jueves, 28 de mayo de 2026

JDR - Capítulo 381

Capítulo 381

Tierra quemada.
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

La Ciudad de Boulder. En el puesto comercial de la puerta oriental, bueyes de dos cabezas cargados con fardos grandes y pequeños estaban alineados desde la puerta de la ciudad hasta el paso elevado del otro lado. Estaba previsto que en el plazo de una semana se entregarían a los suburbios del norte armas por un valor de 50.000.000 fichas. Esto incluía 10.000 rifles de asalto Dron, 10.000 conjuntos de chalecos antibalas, cascos y otros equipos de protección. Además de 3000 exoesqueletos KV-1 y KV-2. Además de armas ligeras, también había morteros de 80mm y varios modelos de ametralladoras ligeras y pesadas. No era exagerado decir que mientras tuvieran suficientes soldados, ¡podría armar a toda una división de infantería! Ante la amenaza de la Legión, el Ayuntamiento de la Ciudad de Boulder prácticamente abrió las puertas de su arsenal, enviando todas las armas preparadas para la Marea a los suburbios del norte. Para gran alegría de Chu Guang, le había entregado la munición incendiaria y los proyectiles con alto poder explosivo que habían usado para combatir la Marea. Esas ojivas se transportaban principalmente desde aeronaves y se lanzaban mediante métodos guiados por láser o no guiados, para eliminar organismos de moho mucilaginoso en un área determinada. Si eran eficaces contra él, naturalmente, ¡también funcionaría en humanos! Con algunas ligeras modificaciones, estas ojivas podrían montarse en los cohetes de la Tecnología Goblin y desatar una andanada masiva de fuego sobre las posiciones de la Legión en poco tiempo. Naturalmente, poseían un poder innegable. Cuando combatió contra la Marea, Chu Guang había gastado decenas de miles de fichas en un ataque aéreo y era muy consciente de los devastadores efectos de esos dispositivos. En cuanto a cómo abordar la aeronave… Los ingenieros militares de la Ciudad de Boulder respondieron que tenían algunas buenas ideas, pero necesitaban un poco más de tiempo. De hecho, existían naves de aterrizaje en la Era de la Federación, pero generalmente estaban diseñadas para estaciones espaciales y grandes naves estelares. En cuanto a naves que operasen en un entorno atmosférico… Se lanzaban desde órbitas elevadas hasta el suelo, no desde el suelo hasta el cielo. Eso lo convertiría en una antigua reliquia, como los cohetes. Sin embargo, Chu Guang no tenía prisa. Ante un coloso como la Legión, no esperaba que la guerra terminase rápidamente. Pero para su sorpresa, justo cuando se devanaba los sesos pensando en cómo atravesar las defensas de la aeronave, la Tecnología Goblin le dio una sorpresa inesperada…
* * *
En el campo de tiro al norte de la Ciudad del Amanecer. Ante Chu Guang se encontraba un recipiente de aluminio tan grueso como un muslo y tan largo como un brazo. Su forma recordaba a los tanques de oxígeno que usaban los buzos. Varios anillos rodeaban el recipiente, sugiriendo que podía ser utilizado por varias personas. Se quedó mirando el dispositivo durante un buen rato, intentando comprenderlo, pero no lo consiguió. Así que simplemente lo preguntó. “Esto… ¿podrías explicarme cómo funciona?” “¡Claro! ¡Estaba a punto de presentarle el último orgullo de la Tecnología Goblin! ¡Lo llamo Dispositivo de maniobra 3D!” – dijo Mosquito, soltando una risita arrogante. Al oír la palabra, Chu Guang casi no pudo contenerse y tosió levemente. “¿Podemos cambiarle el nombre?” Mosquito miró al Administrador de manera extraña. Aunque no sabía qué tenía de malo el nombre, se esforzó por encontrar uno nuevo. “Uh… ¿Qué tal Mono del cielo?” “……” Con un suspiro de resignación, Chu Guang continuó. “Cuéntame primero sobre sus funciones.” Sin percatarse de la impotencia en sus ojos, Mosquito asintió con entusiasmo. “¡Enseguida!” Su estructura era sencilla. Consistía principalmente en un lanzador con cabrestante incorporado y un propulsor con una cuerda. Su funcionamiento era muy parecido al de un cañón de riel. Las únicas diferencias radicaban en la carga propulsora y la temperatura de los gases de escape. Además de que el cohete arrastraba una cuerda trenzada con seda del diablo. El equipo era de un solo uso, con un alcance efectivo máximo de 700 metros. La ojiva estaba equipada con una espoleta de activación que, al impactar contra el objetivo, desencadenaba una explosión secundaria, utilizando una carga hueca para clavar un gancho en el objetivo. Entonces, el cabrestante del contenedor comenzaría a girar, elevando al usuario desde el suelo hasta el objetivo a gran altitud impulsado por el motor. Era como un lanzador de ganchos gigante. Sin embargo, debido a su aceleración continua como la de un cohete, su alcance de lanzamiento superaba con creces el de un gancho de agarre convencional. Además, como la velocidad de vuelo del gancho no era muy alta, el efecto del escudo deflactor se minimizaba. “Es mejor que lo veas, ¡déjame hacerte una demostración!” – sugirió Mosquito, tras hablar hasta quedarse sin voz. Chu Guang pensó que tenía sentido, sobre todo porque estaba confundido, así que asintió. “¿Lo probamos aquí?” “Claro que no, necesitamos encontrar un edificio lo suficientemente alto al sur, y…” – la mirada de Mosquito recorrió el campo de tiro, fijándose en un nuevo puerro recién adquirido. – “Cocó, ven aquí. ¡Tengo una gloriosa misión para ti!” Con un mal presentimiento, Cocó intuyó que algo andaba mal. “¿Qué quieres?” “¡Tienes que probar el nuevo equipo de la Alianza!” – respondió Mosquito con una sonrisa. – “Esta es tu oportunidad de impresionar al Administrador, ¡aprovéchala!” “Maldita sea, ¡acabo de resucitar hace un par de días! ¿De verdad quieres que vuelva a morir? Búscate a otro…” – Cocó protestó de inmediato, al escuchar su grandilocuente discurso. “¡600 monedas de plata!” “¡Trato hecho!” Cocó ni siquiera frunció el ceño al aceptar. Se limitó a correr alegremente hacia el Equipo de maniobras 3D. Nadie habría adivinado que hace apenas unos segundos se estaba quejando por tener que morir otra vez. Chu Guang lo miró estupefacto. ‘¿Qué pasa con este comportamiento ultracapitalista?’ Se quedó mirando un instante a ese novato entusiasmado. “¿Los jugadores de tipo inteligencia lo pueden usar?” Mosquito soltó una risita mientras se daba un golpe en el pecho. “No se preocupe, Administrador, ¡se lo aseguro! ¡El equipo de Tecnología Goblin lo pueden usar los de inteligencia con normalidad!” – aseguró. Al ver su expresión confiada, Chu Guang tuvo un mal presentimiento. El grupo abandonó el campo de tiro y llegó a la zona norte del Distrito de Qingquan, donde encontraron un edificio bastante robusto de 100 pisos. Cocó se ajustó las correas de nailon atadas al lanzacohetes y se puso en cuclillas con él a la espalda. “La razón de esa postura es principalmente para estabilizar el ángulo de lanzamiento y permitir que el contenedor toque el suelo…” “No hace falta la explicación.” – Chu Guang tosió levemente. – “Empecemos.” “¡De acuerdo!” Al mirar el edificio de cientos de metros de altura, Mosquito miró hacia la azotea con sus prismáticos. “Elevación 79 grados, objetivo al sur… ¡Fuego!” A su orden, el dispositivo sujeto a la espalda de Cocó explotó con un enorme estruendo. Un delgado cohete salió disparado del contenedor, dejando tras de sí una columna blanca y una cuerda mientras se elevaba hacia el cielo. Excepto por su pequeño calibre, ¡realmente funcionaba como un RPG! Chu Guang observó incrédulo cómo el cohete se estrellaba contra la parte superior del edificio, levantando una nube de polvo y clavando el gancho contra la pared. Una cuerda hecha con seda del diablo conectaba firmemente el edificio al suelo. ‘Mierda… ¡Realmente funcionó!’ Estaba asombrado, principalmente porque no esperaba que la basura de Mosquito funcionase al primer intento. “¡Impacto confirmado! ¡Prepárate para ascender!” – gritó Mosquito emocionado, sosteniendo los prismáticos. “¡De acuerdo, maestro!” Aunque al principio estaba un poco asustado, al ver que el equipo no estaba tan destartalado como había imaginado, una pizca de expectación apareció gradualmente en el rostro de Cocó. Sin embargo… en el instante en que presionó el interruptor, sucedió lo inesperado. El cabrestante se tensó de repente, arrastrándolo hacia la azotea y tirando de él hacia adelante. “¡Ah…!” Cocó soltó un alarido de desesperación y, como un péndulo suspendido en el aire, se estrelló contra la pared con el lanzador atado a la espalda. Todo sucedió de repente. Ni siquiera tuvo tiempo para reaccionar. Al alzar la vista hacia el tubo de lanzamiento que se elevaba a lo largo de la pared dejando un rastro sangriento y la impactante marca en la pared, Chu Guang no sintió ninguna emoción, ni una profunda sorpresa. De hecho, incluso sintió que era inevitable. Tal vez en su mente, nunca esperó realmente que algo creado por la Tecnología Goblin tuviera éxito al primer intento. “Uh… Mi error, esta cosa es más adecuada para lanzamientos en vertical, no en ángulo. Cometí un error de principiante.” – dijo Mosquito con torpeza. – “¡Pero te aseguro que este diseño es absolutamente genial! Una vez que nuestros jugadores se acerquen a esa mole de hierro, ¡el resto será mucho más fácil! Ya sea que entremos por la bodega o que abramos una abertura en su casco con un soplete… ¡podremos derribarlo fácilmente!” Al ver a Mosquito inventarse excusas absurdas, Chu Guang asintió levemente. “Sí, te creo.” Aunque pareciera increíble, por el momento no tenía una idea mejor. El camino al éxito siempre fue tortuoso y esperar alcanzarlo de un solo paso parecía poco realista. De todos modos, Chu Guang aún esperaba que Mosquito fabricase maniquís para emplear como sujetos de prueba. En cualquier caso, la Tecnología Goblin rara vez lo decepcionaba. Este método de investigación y desarrollo era demasiado complicado…
* * *
Habían pasado 3 días desde que aquella majestuosa e invencible aeronave desató las llamas del apocalipsis sobre la Tierra. Los supervivientes pasaron estos días inquietos, preocupándose por su destino. La Legión confiscaba alimentos, provocando un resentimiento generalizado. Por suerte, un grupo de soldados con exoesqueletos apareció para darles una lección a esas bestias, derrotando a las patrullas y destruyendo los convoyes de suministros. Les hacía probar su propia medicina. Esos soldados solían operar en equipos de 4 hombres, atacando a las patrullas cuando estaban aisladas. Interactuaban ocasionalmente con los lugareños, pero la comunicación era limitada. Principalmente se dedicaban a reponer agua o a recopilar información sobre los movimientos de la Legión. Los soldados afirmaban ser de la Compañía, pero su capacidad para hablar el lenguaje de la Federación era deficiente. Ni siquiera sabían escribir bien. De todos modos, los supervivientes locales no le dieron mucha importancia. Creían que era así como hablaban en la costa este. Al fin y al cabo, nunca habían estado allí… Al caer la noche, la puerta norte de la Estación de Katin recibió a un grupo de visitantes inesperados. Al observar al equipo de soldados vestidos de negro y completamente armados, apostados en la puerta, Mudka sintió un nudo en el estómago. La Legión había estado ayer, llevándose 5 vacas y 1000 kilogramos de trigo. No esperaba que volvieran otra vez. Y eran diez veces más. Nada menos que 200 hombres… Aunque presentía que algo andaba mal, el anciano movió sus piernas cansadas y se obligó a dar un paso con valentía. “Señor… Soy el anciano de la aldea, nos conocimos ayer.” Una sonrisa servil apareció en su arrugado rostro, pero el oficial al mando ni siquiera lo miró. “Ayer, una de nuestras patrullas fue atacada en las inmediaciones.” – dijo Colwey entrecerrando los ojos, tras recorrer el campamento con la mirada. Usó un tono lento y pausado. Al oír esto, el anciano inmediatamente sintió un escalofrío. Anoche había escuchado disparos, pero estaban bastante lejos. Por el sonido, se encontraban al menos a 3 o 4 kilómetros. Este tipo de incidentes eran comunes en el páramo; o bien se trataba de dos grupos de supervivientes luchando entre sí, o bien se encontraron con mutantes que vagaban por el bosque. No le importaba. “Es… eso no tiene nada que ver con nosotros… ¡Será la gente de la Compañía! ¡Me parece haber visto gente con exoesqueletos!” Esas personas les habían dicho que podían echarles la culpa de todo si se veían en peligro. De todos modos, no les importaba. Por eso, Mudka no dudó en revelar sus identidades. Sin mostrar interés alguno en esa información, Colwey continuó impasible. “Esté relacionado contigo o no, esta área se ha convertido en zona de guerra. Hasta que no eliminemos a esas cucarachas, todos deben trasladarse al campamento que os han asignado.” En cuanto pronunció esas palabras, se armó un revuelo. Los supervivientes que estaban en el campamento mostraron sorpresa, asombro e incluso miedo. “¿Reubicarnos?” – Mudka miró fijamente al oficial, mientras hablaba con voz temblorosa. – “P… Pero… ¿Por qué…?” Colwey lo interrumpió bruscamente. “No hay ningún porqué, es una orden. Te estamos protegiendo, espero que lo aprecies.” En realidad, todo había sido un plan ideado por el general McClennan. La Legión planeaba construir un gran campamento cerca de la Cresta de la Hoja Caída, al noroeste del Valle Afortunado, para albergar a los supervivientes que había en un radio de 160 kilómetros. Situado en la confluencia de montañas, bosques y llanuras, poseía abundantes recursos hídricos. Se esperaba que el campamento albergase a 100.000 personas. Una vez que todo estuviera listo, marcharían hacia el este, destruyendo cualquier asentamiento de supervivientes a su paso y trasladando a la población conquistada y al botín a esta región. Controlar la salida occidental del corredor sur equivalía a cortar la garganta desde la Provincia del Atardecer hacia las provincias orientales. Las ambiciones del general McClennan iban mucho más allá de estar a las órdenes del general Griffin, capturar al empleado de la Compañía y contener sus refuerzos. Su intención era expandir la esfera de influencia de la Legión 500 kilómetros hacia el este, sentando las bases para la siguiente expedición de la Legión. Como no había vasallos que valieran la pena apoyar en la zona, bien podrían crear uno ellos mismos. De todos modos, no sería complicado. No necesitaban preocuparse de cómo iba a sobrevivir tanta gente. Para ellos, los humanos eran como la maleza. Por muy duras que fueran las condiciones, mientras el nivel de vida y los limites morales se redujeran paulatinamente, algunos siempre se adaptarían para sobrevivir. Designarían a individuos obedientes como líderes entre los supervivientes, haciendo que se encargaran de la agricultura, la recolección de alimentos y cualquier otro tipo de trabajo. Y esos líderes, obligados a asumir el liderazgo para evitar ser linchados por los esclavos, no tendrían más remedio que hacer todo lo posible por complacer a quienes portaban las armas. Como dueños de esos esclavos, no necesitan hacer nada; de hecho, podían recolectar suministros de manera mucho más eficiente. Era una situación en la que todos ganaban. Los labios de Mudka temblaron, demasiado aterrorizado para pronunciar una palabra. “No necesitamos su protección, hemos estado viviendo aquí durante muchos años… y siempre nos ha ido bien.” – dijo un joven con valentía, dando un paso adelante. Sin ganas de perder el tiempo con un don nadie, Colwey ni siquiera lo miró. Simplemente consultó la hora de su reloj antes de volver a mirar a Mudka. “Tienes una hora para recoger tus cosas. Quemaré todo lo que quede.”
* * *
A la mañana siguiente, tres jóvenes jugadores llegaron a la entrada de la estación de Katin. Las densas tiendas que antes poblaban el campamento habían desaparecido. El panorama era desolador. Desde la puerta de madera hasta el centro del campamento, el suelo estaba cubierto de harapos desgarrados y cajas de madera destrozadas. Todo lo que se podía cargar, se lo llevaron. lo que no, lo quemaron. No se podía ver ni rastro de presencia humana. “Mierda… ¡Esos bastardos son realmente despiadados!” Al contemplar la devastación ante sus ojos, Batalla no pudo evitar chasquear la lengua de asombro. A su lado Soy la Oscuridad y Kakarot tenían la misma expresión de sorpresa. “¿Esta es la legendaria táctica de tierra quemada?” “Maldita sea… Realmente no dejaron nada.” “Pero no parece haber señales de batalla, ni tampoco sangre.” Este no era el único lugar. Los campamentos por lo que pasaron antes se encontraban en el mismo estado. “Registremos la zona primero.” – dijo Batalla, después de reflexionar un rato. Los dos asintieron. “Entendido.” Manteniendo silencio de radio, los tres acordaron un punto y una hora de encuentro, y luego se dispersaron, explorando con cautela el interior del campamento. Su vestimenta era la misma que la de cualquier carroñero del páramo: sombrero de paja y harapos remendados que ocultaban por completo sus exoesqueletos y todo el equipo asociado a ellos. Los bosques, las montañas y las zonas urbanas ofrecían una buena cobertura para sus movimientos, pero los asentamientos de supervivientes se ubicaban principalmente en llanuras o lindes de un bosque, por lo que era muy probable que estuvieran vigilados por exploradores del Corazón de Acero. Independientemente de cómo se dispersasen, mientras el enemigo no estuviera ciego, deberían poder detectar sus exoesqueletos. Sin embargo, este aspecto, aunque era poco atractivo, les ayudaba a evitar la vigilancia aérea. Aunque a la Legión no le importaba herir accidentalmente a alguien, no malgastarían munición en unos cuantos carroñeros. Si lo hicieran, no tendrían suficiente munición, ¡aunque tuvieran dos naves más! Ignorando la aeronave que flotaba a la distancia, Batalla rebuscó entre los restos del campamento, recogiendo de vez en cuando un par de trozos de carbonizados y metiéndolos en un saco. Primero, tenía que parecerse a un carroñero, y segundo, para usarlo después para cocinar fideos instantáneos. Su propósito al visitar este asentamiento de supervivientes era tanto recopilar información sobre la Legión como llenar sus cantimploras. Lamentablemente, no pudo alcanzar ninguno de esos objetivos. Batalla notó que los dos únicos pozos del campamento estaban repletos de basura. Con las fuentes de agua cegadas, la aldea quedó prácticamente inutilizada. “No encontramos cuerpos…” – dijo Kakarot tras reagruparse. – “La Legión se los llevó a todos: hombres, mujeres, ancianos y niños… y a sus bueyes de dos cabezas.” Batalla asintió. “Parece que están desesperados…” En 3 días, lanzaron más de 12 ataques según lo planeado, apuntando específicamente a patrullas débiles. Y cada ataque fue rigurosamente controlado para que no durase más de tres minutos. Sin importar el resultado, se retiraban inmediatamente tras ese tiempo, evitando quedar enzarzados o de dar al enemigo la oportunidad de solicitar apoyo de artillería. Su táctica fue extremadamente efectiva. De hecho, la mayoría de los equipos de diez hombres no podían aguantar tres minutos contra un equipo de cuatro jugadores. En cuanto al consumo de munición… No era ningún problema. Cuando se agotase la munición de los LD-47, simplemente usarían las armas de la Legión. Los fusiles de asalto Espada, si bien no estaban tan bien fabricados como los Halcón, no eran menos poderosos. Manteniendo ese modo de combate autosuficiente, no solo agotaban la mano de obra de la Legión, sino que nunca se quedaban sin munición. Se podía decir que incluso mejoraban su potencia de fuego. Ante el acoso continuo de la guerrilla, la Legión se vio obligada a reducir el radio de sus patrullas y aumentar el tamaño de cada equipo. Lo que nunca esperaron fue que la despiadada Legión arrasase los campamentos de supervivientes dentro de su área de influencia. Al final, las tácticas empleadas por el Corazón de Acero eran casi idénticas a las que usó la Tribu Mastica Huesos en la Ciudad del Continente Occidental. Parecían entrenados en la misma academia militar. “¿Adónde se llevan a los supervivientes?” – preguntó Oscuridad, frunciendo el ceño. Kakarot negó con la cabeza. “No lo sé, pero no creo que los lleven a la nave. Probablemente tienen algún tipo de campo de concentración, donde los pondrán a trabajar recolectando suministros por la zona.” La Legión y los depredadores si se diferenciaban en una cosa: el primero no se comía a la gente. Al oír la suposición de Kakarot, Oscuridad se quedó atónito. “¿Los supervivientes son tan obedientes?” Kakarot puso los ojos en blanco. “Los comerciantes y los mercenarios son otra historia. Pero los supervivientes tienen familia. Conseguir que obedezcan no es tan complicado.” Ya fuera usando la comida u otros medios como presión, o contratando a depredadores o mercenarios como supervisores, se le ocurrían más de una docena de formas para hacerlo. Sin contar a los profesionales de la Legión… La solución más sencilla era simplemente la que tenían delante: demoler sus casas. Sin un hogar al que regresar, reacios a dormir a la intemperie o a convertirse en excremento de mutante, se vieron obligados a permanecer en los campamentos controlados por la Legión. Solo una minoría podía sobrevivir estando sola en la naturaleza. Para la mayoría, alejarse de un asentamiento era mucho peor que perder su libertad. “Pero esto puede ser una oportunidad para nosotros…” – dijo Batalla, mientras se acariciaba la barbilla. – “Si descubrimos dónde los tienen retenidos, podríamos infiltrarnos y causarles problemas.” Los ojos de Kakarot se iluminaron. “Esa es una buena idea.” Sorprendentemente, hasta un bruto como Batalla podía tener ideas decentes. “Será mejor que volvamos a la base e informemos a Manantial.” – sugirió Oscuridad con cautela. – “Además… Los suministros ya deberían haber llegado. Debemos regresar y reagruparnos.” “Tiene sentido.” – dijo Batalla, tras pensarlo un momento. – “Separémonos. Tú y Kakarot regresareis primero y os llevareis mi exoesqueleto. Seguiré sus huellas. En cuanto localice su campamento, me reuniré con vosotros.” Mientras el rastro estuviera fresco, seguirlas no debería ser demasiado complicado. Si esperaba, y llovía, sería mucho peor. Oscuridad asintió. “Ten cuidado.” Batalla sonrió, dándoles a sus amigos una mirada tranquilizadora. “Tranquilos, ya sabéis mi nivel.” La expresión de Oscuridad se ensombreció, mientras Kakarot volvía a poner los ojos en blanco. “Deja de presumir. Date prisa, quítate el equipo y lárgate.” Batalla soltó una risita. “No puedo quitarme la ropa aquí.” – luego miró a una arboleda cercana. – “Dadme un segundo.”


JDR - Capítulo 380

Capítulo 380

La debilidad del Corazón de Acero.
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

En lo alto de una colina, junto a un montículo de tierra elevado, Bollito plantó un cartel de madera torcido en el suelo. Tenía una línea de texto escrita en el idioma del páramo.
Defendió a sus compañeros, escribiendo una leyenda sobre la valentía con su vida: Teddy
Debajo del nombre, estaban las firmas de todos los miembros del Caballero del Oso Blanco. Tenía muchos recuerdos, pero no podía escribir mucha prosa florida, ni resumirlas en pocas palabras. “Espero que en tu próxima vida puedas visitar nuestro mundo… Y si puedes elegir, intenta elegir algo que tenga orejas… Tienen la vida más cómoda.” – murmuró mientras tocaba suavemente el montículo elevado con su pata, antes de levantarse lentamente de la tumba con su corpulento cuerpo. Soplaba una suave brisa, meciendo su pelaje blanco y la hierba a su lado. El lejano sol de la mañana proyectaba un resplandor dorado sobre el bosque. Quería cantar una canción antes de irse, pero no recordaba ninguna. Mirando fijamente el cartel de madera y su epitafio, Tail se acarició la barbilla, perdida en sus pensamientos, y de repente vio un defecto. “Espera. Si también ponemos nuestros nombres, ¿no pensarán los demás que estamos enterrados aquí?” – se preguntó en voz alta. “Uf. ¡No empieces a contar historias de fantasmas ahora!” – dijo Bollito, qué a pesar de sentirse triste, no puedo evitar saltar entre la risa y el llanto. “Mm… Se siente algo raro.” – la expresión de Pasta de Sésamo también era sutilmente compleja, con el dedo índice apretado contra los labios. – “Es como… Izar una bandera enorme.” “Hablando de historias de fantasmas, alguna vez has oído hablar de aquella chica que asistió al funeral de un amigo y se encontró con su propio nombre en la lápida…” – dijo Tail de repente, adoptando una expresión fantasmal y un tono de voz inquietante. “Basta, por favor… ¡Basta!” Bollito tapó la boca de Tail, quien comenzó a chillar y hacer ruidos extraños. Su vivacidad alivió un poco la tristeza. Al mirar la lápida hecha a toda prisa, Pasta de Sésamo se agachó con cuidado y plantó una pequeña flor que había traído del pie de la montaña. Dado que es un juego de realidad virtual totalmente realista… En unos años, coloridas flores silvestres deberían cubrir toda la ladera. Siempre y cuando no hubiera un reseteo del servidor… Levantándose del suelo, miró a sus compañeros con una sonrisa. “¡Hora de irse!” Como siempre estaba repleta de energía, Tail se liberó del abrazo de Bollito, agitando enérgicamente su puño en el aire. "¡Vamos! ¡A la carga!”
* * *
Por culpa de un solo periódico, la Ciudad de Boulder se sumió en el pánico. Y avivando toda esta conmoción estaba Hal, quien triunfalmente, o mejor dicho, radiante de orgullo, lideraba a su equipo. “¡Imprimid más! ¡Otros 20.000 ejemplares del número de ayer! Ahora nuestros lectores no son solo holgazanes de taberna o desempleados que vagan por las calles, ¡sino también ciudadanos bien vestidos y nobles que viven en el centro de la ciudad!” – ordenó a los editores a primera hora de la mañana. Estaba ligeramente achispado y apestaba a alcohol. Estaba sentado junto a la ventana de la reacción del periódico, con una botella de champán en la mano. Sí, estaba bebiendo una botella grande, pero valió la pena. Hace apenas dos días, la tirada del Diario del Superviviente rondaba los 6000 ejemplares. Pero en cuanto salió el titular de ayer, los periódicos se agotaron al instante. Además, las subscripciones se habían duplicado y ahora toda la ciudad leía sus palabras. En cuanto al Señor House… Era solo un perdedor que solo sabía ser sarcástico en la radio. ¡Ni siquiera lo consideraba una amenaza! Apartando la mirada de los empleados, Hal observó a Habrá Tiempo, de pie en la redacción, con una brillante sonrisa. “Querido amigo, ¡esas fotos que trajiste son simplemente perfectas! ¿Por qué no te unes a nuestro periódico como reportero? Por mis años de experiencia, ¡eres un genio!” Años de experiencia… Habrá Tiempo recordó que hacía apenas un mes, ese tipo todavía era un acomodado miembro de una familia real lejana. En apenas unas semanas, se había corrompido hasta convertirse en una figura descuidada y parlanchina. Por un momento no supo si criticar al periódico o a esta ciudad avariciosa y destructiva. “Deberías agradecérselo a nuestro Administrador… En el mejor de los casos, solo soy una herramienta de transporte.” – respondió, tras toser levemente. “Ja, ja. Claro, también debo agradecérselo. Permítanme ofrecerle al Administrador mi más profundo respeto. ¡Superado solo por el Espíritu del Desierto!” Mientras hablaba, Hal le dio otro trago a la botella. Habrá Tiempo sintió que su respeto no era sincero. Era solo una excusa para beber. Pero… probablemente tampoco tenía motivos para burlarse de él. Fue la primera persona en gritar Respetado Administrador, pero ahora todos lo hacían para aumentar su sensación de inmersión. ¿En cuanto al respeto? Quizás había un poco de admiración, ya que era difícil encontrar a alguien tan íntegro, desinteresado y dedicado en la vida real, salvo en los libros de historia. Pero hablar de respeto genuino por una persona de un juego no parecía del todo apropiado. “¡Por el Administrador!” – respondió Habrá Tiempo, chocando su vaso con la botella de Hal con una sonrisa. Luego tomó un sorbo y lo dejó a un lado. “¿De verdad está bien que beban tan temprano?” – murmuro Dori, con los brazos cruzados. Toda la reacción estaba trabajando con ahínco. Y a Habrá Tiempo se le podía disculpar, ya que en realidad no formaba parte del periódico, solo venía de vez en cuando a realizar encargos. Sin embargo, las cosas eran diferentes para Hal… Se suponía que era el jefe. “¡No pasa nada! Incluso borracho, puedo escribir frases exquisitas, usando doce secuencias diferent… ¡Brup!” – Hal eructó y buscó una silla para sentarse mientras se tambaleaba. – “¡Lo tengo todo preparado! Esta guerra será nuestra oportunidad. El futuro Diario del Superviviente no solo será el periódico de la Ciudad de Boulder, sino que se convertirá en el más vendido de la Provincia del Valle del Río… ¡y del páramo!” “Para crecer más y hacerse más fuerte, para crear nueva gloria…” – bromeó Habrá Tiempo. Los ojos de Hal se iluminaron y chasqueó los dedos con la mano derecha. “¡Exactamente!” “Me temo que será algo complicado. Ni siquiera hay una moneda unificada en el páramo.” Hal se rio. “Ja, ja. Esos problemas se resolverán tarde o temprano. Estoy seguro.” Al observar como divagaba, Habrá Tiempo sonrió y negó con la cabeza, con la intención de irse con Dori. “La verdad es que no lo entiendo.” – dijo Hal de repente. “¿Qué no entiendes?” “Eso que dijo Shu Yu… Que era crucial para derrotar a la Legión.” – continuó Hal, al ver que Habrá Tiempo se mantenía callado. “Tiene toda la razón… ¿Cuál es el problema?” “Es un gran problema. ¿Por qué piensa el Administrador que un periódico puede resolverlo? Lo que digan los supervivientes del páramo es irrelevante. Apenas tienen para comer.” – añadió Hal, desconcertado. La Ciudad de Boulder se parecía bastante a su ciudad natal. En la Provincia del Atardecer, todo el poder residía exclusivamente en el Emperador. Y aquí, todo el poder residía en el Señor de la Ciudad, quién jamás aparecía en público. Aunque la nave de la Legión asustase a todos los habitantes de la ciudad, aunque temblasen de miedo ante su cañón principal de 400mm… el Señor de la Ciudad no pronunciaría ni una sola palabra. “Sí.” Habrá Tiempo no lo negó. “¿Entonces qué sentido tiene? Bueno, es solo mi curiosidad… Incluso sin instrucciones seguiré publicando más noticias sobre la guerra.” – preguntó Hal con curiosidad. “El objetivo es movilizar a la gente.” “¿Movilizar?” “Sí, vamos a librar otra guerra a vida o muerte. Y no se trata solo de nuestras vidas. Si bien no podemos influir en las decisiones del Señor de la Ciudad, podemos lograr que quienes quieren sobrevivir actúen antes de que sea demasiado tarde. Ya sean estibadores del puesto comercial, obreros de las líneas de montaje, mercenarios que arriesgan sus vidas por dinero, dueños de fábricas, banqueros… o lo que sea. La Ciudad de Boulder sin duda tiene un Señor, pero en última instancia está compuesta por gente.” – explicó mientras miraba al editor del periódico, un poco borracho, antes de continuar. – “Esta ciudad es como una máquina oxidada; necesitamos ponerla en marcha. Aunque solo sea un poco. Ese es el significado de movilización.” Hal reflexionó un instante, con una expresión pensativa en su rostro ebrio. “Ya veo… Creo que ahora entiendo lo que planeas hacer.” Al salir de la oficina del periódico, Habrá Tiempo notó que Dori caminaba a su lado, mirándolo con cara de curiosidad. “¿Qué pasa?” “Sabes muchas cosas.” – dijo con un tono indescriptible. Una mezcla de sorpresa y admiración. “¿Será porque vengo de un refugio?” – dijo Habrá Tiempo, medio en broma. “Un refugio…” – Dori cruzó los brazos detrás de la cabeza, mirando al cielo. Estaba absorta en sus pensamientos. Luego, le asaltó una idea repentina. – “Así que sabéis mucho. ¿Crees que los que estamos fuera somos tontos?” Habrá Tiempo hizo una pausa y luego soltó una risita. “¿Cómo es posible?” Más bien, admiraba el tenaz optimismo de la gente del páramo, al sobrevivir 200 años en medio del declive de la civilización. Verlos a través de una lente estaba bien, pero si realmente tuviera que vivir en este mundo… Probablemente se volvería loco. No se trataba de fortaleza mental, sino que tenía una clara comprensión de sus propias capacidades. No se trataba de guerras, el apocalipsis o el páramo. El simple hecho de no poder comprar nada con dinero probablemente lo haría perder la cordura. “Ah, qué bien.” Dori lo miró fijamente a los ojos un rato, y luego una leve sonrisa apareció en sus labios. Su cabello verde esmeralda se balanceaba suavemente y, tras pronunciar ese comentario enigmático, avanzó a paso ligero. “¿Eh?” Al observar el repentino cambio de humor de la chica, Habrá Tiempo se sumió en sus pensamientos. Jamás pensó que la gente pudiera ser tan feliz por elogiarla por ser inteligente. Era demasiado fácil de complacer.
* * *
En la sede del ejército de Ciudad del Amanecer. Sobre la mesa de mando de madera había un informe de batalla del frente organizado por Pequeño7. Dado que aún no se había establecido una red de comunicaciones estable, Chu Guang solo podía informarse sobre la situación en la frente a través del foro de la página web oficial. La red de comunicaciones establecida usando el campo morfogénico operaba completamente en un mundo paralelo complemente independiente, garantizando una conectividad ininterrumpida en cualquier circunstancia. “Una marcha forzada de más de 30 horas, infiltrándose en la zona en pequeños grupos, lanzando cinco incursiones consecutivas a lo largo de 15 kilómetros, aniquilando a casi una unidad completa de 100 hombres… ¿Estás seguro de que era una unidad de solo 20 hombres?” Lo más importante es que solo unos pocos resultaron heridos. ¡Nadie había muerto! El rostro de Vanus reflejaba asombro. No se lo podía creer. Añadir información superflua en los informes de batalla era una práctica habitual entre las unidades de primera línea. Lo sabía perfectamente. Sin embargo, era comprensible. Después de todo, la situación en el campo de batalla podía cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Si alguien estaba más de tres minutos en el suelo, sin retirarse, se consideraba una baja. Si alguien cargaba con él, se consideraba un herido. Era imposible que alguien usase unos prismáticos y un contador para calcular cuantos segundos estaba una unidad fuera de combate. La primera cualidad que necesitaba un buen comandante era la capacidad de discernir la veracidad de la información que llegaba del frente, evaluar la situación general de la batalla en información imprecisa y dirigir a aquellos que aún pudieran estar vivos para que ejecutasen las órdenes que fueran factibles. Si sus subordinados le hubieran entregado semejante informe de batalla o le hubieran dicho tales cosas por radio, su primera reacción habría sido que estaba diciendo tonterías. Sin embargo… ¡Este informe de batalla le había sido entregado personalmente por el Administrador! No era ningún novato en lo que se refiere a la guerra. Vanus había escuchado que al principio no solo entraba en batalla con un martillo propulsado por nitrógeno, sino que lideraba la carga, haciendo sonar un silbato. Más tarde, a medida que crecía el talento de la Alianza, fue pasando gradualmente de la primera línea a la retaguardia, dejando tras de sí un rastro de historias legendarias. Si Vanus tuviera que evaluarlo, colocaría a Chu Guang al nivel de Klaas o Griffin como mínimo. En cuanto a por qué no le daba un nivel más alto como el de un comandante de legión de mayor rango o del mariscal, era simplemente porque la gente común solo podía alcanzar el nivel de general… Vanus no fue la única persona que se sorprendió. Todos los que vieron el informe se quedaron sin palabras. Los oficiales del puesto de mando, incluidos todos los demás, mostraron expresiones de incredulidad al ver el informe de batalla, que era increíblemente impresionante. “Para ser precisos, solo han llegado unos 20 hasta ahora. Se espera que otros 100, junto al personal de logística, lleguen en tres días ya que están de camino.” – dijo Chu Guang, con un atisbo de emoción. – “No hace falta que me digas que no lo crees. También me sorprendí cuando recibí este informe de batalla… Pero te aseguro que su autenticidad es indiscutible.” Los jugadores que discutían la batalla en el foro se verificaban entre sí. El informe de batalla organizado por Pequeño7 había pasado por múltiples niveles de verificación. Era lo más cercano a la verdad. Al escuchar al Administrador, los oficiales ya no cuestionaron el informe de batalla desde el frente y empezaron a discutir las contramedidas. “Según informes del frente, el Corazón de Acero parece haber sufrido una avería en el motor… Se aprecian soportes de suspensión y operarios de mantenimiento trabajando en el exterior del casco.” “Al mismo tiempo, han aumentado la escala de su despliegue en tierra, enviando cerca de 1000 soldados. Parece que pretenden establecer una base en el Valle Afortunado a largo plazo.” “Sin embargo, sus métodos no son sofisticados. Siguen utilizando la vieja táctica de la intimidación militar, enviando soldados a requisar alimentos, ganado y mano de obra para la nave a los asentamientos de supervivientes cercanos. Al mismo tiempo, utilizan dinares para sobornar a mercenarios y depredadores para que formen parte de su fuerza de milicianos… Esto ha generado un considerable resentimiento entre los supervivientes de la zona.” “He hablado con el comandante del frente y sus ideas son básicamente las mismas que las mías.” – añadió Chu Guang, mirando el mapa colgado en el estante. – “En la primera fase de la campaña, debemos unir a los supervivientes locales. Tácticamente, debemos usar técnicas de guerrilla para desgastar las fuerzas enemigas. Si logramos reducir sus números en más de un 20% durante la primera fase, podríamos obligarlos a retirarse de esta zona… ¡o podemos adoptar una estrategia más agresiva!” En ese momento, Chu Guang hizo una pausa, observando a los oficiales presentes en la sala de mando. “Si se da ese último escenario, el campo de batalla probablemente se extenderá más allá de los 150 kilómetros. Debemos prepararnos para lo peor. Al mismo tiempo, antes de la batalla final, ¡debemos encontrar la manera de derribar esa aeronave!” “¿Conoce al general McClennan?” – preguntó de repente a Vanus, que estaba sumido en sus pensamientos. Vanus se quedó desconcertado, luego esbozó una sonrisa irónica. “Solo soy un centurión… Y un centurión de la Legión Clon. Alcanzar el puesto de capitán antes de los 40, indica que esa persona tiene un futuro brillante en la Legión… No tiene necesidad de molestarse con un don nadie como yo.” Si bien la Legión era famosa en el páramo por su enorme ejército de clones, los oficiales que comandaban esas unidades de carne de cañón tenían un estatus mediocre. Especialmente para una fortaleza aérea como el Corazón de Acero, que pertenecía a un sistema completamente diferente al de las fuerzas terrestres. Incluso si se hubieran conocido, McClennan no le habría dedicado ni una segunda mirada. Chu Guang asintió levemente, sin decir nada más. “Mm... Parece que podemos descartar la opción de la negociación.” Aunque en realidad nunca albergó esa ilusión… “La clave es ese problemático escudo deflector.” – dijo Llave Inglesa de la Primera Legión, frunciendo el ceño. – “Si les lanzamos una bomba muy lenta…” Vanus negó con la cabeza. “Si fuera tan sencillo como dices, ni siquiera podrían volar fuera de su área de influencia, y mucho menos llegar desde la costa Oeste hasta aquí. Las ametralladoras antiaéreas que cubren su fuselaje son suficientes para interceptar cualquier objetivo que se acerque lentamente, sin mencionar las bombas o proyectiles perforantes… Probablemente lo único que podemos hacer es dañar sus motores.” Esas filas paralelas de enormes hélices no eran particularmente avanzadas tecnológicamente: estropear algunas no sería complicado. Sin embargo, incluso si las destruyeran, sería como reventar la rueda de una bicicleta o destruir la oruga de un tanque. No podrían moverse, pero no causaría ningún daño real. “¿Realmente no tiene ningún punto débil?” – preguntó Llave Inglesa, sin poder evitarlo. Vanus guardó silencio durante un rato antes de responder. “Por supuesto que tiene puntos débiles.” “¿Dónde?” – preguntó Chu Guang. “En la panza.” Vanus señaló la foto, justo debajo de la aeronave. “Esta es la bodega de bombas… Comparada con otras zonas, esta tiene una menor densidad de potencia de fuego. Escuché que un asentamiento le causó bastantes problemas con un denso enjambre de globos. Aunque al final fue arrasado.” Se hizo el silencio en el puesto de mando. “Su punto débil está en la panza… Si colocamos nuestras baterías antiaéreas justo debajo y disparamos… ¿le causaremos algún daño?” Vanus negó con la cabeza. “No lo sé, pero creo que sus tropas terrestres y los observadores en la aeronave no son ciegos.” Un oficial de la Primera Legión apretó los puños. “¡Entonces intentemos conseguir una lancha de desembarco de lanzamiento vertical! ¡Les tenderemos una emboscada desde abajo y luego los atacaremos como si estuviéramos asaltando un nido de pájaros! Tenemos una infantería ligera más poderosa. ¡Simplemente asaltaremos esa fortaleza y la destruiremos en un abrir y cerrar de ojos!” Vanus suspiró y guardó silencio. Esta vez, ni siquiera intentó discutir. “¿Eres un idiota? ¡Pueden tirarte las bombas en la cabeza cuando atacas su panza!” – le espetó Llave Inglesa a su oficial. – “¡Exactamente! ¿Y qué es una lancha de desembarco de lanzamiento vertical? ¡Nunca había oído hablar de algo así!” Mientras observaba a los oficiales discutir acaloradamente, Chu Guang también cayó en la contemplación. Justo en ese momento sonó un aviso en el MV de su brazo. “Tengo que atender esta llamada.” Tras decir eso, Chu Guang se dio la vuelta y salió por la puerta, dejando la discusión en manos de los oficiales en el puesto de mando. La llamada era de Luka. En cuanto su torso apareció en la pantalla de Chu Guang, empezó a hablar con entusiasmo. “Señor, ¡el Ayuntamiento de la Ciudad de Boulder convocó esta mañana al director de nuestra oficina en la ciudad!” “¿Dulong?” “¡Sí!” “¿Qué dijo?” “Dijo muchas cosas… Como preguntarnos si necesitábamos ayuda. También mencionó que, como les ayudamos a absorber parte de la Marea a principios de año, les queda almacenado una cantidad considerable del armamento que almacenaron para hacerle frente… y que… si nos interesa. Están dispuestos a vendérnoslo a mitad de precio.” – respondió Luka con una expresión intrigante, ante la pregunta del Administrador. Aunque sin duda eran buenas noticias, las condiciones ofrecidas eran tan generosas que no podía decidir si habría alguna trampa. Por lo tanto, llamó a Chu Guang inmediatamente después de que el jefe de la Oficina de la Nueva Alianza le informara. Este también se sorprendió al escuchar el mensaje. “¿La mitad del precio del mercado o de costo?” – preguntó, sin darse cuenta. “Uh… La mitad del precio al por mayor. Dulong incluso dijo que, si no tenemos suficiente dinero, puede darnos otro préstamo específicamente para la compra de armas.” ‘¿Qué demonios? ¿Algo tan bueno?’ Chu Guang se quedó estupefacto. Aunque fue idea suya incorporar a la Ciudad de Boulder a la maquinaria de guerra de la Alianza, era… ¿demasiado rápido? Parecía que el cañón principal había causado una gran conmoción entre la gente civilizada que vivía dentro de la muralla gigante. Incluso se habían olvidado de pensar en generar beneficios. “¡Que lo envíen de inmediato! Tantos como sea posible. ¡Cuánto antes mejor!” – ordenó Chu Guang, sin la menor vacilación. – “Además, recuérdales que las armas para combatir la Marea no serán suficientes. Podemos fabricar nuestros propios rifles y cañones. ¡Lo que necesitamos son armas que puedan dañar esa nave!” En ese instante, Chu Guang recordó de repente la discusión de los oficiales. “¡Especialmente equipamiento de aterrizaje a gran altitud!” – agregó. – “¡Sería aún mejor si pudieran llevar a nuestra gente a esa nave!”