Capítulo 376
¡Finta! ¡Emboscada! ¡Defensa!
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
Con un fuselaje que tenía una longitud de casi 500 metros, era casi el equivalente a dos dirigibles Hindenburg. Incluso el portaaviones más largo del mundo palidecía en comparación. Y poseía un arsenal formidable.
Su potencia de fuego consistía en un mortero de 400mm, 12 cañones secundarios de 100mm y 144 cañones antiaéreos de entre 20 y 30mm. El armamento que adornaba su enorme cuerpo como si fuera un erizo, garantizaba que daba igual por dónde viniera el ataque, tendría que enfrentarse al menos a 20 cañones antiaéreos. Además, poseía ametralladores de 7mm ocultos detrás de troneras y lo que parecían hangares para aviones.
¡Era básicamente una fortaleza flotante!
Chu Guang no tenía ninguna duda de que no solo almacenaba una gran cantidad de munición y suministros, sino que también albergaba suficientes soldados y tripulación. De lo contrario, ¡no tendría sentido usar una estructura tan enorme! Había que rellenarla con algo…
Al mirar las fotos obtenidas por los jugadores a costa de sus vidas, Chu Guang se sumió en una profunda reflexión. Se preguntaba si la Ciudad de Boulder podría ganar contra un monstruo tan irracional.
‘La paz no es una opción… Lo primero que hicieron fue destruir nuestro equipo de comunicaciones, enviar tropas terrestres para atacar a nuestros jugadores y derribar nuestras aeronaves en cuanto entraron a su alcance… Su reacción fue rápida y decisiva. Probablemente ya hayan preparado un plan de contingencia contra nosotros.’
Mirando fijamente la pantalla de su computadora, Chu Guang frunció el ceño inconscientemente, adoptando una expresión seria mientras reflexionaba.
“Esto va a ser complicado de manejar…”
No se trataba tanto de las posibilidades de entrar en combate, sino de que no parecía que tuvieran ninguna posibilidad de victoria. Con el equipo actual de la Alianza, aniquilar una fuerza de depredadores era factible, pero comparados con otras fuerzas establecidas en el páramo, todavía eran demasiado inexpertos.
Los jugadores podían revivir, pero la fuerza humana era solo uno de los componentes de una guerra. Sin suficientes armas, municiones y suministros, incluso con superioridad numérica sería inútil.
La gente podía esconderse en refugios, pero las fábricas de producción de armas no podían ocultarse. Los almacenes, las granjas y las minas tampoco podían trasladarse. Chu Guang no olvidaría la cantidad de bajas que habían sufrido sus jugadores para apenas matar a un número similar de depredadores armados con rifles de cañón de hierro. Por lo tanto, no podía permitir que esa cosa sobrevolase la Ciudad del Amanecer.
Mirando fijamente a Chu Guang, Pequeño7 permaneció en silencio, sentado sobre la mesa. Sin embargo, al final soltó un susurro…
“Maestro…”
“¿Qué pasa?” – respondió Chu Guang, sin prestarle atención. Estaba distraído haciendo cálculos estratégicos.
“Me parece que tiene más cañones que aviones hay en el hangar…”
Las cejas de Chu Guang se fruncieron.
“Lo sé sin que me lo recuerdes…”
“Mm… Pequeño7 no pretende burlarse de ti, pero como tu asistente… debo recordarte cuando te encuentras en un callejón sin salida. Si todo falla… podemos escondernos en el refugio. El sistema de Administración no te ha puesto ninguna fecha límite para completar las misiones.”
La voz de Pequeño7 era suave. Curiosamente, no usaba el extraño paquete de voz descargado de la red de la Tierra, sino la voz electrónica, monótona y sin emociones de cuando tenía forma de contenedor. Sin embargo, para sorpresa de Chu Guang, la voz, teóricamente desprovista de emoción, transmitía un sentimiento inusual. Era menos una sugerencia… y más una súplica.
Chu Guang no creía que fuera su imaginación, ni una ilusión. Pero precisamente por eso, parecía confuso. Nunca se puso en peligro ni había abandonado ese contenedor de basura, pero siempre parecía inseguro. Aun así, no estaba listo para considerar emplear su último recurso. Cerrar la puerta era sencillo, pero había demasiadas cosas en la superficie que no podía abandonar.
“No perderemos.”
“Pero…”
“Los análisis de datos sobre el papel no garantizan el resultado final. Tenemos muchas cartas que jugar. Aún no es el momento de rendirse.”
Al ver que Pequeño7 estaba a punto de decir algo más, Chu Guang le frotó suavemente la cabeza con el dedo índice; su sonrisa confiada disipó la preocupación de Pequeño7.
“Confía en mí.”
Pequeño7 ya no intentó persuadirlo. Después de 5 o 6 minutos, volvió a oírse un suave zumbido.
“Entonces… ¿Qué planeas hacer?”
“Ganar esta guerra no será fácil. Ni siquiera sabemos cuántas cartas tiene el oponente. La tarea más urgente es determinar el alcance de la potencia antiaérea de esa nave y sus debilidades antes de poder idear una contramedida.” – respondió. Luego reflexionó un instante, antes de continuar. – “Además, debemos hacer todo lo posible para hacer que nuestros vecinos se unan a esta guerra.”
* * *
En el Valle Afortunado.
El majestuoso Corazón de Acero descendió lentamente, su sombra se extendía como una cortina, cubriendo casi por completo la mitad de la ciudad y los bosques circundantes. Flotando a unos 500 o 600 metros de altura, cuatro gruesas cadenas con un ancla fueron arrojadas desde el dirigible, estrellándose contra el suelo como balas de cañón.
Una vez desplegadas, una plataforma elevadora suspendida por cadenas descendió desde la panza de la aeronave. Soldados vestidos con capas negras desembarcaron de la plataforma en ordenada formación.
Estaban bien entrenados, poseían miradas agudas y un excelente equipo. Su imponente presencia y disciplina superaban con creces la de las unidades clon de la Legión. Era una diferencia que se hizo evidente de inmediato. Sus características túnicas negras y sus compactos rifles de asalto Guerrero proclamaban su estatus de élite… Pertenecían al regimiento de Marines Aerotransportados de la Legión. El gigante de acero conquistaba los cielos, y ellos la tierra.
“¡Descargad los suministros del elevador…! ¡Necesitamos establecer un puesto avanzado sobre la superficie antes del anochecer! Si no quieren dormir en el bosque, ¡es mejor que se den prisa!” – rugió un hombre que vestía un exoesqueleto negro de pie frente a la columna.
Su nombre era Richie, el centurión responsable de construir el campamento sobre la superficie y de la búsqueda y patrulla de la zona.
El personal de logística llegó a la superficie con el segundo lote de suministros y comenzó rápidamente la construcción. Además de palas y picos, también se desplegaron dos mini-excavadoras para trabajos de movimiento de tierras. Simultáneamente, se desplegaron dos vehículos blindados ligeros con orugas.
El cañón antiaéreo cuádruple de 20mm montado sobre cada vehículo servía tanto como complemento de la potencia de fuego antiaérea como para apoyo de medio alcance de la infantería. No solo servía para disuadir a los habitantes del páramo de la zona, sino también para lidiar con especies de mutantes peligrosos.
“Maldita sea, ¡por fin pude bajar de esa aeronave y tomar un poco de aire fresco!”
Caminando junto a Richie, un hombre con uniforme militar negro entrecerró los ojos, su humor aparentemente era bueno. Era el oficial de logística del Regimiento de Marines Aerotransportados del Corazón de Acero. Su nombre era Finod. Él y Richie se habían graduado en la misma academia militar y, casualmente, terminaron en la misma aeronave. Uno se dedicó a la logística y el otro a la infantería de Marina Aerotransportado.
“¿Por qué has traído una excavadora?”
“Tenemos que quedarnos aquí al menos tres días. No sabemos quién es el enemigo, pero ellos nos pueden detectar con facilidad. Aunque no tenemos que temer a ningún grupo de bárbaros, es mejor estar preparado...Esas fueron las palabras exactas del oficial del Estado Mayor. Debemos construir este campamento con los estándares de una fortificación de nivel tres. En fin, tened cuidado.”
“Lo tendré.”
Richie encendió un cigarrillo, mirando de reojo a los obreros del campamento, pero sus pensamientos se fueron al lejano desierto. Para ser preciso: al oasis. No era exagerado decir que la vida allí era un paraíso. No solo había frutas deliciosas en abundancia, sino también mujeres de una belleza deslumbrante. Ni siquiera el rey vivía tan bien como ellos.
En cambio, en el Valle Afortunado el aire era húmedo, había plantas venenosas, mutantes peligrosos y astutos habitantes del páramo…
En ese momento, un oficial del Estado Mayor descendió con el ascensor hasta la superficie.
“¿Dónde está Herrick? ¿Por qué no sabemos nada de él?” – preguntó sin rodeos, dirigiéndose directamente a Richie.
Este se encogió de hombros.
“No lo sé. Ya disparamos bengalas. Ya debería haber regresado… a menos que le haya pasado algo.”
Se inclinaba por esa última suposición. Y no le faltaba razón, era su intuición como soldado. El oficial de Estado Mayor frunció el ceño.
“Tenemos que encontrarlo.”
“¿Puedes determinar aproximadamente su última ubicación?” – preguntó Richie.
El oficial hojeó los documentos que tenía en la mano.
“El último informe indica que estaba entrando en la Provincia del Valle del Río desde la Provincia del Ocaso, siguiendo una caravana.” – murmuró.
“¿Una caravana?”
“Nuestro objetivo va en la caravana.”
“Bien, una caravana… déjame pensar. Las caravanas no pueden viajar sin agua; tanto los camellos como los bueyes necesitan saciarse para seguir adelante.” – Richie reflexionó durante un instante. Luego, se giró para mirar a un hombre de rostro severo. – “Vito, lleva a algunos hermanos al asentamiento de supervivientes para recopilar información.”
Vito era su explorador de élite. Experto francotirador y hábil poniendo trampas. Su inteligencia y visión eran impecables. Aunque Richie confiaba plenamente en él, le dio una advertencia.
“Recuerda, infórmame en cuanto encuentres algo.”
“¡Sí, señor!”
Con un saludo militar, Vito condujo rápidamente a su escuadrón hacia el sur. El oficial del Estado Mayor observó cómo Richie gritaba órdenes.
“¿Cuánto tiempo tardaré en recibir noticias?” – preguntó, después de que el equipo se fue.
“No estoy seguro. Pero haya novedades o no, me pondré en contacto con usted antes del anochecer.”
El oficial del Estado Mayor asintió. No dijo nada más y regresó al ascensor. Parecía reacio a permanecer en la superficie ni un instante más. Richie no entendía bien a esta gente. Sin embargo, disfrutaba bastante de la sensación de tener los pies en la tierra.
“¿Crees que Herrick se encontró con la gente de la Compañía?” – preguntó Finod, de repente.
Richie entrecerró los ojos.
“Es difícil decirlo, pero espero que sí. Si termina pronto, podremos regresar.”
“Me temo que no será tan sencillo…”
“¿Qué quieres decir?”
“El general McClennan no parece estar satisfecho con conseguir únicamente el mérito de interceptar los refuerzos de la Compañía… Escuché, que planea conquistar toda la Provincia del Valle del Río.” – susurró, tras mirar a su alrededor.
“Conquistar… ¿el valle?”
Abrió la boca por la sorpresa y la colilla del cigarrillo cayó al suelo sin que se diera cuenta. Ese plan era realmente descabellado. No dudaba de la capacidad del Corazón de Acero ni del general McClennan, pero no entendía bien el propósito de hacerlo. Se encontraban a miles de kilómetros del territorio de la Legión.
“Estoy igualmente sorprendido, pero como es una decisión del general, será mejor que desistas de cualquier idea de irte pronto… Y no se lo digas a nadie, especialmente que fui yo quien te lo dije.” – susurró Finod al ver su expresión de sorpresa.
Richie se tranquilizó.
“Me callaré.”
Richie pisó la colilla de su cigarrillo y la miró con un rastro de arrepentimiento. Pero cuando estaba recordando las tareas que le había asignado el oficial del Estado Mayor e iba a liderar a algunos hombres para patrullar el campamento, sonó la sirena antiaérea.
La penetrante sirena sobresaltó a todos.
El rostro de Richie también reflejó su sorpresa, pero claramente no era el momento de dudar. Aunque no creía que nadie pudiera representar una amenaza para el Corazón de Acero, cumplió con su deber.
“¡Ataque aéreo!” – gritó a sus hombres. – “¡Cúbranse! ¡Rápido!”
Los soldados y el personal de construcción se dispersaron rápidamente, poniéndose a cubierto. Una serie de descargas de artillería resonó por encima de sus cabezas. Richie reconoció que era una salva de los cañones secundarios de 100mm.
Arrastrándose tras un refugio antiaéreo inacabo, sacó los prismáticos y miró hacia el cielo. A través de los huecos de las copas de los árboles, pudo ver vagamente lo que estaba pasando.
Bajo el cielo despejado, se extendió una línea de llamas anaranjadas y el denso humo de las explosiones formó un muro impenetrable. Aun así, 5 aviones dejaron una estela de color negro y atravesaron la primera salva de fuego gracias a sus magníficas habilidades de vuelo. Sin embargo, su destino ya estaba sellado.
El enemigo pareció darse cuenta, así que abandonaron sus inútiles intentos de esquivar y se lanzaron directamente contra la aeronave. Lograron vaciar todas sus armas antes de que llegase la segunda oleada de fuego antiaéreo.
Los aviones explotaron en pedazos, pero la docena de cohetes crearon una larga columna de llamas mientras se dirigían hacia la aeronave. Richie tuvo una extraña sensación. Parecía que los cohetes lanzados por esos aviones eran mucho más impresionantes que los propios aviones… Sin embargo, la diferencia era mínima. Frente al Corazón de Acero, tales ataques eran tan ridículos como usar palillos de dientes contra un elefante.
Ignorando por completo la docena de cohetes, después de destruir los 5 aviones que quedaban, la aeronave dejó de disparar y dejó que los cohetes volasen libremente hacia él. Pero justo cuando se encontraban a unos 20 o 50 metros, y estaban a punto de impactar, parecieron chocar contra una pared invisible.
La mayoría fueron desviados y unos pocos explotaron al instante. La metralla no dañó la aeronave en lo más mínimo. La fortaleza de acero permaneció en el cielo complemente inmóvil, con solo una fina capa de humo dispersándose rápidamente por las corrientes de aire.
Un jugador colgado de un paracaídas observó el espectáculo con asombro.
“No puede ser…”
El último cohete desarrollado por la Tecnología Goblin no había causado ningún daño.
‘¿Eso era un escudo?’
Los explosivos fueron desviados y la metralla no causó daño, pero el denso humo de la detonación llegó hasta la aeronave. A pesar de haber recibido una herida casi mortal, con la sangre manando de su abdomen, no le impidió pensar.
‘¿Eso significa que solo los objetos a baja velocidad pueden acercarse?’
Mirando al cañón antiaéreo que le apuntaba y todavía no había abierto fuego, se quitó la MV y el casco con cámara y los ató al paracaídas. Entonces, sacó una daga y cortó con decisión las cuerdas, dejando que la corriente del aire se llevase el paracaídas mientras él caía hacia el bosque. Algún jugador podría encontrar su máquina virtual. De todos modos, ninguno esperaba regresar de esta misión.
En cualquier caso, probablemente no sobreviviría. Y si lo curaban mientras estaba medio muerto terminaría encerrado en una cárcel. Sería su fin. Era mejor acabar con su vida y volver con toda la salud.
En otro lugar, gritos y silbidos de victoria estallaron desde el campamento en construcción. Richie también se levantó, guardó sus prismáticos y se limpió la suciedad del peto de su exoesqueleto. En ese momento, una voz llegó a través de los auriculares de su casco.
“¿Hubo bajas en el campamento?”
La comunicación llegó a través del personal de la aeronave.
“Sin bajas… ¿Qué acaba de pasar?” – respondió con total seguridad, sin siquiera contar a sus hombres. Sabía que sus subordinados no morirían por unos restos que caían del cielo.
“Se acercaron 30 aviones.”
“¿Aviones?”
Un destello de asombro brilló en los ojos de Richie.
“Solo son un grupo de saltamontes que acaban de aprender a volar. No te preocupes… Tengo una tarea. Vimos que un paracaídas aterrizó en el bosque del sur. Envía a alguien a buscarlo.” – dijo el oficial del Estado Mayor con tono autoritario.
“El piloto parece haberse suicidado.” – respondió Richie. Aunque no pudo verlo todo con claridad, si vio como el piloto cortaba las cuerdas del paracaídas.
“Lo sé, pero antes de morir, colgó algo del paracaídas. Tenemos que averiguar qué es.” – añadió el oficial.
Richie suspiró con impaciencia.
“Está bien… lo encontraré.”
* * *
En la estación Katin.
Junto al campamento devastado, los pastores se arrodillaron en el suelo para rezar, mientras otros se ocupaban de los cadáveres esparcidos por el suelo. El jefe de la aldea Mudka, con una pipa descolorida en la boca, exhaló lentamente. Su rostro surcado por profundas arrugas estaba marcado por la tristeza.
Presintiendo el peligro, los comerciantes empacaron apresuradamente sus pertenencias, preparándose para huir de este lugar turbulento. Sus movimientos frenéticos se parecían a los de un refugiado. Los mercenarios que todavía estaban indecisos sobre su destino se reunieron para discutir entre ellos.
“¿Qué hace aquí la Legión?”
“No lo sé… Pensé que estaban librando una guerra en el norte.”
“¿Te refieres a la fuerza expedicionaria? Fueron exterminados el año pasado. ¿De dónde crees que salió la Tribu Mastica Huesos?”
“Estas cucarachas se arrastran por todas partes… nada bueno ocurre dónde están.”
Tail jugueteó con su máquina virtual, intentando extraer alguna pista valiosa de la conversación, pero por desgracia, no escuchó nada sustancial. En ese momento, SiSi regresó del pozo.
“Tail, es hora de irnos.”
Llevaba una botella de agua en cada mano y dos más colgando del hombro. El peso exagerado contrastaba con su físico. Sin embargo, parecía completamente despreocupada mientras colgaba las botellas de varios kilogramos de peso del camión. Esa agua fresca les duraría mucho tiempo.
“¿Uh? ¿No se supone que debemos esperar aquí a Agua de Manantial y al resto?” – preguntó Bollito mientras se quitaba la armadura.
“Sí, pero ya no podemos quedarnos aquí más tiempo.”
Bollito ladeó la cabeza, sin comprenderla. SiSi señaló con la barbilla las tiendas cercanas. La gente las observaba. Sin embargo, en cuanto sus ojos se cruzaban con los de ella, apartaron la mirada rápidamente.
“¿Quieres decir que podrían traicionarnos?” – preguntó Pasta de Sésamo.
“Después de ver esa aeronave, la mayoría pensará lo mismo; de todas formas, no se me ocurre nada que pueda dañarla.” – tras una pausa, SiSi continuó. – “Además, aunque no nos traicionen, la Legión vendrá a preguntar por sus soldados… unos pocos dinares bastarán para sobornarlos.”
Cuando terminó de hablar, se escuchó una serie de disparos a lo lejos, provocando otra conmoción en el campamento. Era la segunda vez hoy… Y a diferencia de hacía apenas dos horas, esta vez se dispararon varios tiros en rápida sucesión.
Mirando en la dirección hacia dónde la aeronave desplegaba su potencia de fuego, SiSi frunció el ceño, con una pizca de inquietud en los ojos. Pero alguien se movió más rápido. Tail estiró el cuello para mirar a lo lejos y fue la primera en ver las diminutas manchas negras surgiendo de las nubes de humo.
“¡Guau! ¡Parecen nuestros aviones!” – exclamó sorprendida.
“Mm… Lo imagino.”
SiSi miró la pantalla de la MV. Habían aparecido 30 identificaciones en la lista de jugadores de la región. Sin embargo, casi al instante, solo permanecían 5 conectados.
“Espera…” – la expresión de Tail cambió de repente. – “Eso no significa… ¿que ya han subido la información sobre la nueva versión a la página web?”
SiSi se quedó callada, sin comprender de qué se quejaba. Sin embargo, Bollito mostró una expresión abatida, aunque no era evidente debido a su espeso pelaje.
“Maldita sea… Lo encontramos primero.”
“¿De verdad es momento de hablar de eso?” – preguntó Pasta de Sésamo, moviendo sus orejas, inquieta. Parecía que no sabía si reír o llorar. – “Dense prisa y hablemos sobre adónde ir.”
Incluso sin la aeronave, dada la conmoción que habían causado, no era seguro que se quedasen aquí más tiempo. Tras hablarlo, el grupo decidió trasladarse a la zona boscosa al este del Valle Afortunado. Era una hondonada donde sería fácil esconderse. Además, se encontraba a unos 20 kilómetros de la gigantesca aeronave. Esperarían allí hasta recibir nuevas órdenes o llegase la Legión Tormenta. También planeaban recuperar la máquina virtual del piloto caído por el camino. Si lograban encontrarla…
* * *
Tras decidir su próximo destino, el grupo no perdió tiempo y guardaron rápidamente sus pertenencias. Apuntando con un arma a Herrick, que estaba atado como una momia, SiSi lo sujetó a la parte trasera de su mula eléctrica. Al ver que su rostro palidecía, adivinó lo que temía y le sonrió.
“No te preocupes, las condiciones del camino son pésimas y no puede ir rápido. Pero si arrastras los pies a propósito, tendrás que asumir las consecuencias.”
La nuez de Herrick tembló, pero mantuvo la boca cerrada. Al principio, al ver la aeronave, había fantaseado con la idea de que esta gente se asustaría por el poder de la Legión y lo liberaría. Sin embargo… había abandonado todas esas ilusiones.
‘Esta gente está como una cabra…’
No les importaban las consecuencias de sus actos.
Satisfecha con la expresión del prisionero, SiSi hizo un nudo extra en la cuerda. Tras terminar con su tarea y cuando estaba a punto de llevar al gravemente herido e inconsciente Luo Hua al camión con Tail, el PNJ llamado Kariman se acercó con una docena de guardias. SiSi se detuvo y miró a la gente que se acercaba.
“¿Van a regresar al Distrito de Qingquan?” – preguntó Kariman. Pero antes de que pudiera contestar, continuó hablando. – “Podríamos viajar juntos.”
“No es necesario.”
SiSi declinó la invitación sin pensárselo.
“¿Dudas de mí?”
“No, no es necesario. Además, solo nos conocemos desde hace menos de 24 horas. No tengo motivos para confiar en ti.” – respondió SiSi sin rodeos.
Kariman guardó silencio un instante y luego asintió.
“Entiendo… Fui presuntuoso. Y dada tu fuerza, no nos necesitas.”
Solo había presenciado la segunda mitad de la pelea, pero eso no le impidió revaluar a esta, aparentemente frágil mujer, que tenía delante. Era un despertado. Sin embargo, no se rindió. Respiró hondo, recompuso sus pensamientos y volvió a hablar.
“Me disculpo por ocultar mi identidad por razones de seguridad. Permítanme presentarme de nuevo. Soy del Reino del León en el Oasis número 9. Pero no soy comerciante. Soy el hijo del rey.”
“¿Qué?”
SiSi se quedó atónita. Sin embargo, el rostro de Tail se iluminó.
“Oh, ¡un príncipe! ¿Eso significa que tienes muchas esposas?”
“No es tan impresionante cómo crees.”
Al ver la cara de sorpresa de la chica, Kariman adivinó lo que estaba pensando, aunque no entendía bien lo que decía.
“Mi padre tiene muchos hijos, y yo solo soy uno de ellos. Además, he renunciado voluntariamente a las pruebas y a mi derecho al trono. Ahora, solo soy un simple súbdito.” – añadió con una sonrisa. – “Pero, aunque he renunciado al trono, mi lealtad al reino es firme. El Espíritu del Desierto puede dar fe de mi juramento.”
SiSi lo miró perpleja.
“¿Por qué nos cuentas todo esto?”
Si hubiera sido un día antes, podría haber escuchado la historia de este tipo con gran interés, pero ahora tenía otras cosas que hacer. Al menos temporalmente.
“Tenemos un enemigo común, ¡necesitamos tu ayuda!” – dijo con tono serio.
Un destello de sorpresa cruzó el rostro de SiSi.
‘¿Hemos entrado en la trama principal?’
Al segundo siguiente, una breve tos salió del camión, interrumpiendo sus pensamientos. Al oírla, Pasta de Sésamo corrió rápidamente, ya que era la que estaba más cerca. Se subió al camión y observó al PNJ herido en la camilla.
“Es… ¿Estás bien?” – preguntó con preocupación en su malhablado idioma de la Federación.
“Chu Guang… Cough… Yo… ¿Dónde estoy?”
Sus labios secos se separaron. Su voz sonaba débil, como una vela parpadeando al viento. Sin embargo, gracias a las dos bolsas de glucosa y solución salina que SiSi le había dado, su estado era mucho mejor que el del día anterior.
“Nos encontramos en el Valle Afortunado. A unos 150 kilómetros del Distrito de Qingquan. Planeábamos esperar a que te estabilizases antes de llevarte de regreso…”
Luo Hua no habló, pero su mirada se desvió del rostro desconocido frente a él, hasta la MV de su brazo. Aparentemente tranquilizado al ver el dispositivo, suspiró aliviado. Entonces, apretando los dientes, levantó su pesado brazo y se quitó la venda que le rodeaba el abdomen. La sangre empezó a salir instantáneamente.
“Ah, no te muevas…”
Sorprendida por su repentino movimiento, Pasta de Sésamo intentó detenerlo rápidamente. En cuanto le tocó la mano, se encontró sosteniendo una tarjeta manchada de sangre.
“Lo encontramos…”
“¿Qué encontraste?” – preguntó Pasta de Sésamo por reflejo. No comprendía nada.
Pero no le dio ninguna explicación.
“Dale… esto… a… él…” – murmuró con una voz cada vez más débil.



Esto está como niños peleando "tú empezaste" "no, tú empezaste" jajajaja
ResponderEliminar