Las llamas que salieron del cañón del arma hicieron trizas a dos soldados al instante. El ensordecedor sonido de los disparos casi le destrozó los tímpanos a Herrick mientras corría a refugiarse. Se agazapó para cubrirse y, justo cuando estaba a punto de devolver el fuego, vio a uno de sus hombres despedazado por las garras del oso blanco.
¡Sangre y carne volaban por todas partes!
El gran oso blanco pareció sobresaltarse por su propia fuerza, por no hablar de los soldados de capas negras.
“¡Dispersaos!”
Mientras Herrick observaba cómo otros dos de sus compañeros morían bajo el fuego de la ametralladora, levantó furiosamente su arma y disparó contra el vehículo. Las balas impactaron contra la placa de acero de la parte delantera de la ametralladora, con un ruido metálico, pero sin causar ningún otro efecto que unas pocas chipas y una pequeña abolladura.
¡Clang!
Tail se agachó instintivamente, esquivando las balas. Sus manos sujetaron la ametralladora con firmeza mientras apuntaba al enemigo. Mientras tanto, Pasta de Sésamo, que estaba sentada en el puesto del conductor, se sobresaltó cuando las balas impactaron contra el camión.
“¡Ah!”
Instintivamente se agachó bajo el volante y pisó a fondo el acelerador. Al mirar como el camión se aproximaba y las impenetrables placas de acero, un destello de desesperación apareció en los ojos de Herrick mientras empuñaba su metralleta. Por un momento, su corazón pareció congelarse. Sin embargo…
Lo que finalmente le hizo perder el conocimiento no fue una bala en la cabeza, si no cuando la parte delantera del vehículo fue directamente contra su pecho. En el último momento, antes de desmayarse, escuchó débilmente un grito, aunque fuera algo que no podía entender…
“Tail, ¡deja a uno con vida!”
“¡Entendido!”
* * *
Le salpicaron con agua fría en la cara. Herrick se despertó de golpe y se encontró mirando fijamente el oscuro cañón de una pistola.
“Siempre intentamos razonar con la gente, así que mejor no te precipites.” – le dijo SiSi al tipo que yacía en el suelo, solo para encontrarlo mirándola como si fuera el monstruo más aterrador que había visto.
“Mm…”
Se tocó la barbilla con la mano izquierda.
‘¿De verdad doy tanto miedo?’
Estaba bastante satisfecha con su personaje.
“Eso me asustó… De repente recibimos una misión diciendo que estabas en problemas, así que vinimos corriendo. Vimos a mucha gente disparándote a ti y a Tail, y pensé que ya estaban muertas…” – explicó Pasta de Sésamo mientras bajaba del camión.
“Todo gracias al chaleco antibalas, pero me rompí algunas costillas.” – dijo SiSi con indiferencia.
Aunque presentía que con su condición probablemente no tenía solo unas costillas rotas, pero a pesar de la gravedad de sus heridas internas y externas, ya se había recuperado cerca del 40 %. Había elegido un sistema de constitución precisamente porque previó esta situación. Y ahora le parecía una decisión increíblemente acertada.
La función del juego para bloquear el dolor excesivo, similar a la de un tranquilizante y analgésico, era probablemente una de las más convenientes. De lo contrario, por muy altos que fueran sus atributos, soportar el dolor seguiría siendo problemático.
“¡Como esperaba de Si! ¡Esa frase fue genial!” – dijo Tail con los ojos brillantes.
Bollito la miró preocupada.
“¿De verdad estás bien? Te dispararon tantas veces…”
“Estoy bien.”
SiSi sonrió suavemente.
“Menos mal que llegaste a tiempo, si no, ya me habrían capturado.”
“Especialmente Bollito… ¡fuiste muy valiente!”
“Para nada… No puedo quedarme de patas cruzadas cuando veo una amiga en apuros.” – contestó, mientras alzaba su robusta pata de oso. La tímida Bollito se rascó la cabeza, tiñendo su pelaje blanco como la nieve de color rojo. El ambiente sentimental se tornó un tanto sangriento… En ese momento, una voz inoportuna desvió repentinamente el tema hacia un rumbo extraño.
“¿Captura? ¿Querían capturarte? Je, je, je… ¿habrá de esas escenas de los doujinshi?”
Los ojos de Tail brillaron mientras miraba a SiSi. Pasta de Sésamo parecía desconcertada.
“¿Doujinshi?”
Al ver la extraña mirada en sus ojos, SiSi suspiró con impotencia.
“Tail… ¿puedes dejar de leer esas cosas?”
“¿EH? ¿Cómo sabes que las leí? ¿Instalaste cámaras en mi casa?”
“Mm… Vosotras… sois un poco raras…”
Pasta de Sésamo levantó una ceja mientras miraba a la pareja.
Los disparos y la conmoción atrajeron a los habitantes de la zona, Kariman y sus guardias fueron los primeros en llegar. Aunque el jefe de sus guardias se opuso firmemente a intervenir en los conflictos de los habitantes del páramo, recordando que hacía unos minutos había prometido proteger a esa gente, condujo a sus hombres a regañadientes. Pero cuando llegó, la pelea ya había terminado.
Los habitantes del páramo, con capas negras, yacían dispersos por el suelo tras sufrir una muerte espantosa. El fuego de ametralladora de 10mm había dejado mucho más que simples agujeros de bala; carne y extremidades desgarradas, destrozadas por la inmensa energía cinética, yacían esparcidas entre los restos de las tiendas.
Aquellos que, como Kariman, nunca habían salido del desierto, sintieron un nudo en el estómago y se pusieron pálidos.
“¿Qué pasó aquí…?”
El capitán de la guardia, con una espesa barba, dio un paso al frente y se arrodilló. Extendió el dedo índice hacia el rostro de uno de los cadáveres, su expresión se tornó repentinamente seria.
“La Legión…”
En el páramo se pueden encontrar personas de cualquier color de piel y pelo, pero solo los de la Legión tienen un puente de nariz tan pronunciado. Había una teoría que decía que usaban ADN antiguo; otra que modificaban sus genes para distinguir su noble linaje.
“La Legión…”
Kariman rumió esas palabras en su mente mientras el fuego del odio se encendía en sus ojos. En ese momento, los comerciantes, guardias y mercenarios que se habían mantenido alejados comenzaron a regresar cuando dejaron de oírse disparos. Al ver la carnicería, un comerciante reveló una expresión de dolor.
“Maldita sea, ¡qué han hecho! Mis tiendas, mis maletas, mi equipaje… ¡lo han destruido todo!”
Varios mercenarios con rifles rodearon al camión que estaba junto a las tiendas.
“Solo son unas cuantas tiendas…” – SiSi arrojó unos dinares al suelo. – “¿Suficiente?”
Esa cantidad de dinero era claramente insuficiente y el comerciante quería protestar, pero su guardia lo detuvo con suavidad.
“Esas tres jovencitas son despertadas… Si estalla una pelea, probablemente suframos grandes pérdidas.”
El rostro del comerciante se tiñó de rojo, pero se tragó su ira. Agarró las monedas de oro del suelo y se alejó en silencio. Los residentes cercanos observaron desde lejos, disfrutando del espectáculo.
Al norte de la estación Katin, donde se alojaban los comerciantes y los viajeros, a nadie le importaban las muertes de unos pocos habitantes del páramo mientras las balas no cayeran sobre sus hogares. Sin embargo, hacía muchos años que no se producía una batalla tan intensa.
Mientras la multitud discutía, un anciano, de más de 50 años, surgió de entre la gente. Su piel era oscura, su rostro estaba surcado de arrugas por la edad, aunque su complexión aún era robusta. Le seguían una docena de hombres corpulentos, todos vestidos de manera similar. Cada uno de ellos llevaba un rifle a la espalda. Miró a los cuerpos en el suelo y al hombre arrodillado. Luego a las tres mujeres y al oso junto al camión.
“Me llamo Mudka y soy el jefe de la aldea.” – dijo el anciano mientras fruncía lentamente el ceño.
“Soy SiSi. Estas son Tail, Pasta de Sésamo y Bollito.”
SiSi también presentó a sus compañeras, aunque intuyó que al anciano no le interesaban sus nombres. Y, en efecto, así era. No preguntó de dónde venían.
“Esta es una zona segura. Han roto las reglas y deben compensar a los aldeanos y al ganado que han asustado.”
“Ah… ¿sí? Ya que es una zona segura, ¿por qué no intervinieron antes de que atacasen?” – respondió SiSi sin mostrar ninguna expresión.
“Vine cuando oí los disparos. Da igual, condujiste imprudentemente un camión por el campamento, aplastando tiendas y equipaje. Disparaste una ametralladora… es demasiado.”
“Oye, no lastimé a ninguna persona inocente…” – protestó Tail indignada al escuchar su hipócrita respuesta.
SiSi interrumpió la explicación de Tail. Miró fijamente al anciano y habló despacio y con cautela.
“Este es un asunto entre la Nueva Alianza y la Legión. ¿Seguro que quieres involucrarte?”
Podía ver que el anciano estaba tratando de extorsionarlas. Si no hubiera tirado esos dinares, probablemente no estarían enfrentando problemas como este. Y efectivamente, cuando el anciano escuchó la palabra Alianza, su actitud cambió inmediatamente. Su mirada astuta y feroz, mostró ahora una clara aprensión y sospecha. Sin duda había oído hablar de la Alianza, así como de los rumores del este.
El repentino ascenso de la Alianza detuvo el avance hacia el sur de la Tribu Mastica Huesos, poniendo fin a un año de caos en la Provincia del Valle del Río. Antes de eso, la gigantesca muralla de la Ciudad de Boulder era el único faro en cientos de kilómetros a la redonda.
“¿Eres de la Alianza…?”
SiSi no se molestó en jugar con él.
“Sí.”
El rostro del anciano se tensó levemente, al igual que el de los hombres corpulentos a su lado. De hecho, pensó en extorsionar a las chicas, sobre todo porque su camión contenía muchos bienes valiosos. Y sus exigencias estaban justificadas… Sin embargo, la situación era diferente. Al escuchar su conversación, los supervivientes que observaban el espectáculo intercambiaron miradas de sorpresa. También susurraron rápidamente entre ellos…
“¿La Nueva Alianza? ¡Son de la Alianza!”
“He oído que cada guerrero de la Nueva Alianza vale por 10 hombres. Son increíblemente valientes. Aplastaron a la Tribu Mastica Huesos con poco más de 1000 hombres.”
“No me extraña…”
La fuerza de la Nueva Alianza podía ser inferior a la de la Legión, pero eran sus vecinos. Por otro lado, la base de la Legión se encontraba al otro lado del continente, en la lejana costa occidental.
“Probablemente este sea un asunto delicado… Desde la Nueva Alianza hasta aquí, hay como mucho una semana de viaje. Quizás 2 o 3 días si se dan prisa…” – murmuró un hombre de mediana edad, al lado del anciano.
Asintiendo imperceptiblemente, Mudka miró fijamente a la joven que tenía delante.
“Mm…” – tras un buen rato, habló lentamente. – “No pretendemos interferir en sus disputas, pero también esperamos que no perturben nuestras vidas.”
Dicho esto, hizo un gesto con su marchita mano derecha y se llevó a su gente. En cuanto a la compensación, nunca más se volvió a mencionar.
Tendido en el suelo, la mirada de Herrick viajaba entre las tres personas y el oso. Nunca había oído hablar de algo llamado la Alianza, ni le interesaba saberlo. Su mente corría a mil por hora, intentando encontrar la manera de escapar de su situación actual. Sin embargo, cuando su mirada se posó en la oscura boca del arma, finalmente relajó sus tensos hombros, abandonando cualquier idea de huir.
La fuerza desplegada por sus oponentes había superado su comprensión. Ya fuera la mujer que recibió varios disparos y parecía ilesa, o la misteriosa arma que mató instantáneamente a sus cinco compañeros. Aún seguía sin tener idea de que era esa arma. Tal vez… Algo realmente terrible había sucedido en la Provincia del Valle del Río.
“¿Seguro que quieres ser enemigo de la Legión?”
Herrick bajó la voz, invocando el nombre de la Legión para intentar amenazarlos y que lo liberaran. SiSi lo miró.
“Aunque no lo pretendiéramos… los problemas seguirían llamando a nuestra puerta.” – dicho esto, sacudió el cañón del arma. – “No me hagas perder el tiempo, ¿cómo te llamas?”
“Herrick…”
“¿Qué quieres de Luo Hua?”
El rostro del hombre se ensombreció levemente, sus labios se curvaron en un arco ligeramente burlón.
“Je, quieres…”
¡Bang!
Un disparo repentino sobresaltó a todos los que estaban a su alrededor. Por supuesto, el más afectado fue Herrick, que yacía boca abajo en el suelo. La bala explotó cerca de su oreja, salpicándole la mitad de la cara de barro. Al mirar el cañón humeante del arma y esos ojos despiadados, Herrick sintió un escalofrío que le heló los huesos.
“Yo… yo estaba a punto de decir…”
Empezó a tartamudear; su bravuconería anterior había desaparecido por completo. No fue por miedo sino por una reacción instintiva.
“Date prisa.” – dijo SiSi con impaciencia, encendiendo la grabadora de su dispositivo de la MV.
“La Compañía… ¡Estamos buscando gente de la Compañía!”
“Ya sé que ese tipo al que persigues es de la Compañía… ¿Qué más?”
Herrick tragó saliva con dificultad.
“Esa fortaleza móvil… Se adentró en el desierto; nuestros vasallos escucharon que buscaban un tesoro allí. Sea lo que sea, no podemos permitir que se lo lleven de nuestro territorio.” – explicó rápidamente.
“¿Vasallos?”
Tail ladeó la cabeza.
“Halcones…” – intervino Kariman, con el rostro ensombrecido. – “El reino que gobierna el Oasis número 2. Una panda de cobardes sin carácter que abandonaron su dignidad y fe, ofreciendo sus almas a los bárbaros de las tierras sin ley.”
Tail frunció el ceño.
“……”
SiSi suspiró, sintiendo que le dolía la sien.
“¿Te refieres a un estado vasallo?”
Kariman asintió con rigidez.
“Sí…”
SiSi se sumió en profundas reflexiones.
Combinando las discusiones del foro y la información publicada en la página web oficial, comprendió a grandes rasgos toda la historia. En resumen, un vasallo de la Legión descubrió al Colonizador y luego pasó esa información a la Legión. Para evitar que la Compañía tomase el control del Refugio 0, la Legión aparentemente envió una fuerza expedicionaria desconocida al desierto, dónde, junto a los lugareños, sitiaron la fortaleza móvil.
Aunque el Colonizador poseía una formidable potencia de fuego, ni siquiera la tecnología más avanzada podía crearse de la nada. Al menos, la electricidad y los minerales no podrían aparecer de la nada.
La siguiente declaración de Herrick confirmó su suposición.
“Los rodeamos mientras el Colonizador buscaba suministros… no tuvieron más remedio que retirarse a las ruinas con sus barras de combustible. Esas servoarmaduras son muy resistentes, pero su número es limitado. Rápidamente los dividimos y los rodeamos; algunos escaparon al desierto, otros quedaron atrapados entre las ruinas. El resto se quedaron dentro de la fortaleza.”
“¿Has capturado al Colonizador?” – preguntó SiSi de inmediato.
“La batalla ha terminado. Tomar el control es solo cuestión de tiempo, pero no queremos un montón de chatarra. Han establecido una contraseña para entrar a la sala de control; y no podemos entrar desde el exterior. Si lo intentásemos, el material nuclear restante se inyectaría en la unidad de autodestrucción… y entonces no quedaría nada.” – respondió Herrick.
SiSi no se detuvo ahí.
“¿Luo Hua sabe el código?”
“No lo sé, pero parece ser una figura clave en el Colonizador, y posiblemente tenga alguna pista sobre el Refugio 0… El general me ordenó capturarlo antes de que se reuniera con los refuerzos de la Compañía. Si no podemos capturarlo vivo, bastará con su cabeza.”
“Refuerzos…”
Tail se acarició la barbilla con expresión pensativa.
“No es sencillo. De hecho, saben que la Compañía envió refuerzos.”
“Uh... ¿acaso necesitamos adivinar?” – murmuró Pasta de Sésamo con una expresión complicada.
“Di el número de tu unidad, el nombre de tu superior y cuántas personas han enviado al desierto.” – continuó SiSi, mirando fijamente a Herrick tendido en el suelo.
“Corazón de Acero…”
“¿Qué?”
“Mi unidad.” – susurró Herrick, tras tragar saliva. – “Corazón de Acero. 29º Equipo de Asalto, Nuestro comandante es McClennan.”
“¿A qué distancia están de aquí?”
“Justo aquí.”
“¿Aquí?”
SiSi se quedó paralizada. Todos, incluyendo a Tail, Pasta de Sésamo y Bollito, así como Kariman y sus guardias, se quedaron congelados. Pero justo cuando SiSi estaba a punto de presionar para obtener una respuesta, vio un destello de fanatismo en los ojos de Herrick, cuyo rostro hasta hacía un momento, había estado lleno de miedo.
Él la miraba fijamente, pero sus pupilas no estaban enfocadas en su rostro, sino detrás de ella. Un presentimiento siniestro se apoderó de los ojos de SiSi.
“Está justo detrás de ti… Solo date la vuelta y lo verás.” – dijo Herrick con una sonrisa.
Independientemente de lo que estuviera alardeando, SiSi tenía claro de que no se trataba del viejo truco de… mira, un ovni. Todos los que habían estado observando desde el principio se giraron para mirar hacia el cielo. Ahora esos rostros desconocidos estaban repletos de desconcierto, confusión y terror.
“Qué… es… ¿esa cosa?”
“Un… ¿Una ballena?”
“Por el gran Dios Ciervo…”
Algunos pastores se arrodillaron en el suelo, con la frente presionada firmemente contra la tierra. Muchos mercenarios estaban desconcertados, pero algunos comerciantes inteligentes reconocieron el objeto.
“Una aeronave… ¡Es la aeronave de la Legión!”
Mirando hacia el noroeste del Valle Afortunado, Kariman abrió mucho los ojos. Sus pupilas oscilaban entre la confusión y el miedo. Los guardias que estaban a su lado apretaron inconscientemente sus armas.
Una imponente estructura de acero emergió de entre las nubes como un iceberg que se alzaba sobre el mar. Sus alas extendidas se asemejaban a las de un Roc. Filas de turbinas giratorias cortaban la niebla, como los colmillos de una bestia salvaje.
‘Así se ve una aeronave de la Legión…’
Había oído rumores sobre ella a menudo, pero era la primera vez que veía una. Era como una ballena gigante volando por el cielo… Aunque solo había visto uno de esos animales en fotografías.
Varios jugadores también quedaron atónitos, especialmente SiSi. Más que preguntarse de dónde venía la aeronave, quería saber cómo esa monstruosidad de acero podía volar. Su carcasa metálica no se parecía en nada a la lona pintada de los típicos dirigibles. Claramente no era una nave convencional.
‘Si fuera una aleación… aunque estuviera hecha de aluminio, si la parte más gruesa de la armadura fuera de solo 1mm, serían cientos… ¡o incluso miles de toneladas!’
¿Cómo podría una construcción tan extraña que no seguía las leyes de la ciencia ser impulsada por una fila de turbinas paralelas?
Sintió como si su inteligencia fuera puesta a prueba, aunque no era la primera vez desde que jugaba Wasteland Online.
Tumbado en el suelo, Herrick disfrutó de su mirada atónita.
“Aún no es tarde para rendirse…” – dijo con un tono siniestro.
¡Bang!
Un disparo lo interrumpió. Herrick se agarró la oreja izquierda con dolor y se acurrucó en el suelo. Dejando a un lado la pistola humeante, SiSi se ajustó los auriculares y tomó una fotografía del cielo. Pero justo cuando abrió su correo electrónico y estaba a punto de sincronizar la foto con su cuenta oficial, descubrió que la red no funcionaba.
‘¿Se perdió la señal?’
En ese momento, Tail, también estirando el cuello para mirar hacia el norte, torció el rostro con ira.
“¡AH! ¡Mi globo!” – rugió indignada.
“Te dije que no la colocaras tan lejos, pero insististe en subir a la cima de la montaña.” – dijo Pasta de Sésamo con una mueca, al ver como la señal desaparecía de la máquina virtual.
“Yo… yo pensé que la señal sería mejor…” – susurró Tail con tono de culpa. – “Además, el manual decía buscar el lugar más alto.”
“¡Pero eso es demasiado alto!”
“No te preocupes… El Administrador seguramente dejará caer otro.” – dijo Tail, dándole una palmadita en el hombro a Pasta de Sésamo. Aun así, tras escuchar su tono de culpabilidad, parecía que lo decía para consolarse a sí misma.
‘¿Me lo harán pagar? Probablemente… No…’
“Ah… Justo cuando podíamos habernos hecho famosas y salir en los titulares…” – suspiró Bollito, dejándose caer al suelo.
“Aaaah… Maldita sea, ¡qué sensación de impotencia!”
A diferencia de todos los PNJs que temían a la Legión, les era indiferente. Ya fueran depredadores, la Legión, mutantes u otros seres extraños… para ellas eran simplemente monstruos de nivel más alto. En cambio, estaban mucho más ansiosas por compartir esta noticia de última hora en el foro. ¡Los malditos desarrolladores estaban tramando algo de nuevo!
Desafortunadamente… Las fotos tendrían que subirse más tarde.
* * *
En el Corazón de Acero.
Bajo el puente de mando suspendido bajo la aeronave, un hombre con un atuendo opulento levantó ligeramente la barbilla, contemplando las montañas, las ruinas de la ciudad, los vastos bosques y las llanuras que se extendían a través de los ventanales. Su atractivo rostro se reflejaba en ellos.
Se llamaba McClennan, capitán de la aeronave Corazón de Acero. Formaba parte de la Legión Oriental y ostentaba el rango de general. Aunque un general en la Legión no necesariamente comandaba a 10.000 personas, sin duda era una existencia que superaba a la de todos los presentes.
EL núcleo de la aeronave era una fragata inacabada de la Fuerza Aeroespacial de la Federación, que contenía una sala de energía compuesta por un reactor de fusión y una unidad generadora de escudo deflector diseñada para contrarrestar armas cinéticas. Aunque la mayor parte de la tecnología era incomprensible, e incluso si se analizaba sería complicada de reconstruir, eso no impedía su uso… Aunque fuera de otra forma.
En resumen, esta aeronave representa la cúspide de la tecnología de la civilización de antes de la guerra y la culminación de la experiencia mecánica de la Legión.
No solo podía servir como un portaviones aéreo, sino que, si el enemigo perdía su superioridad aérea, descender sobre las líneas del frente, desatando toneladas de explosivos sobre sus cabezas.
Pocas fuerzas en todo el páramo podrían interponerse en su camino. Aparte de las ratas que se escondían en el pantano, los escarabajos agazapados bajo el escudo divino y las cucarachas apiñadas en la costa este… el resto de insectos ni siquiera se atreverían a mirarlos. Aunque tuvieran la capacidad de derribar la aeronave.
Nadie sabía cuántas aeronaves poseía la Legión, ni cuánta munición heredaron de hace dos siglos. Excepto el todopoderoso Mariscal.
“Su Excelencia. ¡Nos encontramos sobre el Valle Afortunado! Las llanuras que se extienden ante usted constituyen el corredor sur de la Provincia del Valle del Río… ¡su puerta occidental está abierta para usted!”
De pie junto al General McClennan, el ayudante habló con el mayor respeto. Sin embargo, sus halagos parecieron no haber sido los adecuados.
“No necesito que me expliques la historia de este pequeño lugar; solo necesitas decirme dónde están esas cucarachas que vienen de la Costa Este.”
El general McClennan habló lentamente, pero su tono denotaba una clara impaciencia. Debería haber estado disfrutando de los servicios de los sirvientes en el Oasis Número 2, pero gracias a la información del Estado Libre de Bugra, sus superiores lo enviaron aquí para interceptar los refuerzos que la Compañía enviaba desde la Costa Este.
Sin embargo, considerar su superior a ese viejo zorro de Griffin era un poco exagerado. Solo lo superaba por medio rango, con otra estrella más en su insignia de general. Pero no podía hacer nada: tenía que obedecer sus órdenes. Además, ese hombre también era el comandante de la Legión Oriental, un comandante de primera línea nombrado personalmente por el Mariscal.
Sin mencionar el hecho de conducir una aeronave… ¡McClennan tendría que obedecer sus órdenes incluso si lo mandaba a abordar una nave espacial! Cada vez que lo pensaba, sentía una oleada de ira.
El Colonizador había sido capturado. La tripulación restante estaba atrapada en las ruinas de una civilización de antes de la guerra, sin suministros. La rendición era solo cuestión de tiempo. Estaban a punto de compartir el botín, pero lo enviaron a algún lugar olvidado del este.
“¿Realmente es tan importante ese maldito empleado de la Compañía?”
“Las ambiciones de Griffin son considerables… Probablemente quiera aprovechar esta oportunidad para someter toda la Provincia del Atardecer bajo la influencia de la Legión Oriental.” – susurró un oficial del Estado Mayor que se encontraba cerca.
Parecía un sueño.
Entre la Provincia del Atardecer y las tierras principales de la Legión se extendía un vasto desierto. Esta región no tenía esa consideración al azar, sino porque era una zona muerta que se extendía por miles de kilómetros.
La Legión simplemente no podía gobernar la Provincia del Atardecer, sobre todo porque estaba muy alejada de sus principales intereses. Si no fuera por el deseo de conquistar el Gran Valle de la Grieta, ni siquiera se molestarían en mantener allí un estado vasallo.
Aunque el Reino del Halcón les aportaba anualmente una enorme riqueza, todos los generales de la Legión Oriental sabían perfectamente que, comparados con su inversión en ese estado vasallo, los dinares y esclavos ofrecidos por su honesto rey eran absolutamente insignificantes. Sin embargo…
La aplastante derrota de la fuerza expedicionaria y la muerte del general Klaas, finalmente hicieron que algunos generales de alto rango de la Legión se dieran cuenta de que esperar capturar el Gran Valle de la Grieta, que previamente había causado grandes pérdidas a la Compañía, en cuestión de meses era una ingenuidad.
Necesitaban invertir más recursos, construir una mejor logística, perfeccionar las líneas de suministro y movilizar más mano de obra para pulir los zapatos de los centuriones… ya fuera de su propia gente o de estados vasallos. Al final, necesitaban fortalecer su control sobre el Este. Había muchas maneras de hacerlo… Por ejemplo, apoyar a ese honesto y bondadoso rey que tomaron bajo su protección.
“Así que nos envió lejos deliberadamente, queriendo atribuirse todo el mérito.”
Al pensar en el arrogante rostro de Griffin, el general McClennan entrecerró los ojos ligeramente, mientras una idea repentina se formaba en su mente. Contemplando el vasto páramo al sureste, sus labios se curvaron en una sonrisa cruel.
“Dejar que estos bárbaros bebedores de sangre merodeen por aquí es simplemente una profanación del legado de nuestros antepasados. En mi opinión, la frontera de la Legión debería expandirse otros 500 kilómetros hacia al este. ¡Somos perfectamente capaces de hacerlo!”
El ayudante y sus oficiales del Estado Mayor revelaron simultáneamente expresiones de sorpresa.
“Dividirnos para atacar más frentes no es buena idea… Creo que deberíamos aplastar rápidamente los refuerzos de la Compañía y luego regresar al Oasis número 2.” – aconsejó uno de sus ayudantes.
“¿Qué sentido tiene volver? Ese viejo zorro seguramente encontrará otra excusa para expulsarnos. Una vez que despejemos el corredor sur, la puerta al gran Valle de la Grieta estará abierta para nosotros. No solo el comandante de la Legión, ni siquiera el Mariscal podrá ignorar nuestra contribución.” – replicó el general con indiferencia.
“Pero…”
“¡Sin peros!” – Interrumpiendo las palabras de su oficial, el general McClennan miró hacia adelante a través del ventanal, con una agradable sonrisa dibujándose en su rostro. – “¡Llevemos el orden y la civilización a esos salvajes!”
Casi en el instante en que esas palabras salieron de su boca, la aeronave que avanzaba se inclinó repentinamente dos grados hacia la derecha mientras crujía durante todo el proceso. Fue solo un ligero movimiento, pero la atención del general McClennan estaba plenamente centrada en el apuesto rostro que se veía en el reflejo del cristal. Desprevenido, perdió el equilibrio y su nariz casi toco la barandilla más cercana. Por suerte, su ayudante reaccionó rápidamente y lo atrapó antes de que cayera.
“Señor… ¿se encuentra bien?”
“¿Qué fue eso? ¿Quién es el idiota que está al mando?” – rugió McClennan furioso, mientras recogía su sombrero del suelo.
“Tal vez fue una turbulencia…” – tartamudeó su asistente ante sus gritos. Sin embargo, antes de que pudiera terminar, un soldado entró corriendo desde el exterior al puente.
“General, ¡parece que algo se ha enredado en nuestra turbina derecha!” – informó con nerviosismo.
“¡Qué alguien lo repare de inmediato!” – gritó McClennan.
“¡Sí, señor!”
El soldado se puso firme y se alejó corriendo. McClennan continuó maldiciendo mientras regresaba a su asiento. Los oficiales a su alrededor intercambiaron miradas y luego guardaron silencio, temerosos de emitir un solo sonido. Tenían miedo de provocar su ira.
El hecho de que los escudos deflectores no se activasen significaba que el impacto era menor. Probablemente era solo un pájaro despistado… No debería ser un gran problema. Pero para ser justos, ese último movimiento no era precisamente una buena señal.
“El tipo que envié a tierra… ¿Cómo se llama? ¿Herri o algo así? ¿Alguna novedad?”
Al oír la pregunta del capitán, el ayudante respondió rápidamente.
“Todavía no, pero su último informe decía que había localizado la caravana… Deberíamos tener noticias pronto.”
El ánimo de McClennan mejoró ligeramente. Capturar al empleado de la Compañía y lidiar con los refuerzos que enviaron, resolvería cada uno de sus problemas. Al fin tendría tiempo para sus propios asuntos.
Mientras el Corazón de Acero estaba ocupado solucionando el problema, Chu Guang, a más de 150 kilómetros de distancia, miraba fijamente su máquina virtual.
‘¿Y la señal?’
La señal operaba a plena potencia cuando estaba echando un vistazo a las imágenes que se mostraban en la pantalla.
‘¿Por qué ha desaparecido?’