jueves, 26 de marzo de 2026

JDR - Capítulo 371

Capítulo 371

Autoridad y deber.
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

Clínica Gracie. Sobre una larga mesa blanca había un maletín plateado abierto. Dentro, había un frasco de aproximadamente la mitad de longitud de un antebrazo, repleto de una solución verde oscura que contenía un riñón completamente transparente. Estaba hecho de un material flexible desconocido, y su estructura exquisitamente detallada hacía que uno se maravillase del nivel tecnológico necesario para crear un milagro de tal calibre. Y ese milagro, que encapsuló los resultados de miles de investigaciones, apenas era una mota de polvo de una era gloriosa que ya había desaparecido. El rostro de Gracie tenía una expresión fascinada mientras pasaba su nudoso dedo índice sobre el frasco. “BIO-166…” – murmuró. “¿Qué?” “El código de este objeto…” – dijo con una expresión de éxtasis. – “Una prótesis biónica de Ciudad Ideal. Una joya de la ingeniería mecánica y la biología. Es el reemplazo perfecto para los órganos biológicos, tan perfecto como una obra de arte… Aunque solo sea una réplica.” Todas las maravillas de Ciudad Ideal no eran más que réplicas de la Era de la Federación. Aun así, para los muchos asentamientos de supervivientes de la Era del Páramo, estas réplicas seguían siendo un abismo insuperable. Mientras Gracie estaba absorto en la obra de arte que tenía delante, Habrá Tiempo estaba sumido en sus pensamientos. “¿No vas a preguntar por Edmund?” – dijo de repente tras observar al hombre calvo de mediana edad. Había oído que Edmund, el Carnicero, antiguo aprendiz de Gracie, había llamado la atención de Jeff, el jefe de la Banda de la Daga, durante una cirugía. Empezó a trabajar para la banda después de eso. Gracie lo recomendó para hacer negocios, pero Habrá Tiempo lo envió a un campo de prisioneros de la Nueva Alianza a cambio de una recompensa de 100 monedas de plata y 200 puntos de contribución. No podía creer que Gracie no supiera lo que le había pasado a su aprendiz. Sin embargo, cuando Habrá Tiempo mencionó a Edmund, Gracie sonrió con indiferencia. “¿Por qué preguntas por ese tipo? ¿Tiene algo que ver con nuestro intercambio?” La expresión de Habrá Tiempo se volvió extraña. Pero al ver la sonrisa de Gracie, comprendió de inmediato lo que había sucedido. “¿Lo hiciste a propósito…?” La Nueva Alianza y los depredadores eran enemigos. Era un hecho bien conocido en el Distrito de Qingquan. No había necesidad de ocultarlo. Después de todo, la Nueva Alianza había nacido del conflicto entre el Refugio 404 y los depredadores. En tales circunstancias, la probabilidad de que el acuerdo se concretase era inferior al 10%. Y si alguien se beneficiaba del cierre de la clínica de Edmund, era sin duda la clínica de Gracie. Sin esas piezas baratas, los mercenarios cuyos testículos fueran reventados accidentalmente tendrían que optar por prótesis biónicas más caras. ¿Y si no podían permitírselo? Siempre había alguien que podía. Incluso si solo una décima parte de los clientes de Edmund acudieran a él, ganaría una fortuna si lograba obtener un beneficio del 500%. ¡Las prótesis biónicas de alto valor añadido era donde estaba el verdadero beneficio! ¿Extracción de órganos de clones? Era solo una solución barata. “No sé de qué me hablas… Pero creo en una cosa: si caminas siempre junto a un río, seguro que acabas mojándote los zapatos. Si haces negocios con depredadores, o te matan o te conviertes en uno. Así que solo hago negocios con clientes de confianza y en lugares seguros.” Gracie se rio entre dientes, cerró el maletín plateado y lo deslizó en un cajón debajo de la mesa. Entonces, sacó una caja chapada en oro de algún sitio y lo colocó con cuidado frente a Habrá Tiempo. “Aquí tienes 500.000 fichas, cuéntalas.” La caja contenía cuidadosamente 50 fichas de plástico blancas y negras, cada lado adornado con un patrón similar a una corona. Las fichas poseían un color negro brillante, lo que les hacía parecer prácticamente nuevas. No había ni una sola huella dactilar ni una mota de suciedad a la vista. Habrá Tiempo aceptó la caja y contó brevemente las fichas. “Tengo curiosidad, ¿cuánto sacas de esto?” – preguntó de repente. Gracie sonrió levemente. “Secreto profesional. Además, ¿para qué lo preguntas? También has ganado mucho dinero… ¿verdad?” Habrá Tiempo sonrió. No lo negó. En efecto. Había vendido el riñón por 500.000 fichas. Convertidas en monedas de plata, equivaldrían a aproximadamente un millón. Y el coste fue de tan solo 600.000 monedas de plata. Aunque tuvo que juntar su dinero y el de sus amigos para poder reunir esa cantidad, todos obtendrían una buena ganancia tras completar la transacción. Mucho más de lo que cualquier jugador podría ganar a través de una misión… Al pesar los aproximadamente 220 gramos con la mano, Habrá Tiempo no pudo evitar pensar en algo raro. Si la plataforma de comercio de plata pudiera compararse con una bolsa de valores, ¿con sus ahorros podría ser considerado accionista de Wasteland Online? Aunque solo fuera un accionista ocasional. “Si necesitas prótesis biónicas puedes contactarme.” “Lo haré, pero probablemente no lo necesite pronto. Hace poco, un lote de prótesis biónicas de Ciudad Ideal apareció en el centro de la ciudad. He oído que los precios rondan las 500.000 fichas… Me preguntaba si ese misterioso vendedor eras tú.” – respondió Gracie con una sonrisa. “Hasta ahora solo te he vendido a ti.” Los PNJs también comerciaban. A Habrá Tiempo no le pareció extraño, solo sintió curiosidad por saber quién tenía una suma tan grande de dinero. ‘¿Fue Liszt? ¿El comerciante de pasta nutritiva, Camino de Tierra? O quizás… el Administrador…’ Sin embargo, era poco probable que fuera el Administrador. Habrá Tiempo se devanó los sesos, pero no lograba hacer que la imagen de ese hombre venerable coincidiera con la de un astuto hombre de negocios. No era que al PNJ le faltase perspicacia para los negocios, sino que el personaje no terminaba de encajar del todo. Además, con tantos talentos en la Nueva Alianza, no había necesidad de que se involucrara personalmente. “¿En serio? Bueno, en realidad no importa.” – Gracie se rio entre dientes. – “No firmé ningún acuerdo de exclusividad contigo, a quién le vendas es asunto tuyo. De todas formas, mis clientes acabarán recurriendo a mí para el trasplante. ¿Algo más? Si no, te sugiero que vayas al banco; llevar tantas fichas encima no es buena idea, hay muchos carteristas en la Ciudad de Boulder.” Habrá Tiempo sonrió débilmente. ‘Carteristas…’ Como el jugador con las estadísticas más altas de agilidad del juego, cualquier carterista que pudiera robarle probablemente no habría nacido. No era que fuera demasiado confiado. Pero si tuviera esas habilidades no se dedicaría a ser un ladrón. Podría infiltrarse con facilidad en cualquier caravana o grupo mercenario. Podría conseguir cualquier cosa. Habrá Tiempo guardó la caja de almacenamiento y se preparó para irse. Sin embargo, justo entonces recordó algo y se detuvo. “Bueno… Hagamos un trato.” “¿Qué trato?” Gracie arqueó una ceja. “La próxima vez que te encuentres con un competidor comercial, no te andes con rodeos. Dímelo directamente… Ya sabes a qué tipo de competidores me refiero.” La Nueva Alianza prohibía a los jugadores invadir por su cuenta asentamientos que tuvieran el estado de neutral o fueran poderosos, pero eso no incluía las guaridas de los depredadores. Además, los criterios para definir quién era un depredador eran flexibles. Siempre que se presentaran pruebas suficientes al asistente del gran Administrador, existía la posibilidad de obtener un permiso legítimo para eliminar bandidos, lo que les permitía luchar sin restricciones. Las pruebas podían adoptar diversas formas: videos, fotos, grabaciones de audio… La evaluación también consideraría cosas como el nivel del enemigo y la fiabilidad de la información. Y si no fueran suficientes, se mandaría realizar nuevas investigaciones para verificar la situación… Como había tantas cuestiones en juego, normalmente era un proceso bastante complejo. Sin embargo, si alguien pudiera ayudarles a localizar a su objetivo, las cosas serían mucho más sencillas. Especialmente porque la guarida de Edmund tenía un botín que excedía por mucho al de los escondites de los depredadores ordinarios. Era una situación en la que todos ganaban, ya que promovía la justicia y les permitía ganar dinero al mismo tiempo. Era perfecto. Al mirar a Habrá Tiempo, Gracie de repente reveló una amplia sonrisa. “¿Encontraste una manera rápida de ganar dinero? Pero debo darte un consejo: cuando intentas sacar algo del abismo, el abismo te está mirando.” La expresión de Habrá Tiempo no cambió en lo más mínimo. Una broma. No podía morir. “Solo tienes que decirme si te interesa.” “Claro que me interesa. Me encantaría que te encargases de todos mis rivales descarriados.” – replicó Gracie mientras extendía su mano derecha con una sonrisa. – “Por una colaboración fructífera.”
* * *
“¿Qué pasó después?” “Más tarde, mis amigos se llevaron a la gente sin hogar a la Nueva Alianza, donde fueron acogidos por el hogar del refugiado…” En una pequeña taberna en la Ciudad de Boulder. Habrá Tiempo espolvoreó comino traído por Caballo Blanco sobre las brochetas de cola de lagarto a la parrilla, mientras charlaba tranquilamente con Dori sobre los recientes acontecimientos. Tal vez porque últimamente había estado comiendo bastante este tipo de comida, había descubierto que podía tolerar este tipo de cocina de cosas raras. Quizás cuando regresase a Ciudad del Amanecer, podría compartir sus experiencias sobre la degustación de comida con Iren… Sentada al otro lado de la mesa de madera, Dori escuchaba atentamente. Su rostro reflejaba un profundo interés, y sus piernas se balanceaban suavemente bajo la mesa. Sostenía un bolígrafo nuevo en la mano derecha mientras escribía con rapidez en una libreta del tamaño de la palma de la mano. Aunque llevaba poco tiempo en ese trabajo y ni siquiera había pasado el período de prueba, ya mostraba el comportamiento y las acciones de una periodista. “¿Serán allí las cosas diferentes?” – preguntó Dori. “Mm, es dificil decirlo.” – respondió, luego meditó por un instante antes de continuar. – “En la Nueva Alianza también hay gente pobre, pero les damos comida para que no se mueran de hambre, les enseñamos habilidades para ganarse la vida u les damos la opción de elegir cómo quieren vivir. Pero depende de ellos si desean integrarse en nuestra sociedad y él cómo hacerlo. Si se sienten incómodos, pueden irse y si quieren regresar serán bienvenidos.” Tenía la garganta seca de tanto hablar, así que Habrá Tiempo le dio un trago a su cerveza fría. “Parece que te has adaptado bien a tu nueva vida.” – bromeó, al ver a Dori tomar notas apresuradamente. Los finos labios de Dori se curvaron ligeramente. Tiró el bolígrafo a un lado, se recostó en la silla y se estiró cómodamente. “Está bien, aunque al principio fue un poco cansado, me pareció bastante interesante después de acostumbrarme. Tengo un horario flexible y no tengo que trasnochar. Además, me entero de muchos chismes interesantes… Y lo más importante, el sueldo no está mal.” Al ver su expresión alegre, Habrá Tiempo se sintió sinceramente feliz por ella. Hojeando las notas que tenía en las manos, Dori se irguió de repente, curiosa, y miró a Habrá Tiempo. “De hecho… Todavía tengo una pregunta sobre lo que acabas de mencionar.” “¿Qué pasa?” “Se trata de Edmund y su clínica… Me parece haber oído hablar de él en alguna parte. Dicen que mercenarios y cazarrecompensas que no pueden permitirse prótesis biónicas o quieren ahorrar dinero acuden allí para operarse.” “Coincide bastante con lo que sé.” – asintió Habrá Tiempo. “Mm… ¿Y qué pasará con esos mercenarios que necesiten reemplazar sus prótesis?” – preguntó Dori, ladeando la cabeza. – “Siempre habrá gente que se lastime por accidente. Aunque elimines a Edmund, alguien más abrirá otra en algún lugar.” La igualdad era un ideal hermoso, pero la mayoría de las veces, la vida no siempre tenía el mismo precio. Mientras alguien estuviera dispuesto a pagar, habría alguien dispuesto a prestar el servicio. Las prótesis mecánicas más baratas producidas en la Ciudad de Boulder cuestan entre 2.000 y 3.000 fichas, mientras que algunos órganos biónicos finamente elaborados pueden alcanzar fácilmente las cinco cifras. En comparación, las vidas de los clones y los esclavos eran mucho más baratas. Y si eran carroñeros capturados u otros civiles, eran básicamente gratis. Mientras la gente del páramo siguiera luchando por sobrevivir, el mercado no desaparecería. Dejando la cerveza, Habrá Tiempo reflexionó un buen rato antes de hablar lentamente. “Por supuesto, hemos considerado ese problema, así que hemos decidido abordar la parte de la demanda. Pero de una manera diferente.” Tras salir de la clínica Gracie ese día, fue a la sección de discusión del foro y abrió un hilo para los jugadores de la beta. Tras revelar este error que generaba ingresos, lo discutió con los demás. Tras escuchar sus experiencias en el cine Dunas Doradas, la mayoría de los jugadores compartieron opiniones similares. Si bien era un negocio en el que todos salían ganando, ya que los jugadores no morían, ganar dinero con ese fallo les inquietaba. Especialmente porque muchos jugadores se habían hecho amigos de los PNJs del juego. Si no se contaba a los jugadores que todavía no habían entrado al juego… Al menos para los probadores de la Beta, muchos ya no podían considerar a los PNJs como meros datos. Para ellos eran otra forma de vida. Teniendo en cuenta las opiniones de los otros jugadores, Caballo Blanco planeó comunicarse con el Primer Hospital de la Nueva Alianza para preservar las piezas biónicas reemplazadas por los jugadores y proporcionárselas a los supervivientes que realmente las necesitaban. En cuanto a las tarifas… Naturalmente se cobraría una tarifa de procesamiento razonable. Además, algunos jugadores con lesiones graves podrían donar partes de su cuerpo antes de que pudieran ser reparadas. Por supuesto, eso sería completamente voluntario. Los jugadores podrían elegir si querían firmar un acuerdo de donación. Quienes lo hiciesen tendrían derecho a cirugía prioritaria cuando ellos o sus amigos necesitasen piezas de repuesto. Obviamente no sería rentable. Sin embargo, como dijo Luz, no solo estaban desarrollando un juego; sino que estaban construyendo una comunidad virtual. Las monedas de plata no lo eran todo en este juego. Más allá de las ganancias, había muchas otras cosas que merecía la pena explorar. Habrá Tiempo pensó que quizás podrían incluso ampliar su alcance. No solo estaban construyendo una comunidad, sino una sociedad. Si se incluía a él mismo, los jugadores que consiguieran acceso a Wasteland Online no podrían prescindir de esas doce horas extra cada día. Este era su segundo mundo. Y de hecho se había convertido en su segundo hogar. Especialmente por ser algunos de los primeros jugadores en unirse al juego, habían seguido su progreso y acumulado una gran cantidad de recursos y riqueza, tanto dentro como fuera del mismo. Por ello tenían la obligación y la responsabilidad de mejorar este lugar. En lugar de convertir este lugar en una jungla sin ley, exprimiendo sus ganancias como si fueran células cancerosas y luego repartiendo el botín… “Nuestra alianza normalizará la represión contra las guaridas de depredadores, dificultando la supervivencia de esos mataderos… Al mismo tiempo, también proporcionaremos piezas reemplazables más económicas a través de la tecnología del refugio, lo que hará que este negocio no sea rentable.” Habrá Tiempo explicó su decisión y la del resto de residentes del refugio de una forma que los PNJs pudieran entender. Dori lo miró sorprendida, con sus ojos brillantes repletos de asombro. “No esperaba que fueras una persona tan responsable.” Habrá Tiempo sonrió. “¿Te acabas de dar cuenta?” Aunque no siempre fuera así. Frotándose la barbilla con el dedo índice, Dori reflexionó un buen rato. “¡Lo tengo!” – gritó de repente, chasqueando los dedos. “¿El qué?” “¡Saldrás en la portada del Diario del Superviviente de mañana! ¡Planeo escribir sobre tus hazañas en el periódico!” – dijo Dori con los ojos brillantes. ‘¿El titular de un periódico de PNJs?’ Aunque no sonaba tan atractivo como el Salón de la Fama en la página web oficial, seguía siendo una experiencia nueva. Y era justo lo que necesitaba, ya que también estaba aprendiendo el idioma de la Federación, por lo que simplemente compraría una copia. “¿Qué tal si me invitas a esta comida por el honor de tener ese titular?” – bromeó Habrá Tiempo. “No hay problema…” Dori estaba a punto de darse una palmada en el pecho en señal de asentimiento, pero justo entonces, sus ojos vislumbraron la pila de brochetas en el plato de madera. Sus labios se tensaron y su voz de debilitó involuntariamente. “Bueno… vamos a posponerlo hasta que me paguen.” “¡Lo recordaré!” Al ver la expresión avergonzada de Dori, Habrá Tiempo sonrió alegremente y, con naturalidad, arrojó unas fichas a la bandeja que sostenía la camarera. “La cuenta, por favor. Quédese con el cambio.” Al ver las fichas girando en la bandeja, la camarera no pudo evitar poner los ojos en blanco al reconocerlo. Era el mismo tipo de la otra vez. Pero tenía que reconocer que realmente sabía comer… Se quedó mirando el montón de brochetas y luego al joven con apariencia refinada. Chasqueó la lengua con incredulidad. ‘Las apariencias engañan…
* * *
En la biblioteca del Refugio 404 del nivel B4… Sentado en el sofá, Chu Guang sostenía una copia recién impresa del Diario del Superviviente. Se podía leer el último titular: Un reportaje sobre la clínica de Edmund. El periódico mostraba varias fotografías tomadas por los jugadores en el cine Dunas Doradas. Se podían ver cadáveres abandonados sin cuidado y supervivientes encerrados en jaulas de hierro. Las horribles imágenes conmocionaban tanto la vista como el alma. Los habitantes de la ciudad exterior conocían la brutalidad del páramo. Después de todo, se encontraban a tan solo una puerta de él. Pero fue precisamente gracias a esa colosal muralla que no tuvieron que lidiar con cosas ajenas a su mundo. Aunque La Voz de la Ciudad de Boulder solía minimizar el sufrimiento que había más allá de la muralla, su estilo narrativo era mayormente sarcástico y adulador ante el Señor de la Ciudad. Más que intentar complacer a un señor al que no le importaban en absoluto, se trataba más de complacer a su público. Había pasado más de una década desde que existía algo como el Diario del Superviviente que mostraba la cruda realidad a todo el mundo. Ese era también el motivo por el que el incidente causó un gran revuelo en la Ciudad de Boulder y rápidamente se convirtió en un tema candente de discusión. Pero lo más interesante, era que había una clara divergencia en las opiniones de los residentes de la ciudad sobre el mismo tema. Para los residentes ordinarios, esas jaulas no solo tenían a gente de los barrios marginales, sino también a varios habitantes de las afueras de la ciudad. Cualquiera que fuera el motivo por el que enviaron a esa pobre gente al matadero, eso hizo que quienes estaban en la misma posición vieran una pequeña grieta en su fantasía del muro inexpugnable. La muralla inquebrantable no era tan impenetrable como habían imaginado; el aislamiento eterno no podía liberarlos realmente del páramo. Sin embargo, el resultado final fue bastante gratificante. La guarida de los malvados depredadores fue destruida y los supervivientes regresaron a casa para reunirse con sus familias. Si bien el muro impenetrable no era del todo fiable, la poderosa Nueva Alianza parecía haber jugado algún pequeño papel. Sin embargo, para los mercenarios no fue una buena noticia. Ahora tendrían que asumir mayores riesgos para completar la misión y pagar más tras resultar heridos para comprar sustitutos mecánicos realmente caros y no necesariamente efectivos. Por supuesto, el periódico también mencionaba al final que el primer Hospital de la Nueva Alianza estaba explorando soluciones alternativas con la ayuda del Refugio 404. Aconsejaba a los mercenarios que buscaban tratamiento probar suerte en la Ciudad del Amanecer. Sentado con las piernas estiradas sobre la mesa que había frente del sofá, el muñeco controlado por Pequeño7 miró a Chu Guang con adoración. “¡Realmente mereces ser mi señor! En realidad, ya imaginabas que tus jugadores harían esto.” Acostumbrado a los halagos de su asistente, Chu Guang se limitó a sonreír levemente y pasó la página del periódico. “No soy clarividente. El comportamiento humano no se puede predecir con facilidad.” – dijo con tono desenfadado. – “Pero admito que realmente estoy satisfecho con su decisión.” Por muy estrictas que fueran las reglas, siempre había lagunas. Sobre todo, a medida que aumentaba el número de jugadores en el servidor. Chu Guang era consciente de que no podía planificar personalmente la trayectoria de cada jugador como antes. Por supuesto, no había necesidad. Los jugadores también eran una parte integral de Wasteland Online y, sin duda, podían participar en la creación de las reglas del juego y explorar juntos el futuro. Chu Guang prefería que los jugadores tomasen la iniciativa para aprovechar al máximo el contenido del juego y mantener el orden del servidor. Era su derecho… y su deber. Cuando terminó de leer la última página, lo cerró y lo dejó en la mesa junto a Pequeño7. Pero cuando estaba a punto de abrir su portátil y navegar por el foro, llamaron a la puerta de la biblioteca. “Adelante.” Yin Fang entró cuando la puerta de aleación se abrió. Al ver su expresión eufórica, Chu Guang supuso que probablemente eran buenas noticias. Pensando en lo ocupado que había estado este maniático reparando la servoarmadura, arqueó una ceja. “¿Arreglaste la Caballería Dragón?” “Todavía no. Solo falta un poco más, pero estará listo en unos días.” – dijo Yin Fang, sentándose en el sofá frente a Chu Guang. A continuación, habló con tono alegre. – “La buena noticia que quiero contarte es otra.” “¿Qué es?” “Basándonos en las pistas recopiladas por el equipo de expedición científica, hemos localizado un refugio abandonado… Es un refugio antiguo, pero la información que obtuvimos sobre él es reciente. Según los registros históricos, probablemente seamos los primeros en descubrir sus coordenadas. Deberías saber lo que eso significa…” Yin Fang sacó una tableta creada a partir de una máquina virtual y tocó su pantalla un par de veces con destreza. Luego se la pasó a Chu Guang. – “Su número es el 79. Está ubicado a unos 150 kilómetros de aquí. En un lugar llamado Municipio del Valle Afortunado, en la frontera entre las Provincias del Valle del Río y la del Atardecer.” El rostro de Yin Fang estaba radiante de emoción. “¡Un refugio de dos dígitos! ¡Deberías saber lo que eso significa!”


JDR - Capítulo 370

Capítulo 370

Fichas manchadas de sangre
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

En cuanto Caballo Blanco terminó de hablar, su dedo índice derecho ya había quitado el seguro de su rifle. Los más de 20 jugadores de la Legión Ardiente que estaban a su lado hicieron lo mismo. La manifiesta intención asesina hizo que el corpulento Espina de Hierro entrecerrara ligeramente los ojos. “Oye, espera, ¿hay algún malentendido?” Un sudor frío le recorrió la frente mientras levantaba ambas manos y retrocedía para intentar calmar la tensión. No sabía en qué había ofendido a este tipo, pero su instinto le decía que quienes estaban frente a él eran extremadamente peligrosos. “No.” Esta vez, Espina de Hierro finalmente entendió las palabras del hombre frente a él. Sus ojos se llenaron de un profundo miedo. “La Nueva Alianza nunca negocia ni comercia con depredadores… Cada centavo que ganes puede convertirse en una bala disparada contra gente civilizada.” Habrá Tiempo se quitó a Amanecer de la espalda y, al mismo tiempo, colocó una flecha en la cuerda. “El trato se cancela. Ya que crees en intimidar a los demás por la fuerza, ¡veamos qué tan fuerte eres!” “¡Hablas demasiado!” – rugió Espina de Hierro, retirándose hasta una distancia prudencial con los ojos cargados de ira. – “¡Fuego! ¡Matadlos!” Sin embargo, la ametralladora no disparó. En cambio, un repentino disparo sonó como un trueno que interrumpió su alegría prematura. En una ventana cercana, el hombre que estaba tumbado frente a la ametralladora se desplomó con un chorro de sangre saliendo disparado de su cabeza. Al mismo tiempo, los rifles de asalto que sostenían los jugadores ya apuntaban en su dirección. “¡Fuego!” – ordenó Caballo Blanco mientras apretaba el gatillo. ¡Ta, ta, ta…! Gruesas lenguas de fuego brotaron de los cañones. Las ráfagas de balas de color amarillo anaranjado estallaron, rompiendo la tranquilidad de la calle. Espina de Hierro y varios de sus secuaces fueron acribillados a balazos, cayendo antes de siquiera poder gemir. Todo ocurrió en un instante. Los mercenarios contratados por Edmund no tuvieron tiempo de reaccionar, sorprendidos ante la repentina ráfaga de disparos. Sin embargo, su respuesta fue relativamente rápida. Desde las ventanas del segundo piso del cine aparecieron rifles y comenzaron a disparar contra los jugadores. Desafortunadamente… Se enfrentaban a una fuerza de élite de la Nueva Alianza. Estos jugadores ya habían superado innumerables pruebas en los campos de batalla de la Ciudad del Continente Occidental. Su destreza en combate se había forjado bajo una lluvia de hierro y fuego. Todos miraron a los ojos de la muerte. ¿Cómo podría un grupo de brutos siquiera amenazarlos? Ya fuera en términos de táctica, espíritu de lucha o destreza en guerra urbana… El otro bando no estaba siquiera al mismo nivel. Los jugadores se dispersaron hábilmente, adoptando rápidamente posiciones de tiro alrededor del cine. Con una coordinación tácita, respondieron al fuego con ráfagas alternas. Aunque había unos cien hombres armados dentro del cine, fueron abrumados por la avalancha de poco más de veinte jugadores. ¡Eran incapaces de asomar la cabeza! Eso sin contar al francotirador que yacía tumbado desde un rascacielos cercano. Estaba eliminando sistemáticamente a cualquier hombre armado que se atreviera a mostrar la cabeza. Aunque no todos los disparos causaban una muerte, la constante incertidumbre les imponía una enorme presión psicológica. Dos hombres armados agazapados junto a la puerta blindada intentaron cerrarla, pero una flecha pasó zumbado a su lado antes de explotar, dispersando metralla por todas partes. La explosión los mató al instante. Al mismo tiempo, un dron plegó sus rotores y se lanzó en picado. Entró por la ventana del segundo piso con un zumbido similar al aleteo de una avispa. A continuación, se escuchó una explosión ensordecedora. Llamas de color rojo anaranjado salieron por las oscuras ventanas, levantando una gran cantidad de grava y polvo que cayeron a través de la pared exterior parcialmente derrumbada junto a cascotes de piedras y hormigón. Los esclavos que estaban acurrucados dentro de las jaulas de la planta baja temblaron de miedo. Los cañones que se ocultaban en las ventanas del segundo piso se silenciaron. El espacio relativamente reducido había amplificado la potencia de la onda expansiva. La Navaja que descendió del cielo les pilló completamente desprevenidos. La mayoría murió al instante o quedó aturdida por la explosión. “¡Prepárense para el asalto!” Aprovechando la oportunidad, Caballo Blanco levantó el puño izquierdo e hizo un gesto firme hacia adelante, liderando la carga. Tres de sus hombres lo siguieron de cerca, atacando rápidamente la entrada principal. Los otros cuatro equipos hicieron lo mismo, dispersándose y desplegándose por los flancos del primer equipo para cubrirlos. No tardaron mucho en abrir la puerta. A continuación, comenzaron a subir por las escaleras. El estruendo de los disparos se escuchó abajo. Los hombres que intentaban contenerlos cayeron tras otro, rodando por las escaleras. Subieron corriendo al segundo piso. Caballo Blanco con el arma en la mano, dio la orden de despejar la zona y luego continuó liderando a su escuadrón hacia adelante. Los cinco equipos avanzaron desde tres direcciones diferentes e interrumpieron en el segundo piso, registrando meticulosamente cada pasillo, cada sala de proyección, cada asiento y cada rincón. Un mercenario apoyado contra la pared tropezó al intentar escapar por una salida de emergencia, tras encontrarse con un montón de armas apuntándole. “¡Suelta tu arma!” – rugió Daga en cuanto lo vio. Sin embargo, el hombre lo ignoró e incluso intentó devolver el fuego. Al ver que la persuasión era inútil, Daga no dudó en apretar el gatillo y despachó al hombre con una ráfaga de balas. “¡Maldita sea! Estaba hablando en su idioma…” – maldijo Daga mirando el cuerpo tendido en un charco de sangre y su cañón humeante. Los prisioneros podían intercambiarse por puntos de contribución y monedas de plata. Los cadáveres solo podían usarse para recolectar materia activa. “Quizás el dron lo dejó sordo.” – dijo de repente Guerrero Renal. “Ah… Eso tiene sentido.” Mientras tanto, tras completar la limpieza de la zona norte, Habrá Tiempo le dio unos golpecitos a su auricular con el dedo índice, informando de la situación. Al mismo tiempo, los informes del resto de equipos también inundaron los canales de comunicación. “Sala oeste despejada.” “Sala este despejada.” “Pasillo bajo control.” “Encontré el quirófano… Tres médicos presentes. Uno de los cuales es sospechoso de ser Edmund.” “Espérame ahí.” Después de hablar, Habrá Tiempo comprobó la ubicación en el mapa usando la máquina virtual y corrió inmediatamente al quirófano. Cuando llegó, un hombre alto y delgado ya estaba de pie con las manos en alto, tras haberse alejado de la mesa de operaciones de la esquina. Llevaba un delantal manchado de sangre y grasa. Igualito al que usan los cocineros. Junto a él había un hombre y una mujer, también vestidos de manera similar. Probablemente eran sus ayudantes, quienes también mostraban expresiones de terror. La explosión anterior y la serie de disparos casi los había matado del susto. En la mesa de operaciones yacía un niño de unos 12 o 13 años. Era corpulento, como si realizara trabajo físico con frecuencia. Sin embargo, respiraba con mucha dificultad. Como una vela al viento. Habrá Tiempo notó un corte reciente en su abdomen izquierdo. Al percibir como crecía la intención asesina en los ojos que lo miraban, Edmund comenzó a tartamudear… “Yo… Yo no lo até aquí…” “¿Se ofreció como voluntario?” “¡Le pagué dinero!” “¿Cuánto?” “50… No, ¡no solo 50! Le di 300 como homenaje al Señor Wester. El segundo al mando de la Banda de la Daga. Este chico vive en su calle.” Habrá Tiempo había oído hablar de la Banda de la Daga, pero eso era todo. Sin embargo… no era el momento de hablar de ella. Miró al niño en la mesa de operaciones y luego al hombre que estaba frente a él. “¿Cuál es su condición?” “La operación tuvo algunas complicaciones… La bomba que acabas de lanzar hizo que me temblaran las manos…” – respondió Edmund nervioso. “¿Podrá salvarse?” – gruño Habrá Tiempo. La expresión de Edmund fue algo sombría cuando respondió. “Sí, la hay… Pero me temo que necesitará un par de riñones nuevos…” Al mirar la traducción en su dispositivo, Caballo Blanco permaneció en silencio. Miró de reojo a su compañero, agarró una maleta de sus manos y la colocó en un soporte de metal al lado de la mesa de operaciones. “Pónselo.” – continuó Habrá Tiempo bajo la mirada atónita de Edmund. – “Cuando termines hablaremos de tu problema.” Edmund miró la maleta; había una pizca de angustia en sus ojos. ¡Se suponía que eso era suyo! Sin embargo, la amenazante visión del cañón del arma le quitó el más mínimo coraje para pronunciar esas palabras. Solo se atrevió a maldecir a esos cabrones mal nacidos que dejaron entrar a sus enemigos. Tragó saliva y asintió con nerviosismo. “Vale, vale…”
* * *
La cirugía transcurrió relativamente bien y la respiración del niño se fue estabilizando gradualmente. Aunque los efectos de la anestesia no habían desaparecido por completo, había recuperado algo la conciencia. Caballo Blanco y su grupo sacaron a Edmund y a sus dos ayudantes del quirófano. “¿Cómo te llamas?” – dijo Habrá Tiempo, mirando al niño tendido en la mesa de operaciones. Sus labios agrietados se movieron ligeramente. “Hang.” Era un nombre de una sola sílaba, bastante común en el páramo. Habrá Tiempo, que solía recopilar información en las tabernas, incluso había visto a gente con nombres de muebles. “¿Dónde están tus padres?” “Están… Al borde de la Muralla Gigante.” Lo más probable es que se tratase de los barrios marginales de las afueras de la Ciudad de Boulder. Al comprender la situación, Habrá Tiempo hizo una pausa y luego continuó con un tono más amable. “Te enviaremos de regreso. No le hables a nadie sobre lo que acaba de pasar. Es por tu propio bien.” Si bien las partes de un despertado no eran lo suficientemente valiosos como para volver loca a la gente, la historia sería diferente si aparecían en un niño. Edmund y sus asistentes serían enviados a un campo de prisioneros de guerra. Mientras no le dijera a nadie que le habían implantado partes de un despertado, nadie lo sabría. De hecho, ni siquiera que se había sometido a una cirugía. “Gracias…” – dijo el niño con la mirada perdida. No entendía por qué esa gente lo ayudaba. Anteriormente, cuando hacía trabajos esporádicos en el puesto comercial, la gente parecía desear su muerte. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de dejar este mundo, alguien se acercó y lo trajo de vuelta. Al ver la figura desaparecer por la puerta del quirófano, el niño apoyó la cabeza en la almohada y se quedó mirando fijamente el techo. “Que gente más rara…” – murmuró.
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Al salir del quirófano, Habrá Tiempo se quedó en la puerta, mirando a Edmund en el pasillo. “He salvado al niño…” – farfulló Edmund ante la mirada de Habrá Tiempo mientras se le encogía el corazón. “Es lo que deberías hacer.” – respondió sin rodeos. El rostro de Edmund se congeló. “¿Quieres dinero? Mis fichas y todo lo que hay aquí son tuyos. Solo te pido que me perdones la vida…” – susurró, tras una larga pausa. “Por supuesto que aceptaremos tus ganancias ilícitas; son nuestro botín de guerra.” – lo interrumpió Habrá Tiempo. Al oír esa afirmación santurrona, Edmund casi tose sangre. Pero entonces se le ocurrió una idea y una clara mirada de terror apareció en sus ojos. “Eres… ¿de la Nueva Alianza?” Habrá Tiempo lo miró con extrañeza. “¿No te lo contó Gracie?” “No me lo dijo… Solo que había un vendedor que podía proporcionar órganos de despertados y me preguntó si estaba interesado. Dijo que me lo presentaría si le daba algo de dinero.” – respondió con nerviosismo y un atisbo de arrepentimiento en los ojos. – “Maldita bestia, ¡sabía que tramaba algo malo!” Los jugadores intercambiaron miradas y su diversión fue evidente para todos. Llamar bestia a alguien tras sus actos… “No me interesan tus disputas personales.” – interrumpió Habrá Tiempo. – “Tú, tus asistentes y los que se rindieron serán enviados a dónde pertenecen: a juicio.” “Espera, esto no es territorio de la Nueva Alianza. ¿Con qué derecho me impones tus leyes?” – protestó Edmund. Habrá Tiempo lo miró. “Porque no me caes bien. ¿Te parece razón suficiente? Por otro lado, hay un arma en el suelo. Recógela y podemos discutir esto de otra manera.” Edmund miró a Habrá Tiempo con el rostro pálido. Sintió un pequeño impulso, pero finalmente se tragó lo que estaba a punto de decir. En realidad, su razonamiento tampoco estaba mal. Estaban en el páramo. Una zona sin ley. Podía decidir sobre la vida y la muerte de otros a su antojo, y otros podían decidir libremente cómo querían tratar con él. Era perfectamente razonable.
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Edmund y sus hombres serían enviados al tribunal de Ciudad del Amanecer para ser juzgados. Las fotografías tomadas por los jugadores, junto con las imágenes de sus cámaras de acción, serían suficientes para asegurar que estas bestias pasaran el resto de sus vidas en un campamento de prisioneros. En el primer piso del cine, en un patio abierto reforzado con basura y hormigón, los jugadores usaron las culatas de sus armas para romper las cadenas oxidadas de las jaulas, liberando a los supervivientes que estaban dentro. Esas personas permanecían desaliñadas y demacradas en medio del patio, sin saber qué iba a suceder a continuación. Al ver el miedo en sus ojos, Caballo Blanco se acercó y habló en su no tan fluido idioma de la Federación. “Sois libres. Regresad, reuníos con vuestras familias. No importa por qué os encarcelaron aquí, no volváis a hacer ninguna tontería.” Después de que terminó de hablar, los sobrevivientes tardaron un instante en recuperarse, luego intercambiaron miradas y susurraron entre ellos. Los ojos de casi todos mostraron sorpresa. Pensaron que simplemente estaban pasando de un grupo de villanos a otro, pero esas personas los estaban liberando. “Puede decirme… ¿su nombre?” – preguntó un hombre harapiento, que se tambaleó hacia adelante un par de pasos para acercarse a su benefactor. Caballo Blanco le dio una amplia sonrisa. “Mi nombre no importa. Somos muchos… Todos venimos de la Nueva Alianza, de los suburbios del norte.” “La Alianza…” El hombre inclinó la cabeza. Repitió la palabra una y otra vez, con un brillo apareciendo en sus ojos apagados. “Gracias…” Hizo una profunda reverencia y caminó hacia la puerta, marchándose. Algunos lo siguieron, cruzando la puerta hacia el páramo. Sin embargo, otros se quedaron atrás. Tras hacer un recuento aproximado vio que se habían quedado más de 50 personas. “¿No se van?” – preguntó, arqueando una ceja. Ante sus palabras la gente intercambió miradas. Uno de ellos dio un paso al frente, con la cabeza gacha. “No tenemos hogar, por favor, déjanos seguirte.” Al escuchar su petición, el rostro de Caballo Blanco mostró vacilación. Según los típicos juegos de ROL, si aceptaba, se convertiría en su líder, responsable no solo de su sustento sino incluso de destapar sus inodoros. Gestionar un grupo de PNJs era mucho más problemático que gestionar jugadores. “No tienen por qué seguirme; deberían vivir sus propias vidas. Pero si no tienen adónde ir, pueden regresar con nosotros a la Nueva Alianza. Hay mucha gente como vosotros allí. Os ayudaran a comenzar una nueva vida.” – dijo tras soltar un suspiro. Al principio, todos mostraron desconcierto. Pero al escuchar su última frase, un atisbo de esperanza apareció en sus ojos. Aunque también hubo algunos que no mostraron ninguna reacción de principio a fin. Probablemente eran clones sin una capacidad mental completa. Ya había visto seres como ellos en la mazmorra del Clan Mano Sangrienta. Lidiar con esos tipos había sido complicado, ¡pero no era su problema! Estaba aquí para jugar. Andar presumiendo era divertido, pero encargarse de las consecuencias daba demasiados problemas. ¡Era mucho mejor dejar estos asuntos en manos del Administrador!
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Aunque el intercambio fue cancelado, los jugadores descubrieron que el botín de su aventura superaba las expectativas: las fichas que encontraron en el sótano se apilaban hasta formar una pequeña montaña. Aunque no poseían gran valor, en conjunto sumaban un asombroso total de 180.000 fichas. Su única inversión fueron unas pocas docenas de cargadores y un solo dron Navaja. Fue una lástima que no hubieran traído un RPG, ya que era mucho más barato que el dron. “Sí… Robar sí que vale la pena…” – gritó Daga al ver la pequeña montaña de fichas. “¿Qué quieres decir con robar?” – gritó Habrá Tiempo con los ojos en blanco. – “¡Claramente estamos blandiendo el martillo de la justicia! Confiscamos sus fichas para poder mejorar nuestro equipo y salvar a más supervivientes. Es claramente un buen acto. ¿Y tú dices robar? ¿No te da vergüenza?” Daga quedó atónito. ‘¿Qué demonios? ¡Eso tiene sentido!’ Al escuchar las palabras de Habrá Tiempo, Caballo Blanco se partió de risa. Tuvo que pasar un buen rato para que se recuperase lo suficiente para hablar. “Bueno, basta de tonterías. Estamos aquí para disfrutar del juego, no escuchar sermones. ¿Cómo vamos a repartir las fichas? Dame una sugerencia.” “Divídelas a partes iguales como la última vez. ¿Qué más quieres hacer?” – respondió Tiempo de inmediato. Al oír la sugerencia de Habrá Tiempo, Blanco chasqueó los dedos. “Bien, decidido. Cuando N1 y Vendaval regresen, cada uno recibirá una bolsa.” Al oírlo, los jugadores aplaudieron. “¡El jefe es increíble!” “¡Guau!” “Somos ricos, ¡maldita sea!” Si lo dividían equitativamente, cada persona recibiría más de 8.000 fichas. ¡Eso equivalía a 16.000 monedas de plata! ¿Qué clase de misión puede ofrecer tanto dinero? Con semejante fortuna, ¡realmente podrían decir que se hicieron ricos de la noche a la mañana!