viernes, 22 de marzo de 2019

G4L Capítulo 16

Arco 2 Capítulo 16
Viajando a Isteria
Traducido por Kasahara
Corregido por DaniR
Editado por Tars

Era muy pronto por la mañana cuando comenzaron el viaje hacia Isteria. En el centro de la habitación, que estaba iluminada por una lámpara de aceite portátil, Kazura se encontraba examinando el contenido de su mochila, la cual creyó que sería útil en su viaje. La bolsa se la había prestado Valetta el día anterior. Era rígida y estaba tejida con fibras de plantas. Su bolsa contenía comida, bebida energética, vendas, antisépticos, y material de primeros auxilios. Todo ello, incluyendo la lámpara de aceite, lo había comprado en una tienda el día anterior. Fuera, el cielo todavía estaba oscuro. El sol seguía escondido detrás de las montañas. Normalmente, Kazura estaría durmiendo a esas horas, pero Valetta le había despertado para avisarle de que partirían pronto, así que se apresuró en comprobar que lo llevaba todo por última vez. Ya se había cambiado con la ropa que le prestó Varin hacía un par de días. Visto desde fuera, Kazura se veía muy parecido a los demás aldeanos. Después de terminar de comprobar todo, agarró la mochila y salió de la habitación.
* * *
“¿Has estado esperándome? Perdón por tardar tanto.” Kazura se encontró con Valetta al entrar a la sala de estar. Ella ya estaba preparada, y le esperaba mientras leía un libro delante del hogar. Sobre su ropa llevaba un manto de cuero. Realmente tenía el aspecto de una viajera. “No hace falta que te disculpes, los demás aldeanos todavía no han llegado. No te preocupes.” Valetta guardó el libro en su mochila, se puso en pie y le ofreció a Kazura un manto que tenía al lado. “Bueno, este es el de mi padre, espero que te valga. Aunque todavía es verano, la noche sigue siendo fría.” “¡Oh! Es la primera vez que me pongo algo como esto. Es muy elegante.” Kazura aceptó el abrigo e inmediatamente Valetta insistió en que se lo pusiera. La capa tenía un forro de piel pegado a ella, así que era bastante caliente. Si alguien durmiese en la calle, podría utilizarlo como manta y no tendría que preocuparse por el frío. “Es bastante calentito... ¿Hm? Valetta, ¿qué llevas en tu cintura?” Kazura miró con atención a la chica. Entre los huecos de su capa podía ver un objeto en forma de tabla sujeto horizontalmente en su cintura. “Ah, ¿te refieres a esto? Es una daga.” Valetta se apartó el manto y, con un movimiento familiar, sacó la daga de bronce de su vaina, y finalmente la mostró frente a ella. La hoja mediría unos cuarenta centímetros de largo y unos seis centímetros de ancho. Ver cómo la afilada hoja reflejaba la tenue luz del hogar impresionaba bastante. Como Valetta parecía una chica muy delgada, a Kazura le parecía algo incongruente verla de esa manera.
“Err... ¿Sabes cómo manejar una espada?” “Sí, desde que mi padre me enseñó, soy capaz de utilizar espadas y lanzas. Pero no soy nada competente comparada con él, me sigue regañando cada vez que practicamos.” – respondió la chica con una pequeña sonrisa en su rostro. Con suavidad, volvió a colocar la daga en su funda. Kazura no sabía qué tipo de comentario debía de responder, mientras Valetta volvía a colocarse su manto y recogía la mochila que había dejado en el suelo. “Entonces, todo el mundo se va a reunir pronto. ¿Vamos fuera?” Los dos caminaron hacia la entrada de la casa.
* * *
“Bueno. Creo que debería ser yo quien lleve eso...” “No, no deberías. Deja que lo lleve yo. He sido egoísta queriendo ir a la ciudad.” Valetta siguió protestando, preocupada por Kazura, que le miraba con una sonrisa irónica en sus labios. El hombre cargaba un estante de madera con leña atada a él. De esa guisa, los dos se fueron de la residencia. La leña que Kazura estaba cargando era la que venderían en la ciudad. Valetta la había estado amontonando en el suelo. De alguna forma, el hombre se sintió incómodo al pensar que la chica iba a cargar con la madera mientras él solo cargaba con su equipaje, así que decidió que sería él el que llevaría el peso. La madera que cargaba, ya seca, todavía pesaba un poco. Seguramente era madera de calidad. Cuando dejaron la residencia, en seguida se encontraron con tres aldeanos que charlaban entre ellos. También vestían mantos. En los pies de dos de los hombres había más montones de madera del mismo tamaño que el que llevaba Kazura. El otro hombre parecía el responsable del equipaje, ya que tenía un gran saco con el tamaño suficiente para llevar las provisiones de cuatro personas. Cuando los aldeanos vieron a Kazura y a Valetta saliendo de su casa, fueron a saludarles en seguida. “Buenos días, señor Kazura, señorita Valetta.” “Buenos días. ¿Lodurr no ha llegado todavía?” – preguntó la chica. “No todavía, pero seguramente llegará en seguida.” “Muy bien. Entonces voy a traer las armas, esperad un momento, por favor.” Valetta dejó en el suelo su mochila y de nuevo, volvió a la residencia. “Estoy realmente agradecido de que Kazura nos acompañe en este viaje hacia la ciudad. Aprovechando esta oportunidad, Lodurr podrá traer a su mujer y a su hija Myra en este viaje.” – comentó un aldeano. “No-no. Creo que en realidad voy a ser más bien una carga, debería ser yo quien os de las gracias... Por cierto, ¿Myra es la hija del señor Lodurr?” “Ah, ¿no lo sabías? Bueno, Myra solo se parece a su padre por sus dientes. En realidad, es igualita a su madre, es normal que no lo supieras.” – respondió el aldeano. Kazura comenzó a charlar con los hombres sobre la familia de Lodurr, y al poco tiempo, apareció él mismo con su mujer Tana y su hija acompañándole. Lodurr, como otros, también vestía un manto y cargaba un montón de leña. Su mujer y su hija llevaban el equipaje en una mochila. “Buenos días señor Kazura. Siento haber llegado tarde. Ven aquí Myra, tú también tienes que saludar.” – dijo Lodurr. “Buenos días, siento haber llegado tarde” – dijo la chica obedeciendo a su padre, para inclinar la cabeza en señal de saludo. Myra era una niña pequeña, con un cabello castaño que le llegaba hasta los hombros. Según lo que le habían comentado los aldeanos, tenía seis años de edad. Cuando hicieron el acueducto y cuando esparcieron el fertilizante en los campos, las hijas de los aldeanos también se esforzaron ayudando a repartir los refrigerios a los trabajadores. Como todos los demás, Myra también vestía una capa de su talla. A Kazura le pareció una niña muy mona. “Buenos días. Yo también acabo de salir de casa, así que está bien... Ya veo... Realmente la niña se parece a su madre.” – dijo Kazura, quien comparó a la niña con Tana. El largo cabello castaño, los ojos grandes, la nariz y otras características, eran herencia de su madre. Quizá porque tenían el mismo peinado, el parecido era aún más misterioso. “Es verdad, es una suerte que Myra se parezca a Tana y no a su padre.” – dijeron algunos hombres. “¡Sí!” – Myra contestó rápidamente. Su respuesta en acuerdo con los aldeanos, hizo reír a los demás. “Todavía seguís con eso, ¿eh?... Encima Myra os da la razón. Me voy a poner triste, dejad de reíros.” – respondió Lodurr. “Sí, sí, Myra, da gracias a tu padre por tus preciosos dientes.” – dijo un aldeano. “Sí, padre. ¡Gracias por estos dientes tan bonitos!” – siguió la niña. “¡Eh!” – se ofendió Lodurr. Mientras los demás reían en la conversación, Valetta salió de la casa. Llevaba consigo cuatro lanzas enrolladas en una tela, un arco corto y un carcaj de cuero. Las lanzas medían unos ciento cuarenta centímetros, así que podría decirse que eran cortas. “Perdón por la espera. Buenos días a todos. Buenos días, Lodurr.” “Buenos días. Mi hija también se unirá al viaje. Por favor, cuida también de ella.” – respondió Lodurr, inclinando su cabeza hacia Valetta. La chica le dio dos lanzas y un arco. Después, él se las ofreció a Tana, que comenzó a retirar la tela que las cubría, confirmó el buen estado de estas, y después volvió a envolverlas. Los aldeanos que se encargaban de llevar el equipaje también llevaban armas… Todos comprobaron si estaban afiladas antes de devolvérselas a la madre de Myra. “Entonces, ¿nos vamos ya? Si comenzamos a caminar ahora llegaremos a Isteria mañana por la noche.” “Es verdad, vayámonos.” Dicho esto, el equipo recogió sus equipajes del suelo y comenzó a caminar. Después, todos juntos empezaron la travesía hacia la salida de la aldea.
* * *
Bajo el cielo todavía oscuro, el grupo fue alejándose de la aldea de Grisea. Caminaban a un ritmo constante por un camino de tierra seca, cubierto de polvo y sin pavimentar, rumbo a la ciudad. El ancho del camino era de unos tres metros y a los lados se encontraban algunos árboles que habían sido plantados en intervalos. De esa manera sería difícil perderse si seguían ese sendero. El ritmo de la caminata no era rápido, ya que Myra les acompañaba, andaban a un paso moderado mientras charlaban. Como iban al ritmo de la pequeña, cada vez que la niña se sentía cansada tomaban un pequeño descanso y aprovechaban para dar un sorbo a las bebidas energéticas. “Um... Valeta, ¿podemos hablar un momento?” “Sí, ¿qué pasa?” Kazura caminaba junto a Valetta, mientras hablaban del té de hierbas, pero de repente sintió la necesidad de preguntarle algo que le estaba preocupando. “No hace mucho rato les has dado a todos una lanza. ¿Hay algún peligro en el camino?” “No es muy peligroso, pero cuando viajamos hacia Isteria, es prudente ser cautelosos y asegurarnos de que tenemos armas para todos. Aunque existe alguna posibilidad de que salga algún animal salvaje, todavía no ha habido avistamientos en esta área. Pero es imposible defenderse de los bandoleros o los bandidos sin ningún tipo de arma.” “Así que hay bandoleros y bandidos, ¿eh?... Es terrible.” Kazura se había criado en Japón, un país famoso en el mundo por su buen orden público, nunca había conocido a ningún bandolero. Después de ver las lanzas que se usaban para atacar a los hombres, le daban escalofríos solo de imaginarse una escena. Pensó que sería mejor comprarse una katana en su país y llevarla con él. Valetta sonrió a la cara de preocupación que se le había quedado a Kazura. “Está bien, no te preocupes. Desde que el ejército privado del señor Narson patrulla esta zona, ese tipo de personas no aparecen por aquí. Además, excepto Myra y yo, todos tienen experiencia en combate. Si por desgracia nos atacan varias personas, estaremos preparados para defendernos.” “Combate... ¿Te refieres a la guerra de hace cuatro años?” “Sí. Todo el mundo ha sobrevivido a esos años, así que se les da bien manejar las armas y si llega el momento de defenderse, sabrán hacerlo. Cuando llega el otoño, Lodurr se va de caza a la montaña, así que sus habilidades con el arco son de primera categoría.” Después de escuchar lo que explicaba Valetta, Kazura echó un vistazo a los cinco que andaban detrás. Solo por su apariencia, ya era difícil pensar que eran fuertes, pero observándolos con detenimiento podía apreciarse unos cuerpos sólidamente definidos y robustos. A veces miraban a su alrededor, seguramente vigilando atentamente. No solo le acompañaban cinco personas con experiencia en batalla, el ejército privado de Narson también estaba patrullando esa zona, así que no era necesario sentirse amenazado durante el trayecto. “Ya veo, así que estamos en buenas manos.” – dijo Kazura, aliviado. Valetta le sonrió. “De todas maneras, si sale alguna bestia, espero que tú también colabores.” “¿Eh? ¿Bestias? ¿Uff?... Si solo son crías de jabalí a lo mejor puedo hacer algo.” Kazura interpretó las palabras de Valetta como una broma, así que contestó con esa broma, pero los ojos de la chica brillaron con respeto. “¡Ala! ¿Lo dices de verdad? ¡Entonces si viene una cría de jabalí lo dejaré en tus manos!” “Sí, sí solo es un cachorro puedo acabar con él de un solo golpe, sería una victoria muy fácil.” – contestó Kazura. ‘Si la palabra cerdo también se utiliza aquí, ¿significa que también hay jabalís?’ Aunque la explicación de Kazura no fue la adecuada, siguió con la caminata mientras disfrutaba del paisaje de otro mundo comenzando a brillar con los primeros rayos de sol.