domingo, 10 de mayo de 2026

JDR - Capítulo 377

Capítulo 377

Intención asesina oculta en la oscuridad.
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

“Señor… solo soy un comerciante ambulante. ¿Hay algún malentendido entre nosotros?” – suplicó mientras temblaba. Con la mirada fija en el cañón del arma, Jepp se quedó muy quieto en el suelo, sin atreverse siquiera a respirar. Sin embargo, el hombre con expresión sería que tenía frente a él, permaneció impasible. “¿De dónde salió esta arma?” – gruñó, mientras jugueteaba con una ametralladora PU-9 que acababa de recoger. Al oír esa pregunta, Jepp se angustió aún más, pero no se atrevió a ocultar la verdad. Al fin y al cabo, ya había adivinado la identidad de esos hombres. Eran como el grupo de negro de esta mañana, todos provenían de esa aeronave ridículamente grande… ¡y de esa maldita Legión! “… Lo encontré.” “¿Dónde lo encontraste?” “Al este. A unos 5 o 6 kilómetros. Bordeando al bosque, hay un lugar llamado la Estación Katin… Esta mañana, un grupo de personas vestidas igual que vosotros se peleó con… Mm, unos mercenarios dijeron que parecían ser de la Nueva Alianza.” – tartamudeó Jepp, mientras hablaba. La expresión del hombre con rostro serio se ensombreció. “La Nueva Alianza…” Como era nuevo en la Provincia del Valle del Río, nunca había oído ese nombre, pero suponía que se trataba de una fuerza poderosa de la zona que había cobrado relevancia en los últimos años. Tales casos no eran raros. Los humanos eran criaturas que buscaban seguridad en los números. Sin embargo, independientemente de lo que fuera esa Alianza, no solo había provocado a la Legión, sino que también habían asesinado a la tripulación del Corazón de Acero. El último asentamiento de supervivientes que hizo lo mismo no solo vio cómo su líder terminaba colgado del puente del Corazón de Acero, sino que sus hombres, mujeres y niños terminaron como esclavos en la aeronave. Cuando finalmente atracó, quedaban menos de uno de cada diez vivos. Habían muerto de diferentes formas por el camino, pero los afortunados supervivientes terminaron siendo vendidos a las minas. Quizás hubo oficiales que ordenaron a sus hombres tratar bien a los prisioneros, pero ciertamente no el respetado general McClennan. Los bárbaros que se interponían en su camino solo tenían dos opciones: ser subyugados o aniquilados. Una sonrisa cruel se dibujó en el rostro frío y severo de Vito. No le importaba Herrick. Para él, un debilucho que ni siquiera podía vencer a unos pocos nativos no merecía compasión. Lo que le complacía era la perspectiva de una nueva diversión. Aterrorizado por su grotesca expresión, Jepp se estremeció. “N… No conozco a esa gente, solo pasaba por allí…” “¿Cuántos eran?” “Tres… tres…” “¿Tres?” “Y… ¡Un oso parlante! Y otro que no habla… Iban en un camión blindado. Parecía que se dirigían a la Provincia del Atardecer, pero después de ese incidente… no continuaron al oeste. Se dieron la vuelta… ¡Sí! ¡Lo recuerdo! ¡Se fueron al este! ¡Los encontrarás si sigues el límite del bosque hacia el este!” Como si se agarrara a un clavo ardiendo, Jepp soltó frenéticamente todo lo que sabía. Vito reflexionó en silencio. ‘Un oso parlante…’ Nunca había oído hablar de algo tan extraño, pero esto era el páramo, donde cualquier cosa podía pasar. Probablemente fue el oso el que acabó con Herrick y sus hombres. Detrás de Vito, un bruto musculoso y corpulento dio un paso al frente. “Quizás fueron los que pusieron la trampa que dañó nuestra aeronave.” – dijo con tono serio. Llevaba dos hachas manchadas de sangre en la cintura y una escopeta con el cañón recortado a la espalda. Aunque podía acabar con sus oponentes a balazos, disfrutaba más la emoción de partirles el cráneo con un hacha. “No podemos descartarlo.” – dijo Vito con calma, tras reflexionar un instante. – “Tenemos que hacérselo pagar.” “¿Qué sugieres?” – preguntó otro hombre delgado. “Primero informaremos al comandante Richie, luego continuaremos hacia el este… El empleado de la Compañía también podría estar con ellos.” – Vito hizo una pausa, antes de continuar. – “Si logramos atrapar al culpable de los daños a nuestra aeronave como a los empleados de la compañía, el general McClennan podría felicitarnos personalmente.” Mientras los tres miembros de la Legión vestidos con túnicas negras discutían la situación, Jepp echó un vistazo a las mercancías esparcidas y al buey de dos cabezas ensangrentado, con una punzada de dolor. Hoy había tenido la peor suerte inimaginable. Primero había sido expulsado de su tienda por un grupo de legionarios con la nariz torcida, luego otro grupo desató un tiroteo junto a sus pertenencias. Y antes de que pudiera comprender lo que estaba sucediendo, un camión con armas soldadas a su estructura se estrelló contra él, haciendo volar su tienda. Esas personas fueron lo suficiente razonables como para compensarle con tres dinares. Aunque el dinero no fue suficiente para cubrir sus pérdidas, le brindó cierto consuelo. Tras años de experiencia recorriendo el páramo, sabía que este no era un lugar en el que quedarse. Así que, sin pensárselo dos veces, guardó todas sus pertenencias y abandonó aquella zona peligrosa. Sin embargo, su mayor error fue quitarles las armas y pertenencias a los cadáveres. Esos objetos le causaron graves problemas. Tras irse, tres hombres encapuchados lo alcanzaron. Primero, dispararon a la cabeza a su líder mercenario, luego un monstruo musculoso cargó hacia ellos y abatió a los dos guardias restantes con sus hachas. Incluso tenía el presentimiento de que esos tres eran mucho más formidables que los 20 que había visto en el campamento. Estos hombres no solo eran despertados, sino que probablemente también se habían sometido a alguna modificación física o similar. Recordaba claramente que le dispararon al bruto musculoso, pero ahora parecía que estaba completamente ileso. ¡Ni siquiera usó una venda! Los tres parecieron llegar a algún tipo de acuerdo y se prepararon para irse. Jepp suspiró aliviado, pensando que por fin se había salvado. Sin embargo, justo cuando creía que sobreviviría, el hombre de rostro severo le apuntó con la metralleta PU 9. “¿Señor?” A Jepp se le encogió el corazón. Tartamudeó pidiendo clemencia, pero antes de que pudiera terminar de hablar, una lluvia de balas lo convirtió en un colador. Mirando al hombre del páramo que yacía en un charco de sangre, Vito arrojó a un lado la metralleta con indiferencia. El bruto musculoso miró los bienes esparcidos y los bueyes muertos y chasqueó la lengua en señal de lástima. “¡Qué desperdicio!” “No pierdas el tiempo, la misión es más importante.” Sin decir otra palabra, Vito y su equipo se fueron hacia el este.
* * *
“¿Escudo deflector?” Campamento 101. Al mirar la imagen en la pantalla y después de escuchar la descripción de Chu Guang, Pai soltó un término que Chu Guang desconocía. “¿Cómo provocaron ese tipo de monstruo…?” – susurró, tras tomarse un buen rato para procesar su sorpresa. Chu Guang suspiró. Notaba como comenzaba a dolerle la cabeza. “No es que los hayamos provocado. Vinieron directo a por nosotros. Esto es el páramo. Aunque no hagamos nada, los problemas nos encontrarán.” 30 aviones W-2… ¡Y ninguno había sobrevivido! Esos 15 cohetes habían sido el último desafío de los pilotos. Aunque al final no dañaron la aeronave, gracias a los sacrificios de esos jugadores, el refugio había obtenido información valiosa. Si llegaba el momento en que tenían que arriesgarlo todo y descubrían que sus armas no podían atravesar las defensas enemigas, sería un verdadero desastre. Ahora, al menos, tenía tiempo para pensar en una contramedida. Sin embargo, el concepto de escudo estaba más allá del conocimiento de Chu Guang y también de la experiencia de los jugadores. Mosquito seguía quejándose en el foro, etiquetándolo como poco científico y exigiendo frenéticamente que debilitasen al jefe de la nueva versión. Chu Guang también deseaba poder hacerlo. Pero, por desgracia, él no era el verdadero creador de este mundo. El páramo era un mundo real. ¡Y no había ninguna consola que pudiera usar para debilitar al jefe! La mayoría de los premios obtenidos del refugio eran armas no letales, y cuando conseguía algún equipo aparentemente poderoso, solo era adecuada para la defensa personal. Y a menudo eran menos efectivas en una guerra a gran escala que las armas que fabricaban los jugadores. Tras pensarlo durante un buen rato, llegó a la conclusión de que solo podía buscar la ayuda de sus amigos del Campamento 101. Al escuchar a Pai llamarlo monstruo, la expresión de Chu Guang se volvió sombría. “¿Es complicado lidiar con ese escudo deflector?” “Mm… ¿Por dónde empiezo?” – Pai reflexionó un instante, antes de continuar. – “Los escudos deflectores eran equipamiento estándar de todas las naves espaciales durante la Era de la Federación. Se usaban principalmente para protegerse del impacto de meteoritos y de misiles cinéticos o químicos lanzados desde naves de transporte modificadas ilegalmente para portar armas. El principio del escudo se basa en los efectos del campo gravitacional, y la eficiencia de la deflexión está relacionada principalmente con el momento y la dirección del objeto volador.” “¿Qué significa eso?” – preguntó Chu Guang exasperado. “En pocas palabras…” – continuó Pai. – “Cuanto más rápido se desplace el objeto y menor sea el ángulo de incidencia, mayor será la fuerza de deflexión que experimente en la dirección horizontal del escudo y más notable será el cambio en la dirección del vector.” “¿Hay alguna manera de romperlo?” – preguntó Chu Guang directamente, como si lo entendiera. Pai asintió en la pantalla. “Claro que los escudos direccionales no son omnipotentes. Por ejemplo, son prácticamente inútiles contra armas de partículas, incluyendo, entre otras, las bombas de neutrones o armas ópticas. Además, algunos objetos que poseen una masa elevada y que viajan a baja velocidad pueden atravesar eficazmente las defensas del escudo… pero la efectividad práctica de esas cosas suele ser baja, ya que la mayoría de las naves suelen estar equipadas con al menos un cañón de defensa o un cañón electromagnético como complemento al sistema del escudo. Sin embargo, el método más simple y brutal seguirá siendo el uso de armas de energía cinética.” “¿Armas de energía cinética?” – Chu Guang dudó un momento. – “No dijiste… ¿que el escudo tiene un fuerte efecto de deflexión sobre objetos que viajan a alta velocidad?” Pai parpadeó. “Sí, pero la energía se conserva.” – continuó como si su explicación fuera algo elemental. – “La interferencia de un escudo direccional con un objeto volador consume mucha energía. El coste de lanzar un proyectil masivo con un acelerador electromagnético es mucho menor que desviarlo. Una breve ráfaga de fuego concentrado no solo puede agotar los condensadores del escudo, sino también sobrecalentar el generador, rompiendo así físicamente las defensas del escudo… Ah, cierto, puede que este enfoque no te sea de mucha utilidad.” Al recordar algo, cambió la explicación. “Si esa aeronave funciona con un reactor de fusión, es probable que te quedes sin proyectiles antes de que se agote el condensador del escudo. Recuerdo que todavía usas esas antiguallas de proyectiles químicos…” “……” Los párpados de Chu Guang se crisparon violentamente. “Gracias por la información. Al menos ahora sabemos a qué nos enfrentamos.” – respondió tras soltar un suspiro y mirando a la pantalla. El agradecimiento pareció complacerla. “¡Ni lo menciones! Si tienes alguna duda, ¡pregúntame!” – declaró con generosidad. Al ver la alegría de Pai por haber ayudado, Chu Guang no pudo evitar contagiarse de su optimismo. Una sonrisa se dibujó lentamente en su rostro. “Sí, lo haré.” Tras finalizar la comunicación, Chu Guang reflexionó un momento y luego llamó a Shu Yu en la Ciudad de Boulder. “Quiero ver la aeronave de la Legión a toda página en el Diario del Superviviente de mañana.” – dijo, yendo directo al grano. Al oír la orden del Administrador, Shu Yu se quedó paralizado, con la mirada vacía. “La… ¿La aeronave de la Legión?” Aunque las fotografías del Corazón de Acero se habían vuelto virales en el foro de Wasteland Online, muy pocos de los habitantes de la Nueva Alianza lo sabían. Después de todo, los PNJs no podían acceder a la página web. Solo Chu Guang podía hacerlo. Por lo tanto, al escuchar las palabras del Administrador, su reacción fue menos de asombro y más de desconcierto ante la situación. “Te explicaré los detalles más tarde, incluyendo fotografías de la aeronave y sus armas…” – continuó, sin esperar a que preguntase. Sabía que estaba confundido. – “Pero ese no es el punto principal. La clave es que los supervivientes de la Ciudad de Boulder sepan que existe una amenaza peor que la Tribu Mastica Huesos… y que se dirige hacia el Distrito de Qingquan. El muro gigante puede detener la Marea, pero no detendrá un obús de 400mm. Si no piensan hacer nada, cuando la aeronave llegue a su puerta, más vale que se limpien el cuello y esperen la muerte. Por supuesto, lo más crucial es que debemos informar a su ayuntamiento, a sus bancos, a sus fábricas, así como a los nobles… y al señor del centro de la ciudad. Tienen que saber que su vecino, el que les pidió prestados 200.000.000 de fichas, el que les está haciendo la vida más fácil… ¡está en problemas!”
* * *
En lo profundo de la noche… En un valle a unos 20 kilómetros al este del Valle Afortunado, cerca del Corazón de Acero, estaba estacionada una mula eléctrica cargada de mercancías. La aeronave era casi invisible desde allí, lo que la convertía en un lugar ideal para acampar. El terreno accidentado y la densa vegetación también proporcionaron una buena cobertura para la fogata. La Orden del Oso Blanco decidió establecer allí su campamento, mientras Kariman continuó con sus guardias su camino hacia el Distrito de Qingquan en busca de ayuda. Al final, SiSi no accedió a su petición de viajar juntos, ya que no podía verificar su identidad y tampoco tenía planes de regresar a los suburbios del norte. Planeaban esperar aquí la llegada de la Legión Tormenta. Establecerían una base de operaciones y luego decidirían si enfrentarse a las tropas de la Legión que acababan de aparecer o buscar la oportunidad para entrar al Refugio 79. SiSi se inclinaba más por lo último. ¿Qué pasaría si dentro hubiera un arma secreta capaz de acabar con esa aeronave? Aunque la probabilidad era baja, valía la pena tener esperanza. Como desarrollador, ¡era probable que Luz no colocase dos elementos no relacionados en la misma versión! No importa lo realista que fuera… al final era solo un juego. Sentada alrededor de la fogata de piedras, Pasta de Sésamo jugueteaba con la tarjeta plateada que tenía en la mano; su rostro reflejaba una evidente confusión a la luz del fuego. “¿Para qué sirve esto?” Tras entregarle la tarjeta, Luo Hua volvió a quedar inconsciente. No les había dado tiempo a hacer preguntas. “¿Podría ser algún tipo de llave?” – murmuró Bollito sentada junto a fogata, mientras ladeaba la cabeza. “Recuerdo… se suponía que el Colonizador estaba buscando el Refugio 0 en el desierto. Eso dice la página web.” “¿Por qué nos confiaría algo tan valioso?” – preguntó Pasta de Sésamo, desconcertada. “¿Será porque somos sus amigos?” – dijo Bollito con incertidumbre. – “Sin duda es mejor que lo tengamos nosotros que la Legión.” “Tengo una opinión diferente…” – intervino de repente SiSi, que estaba organizando su cuaderno. – “Quizás la Compañía solo quiere involucrarnos en su conflicto con la Legión. En fin, aunque tengamos la llave, no tendremos oportunidad de usarla. Y si nos la piden, nuestro Administrador sin duda la devolverá.” La fogata crepitaba suavemente. Pasta Sésamo y Bollito se miraron mientras susurraban entre sí. “No creo que sea para tanto… Probablemente no tenía a nadie más en quien confiar, así que nos eligió a nosotras. Somos las únicas que estaban aquí.” Pasta de Sésamo prefería pensar que las cosas no eran tan complicadas. “También lo creo… esa gente me dio una buena impresión.” – añadió Bollito, mientras asentía. En cuanto a Teddy… permanecía completamente ajeno a la conversación de sus dueñas. Simplemente se lamía las patas, con la mirada perdida. SiSi no refutó las opiniones de sus amigas, ni apartó la mirada del cuaderno. “Mm… Quizá. Solo lo sugería…” Los humanos eran seres complejos. Sus motivaciones podían variar, y las personas verdaderamente ingenuas eran bastante raras de encontrar. Además, ni siquiera sabían si esa tarjeta era una llave. Su única pista era que el Colonizador había encontrado algo extraordinario en el desierto, posiblemente el legendario Refugio 0, capaz de acabar con todo el sufrimiento y dar paso a una era de prosperidad. Sin embargo, seguía siendo escéptica. No de si realmente lo habían encontrado, pero sí algo tan conveniente existía de verdad. ‘Incluso si es un juego…’ “¿Qué escribiste en tu cuaderno?” – preguntó con curiosidad Bollito, mirando el cuaderno en las manos de SiSi. A menudo la veía escribiendo algo en él. “La información que recopilamos… Incluyendo lo que mencionó ese autoproclamado príncipe sobre la Provincia del Atardecer… y los rumores que oímos de los mercenarios y comerciantes. Lo publicaré más tarde.” Esa noticia era mucho más impactante que unas cuantas fotos de un dirigible. Quizás incluso existiera la posibilidad de que la incluyeran en la lista de personas famosas que escribían con frecuencia guías del juego. “Admiro a quienes saben escribir guías. Yo ni siquiera puedo planificar un viaje…” Pasta de Sésamo miró a SiSi con envidia. Bollito asintió. “Pienso igual. Creo que la SiSi de la vida real debe ser muy confiable.” Ligeramente avergonzada por el elogio, SiSi tosió levemente. “¡Para nada! En la vida real, soy bastante problemática…” Pasta de Sésamo la miró sorprendida. “¿Uh? ¿En serio?” Bollito también pareció sorprendida. “¡No me lo creo!” “No es tan raro… Mira a Tail. No te dejes engañar por su actitud en el juego, en la vida real…” Pero no terminó de hablar y su expresión cambió sutilmente. “¿Qué pasa en la vida real?” – preguntó Bollito ansiosa, intuyendo un cotilleo. SiSi apartó la mirada inconscientemente. “Mm… Tampoco es muy lista, pero al menos es bastante reservada.” Pasta de Sésamo no pudo evitar soltar una carcajada, mientras Bollito se rascaba la cabeza, confundida. Podían imaginarse que Tail no fuera muy lista, pero considerarla reservada… Era inimaginable. SiSi hojeó otra página del cuaderno. “De hecho, personalmente siento que, más que una proyección de mi personalidad en la vida real, mi personaje en el mundo virtual se parece más al tipo de persona que aspiro a ser… Quizás porque no soy tan fiable en la vida real, quiero probar una forma diferente de vivir en mi Segunda vida.” – reflexionó. “Mm… Ahora que lo dices, creo que también siento algo como eso. En la vida real… la verdad es que soy algo torpe socialmente, pero en los videojuegos me desenvuelvo bien.” Con una ligera sonrisa de vergüenza y sus orejas de gato balanceándose tranquilamente, Pasta de Sésamo hundió la barbilla entre sus brazos. Estaba abrazando sus rodillas mientras se apoyaba en un árbol. Cada vez que hablaban sobre asuntos de la vida real, se sentía un poco avergonzada. Así que cambió de tema rápidamente. “Por cierto… ¿dónde está Tail? ¿Por qué no ha vuelto?” “Fue a recuperar la máquina virtual del piloto; debería volver pronto…” Cerrando su libreta, SiSi encendió su máquina virtual para comprobar a qué distancia estaba Tail. Sin embargo, una fuerte sensación de peligro la invadió de repente. Como si una bestia peligrosa la estuviera observando. Está claro que ella no fue la única que se dio cuenta. Las orejas de gato, que antes se balanceaban suavemente, se pusieron de punta, mientras Pasta de Sésamo agarraba con fuerza la metralleta PU-9 y su daga. “Creo que acabo de escuchar algo…” – susurró, con las pupilas enfocadas mientras escudriñaba el bosque en la oscuridad. Sin dudarlo, SiSi extendió las manos y colocó la tapa de hierro de una olla sobre la fogata, apagándola rápidamente. Al mismo tiempo… 6 proyectiles magnéticos flotaron junto a su mano, alertas ante la inminente intención asesina. “Tened más confianza… Seguro que podemos con ellos.”


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