miércoles, 1 de julio de 2026

JDR - Capítulo 387

Capítulo 387

Amigo… ¡préstame tu cabeza!
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

En el lado suroeste del Valle Afortunado, una multitud heterogénea vestida con atuendos diversos avanzaba en formación irregular hacia el lado noreste de la ciudad, liderados por 10 soldados ataviados con túnicas negras. Estos soldados tan distintos, vestidos de manera que su ropa no combinaba, estaba formado principalmente por supervivientes de la zona que antiguamente habían sido carroñeros, cazadores e incluso agricultores y pastores. En la Legión, a estas tropas compuestas por supervivientes de los territorios ocupados o por pueblos que no pertenecían al núcleo de su poder se las solía denominar soldados de reserva o sequito. A diferencia de los soldados de la Legión, que iban bien pertrechados, estos hombres no solo mostraban signos de desnutrición en sus rostros demacrados, sino que además tenían un equipo tan rudimentario que era inferior incluso al de algunos de los depredadores más poderosos. A cada persona se le entregaba un fusil Segador y recibía entre 15 y 30 cartuchos de munición antes de la batalla. Una vez agotada, debían recoger munición de los compañeros caídos o recurrir a las bayonetas para el combate cuerpo a cuerpo. Además, no habían recibido ningún tipo de entrenamiento profesional; como mucho, se habían enfrentado a unas cuantas cucarachas o ratas mutantes. Sin embargo, no había necesidad de entrenarlos. A ojos de los soldados de la Legión, estas personas no eran más que carne de cañón barata. Se las utilizaba para agotar la munición del enemigo. Nadie esperaba que volvieran con vida. De hecho, era preferible que no lo hicieran. Por supuesto, esa era solo la opinión de la mayoría de la Legión. Sin embargo, aquellos a quienes se consideraba carne de cañón no se veían a sí mismos de esa manera. La Legión les prometía que, si sobrevivían a tres batallas, serían considerados uno de los suyos y tendrían la oportunidad de ser ascendidos a decurión. Si sobrevivían a seis, podrían ser ascendidos a centurión. Pero en realidad, ¡había otro atajo disponible! ¡Conseguir la cabeza de cierta Garra de la Muerte! Si lograban decapitar a esa bestia, no solo podrían convertirse en centurión, ¡sino que también recibirían 10 esclavos como recompensa! Al enterarse de semejantes beneficios, muchos supervivientes que se habían alistado en la Legión se ofrecieron como voluntarios para unirse al grupo de caza. Aunque la reputación de la Garra de la Muerte era aterradora, solo unos pocos supervivientes la habían visto, y aún menos habían sobrevivido para contarlo. En la imaginación de la mayoría de los supervivientes, con el apoyo de la artillería y diversas armas antitanque, podrían abatir a esa bestia con poco esfuerzo. Sería mucho más sencillo que enfrentarse a las fuerzas de élite de la Compañía en la jungla. Después de todo, eran las mismas fuerzas que habían confundido y abrumado a la Legión. Si se enfrentaban a ellos, el enemigo podría enviarlos a reunirse con el gran dios ciervo sin siquiera ver al enemigo… Li Ba acarició su rifle mientras la fascinación se reflejaba en su rostro. Jamás había tocado un rifle tan finamente elaborado. En la aldea de los Diez Árboles, la escopeta de dos cañones que poseía el viejo cazador que era su vecino ya le parecía un arma excepcional. Llevaba mucho tiempo soñando con tener uno. Al mirarlo, Batalla quiso comentar que el arma era una auténtica basura, pero su dominio del idioma era tan lamentable que no pudo expresarse. Al final, se calló lo que quería decir. Sin embargo, cuando apartó la mirada, Li Ba inició de repente una conversación. “Amigo, ¿eres de la Calle Bett?” “Sí.” “¿Allí hay Garras de la Muerte?” Parecía ansioso, pero más allá de eso, Batalla percibió un inesperado atisbo de entusiasmo. Después de todo, nunca había estado en un campo de batalla. Probablemente albergaba fantasías poco realistas. “Sí.” – respondió Batalla, sin extenderse. “¡Impresionante! ¿Has visto alguno?” Al oírlo, una sonrisa apareció en el rostro de Batalla. “Je, más que visto.” Se podían ver por todas partes. Además, había una Garra de la Muerte enorme fuera del refugio y otra más pequeño en su interior. De vez en cuando, una o dos merodeaban por el cráter nuclear del Distrito del Olmo. Ya estaba acostumbrado. Los ojos de Li Ba se iluminaron y enseguida quiso obtener más detalles. “¿Las Garras de la Muerte son poderosas?” “Bastante. Pueden arrancarle la cabeza a alguien de un solo golpe o destriparlo con una sola garra.” Al oírlo, el rostro de Li Ba palideció ligeramente. “Ya veo…” Batalla soltó una risita. “Es broma. ¿Por qué no pruebas más tarde?” Li Ba no respondió. Al ver el miedo en su cara, Batalla no siguió burlándose de él. En cambio, lo intentó consolar con una sonrisa. “No te preocupes, probablemente hoy no veremos a esa cosa.” “¿Por qué?” – preguntó Li Ba con el ceño fruncido. Estaba perplejo. “Una corazonada.” Por supuesto, Batalla no le diría que ya había filtrado el plan a sus amigos de la Legión Tormenta. La biblioteca era la entrada al Refugio 79. Y mientras no hubiera avances en la incursión al refugio, no podían permitir que la Legión derrotase al guardián del edificio. “Debería empezar pront…” – murmuró Batalla, al alzar la vista hacia la luz del sol que se filtraba entre las copas de los árboles. Sin darle tiempo a terminar de hablar, una fuerte explosión estalló repentinamente en la zona residencial que tenía delante. Un destello de luz cruzó el cielo, haciendo que gruesas placas de blindaje explotaran y salieran disparadas en todas direcciones. Un soldado con una túnica negra salió volando como una cometa con la cuerda rota. Su torso estaba cubierto de sangre. Batalla abrió los ojos de par en par, sorprendido por la escena. ‘¡Un rifle antimateria! ¡Qué locura!’ Reconoció el sonido al instante. El inconfundible fusil de 20mm de la caballería ligera de la Alianza, capaz de usar munición perforante, incendiaria y proyectiles explosivos. Esa arma era extremadamente efectiva contra la infantería y los mutantes. Si montabas cuatro, se podían usar como cañones antiaéreos. Si desmontabas una, se podía emplear como rifle francotirador. Era increíblemente versátil. “¡Emboscada!” “¡Dispersaos! ¡Buscad refugio!” “¡Rápido!” Aunque fueron tomados por sorpresa, los soldados recordaron su entrenamiento y reaccionaron instantáneamente al ataque. El oficial de la túnica negra gritó con fuerza, guiando a los 3 hombres que le quedaban hacia un lugar seguro. Los supervivientes también se recuperaron rápidamente y fueron a buscar refugio. Sin embargo, sus oponentes no eran débiles. Casi al instante, estalló un estruendoso tiroteo cuando las ametralladoras desplegadas en las ventanas abrieron fuego. Las balas de 7mm caían como gotas de lluvia, convirtiendo al instante la calle en un baño de sangre. Los que no pudieron esquivar a tiempo cayeron como espigas de trigo, causando más de 10 bajas en un instante. Los supervivientes, incluso aquellos que se habían dispersado para ponerse a cubierto, quedaron inmovilizados por el intenso fuego enemigo. Eran incapaces de levantar la cabeza. En el momento en que sonó el primer disparo, Li Ba quedó completamente aturdido. Ni siquiera sabía cómo había logrado ponerse a cubierto. Lo único que oía eran las balas silbando a su alrededor mientras chispas, escombros y polvo de cemento volaban por todas partes. Abrazando su rifle, se desplomó contra un muro de hormigón derruido. Sus pálidos labios temblaban, pero no podía pronunciar palabra. A tan solo tres metros de sus pies, yacía un cadáver mutilado en la calle. Era innegable que estaba muerto, pero sus piernas seguían temblando. Soltando la mano que había estado agarrando el cuello de Li Ba, Batalla echó un vistazo a los cadáveres que estaban esparcidos por la calle. Aunque también eran víctimas de la invasión de la Legión, los soldados de la Alianza no les mostraron piedad. Esto era un campo de batalla. “Oye, ¿estás bien?” “Yo… yo…” El rostro de Li Ba estaba pálido mientras abría y cerraba la boca. Pero poco a poco, fue adquiriendo un tono púrpura. “Respira hondo, cálmate. No te asfixies antes de que te peguen un tiro… Sería una vergüenza.” Tras darle una palmada en el hombro y ver su expresión de absoluto terror, Batalla suspiró y lo intentó consolar chapurreando unas cuantas palabras en el idioma de la Federación. Luego, recogió el rifle Segador que estaba en el suelo, a su lado, y lo amartilló. “¡Avanzad…!” – gritó de repente un oficial, desde un callejón cercano. – “¡Avanzad de una vez! ¡Mataré a cualquiera que permanezca a cubierto!” Las ametralladoras rugían por delante, las amenazas por detrás. “¡Ah!” Incapaz de soportar la presión, un superviviente salió de su escondite, gritando de miedo mientras corría hacia los rascacielos que tenía por delante con el rifle an la mano. Pero antes de que pudiera dar dos pasos su cuerpo estalló en una nube de sangre. Se desplomó sobre la calle antes incluso de que pudiera emitir un alarido. Los supervivientes, que estaban a punto de salir corriendo de sus escondites, se quedaron petrificados por la escena. Sentían sus piernas pesadas, haciendo que fueran incapaces de moverse. “¿Eres un maldito estúpido?” – rugió de ira el oficial desde detrás de su cobertura, al ver la sangre brotando que acababa de caer. – “¡Te dije que los rodearas! ¿Quién demonios te dijo que cargaras directamente contra ellos?” Por desgracia, los muertos no podían hablar. El cadáver mutilado obviamente no le iba a responder. Sin embargo, tras presenciar ese ejemplo de primera mano, los demás soldados aprendieron la lección. Mantuvieron la cabeza baja, detrás de la cobertura y avanzaron arrastrándose por el suelo hacia los flancos. Al carecer del entrenamiento adecuado, aunque pudieran adaptarse gradualmente al campo de batalla, seguían sin tener prácticamente ninguna habilidad de combate. Todos se agolparon en un callejón, sumiéndose rápidamente en el caos, como moscas sin cabeza. El fuego de las ametralladoras cesó durante uno o dos segundos, y esos novatos, que tenían menos de 24 horas de entrenamiento, ni siquiera sabían hacia donde correr. Sin embargo, Batalla si lo sabía. “Es hora de irse.” Extendió la mano y levantó a Li Ba del suelo, guiando al cobarde de piernas temblorosas hacia un callejo. Lejos de los disparos de las ametralladoras. Quedarse donde estaban significaba una muerte segura. La Legión los ejecutaría sin dudarlo como desertores, para que sirvieran de escarmiento. Además, como agente doble, ganarse la confianza del enemigo simplemente con sobrevivir hasta el final no era una opción. Batalla lo había discutido con sus amigos en el grupo de chat. Según el plan de Manantial, la Legión Tormenta lanzaría una emboscada basándose en su información. Interceptarían al grupo de caza enviado por la Legión a la biblioteca. Tras frustrar los planes de la Legión para ese día, le darían la oportunidad de conseguir alguna baja. Casi en el mismo instante en que Batalla se adentraba en el callejón, tres proyectiles de artillería de 100mm impactaron con precisión en la zona residencial que se encontraba más adelante. Una densa columna de humo se elevó al instante; la ola de calor y el humo alcanzaron más de 10 metros de altura, abriendo tres enormes cráteres en los muros de hormigón, hasta entonces intactos. Los escombros que volaron aterrorizaron a los supervivientes cercanos, quienes se tiraron al suelo con la cabeza pegada a tierra. No se atrevían a moverse. En medio del estruendo de la artillería, se escuchó el débil grito de un oficial. “¡Levántense! ¡No se detengan! ¡Avanzad! ¡Sacad a rastras a esos desgraciados que nos emboscaron de ese edificio!” Sin embargo, las órdenes no fueron muy efectivas. Una de las razones era la distancia: no podían oírlo. Otra, que muchos todavía estaban conmocionados por el fuego de artillería. Al final, todos se quedaron inmóviles en el suelo. Esta vez, Li Ba se negó a avanzar bajo ninguna circunstancia, y Batalla ya no se molestó en cargar con esa responsabilidad. Se lanzó a través del humo abrasador hacia el edificio bombardeado. Una tos suave provino de lo alto de la escalera dañada. El bombardeo de artillería no había matado a los jugadores que se escondían en el interior del edificio de hormigón, pero a juzgar por el sonido, estaban claramente heridos. “¿Kakarot?” – gritó Batalla hacia la escalera. Tuvo que esperar un buen rato por la respuesta. “¡Soy Fantasma! Maldita sea… ¡esos bastardos usaron artillería! ¡Qué falta de deportividad!” Batalla sabía exactamente quién era Acostado en la tumba para asustar a los fantasmas. Uno de los miembros de la Legión Tormenta. “Solo son algunos proyectiles de artillería.” – insistió, tras una breve pausa. – “Basta de charlas. ¿Te encargas de todo o subo a ayudarte?” Se oyó una risita desde arriba. “Je, je… Regalarte la victoria sería muy aburrido.” – dijo Fantasma. Las reglas del juego prohibían matar a otros jugadores o resolver conflictos dentro del juego sin recurrir a un arbitraje. Incumplir esa regla conllevaba sanciones para ambas partes y casi nadie bromeaba sobre su acceso a la beta cerrada. Cualquiera que se atreviera a hacer trampas sería expulsado del servidor incluso antes de completar la misión Pasando la antorcha. Sin embargo, las reglas solo prohibían las malas intenciones. Las misiones o tareas especiales podían obviar esas reglas. Después de escuchar cuánto había elogiado Manantial sobre las habilidades de Batalla, quería aprovechar esta oportunidad para ponerlas a prueba. Batalla se quedó momentáneamente atónito al divisar un cable trampa tan fino como un cabello al pie de las escaleras. ‘Mocoso… Ya que planeas hacerte el duro…’ Levantó la vista y sonrió. “Claro. ¿Entonces es un desafío?” – exclamó Batalla. Una carcajada resonó desde lo alto de la escalera. “Ja, ja… ¡Eso justo estaba pensando!” “Muy bien, ¡vamos a pelear!”
* * *
Uno era un nivel 15 de fuerza, el otro nivel 22 de agilidad. Ya fuera por sus estadísticas o por su experiencia en combate, Batalla tenía una enorme ventaja. No había razón para que perdiera. Por no mencionar que Fantasma también había resultado herido en el último ataque de artillería. El ganador de la pelea estaba claro. Pero Batalla le mostró algo de dignidad, permitiéndole elegir cómo morir después de la pelea. “Dime, ¿cómo quieres morir?” Tumbado en un charco de sangre, Fantasma se rió entre dientes al observar cómo Batalla hacía malabares con un pequeño cuchillo. “Tos, tos… ¡La Nueva Alianza no tiene cobardes! ¡Que esos bastardos vean mi valentía!” Batalla lo entendió. “Entendido, me aseguraré de añadir algunos agujeros más.” – respondió, asintiendo con la cabeza. “¡Por favor! ¡Y recuerda destrozarme la cara!” Tras pronunciar sus últimas palabras, los ojos de Fantasma se pusieron en blanco tras cerrar la sesión. Al ver a su amigo tendido inmóvil en el suelo, Batalla cambió el agarre del cuchillo, suspiró y se acercó. “Bueno, lo siento.” Aunque sabía que solo era un juego, y que no iba a morir de verdad, se sentía incómodo al ponerle las manos encima a un compañero. Sin embargo… ¡Todo era por el bien de la Nueva Alianza! Se sintió mucho mejor después de pensar de esa manera. Mientras despedía mentalmente a Fantasma, Batalla arrastró de vuelta al maltrecho objetivo de su misión de vuelta. Al ver a Batalla emerger de entre las ruinas cubierto de sangre, los supervivientes a los que intentaron obligar a avanzar se quedaron atónitos. Hasta los soldados de la Legión estaban perplejos. “Solo uno…” – susurró Batalla, tras arrojar el cadáver y los restos del arma al suelo a los pies del oficial. Usó la menor cantidad de palabras posibles. El oficial finalmente recobró la compostura, con la nuez moviéndose sin parar. ‘¿Quién demonios es este tipo?’ Tras una larga pausa, logró articular con dificultad unas pocas palabras. “Eh… Genial…” La batalla terminó y se contabilizaron las bajas. De los 121 hombres, 31 habían muerto. Incluyendo uno de los soldados de asalto de la Legión. La cacería ni siquiera había comenzado y las bajas ya habían superado las expectativas. Los 4 soldados restantes informaron de la situación a sus superiores y condujeron al resto de vuelta al campamento Hoja Caída.
* * *
Al regresar al campamento, Batalla temió que el oficial al mando le robase su mérito, pero pronto se dio cuenta de que sus preocupaciones eran infundadas. Apenas había podido descansar cuando unos soldados lo llamaron para que fuera a la tienda de Cowley. Era la máxima autoridad del campamento y un subordinado directo de Richie, una persona de estatus extraordinario. “¿Nombre?” – dijo Cowley lentamente, dentro de la tienda. Estaba mirando al hombre cubierto de sangre que tenía delante. Inmerso por completo en su papel, Batalla se enderezó y respondió con confianza. “¡Pangolín!” El oficial no habló, simplemente lo miró fijamente, su mirada penetrante recorriéndolo como si estuviera calculando algo. ‘¿Acaso le gusto a este tipo con la nariz enorme?’ Esperaba que no… Justo cuando estaba considerando si debería revelar sus verdaderas habilidades para huir, Cowley mostró de repente una expresión de aprecio mientras asentía lentamente. “¡No está mal!” Mantuvo la compostura en una intensa batalla, cargó solo a través de una zona bajo fuego de artillería armado únicamente con un rifle segador… ¡Hasta logró abatir a un despertado de la Compañía! Su destreza en combate era realmente asombrosa. Pero lo que más sorprendió a Cowley fue que este hombre no mostró el menor temor ante sus preguntas. ‘¡Este chico tiene talento!’ La única pega era que fuera un superviviente y no un miembro de la Legión de noble linaje. De lo contrario, no habría dudado en presentar al guerrero a su superior, Richie. “A partir de hoy, te nombro jefe de escuadrón.” – añadió Cowley con un atisbo de arrepentimiento en la mirada, ladeando ligeramente la barbilla. Batalla sintió una alegría enorme tras el repentino nombramiento. ‘¡Santo cielo! ¿Ahora soy oficial?’ Sin dudarlo ni un instante, enderezó la espalda y respondió con tono firme. “¡Sí!” Cowley asintió con aprobación. “¡Buen trabajo! ¡Tengo grandes esperanzas puestas en ti!”
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La operación encubierta de Batalla había salido inesperadamente bien. Tras sacrificar a un Despertado, no solo se había convertido en jefe de escuadrón, sino que también se había ganado el favor de Cowley, el líder del campamento Hoja Caída. Al mismo tiempo, mientras la Legión de los Caballeros del Oso Blanco y la Legión de la Muerte estaban ocupados asaltando el Refugio 79, el equipo de transporte logístico regresó del Valle Afortunado y entró a los suburbios del Distrito de Qingquan. Al ver a Luo Hua, envuelto como una momia sobre la camilla, Chu Guang frunció el ceño. “¡Llévenlo al Refugio de inmediato!” – ordenó. Tras hacerse cargo del herido, el personal médico se apresuró a ir al refugio con la camilla. Chu Guang los siguió. Si bien había hospitales en la superficie, tanto el nivel profesional de los médicos como las instalaciones médicas eran claramente inferiores a las de la enfermería de la planta B3. Heya realizó un examen exhaustivo de Luo Hua, que yacía en la camilla de exploración, y pronto registró los resultados en la tableta. “Su brazo izquierdo está completamente necrótico. Probablemente haya que amputárselo…” – luego miró a Ying Fang. – “Tú tienes más experiencia en cirugía.” Yin Fang no dijo nada. En cambio, miró a Chu Guang, esperando su decisión. Era el único que conocía al paciente. Este, tras reflexionar durante medio segundo, asintió rápidamente. “Adelante, reemplázalo con una prótesis biónica.” “¿Cuál?” – preguntó Yin Fang. “De la Compañía.” – respondió sin dudarlo. No había vendido todas las prótesis biónicas que había conseguido de Hedin a la Ciudad de Boulder. Al fin y al cabo, los artículos de lujo eran más valiosos cuando había pocos. Vender demasiados reduciría su valor. Yin Fang miró a Chu Guang con sorpresa. ‘¿Cuándo se volvió tan generoso?’ Pero no dijo nada. Se limitó a echar a Chu Guang y a Heya de la sala médica para comenzar la cirugía de inmediato. “¿Es tu amigo?” – le preguntó Heya con los brazos cruzados, en la puerta. “Sí.” “Está muy grave…” – dijo Heya con tono serio, mirando hacia la puerta. – “Encontré al menos 20 fragmentos de metralla en su cuerpo. Solo sigue vivo gracias a que tiene órganos biónicos.” Chu Guang no dijo nada, simplemente sacó una tarjeta plateada de su bolsillo. La tarjeta estaba cubierta de sangre, pero no tenía ninguna marca. La observó fijamente durante un rato, frunciendo ligeramente el ceño. Al percatarse del objeto que sostenía en la mano, Heya arqueó una ceja. “Ya he visto eso antes.” Chu Guang la miró de inmediato. “¿Dónde lo has visto?” “No recuerdo exactamente dónde, pero eso… es básicamente una tarjeta de acceso a un refugio. Recuerdo que no solo sirve para abrir puertas, sino que también se le pueden asignar ciertos permisos.” – Heya miró a Chu Guang con curiosidad. – “¿No tienes una?” “Somos bastante ahorradores… y no lo necesitamos.” Chu Guang le restó importancia y se quedó mirando la tarjeta que tenía en la mano. ‘¿La llave del Refugio 0? ¡La habían encontrado!


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