excelentes artesanos, no había suficiente madera para hacer todas las partes. Fue por eso que necesitaron cortar los árboles del bosque. Debido a que era una tarea bastante pesada, Kazura pensaba que sería bueno si para cuando regresara, al menos habían completado la mitad del trabajo. Pero la situación actual superaba todas sus expectativas. “Todo esto es gracias al señor Kazura. Aunque las herramientas que nos has dado son fáciles de usar, después de comer arroz y la comida enlatada, nos resulta mucho más complicado cansarnos mientras estamos trabajando, aunque estemos haciendo jornadas más largas. Además, aunque nos fatiguemos, nos recuperamos tras una breve pausa. Comparado con nuestra fuerza anterior, ahora incluso podemos transportar objetos más pesados.” – dijo el aldeano. “¿Cómo dices…?” – preguntó Kazura inconscientemente al aldeano sonriente, pidiéndole que repitiera su explicación. “Eso me recuerda que yo tampoco me canso últimamente. Incluso tras caminar tanta distancia ayer, me levanté fresca por la mañana.” – añadió Valetta, impidiendo que el aldeano volviera a dar una explicación. Era algo increíble. Pero ahora que pensaba en esto otra vez, la única persona que mostraba cansancio en su rostro en el viaje a Isteria era él. Aunque Myra mostraba un poco de cansancio en el camino, era una niña de seis años, así que no era raro. Sin embargo, cuando mostraba algo de cansancio, tras beber un trago de la bebida energética, recuperaba su resistencia rápidamente. En el viaje de vuelta, si se la comparaba con Kazura, tenía mucha más energía. El viaje de ida a Isteria les había llevado aproximadamente unas veinte horas; si se tenían en cuenta los descansos y la pausa nocturna, habrían caminado unos ochenta kilómetros. Siendo personas adultas, y con su cuerpo acostumbrado a los trabajos agrícolas, sería posible. Pero, aunque ella bebía la bebida energética, resultaba extraño que fuera capaz de exhibir tal resistencia con solo seis años. ‘Aunque sea por casualidad, ¿esto significa que el arroz y los alimentos enlatados tienen el mismo efecto que la bebida energética? Los fertilizantes de los campos también han tenido un efecto extraño, tal vez todo lo que viene de Japón crea un efecto especial en este mundo. Excepto en mí, eso es.’ – reflexionó Kazura cruzado de brazos, mientras Valetta y varios aldeanos hablaban sobre su mejora física. Sin embargo, realmente no podía entender lo que causaba esos efectos. Estaba seguro de que la comida que había traído de Japón tenía algo especial y, si ese era el caso, entones debería tener cuidado cuando repartiera medicinas. Aunque había llegado a la conclusión de que la bebida energética tenía un efecto especial en los aldeanos, solo había repartido las medicinas de Japón a unos pocos aldeanos. Cuando llegó a la aldea por primera vez, le había dado varios medicamentos antipiréticos para el estómago a Varin y al resto de aldeanos que se estaban muriendo por la fiebre. Pero como lo había administrado junto a la bebida energética no sabía cuál era el efecto de los fármacos por separado. Aunque no había evidencias de reacciones extrañas o de efectos secundarios por las drogas en sus cuerpos, no sabía si era seguro que las personas de este mundo los consumieran. Por ello, debería usar los medicamentos con más precaución en el futuro. Si hubiera algunos aldeanos acostados en la cama por la fiebre, sería posible determinar sus efectos si les suministraba una pequeña cantidad de medicamentos. Sin embargo, en estos momentos, los aldeanos eran la personificación de la palabra “Salud”. Era muy poco probable que se resfriaran y mucho menos que terminaran postrados en cama con fiebre. “Señor Kazura, ¿hay algo mal?” – dijo Valetta acercándose hasta Kazura, que todavía se encontraba mirando hacia abajo con los brazos cruzados. Al escuchar su voz, Kazura levantó la cabeza y se dio cuenta de que los aldeanos ya habían retomado sus tareas y que la única persona que quedaba a su lado era Valetta. “Ah no, no hay ninguno. ¿Vamos a ayudar?” – contestó Kazura mientras se levantaba y comenzaba a caminar hacia los aldeanos. Por un momento, Valetta se quedó viendo la espalda de Kazura mientras se iba alejando, como si lo estuviera examinando por algo, para a continuación echar a correr hasta alcanzarlo.