Capítulo 383
La raíz del caos.
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
Las calles desiertas estaban repletas de basura sin recoger, vehículos destrozados yacían esparcidos entre la maleza, y en las farolas metálicas era imposible de distinguir las manchas de óxido de la sangre. Había escaparates rotos por todas partes, maniquíes androides paralizados lucían jirones de prendas elegantes de hace 200 años, pero no se veía ni una sola alma.
Este lugar nunca había sido bombardeado con armas pesadas. Por lo tanto, la mayoría de las principales estructuras de los edificios permanecían intactas. Aun así, seguía abandonada.
“Deberíamos estar cerca…” – dijo Pasta de Sésamo, sosteniendo un mapa y comparándolo con los edificios de los alrededores. Encabezaba al grupo.
Según la información del Equipo de la Expedición Científica, la entrada al Refugio 79 estaba ubicada en el número 79 de la calle Xiangling, en el distrito este del Valle Afortunado. Donde se encuentra la biblioteca municipal.
En cuanto a la entrada específica, la información no proporcionaba más detalles. Se limitaba a mencionar que los residentes que llegasen a la zona de evacuación debían seguir las instrucciones del administrador y entrar al refugio bajo la supervisión del personal de seguridad. Era lo esperado.
“Qué lástima…” – murmuró Bollito, mirando a su alrededor con cautela. Caminaba junto a Pasta de Sésamo.
“¿Lástima?” – preguntó Tail, sentada sobre su hombro, inclinando la cabeza.
“Esta ciudad se encuentra en buen estado… Solo que no hay nadie.”
“Sí.” – respondió Tail, frotándose la barbilla. – “¿Por qué no volvieron a vivir aquí después de la guerra?”
“¿Quizás porque ya no queda gente?” – añadió SiSi.
Bollito no supo qué responder.
“……”
Pasta de Sésamo hizo una pausa por un segundo, antes de estallar en carcajadas.
“Ah… Ja, ja.”
Aunque SiSi simplemente repetía las palabras de Bollito, no lo había considerado una pérdida de tiempo. Tal y como había podido comprobar al entrar en la ciudad, no fue la guerra lo que la había destruido, sino el caos que había desencadenado.
La escasez de recursos como alimentos, agua, electricidad y combustible había convertido a la ciudad en una jungla de acero aún más brutal que un bosque primigenio. Especialmente en el tercer año de la guerra; cuando el planeta se sumió en una mini era glacial que había durado medio siglo.
Después de que la mayoría de la gente abandonara la ciudad, los mutantes se apoderaron de ella rápidamente, anidando en los edificios, vagando entre las ruinas y cazando en la oscuridad. Los carroñeros nunca sabían si al abrir una puerta se encontrarían con cucarachas tan largas como sus piernas o con una horda de ratas chupasangre. O quizás… Algo aún más aterrador.
“Shh…”
Las orejas de gato de Pasta de Sésamo se movieron ligeramente, y les hizo una señal a sus compañeras para que guardaran silencio. Con paso cauteloso, se arrastró hasta el cruce al final de calle, se apoyó en la puerta de un coche abandonado y miró hacia la esquina izquierda. Por un instante, contuvo la respiración al ver la enorme criatura que apareció ante sus ojos.
¡Una Garra de la Muerte!
Su cuerpo estaba cubierto de escamas verde oscuro, su figura de casi seis metros de altura yacía sobre la calle, con la cola enroscada. A juzgar por su tamaño, esta criatura era considerablemente más grande que Neeko, que dormía en la entrada del Refugio 404, y sus garras también eran más afiliadas. Probablemente pertenecían a una raza diferente.
Su agitada respiración hacía crujir los arbustos cercanos, y sus ronquidos amortiguados sugerían que estaba dormida. El rostro de Pasta de Sésamo se tensó al ver los dos cadáveres mutilados junto a ella. No estaba segura de sí un disparo de lanzacohetes sería efectivo. Si su emboscada fallaba, serían aniquiladas al instante.
“Hay un Garra de la Muerte bloqueando la entrada.” – murmuró nerviosa, tras regresar sin hacer ruido.
SiSi asintió lentamente mientras se frotaba la barbilla.
“Con razón no hemos visto otros mutantes por aquí.”
“¿Qué hacemos?” – preguntó Bollito, nerviosa.
“No pasa nada, hay más de una manera.” – dijo SiSi, sacando un mapa de papel y reflexionando un instante. – “Un ataque frontal es demasiado arriesgado… daremos la vuelta hasta el garaje que está detrás de la biblioteca y escalaremos el muro desde allí.”
Las Garras de la Muerte tenían instintos excepcionalmente agudos. Una vez había presenciado cómo una, que estaba durmiendo, saltaba repentinamente y desviaba un cohete de RPG. Fue quien había disparado el cohete en ese momento. Ella y Tail murieron instantáneamente a manos de la Garra de la Muerte. Había ocurrido hacía varias versiones.
Una criatura tan increíblemente poderosa no podía medirse con el sentido común. Si hubieran estado cerca de la Ciudad del Amanecer, habría solicitado un ataque aéreo. Desafortunadamente, se encontraban lejos de cualquier punto de guardado, en el Valle Afortunado. Debían evitar todos los riesgos posibles.
El grupo cambió de dirección y bordeó la calle contigua hasta llegar al aparcamiento situado detrás de la biblioteca. Sin embargo, para sorpresa de SiSi, el lugar no estaba tan desierto como parecía desde fuera; ¡albergaba un asentamiento de supervivientes!
Había entre 200 o 300 familias, lo que lo convertían en un pueblo de tamaño considerable. ¡Por no mencionar que se asentaron justo delante de las narices de una Garra de la Muerte!
“¡Alto!”
De pie sobre un muro reforzado con barras y tablones de acero, un hombre con una chaqueta tachonada les gritaba a los que estaban en el exterior lo más bajo que podía. Llevaba una escopeta y sus ojos estaban fijos en la enorme osa blanca. También llevaba una ametralladora sobre el hombro. Se le veía nervioso e inquieto.
Aunque solo eran tres mujeres las que se encontraban fuera del muro, no era tan ingenuo como para creer que las personas capaces de domar a una bestia tan poderosa en el páramo fueran inofensivas.
“No se ponga nervioso, no les haremos daño.” – dijo SiSi, mirando primero la escopeta y luego los tubos de hierro que sostenían los supervivientes detrás de él, sin darle demasiada importancia.
Tras reabastecerse con la Legión Tormenta, se había puesto un chaleco antibalas nuevo. Esos rifles de tubo de hierro, con sus erráticas trayectorias de balas y su escasa potencia de fuego, no representaban ninguna amenaza para ella.
“¿Quién eres? ¿Eres de la Legión o de la Compañía?” – preguntó el hombre de pie sobre el muro, mirándola con nerviosismo.
“Ninguna de las dos. Somos supervivientes del páramo del cercano Distrito de Qingquan.”
Los supervivientes que se encontraban detrás del hombre intercambiaron miradas de sorpresa.
“¿El Distrito de Qingquan?”
“Fui allí de joven… Allí es donde está la Ciudad de Boulder. Usan láminas de plástico como monedas; con ellas se puede comprar jabón con aroma a menta.”
“¿En serio?”
“¡Es cierto! ¡He oído que trabajando allí se puede comer tres veces al día!”
“¿De verdad?”
Al oír los murmullos a sus espaldas, el hombre miró a SiSi con escepticismo, pero finalmente bajó el arma y su hostilidad.
“La Legión no tiene mujeres… Mientras no seas uno de esos tipos, no hay problema.” – luego hizo una pausa y se presentó brevemente. – “Me llamo Wu Tao, soy cazador… y el alcalde de este asentamiento.”
“¿Qué pasó aquí?” – preguntó SiSi, mirando al hombre.
“Han pasado muchas cosas. No deberías haber venido a estas horas… ¿Viste esa nave al noroeste?”
SiSi asintió. No solo lo vieron. Habían tenido una pelea con esa gente hace apenas unos días.
“¿Vino aquí la Legión?”
“Más que eso.” – se burló Wu Tao. – “Anteayer, esos bandidos… más de 100, dijeron que la Compañía estaba quemando, matando y saqueando los alrededores y que teníamos que trasladarnos a su campamento para protegernos… Solo un idiota creería sus tonterías. Hemos estado viviendo aquí durante más de un siglo. Aunque viniera la Compañía… o mutantes, ¡no nos iremos a ninguna parte! Y entonces esos canallas empezaron a prender fuego…”
El hombre empezó a maldecirlos.
“¿Y entonces?” – preguntó SiSi, frunciendo el ceño.
“Apareció esa criatura…”
Mientras hablaba, Wu Tao miró nervioso hacia atrás, pero su mirada no estaba puesta en la biblioteca que tenía detrás, sino más bien se extendía más allá del alero del edificio. SiSi sabía a qué se refería y se quedó un poco desconcertada.
“¿Estás hablando de esa Garra de la Muerte?”
Wu Tao asintió, con una expresión compleja.
“Sí, aunque no sabemos de dónde vino, gracias a esa cosa, la Legión escapó después de dejar unos cuantos cadáveres.”
“¿No le tienes miedo?”
“Claro que lo tenemos, pero esa nave sigue aquí. Y nos preocupa que la Legión regrese.” – Wu Tao suspiró, con la voz cargada de impotencia. – “Al verlo devorar esos cadáveres, le arrojamos hienas mutantes y ratas. No es exigente; simplemente se instaló cerca de la entrada de la biblioteca… No sabemos cuánto tiempo se quedará, pero por ahora estamos a salvo. Enviamos a algunos hombres a espiar a la Legión, pero ninguno regresó. Es complicado no pensar que se metieron en problemas.”
SiSi supuso que la Legión probablemente se resistía a usar el cañón de 400mm contra esa bestia. De lo contrario, ni siquiera una Garra de la Muerte habría podido resistir un solo impacto de esa arma.
“Ya hemos contado nuestra historia. Es tu turno.” – Wu Tao miró a SiSi. – “Si no eres de la Legión, ni de la Compañía, y claramente no eres comerciante… ¿Qué haces aquí?”
“Estamos buscando el Refugio 79.”
SiSi no ocultó su propósito. Había pensado que el hombre podría saber algo, pero su rostro solo mostró confusión cuando la oyó mencionar un refugio. No estaba fingiendo. No era el único. Los jóvenes supervivientes que lo seguían parecían completamente desconcertados.
“Un refugio… Por aquí no hay ningún refugio.” – Wu Tao miró a SiSi con una expresión de desconcierto. – “Esto es el Valle Afortunado, y este edificio es la biblioteca. ¿Quién construiría un refugio en una biblioteca? ¿Estás segura de que no te equivocas de sitio?”
“¿Ah? ¿No está aquí?” – exclamó Tail sorprendida, sacando un mapa para volver a comprobar las coordenadas y el número de la calle para asegurarse de que fueran los correctos.
SiSi frunció el ceño.
“Imposible… Vinimos aquí basándonos en información fidedigna.”
“Bueno, no sé nada de eso. He vivido aquí desde que era niño, durante casi 30 años.” – dijo Wu Tao, sacudiendo la cabeza. – “Es una lástima. Nuestro alcalde hizo las maletas y se marchó con una caravana hacia el oeste hace unos días. De lo contrario, podrías haberle preguntado, quizá supiera algo.”
“No es aquí…” – exclamó Pasta de Sésamo con preocupación.
“¿Podemos echar un vistazo en el interior?” – preguntó SiSi con insistencia.
“De acuerdo, pero tienen que dejar sus armas.” – dijo Wu Tao con cautela, mirando el rifle de asalto que sostenía. – “No podemos permitir que entres armada.”
SiSi no respondió, pero arrojó una pesada bolsa de monedas de oro contra la pared.
“No es realista. Intentemos otra cosa. Aquí tienes 100 dinares. No usaremos tu comida ni tu agua, solo una habitación para pasar la noche. Nos iremos mañana al amanecer, no te molestaremos.”
Había encontrado la bolsa de dinero en un soldado de la Legión; rebuscar en cadáveres y saquearlos era prácticamente una tradición entre los jugadores. Aunque la Legión era detestable, sus relucientes monedas de oro eran una de las principales monedas del páramo. Resultaban bastante atractivas. Mirando fijamente la bola de dinero que colgaba de la pared, Wu Tao tragó saliva con dificultad e intercambió miradas con el resto de los residentes que estaban detrás de él.
“¿Deberíamos dejarlas entrar?”
“Es solo por un día… No debería haber problema.”
“¿Qué hay que temer? Solo son tres chicas… como mucho, al oso…”
“Cierto… ¡el oso! No podemos dejarlo entrar.”
Wu Tao miró al grupo que esperaba al otro lado del muro.
“No hay problema… Pero su mascota podría asustar a nuestros residentes, así que tiene que quedarse fuera.”
“No es una mascota, es nuestra compañera.” – le corrigió SiSi. – “Pero no importa, de todas formas, no planeábamos entrar todas.”
Al hablar, se dirigió a sus compañeras, cambiando de idioma sin problemas.
“Bollito, Tail, ¿podríais esperarnos afuera? Pasta de Sésamo y yo entraremos a echar un vistazo. Puede que tardemos un poco, pero deberíamos estar afuera a las ocho de la mañana.”
“Tengo la sensación de que esta gente no miente.” – murmuró Pasta de Sésamo. – “¿Podría ser que nuestra información sea errónea? Tal vez el Refugio 79 realmente no esté aquí.”
“Esté aquí o no, la última pista apunta aquí. Según la lógica típica de los juegos de rol, la llave de la siguiente mazmorra probablemente esté aquí, entremos y echemos un vistazo.”
Los refugios no siempre tenían una sola entrada. El Refugio 404 tenía dos: una que conectaba con el metro y la otra al asilo del parque. Quizás la entrada principal al Refugio 79 estaba en la biblioteca, pero no se había vuelto a usar desde su cierre. Sus habitantes pudieron haber usado otra salida. Por supuesto… eso era solo una suposición. Simplemente intuía que el desarrollador no crearía una escena sin sentido.
“¡Ah! ¡No hay problema!” – dijo Tail, asintiendo enérgicamente mientras se daba golpecitos en el pecho. – “¡Déjaselo a Tail!”
“Si te encuentras con algún peligro, recuerda gritar pidiendo ayuda.” – dijo Bollito, preocupada.
SiSi sonrió dulcemente, acariciando la cabecita esponjosa de Bollito.
“No te preocupes, no habrá ningún problema.”
* * *
El muro reforzado no tenía puerta, solo una escalera que descendía por él para permitir el paso. Al entrar en el desconocido asentamiento de supervivientes, Pasta de Sésamo parecía algo nerviosa, pero al ver a los ancianos y a los niños, se relajó.
La presencia de ancianos y jovenes indicaba, al menos, que aquello no era una guarida de depredadores ni una granja de traficante de esclavos. Quizás la gente no era tan abierta como la de Ciudad del Amanecer, pero al menos poseían unos principios morales básicos.
Siguieron a Wu Tao y atravesaron un aparcamiento repleto de basura y carritos de supermercado, entrando por la puerta trasera. La biblioteca era bastante espaciosa, con sus cuatro lados por una estructura de hormigón que recordaba a un castillo. En su centro se alzaba un atrio de 100 metros de ancho, con un techo abovedado entrecruzado por vigas de acero, que presumiblemente habían tenido grandes vidrieras.
La distribución en forma de U permitía que entrara abundante luz natural al centro de la biblioteca, donde los supervivientes cultivaban sus cosechas. Además, en los pasillos que rodeaban el patio colgaban tendederos con ropa recién lavada, e hileras de chozas hechas de chapa ondulada o tablones de madera se dispersaban por el lugar. La privacidad podría ser un problema, pero a los residentes no parecía importarles demasiado.
Pasta de Sésamo miró a su alrededor con curiosidad, interesada en el modo de vida de la gente del lugar, mientras que los lugareños la observaban con curiosidad, especialmente las orejas de gato que llevaba en la cabeza. Habían visto a mucha gente rara, pero era la primera vez que veían a alguien con orejas en la parte superior de la cabeza.
Wu Tao, portando una escopeta, le explicó a SiSi la situación del asentamiento, incluyendo cómo habían vivido durante más de un siglo y qué recursos necesitaba su comunidad.
Ella había mencionado que venía del Distrito de Qingquan. No había estado allí, pero había oído que los asentamientos de supervivientes de las grandes ciudades solían ser más prósperos, e incluso había una enorme ciudad donde se podía comprar de todo. Si volvían a pasar por allí, podrían traer jabón y fertilizante, que podrían intercambiar por carne de la caza local o cultivos especiales.
Aunque no era momento para hablar de negocios, acababa de convertirse en alcalde y tenía que considerar algo más que las preocupaciones inmediatas. Creía que la Legión finalmente abandonaría este lugar perdido de la mano de Dios, y que entonces la gente viviría como siempre. Por eso había aceptado la bolsa de monedas de oro.
“Hemos vivido aquí desde aproximadamente el quincuagésimo año de la Era del Páramo. Según mi abuelo, esta biblioteca es bastante antigua, data de los primeros tiempos de la Era de la Federación. ¿Por qué ibas a pensar que hay un refugio escondido debajo? Ni siquiera hay un sótano.”
“No importa. Aunque no haya nada, es solo para satisfacer nuestra curiosidad.” – SiSi miró a su alrededor. – “Por cierto, ¿siguen aquí los libros?”
Wu Tao suspiró.
“La mayoría se han perdido, pero algunos se conservan bien. Los sucesivos alcaldes siguieron las enseñanzas ancestrales y guardaron los libros que sobrevivieron en las estanterías del segundo piso. Aunque el último alcalde huyó, probablemente yo también mantendré la tradición.”
SiSi se interesó de repente.
“¿Puedes enseñármelos?”
Wu Tao asintió.
“No hay problema, pero no puedes llevártelos ni dañarlos. No bromeo, si les haces algo malo a esos libros, la desgracia te alcanzará… Ya ha pasado antes.”
“Lo juro por mi vida.” – SiSi parpadeó. – “Trataré esos libros con el mismo cuidado con el que trato mi propia vida.”
Quizás conmovido por su sinceridad, Wu Tao se quedó atónito durante unos segundos. Al recobrar la consciencia, tosió levemente.
“Eso es un poco exagerado… Pero ya que lo dijiste, ven conmigo.”
* * *
Los condujo al segundo piso y las dejó allí. Al contemplar las filas de estanterías de aluminio y la deslumbrante variedad de libros, el rostro de Pasta de Sésamo reflejó dudas.
“¿Podría estar escondida la pista sobre el Refugio 79 entre estos libros?”
SiSi negó con la cabeza.
“No lo sé, pero estos libros son probablemente la única información que sobrevivió a la catástrofe de hace 200 años… Tal vez podamos encontrar algo.”
SiSi cogió un libro con disimulo y lo hojeó, pero su expresión se congeló al instante. Aunque podía usar el idioma de la Federación para comunicarse a diario y reconocer parte de su escritura, estaba lejos de poder leer con normalidad.
Su máquina virtual poseía una cámara y tenía una función de traducción simultánea. Pero en modo sin conexión, la cantidad de texto que se podía traducir era bastante limitada. Justo cuando se sentía perdida, una voz extraña surgió de repente de detrás de la estantería que tenía delante.
“No lo entiendo… ¿por qué insistes tanto en buscar el Refugio 79? Los lugareños ya te han dicho que no está aquí. Además, es un refugio. No hay nada valioso escondido dentro. Aunque lo encuentres, solo te llevarías una decepción.”
La voz era ligeramente ronca, como papel de lija rozando una pared, sobresaltando a las dos personas de la habitación.
“¿Quién?”
Pasta de Sésamo apretó su arma, nerviosa. SiSi reaccionó con mayor rapidez: corrió detrás de la estantería, pero en lugar de ver a la persona que estaba hablando, encontró una radio de estilo retro y fabricación tosca. Un destello de sorpresa apareció en sus ojos. Miró rápidamente a izquierda y derecha, buscando cámaras en la habitación, pero no vio nada.
“Deja de mirar a tu alrededor, no estoy aquí, y da igual si estoy o no.” – bromeó la voz de la radio. – “Será mejor que te centres en mi pregunta. ¿Y si soy el programa de seguridad de la puerta? Tus acciones sospechosas de hace un momento son suficientes para que cierre la puerta con llave.”
SiSi se acercó a la radio mientras Pasta de Sésamo la miraba nerviosa. No entendía lo que decía la radio, pero la voz le daba mala espina.
“Déjamelo a mí…” – Con una mirada tranquilizadora, SiSi miró la radio. – “Estamos aquí por orden del Administrador.”
“Administrador…” – crepitó la rápido. – “¿Son residentes de un refugio?”
“Sí.” – asintió SiSi con tono sincero. – “Venimos del Refugio 404 en el Distrito de Qingquan. ¿Tienes información sobre el Refugio 79? Es muy importante para nosotras.”
“Mm, importante… ¿Qué piensas hacer con él?” – preguntó la voz de la radio con desdén.
“Si hay gente dentro, la ayudaremos. Si ya no están, continuaremos con su labor… Reviviremos nuestra civilización.” – respondió con tono serio.
Una risa resonó en la radio. Sonaba como si una uña arañara una pizarra, helando la sangre. Pasta de Sésamo y SiSi no pudieron evitar apretar los dientes. Pero no duró. La risa pronto se convirtió en un suave suspiro.
“Si ansias conocimiento, los libros que tienes a tu lado te bastarán para toda una vida de estudio. Si albergas ideales tan ingenuos como revivir la civilización, entonces no deberías haber venido aquí.” – contestó. Pero antes de que SiSi pudiera hablar, continuó. – “El Refugio 79 no es el tipo de lugar que imaginas; nunca se concibió para dar refugio a nadie.”
SiSi intuyó que había algo más en esas palabras.
“Qu… ¿Qué es exactamente este lugar?” – preguntó, tragando saliva con dificultad.
“La fuente del caos.”
Aquella voz ronca parecía perdida en recuerdos lejanos. Pero al final, se convirtió en una patética autocrítica.
“Al menos la mitad de la barbarie de esta tierra se remonta a mí.”


