Capítulo 379
¿Cuánto vale esa aeronave?
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
Corregido por Noe
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A 80 kilómetros al este del Valle Afortunado.
En el campamento del Equipo de Asalto de la Compañía, el lejano estruendo hizo que todos los soldados de la costa Este dejaran lo que estuvieran haciendo y mirasen hacia el oeste.
“¿Qué fue ese sonido?”
“¿Un trueno?”
“No parece…”
“Suena como si algo hubiera explotado.”
“Es extraño. Cuando estaba en la Ciudad del Amanecer, interrogué en persona a las caravanas que venían del oeste y no oí nada sobre combates por la zona.”
Los soldados susurraban entre sí.
En el centro del campamento, a la entrada de una tienda de campaña. De pie junto al capitán Yun Song, el oficial de logística Hedin parecía algo tenso. Con su amplia experiencia y su gran intuición para el peligro, sabía que el ruido no era un trueno ni nada parecido.
“¿Eso fue una bomba nuclear?”
Yun Song frunció el ceño ligeramente.
“No estoy seguro.”
Las bombas nucleares no eran tan aterradoras. Eran simplemente un arma rentable. Había armas mucho más poderosas en el páramo. Lo que realmente le preocupaba era la potencia de ese sonido. Según su experiencia, la explosión equivalió al menos a 10 toneladas de TNT. Fuera o no un arma nuclear, tal potencia era suficiente para ponerlos en alerta.
Sin embargo, según la información recopilada en la Ciudad del Amanecer, no debería haber ninguna facción poderosa desde el Distrito de Qingquan en el este hasta la Provincia del Atardecer. Como mucho, había algunos asentamientos dispersos de supervivientes. Aunque no eran pocos, claramente carecían de la capacidad para fabricar tales armas.
“Sugiero que cambiemos nuestra ruta. Antes de entrar en la Provincia del Atardecer, es mejor que intentemos evitar involucrarnos en conflictos regionales…” – susurró Hedin.
Yun Song reflexionó un instante momento y luego asintió.
“De acuerdo.”
* * *
Al noroeste del Valle Afortunado.
En el campamento directamente debajo del Corazón de Acero, dentro de una tienda, el rostro de Richie estaba tan sombrío como las nubes del exterior. Sobre todo, tras enterarse de que su cazador más hábil, Vito, había muerto de manera humillante a manos de la artillería enemiga.
“Malditas alimañas escurridizas…” – gritó con los puños apretados por ira. Una vez que atrapase a los responsables, juró torturarlos con los castigos más crueles hasta que derramasen su última gota de sangre y exhalasen su último aliento.
En ese momento, levantaron la tela de la tienda, interrumpiendo sus pensamientos.
“Señor, el oficial de Estado Mayor del cuartel general está afuera.”
Al oír esto, la expresión de Richie se tensó durante unos segundos.
“Déjalo entrar.”
“¡Sí!”
Al ver al guardia darse la vuelta y marcharse, Richie suspiró profundamente y relajó sus tensos hombros. No se había encontrado el paracaídas y el empleado medio muerto de la Compañía había escapado. No solo eso, sino que su facción también había perdido dos escuadrones y un equipo de reconocimiento compuesto por tres despertados. Estaba claro porque el cuartel general enviaba a alguien.
La tela se levantó de nuevo y entró un oficial con un uniforme impecable. Richie notó que ya había visto hoy a ese hombre. Sin embargo, a diferencia de lo que había ocurrido durante el día, la expresión y el comportamiento del oficial era mucho más serio.
Sabiendo que el oficial probablemente estaba allí para exigirle responsabilidades, Richie permaneció en silencio, esperando tranquilamente a que hablara. Sin embargo, para su sorpresa, no fue degradado. En cambio, escuchó un acuerdo inesperado…
“El general McClennan lo ha nombrado Comandante de la Infantería de Asalto. Mañana por la mañana desplegaremos más tropas sobre el terreno. Hasta que se revoque la orden de despliegue, esa unidad estará bajo su mando.”
Al oír las palabras del oficial, Richie abrió los ojos con asombro.
“Según la evaluación del cuartel general, el empleado de la Compañía que perseguimos probablemente se ha unido a los refuerzos enviados del Este. Hay indicios de que las fuerzas armadas no identificadas que emboscaron a nuestra patrulla anoche son, en efecto, ¡de la Compañía! La pérdida del 29º y 31º cuerpo de asalto no es culpa suya. Fue nuestra falta de inteligencia en la zona lo que provocó este incidente. ¡El capitán McClennan quiere que tengas un buen desempeño, que laves esta desgracia con la sangre de nuestros enemigos y que vengues a los compañeros que murieron esta noche!” – continuó el oficial al notar su asombro.
La sorpresa desapareció de su mirada.
“Lo haré.” – declaró Richie tras respirar hondo.
“Demuéstralo con tus acciones; el capitán espera tus noticias.”
Dicho esto, el oficial de Estado Mayor se dio la vuelta y salió sin dudarlo. Richie miró fijamente la tela de la tienda, apretó los puños, y luego los relajó lentamente. Sus ojos brillaban con espíritu de lucha mientras reflexionaba sobre lo que acababa de escuchar.
“¡Lo haré!” – repitió, como si quisiera aplastarlos con sus propias manos.
* * *
El voraz incendio ardió toda la noche, apagándose cuando empezaron a aparecer los primeros rayos del amanecer. Sin embargo, la furia de la Legión no había disminuido. La destrucción de dos escuadrones de soldados había puesto al Corazón de Acero en alerta máxima. El atronador fuego de artillería mantuvo despierto a los supervivientes del Valle Afortunado durante toda la noche. A primera hora de la mañana, la conmoción estaba lejos de terminar.
El Corazón de Acero continuó desplegando equipo militar en tierra, con una escala de despliegue que alcanzó una brigada de 1000 hombres, mientras que las posiciones defensivas que se estaban construyendo estaban planificadas para albergar 3000 tropas.
Decenas de escuadrones fueron enviados a los suburbios del este para buscar a tres chicas que viajaban con dos osos y a la zona desde la que un mortero disparó a su patrulla la noche anterior. Según informes de los soldados que lograron escapar, los atacantes eran al menos 100 hombres y estaban equipados con exoesqueletos altamente mecanizados. No había ninguna duda al respecto… ¡Tenían que ser los refuerzos de la Compañía!
Sin embargo, el general McClennan no estaba preocupado. ¿Y qué si eran los refuerzos de la Compañía? Eran solo unos debiluchos. ¡Perfectos para aniquilarlos de un plumazo!
Mientras tanto, bajo la guía del personal de la aeronave, el comandante Richie comenzó a enviar negociadores armados a los alrededores. El mejor momento para transmitir las intenciones del general McClennan a los asentamientos de supervivientes cercanos, era cuando los efectos del proyectil de la noche anterior todavía estaban en sus mentes…
¡Rendirse o morir!
* * *
Al otro lado, en la zona oriental del Valle Afortunado.
A unos 5 kilómetros del epicentro de la explosión, en las montañas, más de 20 jugadores de la Legión Tormenta descansaban tranquilamente. Aún no había amanecido y solo una tenue luz empezaba a vislumbrarse a la distancia. Aunque algunos sugirieron acampar más lejos, Manantial argumentó que los lugares que aparentemente parecían peligrosos eran en realidad los más seguros.
Después del amanecer, la Legión probablemente enviaría gente a buscar al este, pero probablemente no se centrarían en la zona más cercana a la explosión. Además, se encontraban en una zona elevada y tenían una vista clara de los alrededores. Incluso si ocurría algo, podrían evacuar con rapidez.
Después de más de 30 horas de marcha forzada, seguidas de un enfrentamiento contra la patrulla de la Legión, aunque los hombres fueran de hierro y pudieran soportar la tensión, su equipo no aguantaría. La mayoría de las baterías de los exoesqueletos de los jugadores estaban agotadas. Afortunadamente, el camión de Tail estaba equipado con un generador de leña. Los exoesqueletos desequipados se alineaban junto al vehículo.
Kakarot se llevó a varios jugadores de fuerza al bosque para talar árboles, mientras algunos jugadores de agilidad preparaban comida para todos. Bollito se llevó a Teddy hasta una montaña cercana, con la intención de enterrarlo donde los carroñeros no pudieran encontrarlo. La acompañaban Tail y Pasta de Sésamo.
SiSi también quería ir, pero sus heridas eran demasiado graves, así que tuvo que quedarse en el campamento. Encontró un rincón apartado y se realizó una cirugía menor con el instrumental médico del camión, extrayéndose la bala alojada en su cuerpo. Como no era muy hábil, causó un desastre con la sangre, pero finalmente con algo de suerte y paciencia, logró extraerla.
“¡Listo!”
Mirando la bala deformada sujeta entre las pinzas, SiSi respiró aliviada y la arrojó casualmente a una caja de aluminio para guardarla como recuerdo. Aunque los jugadores de tipo constitución se recuperaban mucho más rápido que la gente normal, no estaban al nivel de los mutantes, cuyas heridas se curaban a una velocidad visible. Un simple vendaje y sutura podían ayudar a que la herida cicatrizara más rápido. SiSi calculó que, al día siguiente a esta misma hora, podría estar luchando de nuevo junto a sus compañeros.
Después de coser la herida, desenvolvió una nueva venda y admiró su obra antes de regresar al camión. Aún faltaba un rato para el desayuno. Kakarot y su grupo acababan de regresar con la leña necesaria para la estufa y el generador. Los demás jugadores estaban sentados en círculo, la mayoría bostezando, exhaustos. Manantial, de pie en el centro, explicaba con energía el plan de batalla.
“La aeronave puede almacenar una gran cantidad de suministros… ¡pero sus provisiones no son ilimitadas! Una unidad de 1000 hombres, sin mencionar la cantidad de comida que necesitan a diario, ¡solo sus excrementos podrían llenar un camión!”
“Maldita sea. ¿Puedes no mencionar esas cosas durante la comida?” – gritó Soy la Oscuridad.
Manantial se rio.
“¡Es solo un ejemplo! El Corazón de Acero ha echado el ancla. Si planean quedarse durante meses, sin duda necesitarán reunir todos los suministros que puedan de la zona. Ya sea pagando con dinares o usando la fuerza. ¡Esa es nuestra oportunidad!” – dijo mientras miraba a sus jugadores. – “Tenemos que distinguir entre aquellos que son comprados y los que son coaccionados. ¡Luego tratar de atraer a nuestro bando a los que podamos!”
“¿Pero cuántos asentamientos de supervivientes se atreverán a resistir a la Legión?” – preguntó SiSi, tras reflexionar.
“No queremos que se resistan abiertamente. Podemos manejar los combates más duros. ¡Solo necesitamos que nos ayuden dentro de sus posibilidades!” – respondió Manantial con una sonrisa.
Aunque solo fuera diciéndoles la ubicación de las patrullas de la Legión o sobre cuando llegaría un convoy de suministros.
“¿Quieres decir que vamos a librar una guerra de guerrillas?” – preguntó Batalla, cuando una revelación se dibujó en los ojos del veterano.
“¡Exactamente!” – Manantial asintió con aprobación. – “Es probable que las fuerzas de la Legión contacten con los asentamientos de supervivientes de los alrededores durante el día. Así que haremos lo contrario… ¡e iremos de noche! Después de que todos terminen de comer, desconéctense para descansar. Seguiremos discutiendo el plan de batalla en el chat grupal.”
Luego se volvió hacia SiSi.
“Amiga, ¿puedes vigilar nuestros cuerpos?”
SiSi sonrió.
“Por supuesto, Tail y yo estaremos atentas.”
Se había tumbado un buen rato en el vehículo y su fatiga había disminuido. Aún no tenía sueño, así que se turnaría con Tail y el resto para dormir hasta que regresaran.
“¡Gracias!” – respondió Manantial con una sonrisa mientras juntaba las manos para realizar un saludo militar.
* * *
La mayoría de los jugadores que llegaron al Valle Afortunado con Manantial eran jugadores que se dedicaban a tiempo completo a esto. Incluso los que no, poseían horarios flexibles; de lo contrario, no habrían podido mantener la marcha durante más de 30 horas.
Después de una abundante comida, todos acordaron una hora para volver a iniciar sesión, luego buscaron un lugar tranquilo para recostarse y cerraron la sesión del juego. En cuanto al equipamiento y los personajes, SiSi estaba allí para vigilarlos. Los miembros de la Orden del Oso Blanco eran originalmente miembros de la Legión Tormenta y habían sido sus compañeras durante varias versiones, así que no había ningún problema de confianza.
Después de cerrar sesión, Manantial etiquetó a todos los miembros de su legión en el chat grupal, dividiendo a los más de 20 jugadores iniciales en tres grupos.
El grupo A: compuesto principalmente por jugadores de agilidad y percepción, era el encargado de explorar los alrededores.
El grupo B: compuesto por jugadores que podían comunicarse con los PNJs, era responsable de recopilar información de los asentamientos de sobrevivientes.
En cuanto al Grupo C, incluía a Batalla y a algunos otros a quienes les gustaba participar en combates. Seguirían avanzando hacia el oeste para buscar y atacar las patrullas de la Legión.
La clave no era cuántas personas podían matar. La estrategia principal consistía en hostigar frecuentemente al enemigo, interrumpiendo sus movimientos y haciendo que no supieran cual era nuestra posición o nuestros números.
En cuanto a la tarea de buscar el Refugio 79… Manantial planeaba asignársela a Tail y al resto cuando iniciase sesión en el juego. En parte porque sentía que Tail estaba bastante interesada en la búsqueda de tesoros, y porque no habían traído equipo avanzado, lo que dificultaba las maniobras de combate móvil de su legión. En este juego, llevar o no un exoesqueleto cambiaba por completo la jugabilidad. No era una cuestión de capacidad, sino de lo idóneo que eras para la tarea.
* * *
A medida que la luz del sol bañaba la Provincia del Valle del Rio, la Ciudad de Boulder, ubicada en el borde del tercer anillo del Distrito de Qingquan, se veía pacífica y tranquila. Por muy potente que fuera el cañón principal de 400mm, la onda expansiva no podría alcanzar este lugar. A menos que… Alguien decidiera echar más leña al fuego.
“¡Extra! ¡Extra!”
Los repartidores de periódicos corrían por las calles y callejones de la Ciudad de Boulder con bolsas de lona, repartiendo el periódico impreso a toda prisa a las tabernas y supermercados asociados con el Diario del Superviviente. También lo metían en escaparates y por debajo las puertas.
El periódico impreso a toda velocidad contenía solo una página. La fotografía impresa era una continuación del titular de la edición matutina. En ella, se podía ver como se abría un enorme cráter en un valle de montaña, junto a una devastadora onda expansiva barriendo el boque. Las llamas rojas se asemejaban a una nube abrasadora con forma de hongo. Debajo de la fotografía había una línea de texto que invitaba a la reflexión.
¡El cañón principal de 400mm del Corazón de Acero! ¡Solo 6 disparos bastan para arrasar toda la ciudad exterior!
Era una analogía exagerada. Sin embargo, esta comparación hizo que los espectadores, que no tenían ni idea del poder de un proyectil de ese calibre, se dieran cuenta al instante de lo aterrador que podía ser.
En la tienda de ropa de la Ardilla Gris, sentado detrás del mostrador, Siel se reclinaba en su silla, con sus peludos brazos apoyados sobre su prominente vientre y un periódico recién impreso en las manos. Se había suscrito al Diario del Superviviente para poder revisar los anuncios y mantenerse al día con las últimas tendencias de la moda de Ciudad del Amanecer, pero también porque le resultaban interesantes las noticias especiales.
Las transmisiones del Señor House eran emocionantes y su voz estimulante, pero solo servían para entretener sin ofrecer ningún otro beneficio. El Diario del Superviviente era diferente; ya que contenía noticias variadas. Además de los sucesos en la Ciudad de Boulder, ocasionalmente cubría noticias del mundo exterior.
“El Valle Afortunado… Creo haber oído hablar de ese lugar.”
“Claro que has oído hablar de él. Se encuentra al sureste de la Provincia del Valle del Río, la puerta occidental al Corredor del Sur. La mayoría de las caravanas de Ciudad de Boulder pasan por allí.” – respondió Rob, su viejo amigo, al oírlo. Estaba curioseando por la tienda.
“Sí. ¡Ese lugar!”
Un destello de sorpresa cruzó los ojos de Siel mientras se enderezaba en su silla.
“Qué raro. La Legión está allí… ¿No debería estar causando problemas en el Gran Valle de la Grieta, al norte?”
“¿La Legión?”
El dedo índice de Rob, que estaba rozando una obra de arte se detuvo. Apartó la mirada de las piernas del maniquí y se giró hacia Siel, que seguía sentado detrás del mostrador.
“¿De qué tonterías estás hablando? ¿Qué haría la Legión aquí?”
Dirigía el bar más famoso de la Ciudad de Boulder: la Reina de la Noche. No solo era un conocido antro de iniquidad, sino también el centro de todo tipo de información contradictoria. Los nobles del centro de la ciudad no eran los únicos que iban allí para divertirse. Los mercenarios adinerados también contribuían con sus fichas. Aparte de Tiburón Blanco en la Taberna de la Bahía del Pirata, nadie tenía mejor información que él.
“Mira las noticias de esta mañana.” – Siel le entregó el periódico, junto a la edición extra que le acababan de entregar. – “Estas fotos no pueden ser falsas…”
Rob agarró el periódico, lo miró rápidamente y abrió mucho sus ojos.
“¿El Corazón de Acero? Espera… ¡he oído hablar de esa cosa!”
Siel lo miró con curiosidad.
“¿Dónde lo escuchaste?”
“¡De una caravana que venía del oeste! ¡Hace solo 2 meses! Dijeron que la Legión se encontraba en ese oasis dónde se pone el sol… Había una fortaleza de acero flotando sobre ellos… Maldita sea, ¡pensé que ese tipo estaba fanfarroneando!” – respondió con la incredulidad reflejada por todo su rostro.
Un cañón principal de 400mm capaz de incinerarlo todo… ¡Una persona podía andar por en su interior! Al imaginar la escena, Rob no pudo evitar encogerse. Simplemente no podía soportar la idea de cómo sería que un coloso de ese tamaño volase directo hacia su hogar.
“No te preocupes, el Señor de la Ciudad no lo dejará llegar hasta aquí.” – dijo Siel, al ver la reacción exagerada de Rob, para tranquilizarlo.
“No es difícil de saber… El año pasado, no sé si fue la Legión o la Compañía, lanzaron una bomba nuclear al norte, en el Distrito del Olmo. Al final no pasó nada.” – se quejó Rob.
La Ciudad del Continente Occidental se encontraba a unos 100 kilómetros, mientras que el Valle Afortunado podía estar algo más lejos. Pero tampoco demasiado. La Ciudad de Boulder tenía una muralla enorme, equipada con una gran cantidad de armas fijas, mientras que esa gente no tenía nada más que enormes campos.
‘Esa gente debería hacer algo…’
En comparación con la molesta Legión, esos campesinos sin duda eran más encantadores. Pero un atisbo de preocupación apareció en el rostro de Rob.
‘¿Podrán ganar?’
* * *
Rob no era el único con tales preocupaciones. Casi todos los habitantes del páramo que tenían un ejemplar del Diario del Superviviente, compartían la misma opinión. No les importaba la vida de los campesinos de los suburbios del norte, pero no eran tan ingenuos como para pensar que la docena de kilómetros que los separaban de ellos, sirviesen para que los cañones del Corazón de Acero no los alcanzasen.
En ese momento, el ayuntamiento de la ciudad era un hervidero de actividad. Dulong ya había celebrado tres reuniones, convocando no solo a los empleados del banco, sino también al editor jefe del periódico Diario del Superviviente.
Aunque la situación no se había convertido en un caos, sin duda reinaba el pánico. A diferencia de los habitantes de la ciudad, no solo les preocupaba su hogar… ¡sino los 200.000.000 de fichas que acababan de prestar!
¿Cuál era el concepto de 200.000.000 de fichas? La Ciudad de Boulder tenía aproximadamente 500.000 habitantes, sin contar a mercenarios y comerciantes. Y el ingreso promedio por persona era de unas 100 fichas. En otras palabras, toda la fuerza laboral de la Ciudad de Boulder, trabajando muy duro, ¡necesitaría de 3 a 4 meses para ganar esa cantidad de dinero!
Sí… El dinero no estaba en manos de la Nueva Alianza, sino en una cuenta de depósito en el Banco de la Ciudad de Boulder. El problema era… ¡que la Nueva Alianza ya se había gastado una gran cantidad de dinero en pedidos a sus fábricas y caravanas!
Casi todas las fábricas de la Ciudad de Boulder estaban ocupadas consiguiendo préstamos, reclutando nuevos trabajadores y expandiendo la producción para recuperar sus 200.000.000 de fichas. ¡Los hornos ardían con una actividad sin precedentes!
Ni el banco de la Ciudad de Boulder, ni el Ayuntamiento, que habían saboreado ya un cierto éxito, querían ver como se cortaban de raíz esos incipientes signos de recuperación económica. ¡No había manera de que permitieran que eso sucediera!
“Jaeger… ¡Ese idiota incluso sugirió cancelar el préstamo! ¿Cómo si se pudiera detener una operación tan grande con tanta facilidad! Menos mal que el director estuvo de mi lado…”
Tras un día repleto de reuniones, Malvern regresó a su mansión, exhausto, entregándole el abrigo a su esposa sin dejar de quejarse. Todos los días se preocupaba muchísimo por esos pobres desgraciados, deseando que lo devolvieran lo antes posible. Su esposa tomó el abrigo, le dio un beso y lo consoló suavemente.
“Quizás necesites unos días libres.”
“Querida, me gustaría, pero hay demasiados problemas…”
Malvern suspiró y se sentó en su mullido sofá. En ese momento, vio el periódico sobre la mesa de centro y volvió a fruncir el ceño.
“El Diario del Superviviente… ¿nos hemos suscrito a esto?”
Frotándose las sienes, Malvern ahora encontraba que este periódico le provocaba dolor de cabeza.
“Fui yo. Vi muchas cosas que nunca había visto, como la pasta nutritiva. Escuché que es la comida de la gente del páramo…” – dijo Elisa, sentada junto a su padre, parpadeando con curiosidad. – “¿Podemos comprarla? Quiero ver como es.”
“No te interesaría esa cosa, es como… vómito fermentado. Solo un poco mejor que la corteza de árbol. Es difícil de tragar.” – respondió, deseando encontrar una mejor analogía.
Hasta él se sintió disgustado solo con imaginarlo, así que debería disipar la curiosidad de su hija.
“¿Corteza de árbol?” – respondió, sorprendida.
“Sí. Si no tienes ni una ficha, tendrás que recurrir a eso. Pero la pasta nutricional es barata, normalmente se vende por… ¿Por qué te cuento todo esto?” – Malvern le dio una palmadita en la cabeza a su hijita con cariño. – “No necesitas saber nada de esto.”
Sus hijos se habían mudado al centro de la ciudad. Uno de ellos siguió una caravana fiable hacia la Costa Este para viajar, y sus otras hijas ya se habían casado, dejando solo a su querida Elisa en casa. Su esposa frunció el ceño.
“Será mejor que no traigas esas cosas a casa…”
“Lo sé.” – respondió Malvern, rodeándola con el brazo. – “Solo estoy enseñando a nuestra hija pequeña algo…”
“Es un conocimiento innecesario.” – respondió con un tono cargado de un ligero reproche, mientras lo miraba fijamente. – “Consientes demasiado a Elisa. Nunca he estado de acuerdo con que se suscriba a ese tipo de periódico. Hay tantos libros en nuestra biblioteca, ¿para qué leer los escritos toscos de los habitantes del páramo?”
Malvern rio secamente.
“Hablaré con ella.”
Tampoco le gustaba mucho el Diario del Superviviente, principalmente porque no creía que esos inexpertos pudieran escribir nada valioso, aunque su oficina también hubiera conseguido una suscripción. Simplemente le pedía a su secretaria que lo revisara. Sin embargo, en esta ocasión el titular fue realmente inesperado.
La aeronave de la Legión había llegado a la Provincia del Valle del Río, y si no fuera por ese bicho raro que vino de la provincia vecina a escribir, probablemente no se hubieran enterado. Al igual que cuando el Colonizador llegó la última vez, o como cuando detonaron una bomba nuclear táctica, su estimado Señor envió a alguien a echar un vistazo varios días después.
Elisa miró fijamente a los ojos de su padre.
“En realidad, sabes que no podemos aislarnos del páramo, la próspera Ciudad Ideal es envidiable, pero no somos ellos.” – dijo de repente.
Malvern se sorprendió al oír esas palabras de su hija.
“¿Dónde has oído eso?”
“En el periódico, pero creo que tiene sentido.”
“Cierto. No solo lo sé yo. Dulong también lo sabe, incluso Jaeger… Hasta ese tío que no parece muy listo, lo sabe. Pero hay muchísimas razones complejas detrás de eso, y este problema viene de lejos.” – respondió, tras reflexionar, mientras miraba a su hija.
Elisa parpadeó.
“Ya que tiene tanto tiempo, ¿por qué no empezar a cambiar?”
“Debido a nuestras limitaciones, cada generación tiene su tarea. Y lo único que papá puede hacer es tratar de mejorarles una vida un poco, para que no tengáis que vender vuestra alma por una comida en el futuro, como hacen esos habitantes del páramo. Ni pelearnos por una botella de cerveza aguada.” – respondió con tono amable, mientras acariciaba suavemente la cabeza de su hija con una sonrisa.
No tenía intención de romper un acuerdo tácito de dos siglos de antigüedad. La fuente de la prosperidad de la Ciudad de Boulder, como la de Ciudad Ideal, era, después de todo, el camino que siguieron los de la Compañía, aunque con algunas modificaciones.
Tenían una fuerza militar poderosa y no se entrometían en los asuntos del páramo, asegurándose únicamente de que nadie causara problemas en su propio territorio. Todos los asentamientos de supervivientes en la parte sur de la Provincia del Valle del Río e incluso en la vecina provincia de la Llanura Dorada los veían como un modelo. De la misma manera, admiraban la utopía de la Costa Este. Pero ahora… Todos esos problemas finalmente habían llamado a su puerta.
La aeronave de la Legión estaba a la vuelta de la esquina, y esos hombres de narices prominentes eran tan salvajes y groseros como decían los rumores. Mostraban los colmillos descaradamente sin intentar ocultar su ferocidad. No tenía ninguna duda de que esas personas codiciaban la prosperidad de la Ciudad de Boulder.
Al pensarlo, sentía una profunda impotencia. Ni siquiera el hombre más rico de la ciudad podría convencer al Señor de que desplegase el ejército para beneficiar a la gente. Al fin y al cabo, el solo seguía las normas y era ese Señor el que las establecía. Ese hombre de edad desconocida era más frío, testarudo e impredecible que cualquier otra persona que conociese.
Malvern empezó a fantasear. Ojalá hubiera una solución perfecta para protegerles de ese problema, o al menos ahuyentar esa aeronave. En ese momento, se le ocurrió una situación en la que todos salían ganando… o más bien, una idea loca apareció de repente en su mente. Ya que prestarles dinero a esos abrigos azules podía revivir las fábricas al borde de la quiebra… ¿por qué no prestarles otra suma como fondos militares y animarlos a ir a la guerra?
‘Esa aeronave… Parece bastante valiosa.’
Dado su carácter bondadoso, al ver a esos supervivientes demacrados, sin duda serían incapaces de abandonarlos a su suerte. Terminarían construyéndoles carreteras y casas.
“El Valle Afortunado, la salida occidental del corredor… su potencial es mucho mayor que el de la Ciudad del Continente Occidental.”
Murmurando para sí mismo, los ojos de Malvern se iluminaron. De repente, se levantó del sofá completamente revitalizado.
“¿Papá?”
Elisa ladeo la cabeza, confundida. Malvern se rio con ganas, estaba tan contento que casi levantó a su hija para besarla.
“Mi Elisa, tienes toda la razón, de verdad necesitamos un pequeño cambio… Cómo mínimo, ¡tenemos que ser más flexibles!”


