miércoles, 1 de julio de 2026

JDR - Capítulo 387

Capítulo 387

Amigo… ¡préstame tu cabeza!
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

En el lado suroeste del Valle Afortunado, una multitud heterogénea vestida con atuendos diversos avanzaba en formación irregular hacia el lado noreste de la ciudad, liderados por 10 soldados ataviados con túnicas negras. Estos soldados tan distintos, vestidos de manera que su ropa no combinaba, estaba formado principalmente por supervivientes de la zona que antiguamente habían sido carroñeros, cazadores e incluso agricultores y pastores. En la Legión, a estas tropas compuestas por supervivientes de los territorios ocupados o por pueblos que no pertenecían al núcleo de su poder se las solía denominar soldados de reserva o sequito. A diferencia de los soldados de la Legión, que iban bien pertrechados, estos hombres no solo mostraban signos de desnutrición en sus rostros demacrados, sino que además tenían un equipo tan rudimentario que era inferior incluso al de algunos de los depredadores más poderosos. A cada persona se le entregaba un fusil Segador y recibía entre 15 y 30 cartuchos de munición antes de la batalla. Una vez agotada, debían recoger munición de los compañeros caídos o recurrir a las bayonetas para el combate cuerpo a cuerpo. Además, no habían recibido ningún tipo de entrenamiento profesional; como mucho, se habían enfrentado a unas cuantas cucarachas o ratas mutantes. Sin embargo, no había necesidad de entrenarlos. A ojos de los soldados de la Legión, estas personas no eran más que carne de cañón barata. Se las utilizaba para agotar la munición del enemigo. Nadie esperaba que volvieran con vida. De hecho, era preferible que no lo hicieran. Por supuesto, esa era solo la opinión de la mayoría de la Legión. Sin embargo, aquellos a quienes se consideraba carne de cañón no se veían a sí mismos de esa manera. La Legión les prometía que, si sobrevivían a tres batallas, serían considerados uno de los suyos y tendrían la oportunidad de ser ascendidos a decurión. Si sobrevivían a seis, podrían ser ascendidos a centurión. Pero en realidad, ¡había otro atajo disponible! ¡Conseguir la cabeza de cierta Garra de la Muerte! Si lograban decapitar a esa bestia, no solo podrían convertirse en centurión, ¡sino que también recibirían 10 esclavos como recompensa! Al enterarse de semejantes beneficios, muchos supervivientes que se habían alistado en la Legión se ofrecieron como voluntarios para unirse al grupo de caza. Aunque la reputación de la Garra de la Muerte era aterradora, solo unos pocos supervivientes la habían visto, y aún menos habían sobrevivido para contarlo. En la imaginación de la mayoría de los supervivientes, con el apoyo de la artillería y diversas armas antitanque, podrían abatir a esa bestia con poco esfuerzo. Sería mucho más sencillo que enfrentarse a las fuerzas de élite de la Compañía en la jungla. Después de todo, eran las mismas fuerzas que habían confundido y abrumado a la Legión. Si se enfrentaban a ellos, el enemigo podría enviarlos a reunirse con el gran dios ciervo sin siquiera ver al enemigo… Li Ba acarició su rifle mientras la fascinación se reflejaba en su rostro. Jamás había tocado un rifle tan finamente elaborado. En la aldea de los Diez Árboles, la escopeta de dos cañones que poseía el viejo cazador que era su vecino ya le parecía un arma excepcional. Llevaba mucho tiempo soñando con tener uno. Al mirarlo, Batalla quiso comentar que el arma era una auténtica basura, pero su dominio del idioma era tan lamentable que no pudo expresarse. Al final, se calló lo que quería decir. Sin embargo, cuando apartó la mirada, Li Ba inició de repente una conversación. “Amigo, ¿eres de la Calle Bett?” “Sí.” “¿Allí hay Garras de la Muerte?” Parecía ansioso, pero más allá de eso, Batalla percibió un inesperado atisbo de entusiasmo. Después de todo, nunca había estado en un campo de batalla. Probablemente albergaba fantasías poco realistas. “Sí.” – respondió Batalla, sin extenderse. “¡Impresionante! ¿Has visto alguno?” Al oírlo, una sonrisa apareció en el rostro de Batalla. “Je, más que visto.” Se podían ver por todas partes. Además, había una Garra de la Muerte enorme fuera del refugio y otra más pequeño en su interior. De vez en cuando, una o dos merodeaban por el cráter nuclear del Distrito del Olmo. Ya estaba acostumbrado. Los ojos de Li Ba se iluminaron y enseguida quiso obtener más detalles. “¿Las Garras de la Muerte son poderosas?” “Bastante. Pueden arrancarle la cabeza a alguien de un solo golpe o destriparlo con una sola garra.” Al oírlo, el rostro de Li Ba palideció ligeramente. “Ya veo…” Batalla soltó una risita. “Es broma. ¿Por qué no pruebas más tarde?” Li Ba no respondió. Al ver el miedo en su cara, Batalla no siguió burlándose de él. En cambio, lo intentó consolar con una sonrisa. “No te preocupes, probablemente hoy no veremos a esa cosa.” “¿Por qué?” – preguntó Li Ba con el ceño fruncido. Estaba perplejo. “Una corazonada.” Por supuesto, Batalla no le diría que ya había filtrado el plan a sus amigos de la Legión Tormenta. La biblioteca era la entrada al Refugio 79. Y mientras no hubiera avances en la incursión al refugio, no podían permitir que la Legión derrotase al guardián del edificio. “Debería empezar pront…” – murmuró Batalla, al alzar la vista hacia la luz del sol que se filtraba entre las copas de los árboles. Sin darle tiempo a terminar de hablar, una fuerte explosión estalló repentinamente en la zona residencial que tenía delante. Un destello de luz cruzó el cielo, haciendo que gruesas placas de blindaje explotaran y salieran disparadas en todas direcciones. Un soldado con una túnica negra salió volando como una cometa con la cuerda rota. Su torso estaba cubierto de sangre. Batalla abrió los ojos de par en par, sorprendido por la escena. ‘¡Un rifle antimateria! ¡Qué locura!’ Reconoció el sonido al instante. El inconfundible fusil de 20mm de la caballería ligera de la Alianza, capaz de usar munición perforante, incendiaria y proyectiles explosivos. Esa arma era extremadamente efectiva contra la infantería y los mutantes. Si montabas cuatro, se podían usar como cañones antiaéreos. Si desmontabas una, se podía emplear como rifle francotirador. Era increíblemente versátil. “¡Emboscada!” “¡Dispersaos! ¡Buscad refugio!” “¡Rápido!” Aunque fueron tomados por sorpresa, los soldados recordaron su entrenamiento y reaccionaron instantáneamente al ataque. El oficial de la túnica negra gritó con fuerza, guiando a los 3 hombres que le quedaban hacia un lugar seguro. Los supervivientes también se recuperaron rápidamente y fueron a buscar refugio. Sin embargo, sus oponentes no eran débiles. Casi al instante, estalló un estruendoso tiroteo cuando las ametralladoras desplegadas en las ventanas abrieron fuego. Las balas de 7mm caían como gotas de lluvia, convirtiendo al instante la calle en un baño de sangre. Los que no pudieron esquivar a tiempo cayeron como espigas de trigo, causando más de 10 bajas en un instante. Los supervivientes, incluso aquellos que se habían dispersado para ponerse a cubierto, quedaron inmovilizados por el intenso fuego enemigo. Eran incapaces de levantar la cabeza. En el momento en que sonó el primer disparo, Li Ba quedó completamente aturdido. Ni siquiera sabía cómo había logrado ponerse a cubierto. Lo único que oía eran las balas silbando a su alrededor mientras chispas, escombros y polvo de cemento volaban por todas partes. Abrazando su rifle, se desplomó contra un muro de hormigón derruido. Sus pálidos labios temblaban, pero no podía pronunciar palabra. A tan solo tres metros de sus pies, yacía un cadáver mutilado en la calle. Era innegable que estaba muerto, pero sus piernas seguían temblando. Soltando la mano que había estado agarrando el cuello de Li Ba, Batalla echó un vistazo a los cadáveres que estaban esparcidos por la calle. Aunque también eran víctimas de la invasión de la Legión, los soldados de la Alianza no les mostraron piedad. Esto era un campo de batalla. “Oye, ¿estás bien?” “Yo… yo…” El rostro de Li Ba estaba pálido mientras abría y cerraba la boca. Pero poco a poco, fue adquiriendo un tono púrpura. “Respira hondo, cálmate. No te asfixies antes de que te peguen un tiro… Sería una vergüenza.” Tras darle una palmada en el hombro y ver su expresión de absoluto terror, Batalla suspiró y lo intentó consolar chapurreando unas cuantas palabras en el idioma de la Federación. Luego, recogió el rifle Segador que estaba en el suelo, a su lado, y lo amartilló. “¡Avanzad…!” – gritó de repente un oficial, desde un callejón cercano. – “¡Avanzad de una vez! ¡Mataré a cualquiera que permanezca a cubierto!” Las ametralladoras rugían por delante, las amenazas por detrás. “¡Ah!” Incapaz de soportar la presión, un superviviente salió de su escondite, gritando de miedo mientras corría hacia los rascacielos que tenía por delante con el rifle an la mano. Pero antes de que pudiera dar dos pasos su cuerpo estalló en una nube de sangre. Se desplomó sobre la calle antes incluso de que pudiera emitir un alarido. Los supervivientes, que estaban a punto de salir corriendo de sus escondites, se quedaron petrificados por la escena. Sentían sus piernas pesadas, haciendo que fueran incapaces de moverse. “¿Eres un maldito estúpido?” – rugió de ira el oficial desde detrás de su cobertura, al ver la sangre brotando que acababa de caer. – “¡Te dije que los rodearas! ¿Quién demonios te dijo que cargaras directamente contra ellos?” Por desgracia, los muertos no podían hablar. El cadáver mutilado obviamente no le iba a responder. Sin embargo, tras presenciar ese ejemplo de primera mano, los demás soldados aprendieron la lección. Mantuvieron la cabeza baja, detrás de la cobertura y avanzaron arrastrándose por el suelo hacia los flancos. Al carecer del entrenamiento adecuado, aunque pudieran adaptarse gradualmente al campo de batalla, seguían sin tener prácticamente ninguna habilidad de combate. Todos se agolparon en un callejón, sumiéndose rápidamente en el caos, como moscas sin cabeza. El fuego de las ametralladoras cesó durante uno o dos segundos, y esos novatos, que tenían menos de 24 horas de entrenamiento, ni siquiera sabían hacia donde correr. Sin embargo, Batalla si lo sabía. “Es hora de irse.” Extendió la mano y levantó a Li Ba del suelo, guiando al cobarde de piernas temblorosas hacia un callejo. Lejos de los disparos de las ametralladoras. Quedarse donde estaban significaba una muerte segura. La Legión los ejecutaría sin dudarlo como desertores, para que sirvieran de escarmiento. Además, como agente doble, ganarse la confianza del enemigo simplemente con sobrevivir hasta el final no era una opción. Batalla lo había discutido con sus amigos en el grupo de chat. Según el plan de Manantial, la Legión Tormenta lanzaría una emboscada basándose en su información. Interceptarían al grupo de caza enviado por la Legión a la biblioteca. Tras frustrar los planes de la Legión para ese día, le darían la oportunidad de conseguir alguna baja. Casi en el mismo instante en que Batalla se adentraba en el callejón, tres proyectiles de artillería de 100mm impactaron con precisión en la zona residencial que se encontraba más adelante. Una densa columna de humo se elevó al instante; la ola de calor y el humo alcanzaron más de 10 metros de altura, abriendo tres enormes cráteres en los muros de hormigón, hasta entonces intactos. Los escombros que volaron aterrorizaron a los supervivientes cercanos, quienes se tiraron al suelo con la cabeza pegada a tierra. No se atrevían a moverse. En medio del estruendo de la artillería, se escuchó el débil grito de un oficial. “¡Levántense! ¡No se detengan! ¡Avanzad! ¡Sacad a rastras a esos desgraciados que nos emboscaron de ese edificio!” Sin embargo, las órdenes no fueron muy efectivas. Una de las razones era la distancia: no podían oírlo. Otra, que muchos todavía estaban conmocionados por el fuego de artillería. Al final, todos se quedaron inmóviles en el suelo. Esta vez, Li Ba se negó a avanzar bajo ninguna circunstancia, y Batalla ya no se molestó en cargar con esa responsabilidad. Se lanzó a través del humo abrasador hacia el edificio bombardeado. Una tos suave provino de lo alto de la escalera dañada. El bombardeo de artillería no había matado a los jugadores que se escondían en el interior del edificio de hormigón, pero a juzgar por el sonido, estaban claramente heridos. “¿Kakarot?” – gritó Batalla hacia la escalera. Tuvo que esperar un buen rato por la respuesta. “¡Soy Fantasma! Maldita sea… ¡esos bastardos usaron artillería! ¡Qué falta de deportividad!” Batalla sabía exactamente quién era Acostado en la tumba para asustar a los fantasmas. Uno de los miembros de la Legión Tormenta. “Solo son algunos proyectiles de artillería.” – insistió, tras una breve pausa. – “Basta de charlas. ¿Te encargas de todo o subo a ayudarte?” Se oyó una risita desde arriba. “Je, je… Regalarte la victoria sería muy aburrido.” – dijo Fantasma. Las reglas del juego prohibían matar a otros jugadores o resolver conflictos dentro del juego sin recurrir a un arbitraje. Incumplir esa regla conllevaba sanciones para ambas partes y casi nadie bromeaba sobre su acceso a la beta cerrada. Cualquiera que se atreviera a hacer trampas sería expulsado del servidor incluso antes de completar la misión Pasando la antorcha. Sin embargo, las reglas solo prohibían las malas intenciones. Las misiones o tareas especiales podían obviar esas reglas. Después de escuchar cuánto había elogiado Manantial sobre las habilidades de Batalla, quería aprovechar esta oportunidad para ponerlas a prueba. Batalla se quedó momentáneamente atónito al divisar un cable trampa tan fino como un cabello al pie de las escaleras. ‘Mocoso… Ya que planeas hacerte el duro…’ Levantó la vista y sonrió. “Claro. ¿Entonces es un desafío?” – exclamó Batalla. Una carcajada resonó desde lo alto de la escalera. “Ja, ja… ¡Eso justo estaba pensando!” “Muy bien, ¡vamos a pelear!”
* * *
Uno era un nivel 15 de fuerza, el otro nivel 22 de agilidad. Ya fuera por sus estadísticas o por su experiencia en combate, Batalla tenía una enorme ventaja. No había razón para que perdiera. Por no mencionar que Fantasma también había resultado herido en el último ataque de artillería. El ganador de la pelea estaba claro. Pero Batalla le mostró algo de dignidad, permitiéndole elegir cómo morir después de la pelea. “Dime, ¿cómo quieres morir?” Tumbado en un charco de sangre, Fantasma se rió entre dientes al observar cómo Batalla hacía malabares con un pequeño cuchillo. “Tos, tos… ¡La Nueva Alianza no tiene cobardes! ¡Que esos bastardos vean mi valentía!” Batalla lo entendió. “Entendido, me aseguraré de añadir algunos agujeros más.” – respondió, asintiendo con la cabeza. “¡Por favor! ¡Y recuerda destrozarme la cara!” Tras pronunciar sus últimas palabras, los ojos de Fantasma se pusieron en blanco tras cerrar la sesión. Al ver a su amigo tendido inmóvil en el suelo, Batalla cambió el agarre del cuchillo, suspiró y se acercó. “Bueno, lo siento.” Aunque sabía que solo era un juego, y que no iba a morir de verdad, se sentía incómodo al ponerle las manos encima a un compañero. Sin embargo… ¡Todo era por el bien de la Nueva Alianza! Se sintió mucho mejor después de pensar de esa manera. Mientras despedía mentalmente a Fantasma, Batalla arrastró de vuelta al maltrecho objetivo de su misión de vuelta. Al ver a Batalla emerger de entre las ruinas cubierto de sangre, los supervivientes a los que intentaron obligar a avanzar se quedaron atónitos. Hasta los soldados de la Legión estaban perplejos. “Solo uno…” – susurró Batalla, tras arrojar el cadáver y los restos del arma al suelo a los pies del oficial. Usó la menor cantidad de palabras posibles. El oficial finalmente recobró la compostura, con la nuez moviéndose sin parar. ‘¿Quién demonios es este tipo?’ Tras una larga pausa, logró articular con dificultad unas pocas palabras. “Eh… Genial…” La batalla terminó y se contabilizaron las bajas. De los 121 hombres, 31 habían muerto. Incluyendo uno de los soldados de asalto de la Legión. La cacería ni siquiera había comenzado y las bajas ya habían superado las expectativas. Los 4 soldados restantes informaron de la situación a sus superiores y condujeron al resto de vuelta al campamento Hoja Caída.
* * *
Al regresar al campamento, Batalla temió que el oficial al mando le robase su mérito, pero pronto se dio cuenta de que sus preocupaciones eran infundadas. Apenas había podido descansar cuando unos soldados lo llamaron para que fuera a la tienda de Cowley. Era la máxima autoridad del campamento y un subordinado directo de Richie, una persona de estatus extraordinario. “¿Nombre?” – dijo Cowley lentamente, dentro de la tienda. Estaba mirando al hombre cubierto de sangre que tenía delante. Inmerso por completo en su papel, Batalla se enderezó y respondió con confianza. “¡Pangolín!” El oficial no habló, simplemente lo miró fijamente, su mirada penetrante recorriéndolo como si estuviera calculando algo. ‘¿Acaso le gusto a este tipo con la nariz enorme?’ Esperaba que no… Justo cuando estaba considerando si debería revelar sus verdaderas habilidades para huir, Cowley mostró de repente una expresión de aprecio mientras asentía lentamente. “¡No está mal!” Mantuvo la compostura en una intensa batalla, cargó solo a través de una zona bajo fuego de artillería armado únicamente con un rifle segador… ¡Hasta logró abatir a un despertado de la Compañía! Su destreza en combate era realmente asombrosa. Pero lo que más sorprendió a Cowley fue que este hombre no mostró el menor temor ante sus preguntas. ‘¡Este chico tiene talento!’ La única pega era que fuera un superviviente y no un miembro de la Legión de noble linaje. De lo contrario, no habría dudado en presentar al guerrero a su superior, Richie. “A partir de hoy, te nombro jefe de escuadrón.” – añadió Cowley con un atisbo de arrepentimiento en la mirada, ladeando ligeramente la barbilla. Batalla sintió una alegría enorme tras el repentino nombramiento. ‘¡Santo cielo! ¿Ahora soy oficial?’ Sin dudarlo ni un instante, enderezó la espalda y respondió con tono firme. “¡Sí!” Cowley asintió con aprobación. “¡Buen trabajo! ¡Tengo grandes esperanzas puestas en ti!”
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La operación encubierta de Batalla había salido inesperadamente bien. Tras sacrificar a un Despertado, no solo se había convertido en jefe de escuadrón, sino que también se había ganado el favor de Cowley, el líder del campamento Hoja Caída. Al mismo tiempo, mientras la Legión de los Caballeros del Oso Blanco y la Legión de la Muerte estaban ocupados asaltando el Refugio 79, el equipo de transporte logístico regresó del Valle Afortunado y entró a los suburbios del Distrito de Qingquan. Al ver a Luo Hua, envuelto como una momia sobre la camilla, Chu Guang frunció el ceño. “¡Llévenlo al Refugio de inmediato!” – ordenó. Tras hacerse cargo del herido, el personal médico se apresuró a ir al refugio con la camilla. Chu Guang los siguió. Si bien había hospitales en la superficie, tanto el nivel profesional de los médicos como las instalaciones médicas eran claramente inferiores a las de la enfermería de la planta B3. Heya realizó un examen exhaustivo de Luo Hua, que yacía en la camilla de exploración, y pronto registró los resultados en la tableta. “Su brazo izquierdo está completamente necrótico. Probablemente haya que amputárselo…” – luego miró a Ying Fang. – “Tú tienes más experiencia en cirugía.” Yin Fang no dijo nada. En cambio, miró a Chu Guang, esperando su decisión. Era el único que conocía al paciente. Este, tras reflexionar durante medio segundo, asintió rápidamente. “Adelante, reemplázalo con una prótesis biónica.” “¿Cuál?” – preguntó Yin Fang. “De la Compañía.” – respondió sin dudarlo. No había vendido todas las prótesis biónicas que había conseguido de Hedin a la Ciudad de Boulder. Al fin y al cabo, los artículos de lujo eran más valiosos cuando había pocos. Vender demasiados reduciría su valor. Yin Fang miró a Chu Guang con sorpresa. ‘¿Cuándo se volvió tan generoso?’ Pero no dijo nada. Se limitó a echar a Chu Guang y a Heya de la sala médica para comenzar la cirugía de inmediato. “¿Es tu amigo?” – le preguntó Heya con los brazos cruzados, en la puerta. “Sí.” “Está muy grave…” – dijo Heya con tono serio, mirando hacia la puerta. – “Encontré al menos 20 fragmentos de metralla en su cuerpo. Solo sigue vivo gracias a que tiene órganos biónicos.” Chu Guang no dijo nada, simplemente sacó una tarjeta plateada de su bolsillo. La tarjeta estaba cubierta de sangre, pero no tenía ninguna marca. La observó fijamente durante un rato, frunciendo ligeramente el ceño. Al percatarse del objeto que sostenía en la mano, Heya arqueó una ceja. “Ya he visto eso antes.” Chu Guang la miró de inmediato. “¿Dónde lo has visto?” “No recuerdo exactamente dónde, pero eso… es básicamente una tarjeta de acceso a un refugio. Recuerdo que no solo sirve para abrir puertas, sino que también se le pueden asignar ciertos permisos.” – Heya miró a Chu Guang con curiosidad. – “¿No tienes una?” “Somos bastante ahorradores… y no lo necesitamos.” Chu Guang le restó importancia y se quedó mirando la tarjeta que tenía en la mano. ‘¿La llave del Refugio 0? ¡La habían encontrado!


JDR - Capítulo 386

Capítulo 386

Táctica: ¡Oleada humana!
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

En la calle situada justo al sur de la biblioteca, los disparos resonaban como fuegos artificiales, mezclándose con los gritos de los soldados heridos y los rugidos de la Garra de la Muerte, creando un caos absoluto. Toda la zona se había convertido en una sangrienta trituradora de carne. La estrechez de la calle hacía imposible maniobrar, haciendo que los pelotones de 10 hombres de la Legión solo pudieran avanzar en oleadas de 5. Frente a una Garra de la Muerte completamente enfurecida, sus armaduras antibalas resultaron inútiles. Sus rifles de 7mm eran tan efectivos como un palo de madera. En cambio, el monstruo de dos pisos de altura se alzaba imponente. Con un simple zarpazo de sus garras de medio metro de largo, esparcía órganos y carne por todas partes. La carnicería infernal hizo que los rostros de los soldados palidecieran, revolviéndoles el estómago. “¡Quemadlo! ¡No tengan miedo!” “Maldita sea, ¿la artillería no lo había herido?” “Mierda… ¡nuestras balas no pueden penetrar su piel!” “No es que no puedan atravesarlo… ¡sus heridas se curan demasiado rápido!” “¡Ah…!” Un soldado fue tomado por sorpresa y partido por la mitad. Cowley apretó los dientes como si su corazón estuviera sangrando al ver las continuas bajas entre sus hombres. Estaba equipado con un exoesqueleto mientras veía lo que pasaba desde una azotea. “Señor… ¿por qué no usamos artillería para matarlo?” – dijo con voz entrecortada su ayudante, tras tragar saliva con dificultad. También llevaba un exoesqueleto. ¡Enviar infantería para enfrentarse a una Garra de la Muerte le parecía una locura! La caza y la guerra eran dos conceptos completamente diferentes, especialmente cuando uno se enfrenta a un monstruo tan irracional como este, donde ni siquiera los soldados más curtidos en batalla podían hacerle frente. Cowley permaneció en silencio, con el rostro sombrío. Sabía perfectamente que eran dos conceptos distintos, y que un cañón de 100mm era más efectivo que un fusil. Tres proyectiles de 100mm bastarían para arrasar toda la calle. Sin embargo, el general McClennan quería la cabeza de la criatura, no un montón de carne destrozada. En ese instante, un soldado con sangre goteando de la frente corrió desde primera línea, se detuvo ante Cowley y se puso firme. “¡Señor! ¡Nuestro pelotón ha sufrido más de la mitad de bajas! ¡No podrán aguantar mucho más!” “Si seguimos así, aunque aniquilen al resto de nuestros hombres no conseguiremos la cabeza de esa bestia.” – aconsejó su ayudante. Solo habían traído un escuadrón de 100 hombres. Aunque en teoría debería haber tenido suficiente personal, ¡nadie esperó que esta Garra de la Muerte fuera tan formidable! Un proyectil de 100mm impactó cerca, dejándola gravemente herida, pero en cuestión de minutos sus lesiones habían sanado casi por completo. ‘¿Esta es una forma de vida basada en el carbono?’ Cowley comprendió que continuar luchando solo serviría para aumentar el número de bajas. Necesitaban armamento pesado, lanzacohetes Panzerfaust, armas anti-tanque y… carne de cañón de la zona. “¡Retirada!” – ordenó, apretando los dientes.
* * *
En la azotea de la biblioteca, junto a la barandilla de la terraza, un humano y un oso se escondían discretamente detrás del murete. Estaban observando el tiroteo que se desarrollaba en la calle cercana. “¡Vamos! ¡Emperador Basura tu puedes!” – susurró Tail, con los ojos brillantes, mientras apretaba los puños con entusiasmo. “¿Deberíamos ayudarlo?” – preguntó preocupada Bollito. Estaba acurrucada a su lado. Parecía que estaba a punto de derrumbarse. Sin embargo, Tail rechazó rotundamente su sugerencia. “Bollito, ¡esto es un duelo entre machos! Mejor no interferir.” ‘¿Un grupo contra un solo ser se puede considerar un duelo?’ Al ver a Tail mentir descaradamente, Bollito no pudo evitar quejarse en silencio. Pero tras reflexionar, se dio cuenta de que no era buena idea ayudar. Si se tratara de un escuadrón de solo 10 hombres, probablemente podrían con ellos. Sin embargo, el otro bando contaba con al menos un centenar hombres y apoyo de fuego indirecto. Si el enemigo los rodeaba con todas sus fuerzas, podrían aniquilarlas en un instante. Y lo más importante, si no conseguían acabar con todos los que participaban en la batalla y algún superviviente lograba escabullirse, el mando del Corazón de Acero descubriría dónde se escondían presuntos soldados de la Compañía. Al final se enfrentarían a su cañón principal de 400mm. Y aunque lograsen escapar, los supervivientes sufrirían las consecuencias. Aunque Bollito no creía que Tail hubiera considerado todo eso, tenía que admitir que observar en silencio desde la distancia era la mejor opción en este momento. Así que… decidió apoyar al Emperador Basura en espíritu. Como si respondiera a sus expectativas, la enorme Garra de la Muerte dejó escapar un rugido penetrante que hizo temblar las hojas de los árboles. Ante un monstruo indestructible, los soldados de la Legión finalmente no pudieron resistirlo más y comenzaron a retirarse de manera organizada de su estrecho refugio. Cuando el último soldado vestido de negro se retiró de la calle, el escuadrón de 100 hombres que permanecía en reserva hizo lo mismo. Las pupilas de color ámbar miró con furia a las figuras que se retiraban, pero no los persiguió. El Emperador Basura meneó su cola ensangrentada y se tambaleó en dirección contraria. Al ver cómo la imponente figura desaparecía en la noche, Tail levantó el puño con entusiasmo. “¡Bien hecho, Emperador Basura!” Bollito frunció el ceño. “Basura lloraría si oyera eso…”
* * *
Por suerte, la batalla de la noche anterior había sido solo un susto. Los hombres de la Legión y la Garra de la Muerte lucharon hasta quedar en un punto muerto: unos se habían retirado en desbandada y el otro había desaparecido sin dejar rastro. De pie junto a la ventana del tercer piso, el rostro de Wu Tao reflejaba preocupación. Fumando sin parar, tenía la mente hecha un lio. Afuera estaban los hombres de la Legión, y debajo vivía un grupo de mutantes sedientos de sangre. Para colmo también se rumoreaba que estaba repleto de salvajes peludos que bebían sangre… No había dormido bien en toda la noche. En ese momento, Wang Xu llegó portando un rifle de tubo. Este hombre de mediana edad, de más de 30 años, era un conocido cazador del Valle Afortunado. Pero ahora, parecía exhausto y abatido, con profundas ojeras. No había pegado ojo en toda la noche, haciendo guardia en la azotea. “Wu…” Al verlo acercarse, Wu Tao apagó su cigarrillo y lo guardó en su bolsillo remendado. “¿Qué ocurre?” Wang Xu guardó silencio por un momento antes de hablar. “Y si… ¿nos vamos?” “¿Irnos?” – Wu Tao esbozó una sonrisa amarga. – “¿Adónde podemos ir?” “Cualquier lugar será mejor que quedarse aquí.” – respondió Wang Xu con decisión. – “No podemos confiar nuestra seguridad a esa bestia. Sobre todo, ahora que ni siquiera sabemos dónde está. ¿Quién sabe cuándo volverá la Legión? Podrían incluso desahogar su ira con nosotros… ¿Qué piensas hacer?” Al oír las palabras de Wang Xu, Wu Tao guardó silencio, sin saber cómo responder. Quizás, como decía, alejarse de esta tierra peligrosa era la decisión correcta. Sin embargo, era más sencillo decirlo que hacerlo. Habían vivido allí durante un siglo. Aunque las condiciones eran duras, al menos tenían un hogar. Irse de allí significaba vagar por el páramo. Y nadie sabía que cosas más aterradoras les esperaban. Podrían verse envueltos en una situación aún peor… Wu Tao frunció el ceño, preocupado, mientras miraba la calle devastada. Tras una larga pausa, suspiró. “Déjame pensarlo…” Justo cuando Wang Xu estaba a punto de decir algo, un hombre entró corriendo. Era el portero del asentamiento, con el rostro marcado por el pánico. “Wu, ¡hay gente afuera!” ¡Había llegado más gente! Al oírlo, sintió otra oleada de ansiedad. Pero al recordar lo que esos forasteros le habían contado sobre la llegada de refuerzos, se tranquilizó rápidamente. “¿Más gente? ¿Dónde?” “Son unos 20. Al norte del muro del garaje. Cada uno porta un rifle automático, ¡similar al de esas tres chicas!” – contestó el portero, nervioso. “¡Díganles que esperen unos minutos!” – exclamó Wu Tao, con el corazón acelerado. “¡De acuerdo!” El portero asintió apresuradamente y salió de la habitación. Wu Tao tampoco se quedó quieto y salió detrás de él. Pero en lugar de salir de la biblioteca, subió al segundo piso para buscar a los forasteros que habían llegado hace dos días. Llamó tres veces y empujó la puerta al oír que alguien decía adelante. Pero antes de poder poner un pie en la habitación, lo envolvió un fuerte hedor a sangre. Una amplia lámina de plástico estaba extendida sobre una mesa larga. Sobre ella, yacía un cadáver destripado. Una bandeja metálica contenía órganos ensangrentados y varios huesos. Al ver a SiSi sosteniendo un cuchillo largo y delgado, Wu Tao contuvo la respiración. Era como si hubiera visto a un fantasma. SiSi miró de reojo al PNJ que había en la puerta. “¿Necesitas algo?” “Ha llegado un grupo de personas… sus armas se parecen a las tuyas.” – balbuceó Wu Tao, tras tragar saliva con dificultad. Un desello de sorpresa apareció en los ojos de SiSi. ‘¿Tan rápido?’ Arrojó el bisturí a la bandeja y se quitó los guantes de plástico y la mascarilla de tela. “Llévame allí.” “De acuerdo…” Wu Tao, pálido como un fantasma, asintió repetidamente como una gallina picando granos. Sus piernas temblaban al caminar hacia la puerta. Pero al bajar las escaleras, perdió el equilibrio y casi se cae. Por suerte, reaccionó rápido y se agarró a la barandilla. Siguiéndolo de cerca, SiSi observó con curiosidad su espalda con una expresión extraña. ‘Solo estaba diseccionando un espécimen… ¿Da tanto miedo?
* * *
Al norte de la biblioteca, junto al muro que daba al garaje. Al ver a SiSi aparecer en lo alto del muro, Gran Deudor empezó a agitar los brazos. “Mamiiiiii. ¡Ya llegamos!” – bromeó. “Ya te lo dije, no soy…” – respondió SiSi con impotencia. Pero no llegó a terminar la frase. Su mirada se desvió hacia los rostros familiares que estaban a su lado con una expresión de sorpresa. Había 25 jugadores. ¡Y todos pertenecían a la Legión de la Muerte! El de mayor rango era el líder del equipo: Golpe de Remo. Era un veterano que ya había superado el nivel 20. Aunque su secuencia era de percepción, no era débil, lo que lo convertía en uno de los mejores jugadores del servidor. La mayoría de los demás jugadores también superaban el nivel 10, predominando los de fuerza y agilidad. Había menos de constitución e inteligencia. Pero todos eran miembros clave de las fuerzas de combate de la Nueva Alianza. Pero lo que la sorprendió no era la presencia de tantos pesos pesados… sino que toda la gente que reclutó en el foro por la noche ya hubiera llegado a primera hora de la mañana. “¿Somos demasiados?” – preguntó Remo, riendo. “Claro que no.” – respondió SiSi, recuperando la compostura con una sonrisa. – “Gracias por venir.” “Ja, ja. No te preocupes. Vinimos principalmente a echar un vistazo al nuevo mapa. De todas formas, planeábamos venir en un par de días.” – añadió Remo con una sonora carcajada. – “Por cierto, vienen otros 100. Avísame si las cuotas para la misión se llenan.” “Cuantos más, mejor. El Refugio 79 es como una ciudad subterránea. Es más grande que todos los refugios de nuestra Alianza juntos. No podremos explorarlo solo nosotros.” – Tras una pausa, continuó. – “No os quedéis fuera. Entrad.” El superviviente de guardia bajó rápidamente la escalera. Más de 20 jugadores de la Legión de la Muerte escalaron la muralla y entraron rápidamente en la biblioteca. Ante la inesperada llegada de visitantes, los supervivientes que vivían allí mostraron preocupación. Aunque los jugadores parecían amigables, sus armas no lo eran en absoluto. Sin embargo, los jugadores no los molestaron y se dirigieron directamente a la entrada de la mazmorra ubicada en el segundo piso de la biblioteca. En el camino, Remo le explicó brevemente a SiSi cómo habían llegado. Alrededor de las 2 o 3 de la madrugada, aprovechando un lanzamiento aéreo de un avión de transporte Libélula de cajas de suministro en las montañas, los dejaron caer a unos 20 kilómetros del Valle Afortunado. Desde la Expedición del Norte, los jugadores de la Legión Ardiente no eran los únicos que sabían usar los paracaídas. La mayoría de los jugadores de la Nueva Alianza llevaban tiempo practicando saltos desde aviones. Ahora… Cualquier jugador de nivel 2 de la Nueva Alianza o superior podría considerarse miembro de las fuerzas especiales. Ya fuera cazando o luchando… Para ellos, todo formaba parte de su rutina diaria. “Medianoche y los demás también planeaban venir, pero anoche recibieron otra misión. Toda la legión fue trasladada al frente para apoyar a Manantial.” – dijo Remo. “El Valle Afortunado se está volviendo muy animado.” “Sí, y oí de Caballo que los desarrolladores podrían estar insinuando en el chat grupal que la próxima versión extenderá las fronteras hasta la vecina Provincia del Atardecer, convirtiendo este lugar en una fortaleza para el avance hacia el oeste.” – dijo Remo con una enorme sonrisa. “Hablaremos de la próxima versión cuando llegue. La prioridad ahora es despejar el Refugio 79. Las tropas de la legión vinieron anoche y quien sabe cuándo volverán. Sería un verdadero problema si descubren que aquí hay un refugio.” – dijo SiSi con el ceño fruncido. “No tienes que preocuparte demasiado por la Legión.” – respondió Remo, tranquilizándola. SiSi lo miró sorprendida. “¿De verdad?” “Justo antes de conectarnos, Batalla nos dijo en el chat que la Legión parece estar reclutando a gente de la zona para acabar con esa Garra de la Muerte. Dijeron que quien logre traer de vuelta su cabeza será recompensado con 10 esclavos y el título de centurión.” La incredulidad apareció en el rostro de SiSi. ‘¿La cabeza? Esa cosa… ¿Sirve para algo?’ A jugar por como lo dijo, la Legión parecía decidida a matar a esa Garra de la Muerte. Pero no entendía porque no debía preocuparse. “Entonces… ¿Qué va a pasar ahora?” – preguntó SiSi sin poder evitarlo. “¿De qué hay que preocuparse?” – se rio Remo. – “Cuando Batalla se enteró, se unió inmediatamente al equipo. Incluso le dieron un rifle. Uno viejo de cerrojo.” SiSi, alzó una ceja. “Uh… ¿Ya no tiene que pelar patatas?” “No, dijo que está harto de pelar patatas noche y día. Que los desarrolladores se pasaron de la raya. Decidió hacer lo que un hombre debe hacer…” – interrumpió Deudor con una risita. – “Ayer nos estábamos burlando de él, diciéndole que cuando se convierta en oficial debería reclutarnos también.” SiSi se quedó perpleja. ‘¿De verdad se puede hacer algo así?’ Trató de recuperar la compostura. “Pero si hace eso… ¿no tendrá que enfrentarse a Manantial y a sus hombres?” “No habrá problema. Ya lo hemos hablado con la Legión Tormenta. Si la cosa se pone seria, fijaremos una hora y simularemos dispararnos, como si fuera un simulacro.” – explicó Remo. Mientras no perdieran el equipo, ni murieran, no pasaría nada. Serviría para descansar y dejar que sus amigos consiguieran logros militares. Al final, no pasaría mucho tiempo antes de que los espías infiltrados en la Legión fueran ascendidos tras repetidas victorias contra el enemigo… Al fin y al cabo, la batalla se desarrollaría como quisieran. “En fin… tenemos gente en la Legión. En cuanto hagan algún movimiento importante, Batalla nos avisará por el chat o el foro. Podemos centrarnos en conquistar el Refugio 79.” SiSi los miró, estupefacta. ‘Malditos bastardos astutos…
* * *
Segundo piso de la biblioteca. Tras abrir la puerta, Remo se sobresaltó al ver el cadáver desfigurado sobre la mesa, al igual que Wu Tao. “¿Qué es esto?” “Un salvaje que encontramos en el Refugio 79… Sentí curiosidad y lo traje para diseccionarlo.” – respondió SiSi con naturalidad. Obrero tragó saliva con dificultad, sintiéndose a la vez intimidado y curioso. Todos se acercaron para ver mejor, luego se volvieron hacia SiSi. “¿Encontraste algo?” La expresión de SiSi se tornó repentinamente sutil. “Mm… como decirlo… Tiene dos costillas más que una persona. Los huesos de sus piernas son mucho más gruesos, y la distribución de sus grupos musculares y la estructura cerebral son bastante peculiares. Más que llamarlo salvaje, es como si fuera un híbrido entre un humano y algún tipo de animal.” “Maldita sea… este lugar es bastante escalofriante.” – balbuceó Oscuro, desconcertado. Remo frunció el ceño. “¿Estás segura?” “No estoy segura, solo soy una doctora residente, no me lo pongas muy difícil…” – suspiró SiSi. De repente, se dio cuenta de que Tail estaba agachada en una esquina. – “Tail… ¿Qué estás tramando?” “¡Estoy saludando al administrador del Refugio 79! Hola. ¿Estás ahí? Señor PNJ, hoy volveremos a molestarle.” Al escuchar el crepitar de la estática, Tail le dio golpecitos a la radio, en un intento de que funcionase. “Qué raro… Ayer funcionaba.” Bollito levantó la pata y se rascó la cabeza. “¿Está rota?” Pasta de Sésamo parecía preocupada. “¿Deberíamos traerla con nosotros?” “Creo que será lo mejor.” – dijo SiSi. Tail se acarició la barbilla, mientras asentía con rostro serio. “Mm… Tail piensa que tal vez el administrador está dormido.” “Uh… no es del todo imposible.” Aunque la probabilidad era pequeña… SiSi pensó que era mucho más probable que el motivo fuera otro. Después de todo, a juzgar por la mecánica del juego, los administradores siempre estaban muy ocupados. En cualquier caso, era mejor llevar siempre los objetos cruciales para la misión. En caso de emergencia, podrían comunicarse rápidamente…
* * *
“¡Soldados…! ¡Atacad!” “¡Au! ¡Au! ¡Au!” El estruendo de los disparos resonaba sin cesar en el Refugio 79. Ignorando los silbidos o cualquier otro sonido, la Legión de la Muerte avanzaba de manera agresiva y despiadada. Con la incorporación de más de veinte hombres, el ritmo al que despejaban los pisos aumentó considerablemente. Arañas lobo, más alta que la pantorrilla de una persona, se abalanzaban sobre los jugadores como una marea. Pero ante la densa lluvia de fuego, cayeron como albóndigas en un abismo sin fondo. Y aunque algunas lograron atravesar el fuego cruzado, lo que les esperaban era culatas de fusil y bayonetas. Su destino era el mismo. Los edificios situados entre la entrada del refugio y el área de investigación fueron asegurados rápidamente, sin encontrar prácticamente ninguna resistencia. Fue solo cuando estaban a mitad de camino que el asalto se ralentizó. Empezaron a aparecer criaturas mutante más peligrosas como las Garras de la Muerte. Sin embargo, lo que desconcertaba a SiSi era que Yong, quien les había ayudado a abrir la puerta del Refugio 79, no se había puesto en contacto con ellos en todo el día. Era como si hubiera desaparecido. No le dio mayor importancia y continuó liderando a su equipo en el asalto al refugio. Esa noche, las tropas de la legión regresaron, pero no se acercaron demasiado. Simplemente echaron un vistazo antes de marcharse. Los jugadores sacaron a sus presas del refugio y les prendieron fuego el espacio abierto que había ante la biblioteca. El aroma a carne asada se extendió rápidamente por toda la biblioteca, haciendo que los supervivientes se les hiciera la boca agua. El tiempo pasó volando y transcurrieron 3 días en un abrir y cerrar de ojos. Llegaron más jugadores de la Legión de la Muerte, haciendo que el número de jugadores apostados en la biblioteca superase los 100. Justo cuando casi todos se habían olvidado de esa radio y del autoproclamado administrador, la voz ronca del Sr. Yong resonó de repente en la mañana del cuarto día. “¿A cuántas personas has llamado…?” SiSi, que estaba comiendo comida seca en su habitación, se sobresaltó por el ruido repentino, y casi se le cae la galleta que tenía en la mano. “Unos 100… ¿qué pasa?” “¿De verdad necesitamos tanta gente? O sea… ¿Y si dañan los libros de la biblioteca?” – respondió la voz por la radio, sin darle la oportunidad a SiSi de preguntarle que había estado haciendo estos últimos días. La voz sonaba ligeramente nerviosa. “No te preocupes.” – lo tranquilizó SiSi. – “Valoramos el conocimiento y no dañaremos nada. Además, ya hemos trasladado todos los libros a una habitación vacía del tercer piso… Haremos todo lo posible por garantizar la seguridad de los supervivientes que viven aquí.” “……” La radio permaneció en silencio durante un buen rato, sumiéndose en un silencio prolongado. SiSi no pudo evitar encontrarlo extraño. ‘¿No es mejor tener más gente?’ En 3 días, su velocidad al conquistar las distintas partes del refugio fue varias veces más rápida que las del primer día. Según sus cálculos, les tomaría como máximo unos 3 días extraer el suero. Si bien podía comprender la ansiedad que provocaba el tener a tantos desconocidos en tu casa, SiSi consideraba que sus preocupaciones eran, en cierto modo, innecesarias. Y… “Por cierto, ¿por qué tu voz suena un poco rara?” “¿Rara?” “Sí.” – SiSi asintió, reflexionando un momento antes de continuar. – “Es como… si sonase más ronca que antes.” Dos toses salieron de la radio. “He estado algo resfriado estos últimos días… Nada grave.” “Oh, ¿estás bien? ¿Necesitas algún medicamento para el resfriado? O tal vez podrías decirnos dónde estás. Te lo llevaremos cuando recuperemos el suer…” – ofreció SiSi. La radio la interrumpió. “No hace falta, estoy a salvo aquí. Y mi estado no importa. El suero del área de investigación… Por favor, tienes que sacarlo. Es… ¡por el bien de toda la gente que vive en este mundo!” “No te preocupes. Pronto lo lograremos.” Aunque lo dijo con un tono tranquilizador, la expresión del rostro de SiSi era cada vez más extraña. No estaba segura de sí era cosa de su imaginación… pero el tono de la voz sonaba algo débil. ‘¿De verdad todo va bien?