miércoles, 3 de junio de 2026

JDR - Capítulo 382

Capítulo 382

Nombre en clave: ¿Pangolín?
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

Los exoesqueletos eran cómodos de usar, pero no tan fáciles de quitar. Tras forcejear entre los arbustos, Batalla logró quitarse todo el equipo y se lo entregó a Kakarot. “Amigo, ¡te confío mis pertenencias!” Ahora, vestía un saco andrajoso y sostenía otro en la mano. Parecía más un carroñero que los propios carroñeros. Su aspecto desaliñado hizo que Kakarot sintiera la tentación de sacar su billetera y darle unas monedas de plata. “¿Y la máquina virtual? Dámela.” – dijo Kakarot, extendiendo la mano. “¡Maldita sea! ¿Cómo puedo marcar la ubicación sin la máquina virtual?” “¿Estás loco? ¿No puedes simplemente cerrar la sesión y marcar la ubicación en el foro?” – añadió, mientas ponía los ojos en blanco. – “Esa cosa solo sirve para demostrar que eres residente de un refugio.” “Claro… Puedo desconectarme para informar sobre la posición del enemigo.” Al darse cuenta de su error, Batalla rápidamente se quitó la MV del brazo y se la metió en la mano a Kakarot. “¿Estará bien?” – preguntó Oscuridad, mientras lo veía desaparecer entre los árboles. Kakarot sonrió y le dio una palmada en el hombro. “No importa. Da igual si lo está, con tal de que su equipo esté a salvo. Vamos… ¡Deberíamos ponernos en marcha!”
* * *
El grupo se dividió en dos. Kakarot y Oscuridad regresaron al campamento de la Legión Tormenta al este, mientras que Batalla seguía las huellas de los supervivientes y avanzaba solo hacia el noroeste. El viaje distó mucho de ser tranquilo. Quizás debido a su apariencia engañosa, o porque estaba solo, incluso las hienas mutantes se atrevieron a atacarlo. Por suerte, ya había superado la barrera del nivel 20 y había llegado a la tercera fase de su secuenciación genética. Incluso sin armas de fuego, logró matar a dos hienas gracias a su agilidad y a un arma improvisada, ahuyentando a la última. “Maldita sea, ¡debería haber traído una daga!” – maldijo, mientras miraba sus manos cubiertas de pelo y sangre y arrojaba una rama rota contra el suelo. Solo ahora se había dado cuenta de que caminar solo por el páramo sin un arma era más extraño que llevar una. Sin embargo, no tenía tiempo para preocuparse por eso. Tras coger otro palo y afilarlo con una piedra para convertirlo en una lanza, continuó siguiendo las huellas del suelo. Tras caminar unos 10 kilómetros desde la mañana hasta el mediodía, finalmente consiguió atravesar el denso bosque hasta llegar a una zona relativamente despejada. Cerca de allí, el sonido del agua le alegró el ánimo. “¡Agua! ¡Debe estar cerca!” Las fuentes de agua eran ideales para acampar, especialmente para grupos grandes. Cuantos más sean, más conviene elegir una zona río arriba. Al darse cuenta de que el campamento de la Legión debería estar cerca, se relajó y caminó hacia el arroyo, con la intención de limpiarse la sangre pegajosa de las manos y lavarse la cara. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de salpicarse agua en la cara, se detuvo. “Tsk… Mi personaje se ve demasiado bien. Si se acercan, se darán cuenta de que algo anda mal.” Esto no funcionaría. Sus ojos recorrieron el lugar rápidamente, soltó el agua, recogió un puñado de barro de la orilla y se lo untó en la cara. Tras frotarse bien, se miró en el reflejo del agua y asintió con satisfacción. ‘No está mal.’ Ahora sí tenía el aspecto adecuado, aunque… olía un poco raro. No se quedó mucho tiempo junto al arroyo. Empuñando su lanza improvisada, se dirigió río arriba, con la intención de encontrar la ubicación exacta del campamento y luego encontrar algunos puntos de referencia antes de marcharse. Sin embargo, antes de llegar al campamento se encontró con varios soldados armados con fusiles y vestidos de negro. Los soldados lo vieron y lo miraron fijamente. Le dio un vuelco en el corazón. Batalla maldijo para sus adentros, apretando con fuerza su lanza de madera. Pero las tropas de élite que tenía delante, quizás confundidas por su atuendo, no lo atacaron. Simplemente levantaron sus armas con cautela para apuntarle. “¡Alto!” Se detuvo obedientemente, arrojando el palo de madera afilado antes de que el soldado pudiera siquiera pedirle que soltara el arma. “¿Quién eres?” “Y… Yo…” Empezó a responder, pero su dominio del vocabulario era pésimo; apenas se sabía unas cuentas palabras. Se devanó los sesos, pero no se le ocurrió nada, lo que hizo que empezase a sudar con fuerza por la frustración. Sin embargo, precisamente por su reacción bajaron la guardia. El soldado miró con desdén al aterrorizado superviviente, con un claro rastro de desprecio en los ojos. “¿Carroñero?” Asintió rápidamente. “¡Sí! ¡Sí!” “¿De dónde salió toda esa sangre?” Batalla sacudió el saco que sostenía y sacó lentamente una hiena mutante ensangrentada. Al ver la rama clavada en el cuello, los soldados intercambiaron miradas, con expresiones burlonas y despectivas. “Ya te lo dije, los supervivientes aquí son como monos.” “Ni siquiera pudo encontrar un arma decente, ¡lucha contra mutantes con las manos!” “Es un milagro que siga vivo.” “Nos lo agradecerán. ¡Al menos les trajimos la civilización!” El soldado que iba al frente no habló, pero ya no sospechó. Bajó el fusil, señaló sus pies y luego la arboleda que tenía detrás. “Deja tus cosas aquí y avanza.” Aunque Batalla no entendió prácticamente nada de lo que le dijo, captó el gesto. Sentía una mezcla de diversión y exasperación. ‘¿Y ahora qué?’ Su intención era simplemente echar un vistazo rápido e irse, pero lo estaban procesando como a un carroñero. Era evidente que los soldados no tenían intención de dejarlo ir. Batalla dudó apenas medio segundo antes de dejar obedientemente lo que llevaba y caminar en la dirección que indicaba el soldado. Tras caminar entre 500 y 600 metros, apareció la enorme entrada al campamento. Estaba rodeado de colinas al norte y cerca de un arroyo que descendía de las montañas al este. Era grande, pero sus instalaciones eran extremadamente rudimentarias. Consistían en una hilera de vallas de madera, unas pocas torres de vigilancia y varias tiendas de campaña. Soldados vestidos con túnicas negras montaban guardia y patrullaban en las cercanías; desconocía su número, pero probablemente no menos de 200 hombres. El centro del campamento estaba abarrotado de supervivientes. Su número era incontable, pero podía calcular que no serían menos de 5000. Si no los hubieran reunido, no se habría imaginado que había tantos supervivientes viviendo en un lugar tan pequeño como el Valle Afortunado. A diferencia de él, que iba con las manos vacías, todos los demás cargaban bolsas y bultos, con rostros que reflejaban desconcierto, miedo o insensibilidad. La mayoría habían sido traídos sin explicación y obligados a alojarse con desconocidos. Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos, un soldado con un rifle lo empujó torpemente hacia el final de una fila que iba hacia la entrada del campamento. Allí, una mesa se alzaba en la entrada, detrás de la cual se sentaba un oficial. Sostenía un bolígrafo y garabateaba en un trozo de papel mientras lanzaba con indiferencia una etiqueta con un número al superviviente que tenía delante. Cuando le llegó su turno, el agente golpeó la mesa con su bolígrafo. “Nombre.” – dijo con impaciencia, al no recibir una respuesta. Batalla entendió esa palabra, pero no podía dar su ID del juego. Sería demasiado extraño. “Pan… Pangolín.” – exclamó, desesperado. El oficial no dijo nada, solo garabateó algo en el papel y le arrojó la etiqueta. La mayoría de los habitantes del páramo eran analfabetos, y no era raro que usasen nombres de animales o de muebles. Batalla sospechó que el oficial ni siquiera le había oído, pero no se quedó quieto. Miró el número de la etiqueta y entró en el campamento. Un grupo de personas permanecía ocioso en el descampado y, justo cuando estaba pensando a dónde ir, un superviviente que se parecía a él se acercó de repente. “Oye, ¿de dónde eres?” “De la Calle Bett…” – respondió con naturalidad. El superviviente parecía desconcertado. “¿Calle Bett? Nunca he oído hablar de ella.” “Está… un poco lejos… de aquí… Simplemente tuve… la mala suerte… de que me… atraparan.” – intentó explicarse, pero su vocabulario era demasiado limitado y balbuceó una serie de palabras que dejaron al otro desconcertado. “¿En serio? Tienes tan mala suerte como yo…” – el hombre suspiró. – “Me llamo Li Ba, soy de la aldea de los Diez Árboles… Esos tipos de negro nos trajeron aquí sin decir una palabra.” “Soy Pangolín.” – respondió. Entonces preguntó lo que más le preocupaba. – “¿Qué piensan hacer con nosotros?” “No lo sé.” – dijo Li Ba, preocupado. – “No dijeron nada. Después de llegar, se llevaron nuestra comida y los bueyes. Dijeron que lo gestionarían todo de forma centralizada. Luego nos dejaron aquí esperando…” Mientras hablaban, un hombre de nariz prominente, acompañado por un pelotón de soldados, se acercó a todos los supervivientes. Su mirada era como la de un buitre. Su sola presencia bastaba para acallar a la ruidosa multitud, como si les hubieran echado un cubo de agua fría. Tras observar a todos los supervivientes, Colwey alzó ligeramente la barbilla. “A partir de hoy, el Valle Afortunado queda designada como zona de guerra entre la Legión y la Compañía. Pero no se preocupen, les brindaremos protección hasta el final de la guerra.” – ordenó. – “A cambio de evitar un derramamiento de sangre, ¡ofrecerán su sudor y trabajo como recompensa por los favores que les hemos concedido!” Nadie se atrevió a objetar. Nadie se atrevió siquiera a hacer ruido. El miedo y la inquietud era evidente en los rostros de todos, excepto en el de Batalla, que tenía una expresión extraña. ‘Dios… Estos imbéciles realmente creen que están luchando contra la Compañía…’ No es de extrañar que no avanzaran ni siquiera después de reparar el motor; parece que planean bloquear los refuerzos de la Compañía… Colwey hizo una breve pausa y luego continuó. “Me llamo Colwey, y estoy a cargo del campamento. A mi lado está Finod, el encargado de logística que asignará vuestros trabajos, preparará las zonas de alojamiento y organizará lo que debéis hacer.” Finod, con su sonrisa afable, contrastaba marcadamente con la autoridad innata de Colwey. Parecía accesible, pero Batalla pudo percibir la arrogancia en su mirada. Era evidente que no veía a los habitantes del páramo como personas, sino más bien como materiales, consumibles u objetos por el estilo. Colwey miró a Finod. “¿Te gustaría decir unas palabras?” “Adelante, es lo de siempre.” – respondió Finod, con una sonrisa. Colwey asintió y luego alzó la voz mientras se dirigía a los supervivientes. “Ni se les ocurra holgazanear. Todos aquí deben trabajar, ¡sin excepciones! Quienes no cumplan con sus tareas no recibirán comida ni compasión alguna. Además, quienes sobresalgan no solo mejorarán sus condiciones, sino que también recibirán generosas recompensas. Por ejemplo, convertirse en líderes de 10 hombres…” – hizo una pausa, mirando fijamente los ojos apagados a su alrededor, con una sutil mueca de desprecio en la boca. – “¡O incluso en líder de 100!”
* * *
Al este del Valle Aforunado. Tras marchar durante 5 días, el convoy de provisiones y los jugadores finalmente se reunieron con Manantial. Los cinco camiones cargados de suministros finalmente resolvieron el problema logístico de la Legión Tormenta. Los PNJs que llegaron con los jugadores se dividieron en dos grupos. Una parte regresaría a la Ciudad del Amanecer para seguir transportando materiales, y la otra se quedaría en el campamento para ayudar a construir fortificaciones. Utilizaron materiales de construcción para reforzar túneles, refugios de artillería y otras estructuras permanentes. Se acercaba el anochecer… “¿Dónde está ese desgraciado de Batalla? ¿Por qué no ha vuelto?” – preguntó Manantial a Oscuridad, mientras miraba la MV. “¿Cómo voy a saberlo? Solo dijo que intentaría volver antes del anochecer.” – respondió Oscuridad con impotencia. “Lo dudo.” – añadió Kakarot con los brazos cruzados, sacudiendo la cabeza. – “20 o 30 kilómetros sin exoesqueleto… tardará horas corriendo. Incluso si descubre el campamento antes del mediodía, no volverá hasta mañana.” Manantial asintió. “Tiene sentido, no nos preocuparemos por ahora.” Kakarot miró a Manantial. “¿Y nosotros? ¿Qué hacemos ahora?” Manantial sabía que le preguntaba cuáles serían las contramedidas que usarían con la Legión. “Mm… Es complicado. Han reunido a todos los lugareños en un solo lugar; no podemos perseguir a los carroñeros que salen a buscar recursos.” – explicó, tras reflexionar. No se trataba solo de evitar cuestiones morales. La clave era que hacerlo sería extremadamente ineficiente y empujaría por completo a la gente al bando de la Legión. De repente, a Manantial se le ocurrió una idea. “¿Tomaste fotos de esos campamentos destruidos?” Kakarot asintió. “Sí, tome fotos… ¿por?” “En un rato, enviarás a algunos hombres a contactar con los asentamientos de supervivientes cercanos. Mostradles las fotos y convencedlos de que abandonen sus aldeas y busquen refugio en otro lugar.” – dijo Manantial. “¿Nos harán caso?” – preguntó Kakarot. No parecía muy convencido de la idea. No sería fácil convencerlos de una evacuación. Que abandonasen su tierra ancestral únicamente por unas fotografías parecía un poco descabellado. Manantial sonrió. “Diles que en el Distrito de Qingquan, a 150 kilómetros de distancia, hay un lugar llamado Ciudad del Amanecer. Allí están dispuestos a ofrecerles refugio. Una vez que termine la guerra con la Legión, podrán regresar a sus hogares. Sea cual sea su decisión, haremos lo que esté a nuestro alcance.” Intentaría convencer a tantos como pudiera. Era mejor ahuyentarlos que dejar que trabajasen para la Legión. Tras asignar las tareas, Manantial se acercó al equipo de suministros, encontró al PNJ a cargo y le entregó una caja metálica cerrada con llave. Era ligera y solo tenía una tarjeta. Pasta de Sésamo se la había entregado personalmente antes de que los Caballeros del Oso Blanco partieran a explorar la entrada al Refugio 79. Se decía que era un objeto crucial para la misión, capaz de cambiar el curso de la guerra. Su tarea consistía en asegurarse de que llegase a manos del Administrador. Manantial no podía abandonar el frente y ya había asignado tareas a cada miembro de su legión. Tendría que confiar la caja a los soldados controlados por la IA. Aunque pertenecían al equipo de logística, su lealtad era incuestionable. De hecho, se trataba menos de lealtad y más de una fe ciega. “Tenemos a un paciente con una identidad especial. Necesito que lo acompañes de regreso a la Ciudad del Amanecer. Asegúrate de que esta caja llegue a manos del Administrador.” Al oír la orden, el oficial de logística asintió solemnemente, agarró la caja y apretó el puño derecho contra su pecho. “¡Cumpliré con la misión!” Manantial asintió y se llevó el puño derecho al pecho en señal de saludo. “¡Por la Alianza!”
* * *
El foro oficial estaba tan animado como siempre. Las noticias aquí eran mucho más jugosas que las del Diario del Superviviente, ya que los jugadores de la Legión Tormenta no dejaban de traer informes de batalla de primera mano. Detallaban los lugares donde emboscaban a las patrullas de la Legión, el número de bajas y el equipo capturado, para deleite de los espectadores. Por supuesto, lo que más entusiasmó a los jugadores y a los lectores fue la información que aportó Batalla…

Grupo Emocionado en el Campo de Batalla
¡Noticias de última hora! La Legión ha establecido un nuevo puesto de avanzada al noroeste del Valle Afortunado, ¡cerca de la Cresta de la Hoja Caída!

Comandante Agua de Manantial
Maldita sea, ¡por fin apareces!

Soy la Oscuridad
Pensábamos que habías muerto.

Grupo Emocionado en el Campo de Batalla
Je, je. Tuve un pequeño percance. Pensaba en echar un vistazo rápido e irme, pero con mi suerte… me encontré con una patrulla de la Legión… En fin, cuando pude darme cuenta de lo que pasaba, ya estaba dentro del campamento.
Batalla no se atrevió a revelar que se había pasado toda la tarde pelando patatas; le daba demasiada vergüenza. Por suerte, la Legión no descubrió su identidad como Despertado, ni sospechó sobre su tartamudez. Irónicamente, el PNJ que se suponía que era cocinero elogió su velocidad pelando patatas. Felicitándolo por realizar el triple de trabajo que los demás. Luego lo trasladaron del barracón donde se alojaba a una habitación para cuatro que había junto a la cocina, donde se dedicaría exclusivamente a pelar patatas.

Kakarot del Futuro
¡Maldita sea!

Kevin Pierna Rota
¿Eso siquiera es posible?

N1
Guau… Estoy sin palabras.

Topo Escapando del Desfiladero
¿Cuántas personas hay?

Grupo Emocionado en el Campo de Batalla
No muchas, solo entre 5000 y 6000. La mayoría son lugareños capturados por la Legión en asentamientos cercanos.

Gran deudor
No lo entiendo. ¿Qué pretende la Legión al reunir a todos esos supervivientes?

Profesor Yang, el emperador del Trueno
No lo entiendes. La población en sí misma es un recurso. Coste cero de mantenimiento, sin requisitos tecnológicos. Un cuenco de arroz rinde para medio día de trabajo… ¿Qué máquina es tan eficiente como una persona? EEspectaculo

Grupo Emocionado en el Campo de Batalla
Más o menos. La Legión dividió a la gente para cazar, buscar comida, cultivar, alimentar el ganado… La mayoría de los suministros que se producen aquí sin entregados a la nave. A los supervivientes solo les dan pasta nutritiva. Maldita sea… ¡es un asco! Creo que la mezclan con arena o serrín.

Iren
¿Estás seguro de que es serrín y no fragmentos de hueso o algo así? EPalomitas

Grupo Emocionado en el Campo de Batalla
¡Maldita sea! No digas eso, ¡voy a vomitar! EPanico

Rico Rey Élfico
Mira el lado positivo, es solo una hipótesis. Pueden ser frutas silvestres, corteza de árbol o cosas mutantes. EPalomitas

Topo Escapando del Desfiladero
Parece que la Legión tiene grandes ambiciones.

Habrá Tiempo Suficiente
También tengo esa sensación. Parece que planean fomentar una fuerza local como peón en la Provincia del Valle del Río, tal y como hicieron en la Provincia del Atardecer.

Teng Teng
¿Provincia del Atardecer? EDuda

Habrá Tiempo Suficiente
Sí, he hablado con Hal. El director del periódico. Es de la Provincia del Atardecer. El Reino del Halcón es en realidad un estado vasallo de la Legión en el gran desierto.

Comandante Agua de Manantial
En cualquier caso, la Legión ha empezado a tomar medidas contra nuestras tácticas de guerrilla. Debemos ajustar nuestra estrategia.

Golpe de Remo
Hablando de eso, ¿qué está pasando en la Ciudad de Boulder? ¿Alguna reacción?

Habrá Tiempo Suficiente
Claro, pero no sé si es fervor bélico o puro pánico. Desde entonces, he visto cómo envían mucha munición a los suburbios del norte. Supongo que los altos mandos de la Nueva Alianza debieron llegar a algún acuerdo con los líderes de la Ciudad de Boulder.

Golpe de Remo
Ah. Ojalá la gente de la Compañía se hubiera quedado un par de días más.
La publicación no tardó en superar las mil respuestas. Sobre todo, después de leer que el oficial llamado Colwey prometió que los colaboradores más destacados serían nombrados líderes de 10 o 100 hombres. Muchos espectadores entusiastas animaron a Batalla a desempeñarse bien y aspirar a ser una especie de comandante de la Legión. ‘¿Pero qué demonios? ¿De verdad entró en la Legión?’ Sentado frente al ordenador, Chu Guang estaba igualmente sorprendido. “Pequeño7.” “¿Qué ocurre, Maestro?” – preguntó Pequeño7, sentado sobre la mesa. “¿Podemos conectar la interfaz de misiones con la página web oficial?” – preguntó. Tras reflexionar un instante, trató de explicar su idea. – “Básicamente, permitir que los jugadores consulten el estado de sus misiones a través de sus cuentas de la página web. Sin estar dentro del juego.” Ya lo había querido hacer antes, pero hasta ahora no había sido necesario. Había estado tan ocupado que se le había olvidado. Tras escuchar la petición, Pequeño7 asintió con entusiasmo. “¡Sin problema! Es muy sencillo, ¡déjaselo a Pequeño7!” Para Pequeño7, conectar dos sistemas ya desarrollados era realmente sencillo. Solo se trataba de facilitar el intercambio de datos en el servidor. En menos de un minuto, la actualización del software estaba completa. Los jugadores no solo podían consultar el progreso de sus misiones en el sitio web oficial, sino también aceptar nuevas. Con el ratón en la mano, Chu Guang hojeó el trabajo de Pequeño7, con una sonrisa en el rostro. ‘Nada mal.’ Los jugadores ganaban en comodidad, y el desarrollador obtenía la capacidad de darles órdenes. Sin duda era una modificación beneficiosa para ambas partes. ¡Soy un genio!
* * *
Mientras tanto, en una habitación de un mundo paralelo. Sentado frente al ordenador, sonriendo ante el creciente número de respuestas, alguien se incorporó de repente… “¡Dios! ¿Eso funciona?” Hace apenas un segundo, Batalla se percató de que había aparecido un pequeño punto rojo en la sección de información del usuario, en la esquina superior derecha de la página web. Intrigado, hizo clic y descubrió que era una barra de tareas. ‘¿Cuándo se actualizó esto?’ Batalla estaba completamente desconcertado, pero después de unos cuantos clics, su desconcierto se convirtió en éxtasis. Antes, esta birria de juego ni siquiera permitía realizar tareas sin una máquina virtual. Ahora, el desarrollador finalmente había cedido en cuanto al realismo, permitiendo a los jugadores no solo consultar el progreso de sus misiones, ¡sino también comprobar las nuevas! ¡Era absolutamente genial!

Misión 1.
Infíltrate en el campamento Hojas Caídas y recaba información sobre los movimientos de la Legión.
La recompensa dependerá del valor y precisión de la información.

Misión 2
Opcional.
Infíltrate en la gestión del campamento Hojas Caídas y gánate la confianza de la Legión.

Misión 3
Opcional
Al ver la serie de nuevas tareas, Batalla no pudo esperar a cerrar la página para correr entusiasmado al foro para compartir la noticia.

Grupo Emocionado en el Campo de Batalla
¡Amigos! ¡Los desarrolladores han actualizado el juego!
El foro entero estaba inundado de malos consejos para Batalla, para ayudarle a perfeccionar su identidad encubierta. Chu Guang sentía que no tenía que preocuparse demasiado. Infiltrar a un espía en el campamento de la Legión era solo una prueba; el resultado de la guerra se decidiría en última instancia en el campo de batalla. Nunca depositaria sus esperanzas de victoria en un solo equipo o en uno o dos individuos, pero no descartaba la posibilidad de que Batalla le deparase una sorpresa inesperada. Y sí… ¿lograba infiltrarse en la Legión y ganarse su confianza? Aunque era muy improbable, no era del todo imposible. En cualquier caso, Chu Guang ya había designado el Valle Afortunado zona de guerra y le había asignado a Manantial el mando del frente. Debía encargarse de todo: lo grande y pequeño. En las batallas anteriores había demostrado su capacidad de mando y organización; Chu Guang confiaba en que podría planificar cada posición de los nidos de ametralladora. No requería de su intervención. Solo necesitaba gestionar la logística y asegurarse que hubiera suficiente munición para el frente. Con eso su trabajo estaría hecho. En cambio, Chu Guang estaba más preocupado por otro equipo que se encontraba en una misión. Hace tres días, los Caballeros del Oso Blanco había partido de su campamento base y se había adentrado en el Valle Afortunado en busca de la entrada al Refugio 79. A juzgar por las constantes actualizaciones de SiSi en el foro, su búsqueda del tesoro parecía estar avanzando…


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