Capítulo 381
Tierra quemada.
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
La Ciudad de Boulder.
En el puesto comercial de la puerta oriental, bueyes de dos cabezas cargados con fardos grandes y pequeños estaban alineados desde la puerta de la ciudad hasta el paso elevado del otro lado.
Estaba previsto que en el plazo de una semana se entregarían a los suburbios del norte armas por un valor de 50.000.000 fichas. Esto incluía 10.000 rifles de asalto Dron, 10.000 conjuntos de chalecos antibalas, cascos y otros equipos de protección. Además de 3000 exoesqueletos KV-1 y KV-2. Además de armas ligeras, también había morteros de 80mm y varios modelos de ametralladoras ligeras y pesadas.
No era exagerado decir que mientras tuvieran suficientes soldados, ¡podría armar a toda una división de infantería!
Ante la amenaza de la Legión, el Ayuntamiento de la Ciudad de Boulder prácticamente abrió las puertas de su arsenal, enviando todas las armas preparadas para la Marea a los suburbios del norte. Para gran alegría de Chu Guang, le había entregado la munición incendiaria y los proyectiles con alto poder explosivo que habían usado para combatir la Marea.
Esas ojivas se transportaban principalmente desde aeronaves y se lanzaban mediante métodos guiados por láser o no guiados, para eliminar organismos de moho mucilaginoso en un área determinada. Si eran eficaces contra él, naturalmente, ¡también funcionaría en humanos!
Con algunas ligeras modificaciones, estas ojivas podrían montarse en los cohetes de la Tecnología Goblin y desatar una andanada masiva de fuego sobre las posiciones de la Legión en poco tiempo. Naturalmente, poseían un poder innegable.
Cuando combatió contra la Marea, Chu Guang había gastado decenas de miles de fichas en un ataque aéreo y era muy consciente de los devastadores efectos de esos dispositivos. En cuanto a cómo abordar la aeronave… Los ingenieros militares de la Ciudad de Boulder respondieron que tenían algunas buenas ideas, pero necesitaban un poco más de tiempo.
De hecho, existían naves de aterrizaje en la Era de la Federación, pero generalmente estaban diseñadas para estaciones espaciales y grandes naves estelares. En cuanto a naves que operasen en un entorno atmosférico… Se lanzaban desde órbitas elevadas hasta el suelo, no desde el suelo hasta el cielo. Eso lo convertiría en una antigua reliquia, como los cohetes. Sin embargo, Chu Guang no tenía prisa.
Ante un coloso como la Legión, no esperaba que la guerra terminase rápidamente. Pero para su sorpresa, justo cuando se devanaba los sesos pensando en cómo atravesar las defensas de la aeronave, la Tecnología Goblin le dio una sorpresa inesperada…
* * *
En el campo de tiro al norte de la Ciudad del Amanecer.
Ante Chu Guang se encontraba un recipiente de aluminio tan grueso como un muslo y tan largo como un brazo. Su forma recordaba a los tanques de oxígeno que usaban los buzos. Varios anillos rodeaban el recipiente, sugiriendo que podía ser utilizado por varias personas. Se quedó mirando el dispositivo durante un buen rato, intentando comprenderlo, pero no lo consiguió. Así que simplemente lo preguntó.
“Esto… ¿podrías explicarme cómo funciona?”
“¡Claro! ¡Estaba a punto de presentarle el último orgullo de la Tecnología Goblin! ¡Lo llamo Dispositivo de maniobra 3D!” – dijo Mosquito, soltando una risita arrogante.
Al oír la palabra, Chu Guang casi no pudo contenerse y tosió levemente.
“¿Podemos cambiarle el nombre?”
Mosquito miró al Administrador de manera extraña. Aunque no sabía qué tenía de malo el nombre, se esforzó por encontrar uno nuevo.
“Uh… ¿Qué tal Mono del cielo?”
“……”
Con un suspiro de resignación, Chu Guang continuó.
“Cuéntame primero sobre sus funciones.”
Sin percatarse de la impotencia en sus ojos, Mosquito asintió con entusiasmo.
“¡Enseguida!”
Su estructura era sencilla. Consistía principalmente en un lanzador con cabrestante incorporado y un propulsor con una cuerda. Su funcionamiento era muy parecido al de un cañón de riel. Las únicas diferencias radicaban en la carga propulsora y la temperatura de los gases de escape. Además de que el cohete arrastraba una cuerda trenzada con seda del diablo. El equipo era de un solo uso, con un alcance efectivo máximo de 700 metros.
La ojiva estaba equipada con una espoleta de activación que, al impactar contra el objetivo, desencadenaba una explosión secundaria, utilizando una carga hueca para clavar un gancho en el objetivo. Entonces, el cabrestante del contenedor comenzaría a girar, elevando al usuario desde el suelo hasta el objetivo a gran altitud impulsado por el motor. Era como un lanzador de ganchos gigante.
Sin embargo, debido a su aceleración continua como la de un cohete, su alcance de lanzamiento superaba con creces el de un gancho de agarre convencional. Además, como la velocidad de vuelo del gancho no era muy alta, el efecto del escudo deflactor se minimizaba.
“Es mejor que lo veas, ¡déjame hacerte una demostración!” – sugirió Mosquito, tras hablar hasta quedarse sin voz.
Chu Guang pensó que tenía sentido, sobre todo porque estaba confundido, así que asintió.
“¿Lo probamos aquí?”
“Claro que no, necesitamos encontrar un edificio lo suficientemente alto al sur, y…” – la mirada de Mosquito recorrió el campo de tiro, fijándose en un nuevo puerro recién adquirido. – “Cocó, ven aquí. ¡Tengo una gloriosa misión para ti!”
Con un mal presentimiento, Cocó intuyó que algo andaba mal.
“¿Qué quieres?”
“¡Tienes que probar el nuevo equipo de la Alianza!” – respondió Mosquito con una sonrisa. – “Esta es tu oportunidad de impresionar al Administrador, ¡aprovéchala!”
“Maldita sea, ¡acabo de resucitar hace un par de días! ¿De verdad quieres que vuelva a morir? Búscate a otro…” – Cocó protestó de inmediato, al escuchar su grandilocuente discurso.
“¡600 monedas de plata!”
“¡Trato hecho!”
Cocó ni siquiera frunció el ceño al aceptar. Se limitó a correr alegremente hacia el Equipo de maniobras 3D. Nadie habría adivinado que hace apenas unos segundos se estaba quejando por tener que morir otra vez. Chu Guang lo miró estupefacto.
‘¿Qué pasa con este comportamiento ultracapitalista?’
Se quedó mirando un instante a ese novato entusiasmado.
“¿Los jugadores de tipo inteligencia lo pueden usar?”
Mosquito soltó una risita mientras se daba un golpe en el pecho.
“No se preocupe, Administrador, ¡se lo aseguro! ¡El equipo de Tecnología Goblin lo pueden usar los de inteligencia con normalidad!” – aseguró.
Al ver su expresión confiada, Chu Guang tuvo un mal presentimiento. El grupo abandonó el campo de tiro y llegó a la zona norte del Distrito de Qingquan, donde encontraron un edificio bastante robusto de 100 pisos. Cocó se ajustó las correas de nailon atadas al lanzacohetes y se puso en cuclillas con él a la espalda.
“La razón de esa postura es principalmente para estabilizar el ángulo de lanzamiento y permitir que el contenedor toque el suelo…”
“No hace falta la explicación.” – Chu Guang tosió levemente. – “Empecemos.”
“¡De acuerdo!”
Al mirar el edificio de cientos de metros de altura, Mosquito miró hacia la azotea con sus prismáticos.
“Elevación 79 grados, objetivo al sur… ¡Fuego!”
A su orden, el dispositivo sujeto a la espalda de Cocó explotó con un enorme estruendo. Un delgado cohete salió disparado del contenedor, dejando tras de sí una columna blanca y una cuerda mientras se elevaba hacia el cielo. Excepto por su pequeño calibre, ¡realmente funcionaba como un RPG!
Chu Guang observó incrédulo cómo el cohete se estrellaba contra la parte superior del edificio, levantando una nube de polvo y clavando el gancho contra la pared. Una cuerda hecha con seda del diablo conectaba firmemente el edificio al suelo.
‘Mierda… ¡Realmente funcionó!’
Estaba asombrado, principalmente porque no esperaba que la basura de Mosquito funcionase al primer intento.
“¡Impacto confirmado! ¡Prepárate para ascender!” – gritó Mosquito emocionado, sosteniendo los prismáticos.
“¡De acuerdo, maestro!”
Aunque al principio estaba un poco asustado, al ver que el equipo no estaba tan destartalado como había imaginado, una pizca de expectación apareció gradualmente en el rostro de Cocó. Sin embargo… en el instante en que presionó el interruptor, sucedió lo inesperado. El cabrestante se tensó de repente, arrastrándolo hacia la azotea y tirando de él hacia adelante.
“¡Ah…!”
Cocó soltó un alarido de desesperación y, como un péndulo suspendido en el aire, se estrelló contra la pared con el lanzador atado a la espalda. Todo sucedió de repente. Ni siquiera tuvo tiempo para reaccionar.
Al alzar la vista hacia el tubo de lanzamiento que se elevaba a lo largo de la pared dejando un rastro sangriento y la impactante marca en la pared, Chu Guang no sintió ninguna emoción, ni una profunda sorpresa. De hecho, incluso sintió que era inevitable. Tal vez en su mente, nunca esperó realmente que algo creado por la Tecnología Goblin tuviera éxito al primer intento.
“Uh… Mi error, esta cosa es más adecuada para lanzamientos en vertical, no en ángulo. Cometí un error de principiante.” – dijo Mosquito con torpeza. – “¡Pero te aseguro que este diseño es absolutamente genial! Una vez que nuestros jugadores se acerquen a esa mole de hierro, ¡el resto será mucho más fácil! Ya sea que entremos por la bodega o que abramos una abertura en su casco con un soplete… ¡podremos derribarlo fácilmente!”
Al ver a Mosquito inventarse excusas absurdas, Chu Guang asintió levemente.
“Sí, te creo.”
Aunque pareciera increíble, por el momento no tenía una idea mejor. El camino al éxito siempre fue tortuoso y esperar alcanzarlo de un solo paso parecía poco realista. De todos modos, Chu Guang aún esperaba que Mosquito fabricase maniquís para emplear como sujetos de prueba. En cualquier caso, la Tecnología Goblin rara vez lo decepcionaba. Este método de investigación y desarrollo era demasiado complicado…
* * *
Habían pasado 3 días desde que aquella majestuosa e invencible aeronave desató las llamas del apocalipsis sobre la Tierra. Los supervivientes pasaron estos días inquietos, preocupándose por su destino.
La Legión confiscaba alimentos, provocando un resentimiento generalizado. Por suerte, un grupo de soldados con exoesqueletos apareció para darles una lección a esas bestias, derrotando a las patrullas y destruyendo los convoyes de suministros. Les hacía probar su propia medicina.
Esos soldados solían operar en equipos de 4 hombres, atacando a las patrullas cuando estaban aisladas. Interactuaban ocasionalmente con los lugareños, pero la comunicación era limitada. Principalmente se dedicaban a reponer agua o a recopilar información sobre los movimientos de la Legión.
Los soldados afirmaban ser de la Compañía, pero su capacidad para hablar el lenguaje de la Federación era deficiente. Ni siquiera sabían escribir bien. De todos modos, los supervivientes locales no le dieron mucha importancia. Creían que era así como hablaban en la costa este. Al fin y al cabo, nunca habían estado allí…
Al caer la noche, la puerta norte de la Estación de Katin recibió a un grupo de visitantes inesperados. Al observar al equipo de soldados vestidos de negro y completamente armados, apostados en la puerta, Mudka sintió un nudo en el estómago.
La Legión había estado ayer, llevándose 5 vacas y 1000 kilogramos de trigo. No esperaba que volvieran otra vez. Y eran diez veces más. Nada menos que 200 hombres… Aunque presentía que algo andaba mal, el anciano movió sus piernas cansadas y se obligó a dar un paso con valentía.
“Señor… Soy el anciano de la aldea, nos conocimos ayer.”
Una sonrisa servil apareció en su arrugado rostro, pero el oficial al mando ni siquiera lo miró.
“Ayer, una de nuestras patrullas fue atacada en las inmediaciones.” – dijo Colwey entrecerrando los ojos, tras recorrer el campamento con la mirada. Usó un tono lento y pausado.
Al oír esto, el anciano inmediatamente sintió un escalofrío. Anoche había escuchado disparos, pero estaban bastante lejos. Por el sonido, se encontraban al menos a 3 o 4 kilómetros.
Este tipo de incidentes eran comunes en el páramo; o bien se trataba de dos grupos de supervivientes luchando entre sí, o bien se encontraron con mutantes que vagaban por el bosque. No le importaba.
“Es… eso no tiene nada que ver con nosotros… ¡Será la gente de la Compañía! ¡Me parece haber visto gente con exoesqueletos!”
Esas personas les habían dicho que podían echarles la culpa de todo si se veían en peligro. De todos modos, no les importaba. Por eso, Mudka no dudó en revelar sus identidades. Sin mostrar interés alguno en esa información, Colwey continuó impasible.
“Esté relacionado contigo o no, esta área se ha convertido en zona de guerra. Hasta que no eliminemos a esas cucarachas, todos deben trasladarse al campamento que os han asignado.”
En cuanto pronunció esas palabras, se armó un revuelo. Los supervivientes que estaban en el campamento mostraron sorpresa, asombro e incluso miedo.
“¿Reubicarnos?” – Mudka miró fijamente al oficial, mientras hablaba con voz temblorosa. – “P… Pero… ¿Por qué…?”
Colwey lo interrumpió bruscamente.
“No hay ningún porqué, es una orden. Te estamos protegiendo, espero que lo aprecies.”
En realidad, todo había sido un plan ideado por el general McClennan. La Legión planeaba construir un gran campamento cerca de la Cresta de la Hoja Caída, al noroeste del Valle Afortunado, para albergar a los supervivientes que había en un radio de 160 kilómetros.
Situado en la confluencia de montañas, bosques y llanuras, poseía abundantes recursos hídricos. Se esperaba que el campamento albergase a 100.000 personas. Una vez que todo estuviera listo, marcharían hacia el este, destruyendo cualquier asentamiento de supervivientes a su paso y trasladando a la población conquistada y al botín a esta región.
Controlar la salida occidental del corredor sur equivalía a cortar la garganta desde la Provincia del Atardecer hacia las provincias orientales.
Las ambiciones del general McClennan iban mucho más allá de estar a las órdenes del general Griffin, capturar al empleado de la Compañía y contener sus refuerzos. Su intención era expandir la esfera de influencia de la Legión 500 kilómetros hacia el este, sentando las bases para la siguiente expedición de la Legión.
Como no había vasallos que valieran la pena apoyar en la zona, bien podrían crear uno ellos mismos. De todos modos, no sería complicado. No necesitaban preocuparse de cómo iba a sobrevivir tanta gente. Para ellos, los humanos eran como la maleza. Por muy duras que fueran las condiciones, mientras el nivel de vida y los limites morales se redujeran paulatinamente, algunos siempre se adaptarían para sobrevivir.
Designarían a individuos obedientes como líderes entre los supervivientes, haciendo que se encargaran de la agricultura, la recolección de alimentos y cualquier otro tipo de trabajo. Y esos líderes, obligados a asumir el liderazgo para evitar ser linchados por los esclavos, no tendrían más remedio que hacer todo lo posible por complacer a quienes portaban las armas.
Como dueños de esos esclavos, no necesitan hacer nada; de hecho, podían recolectar suministros de manera mucho más eficiente. Era una situación en la que todos ganaban.
Los labios de Mudka temblaron, demasiado aterrorizado para pronunciar una palabra.
“No necesitamos su protección, hemos estado viviendo aquí durante muchos años… y siempre nos ha ido bien.” – dijo un joven con valentía, dando un paso adelante.
Sin ganas de perder el tiempo con un don nadie, Colwey ni siquiera lo miró. Simplemente consultó la hora de su reloj antes de volver a mirar a Mudka.
“Tienes una hora para recoger tus cosas. Quemaré todo lo que quede.”
* * *
A la mañana siguiente, tres jóvenes jugadores llegaron a la entrada de la estación de Katin. Las densas tiendas que antes poblaban el campamento habían desaparecido. El panorama era desolador.
Desde la puerta de madera hasta el centro del campamento, el suelo estaba cubierto de harapos desgarrados y cajas de madera destrozadas. Todo lo que se podía cargar, se lo llevaron. lo que no, lo quemaron. No se podía ver ni rastro de presencia humana.
“Mierda… ¡Esos bastardos son realmente despiadados!”
Al contemplar la devastación ante sus ojos, Batalla no pudo evitar chasquear la lengua de asombro. A su lado Soy la Oscuridad y Kakarot tenían la misma expresión de sorpresa.
“¿Esta es la legendaria táctica de tierra quemada?”
“Maldita sea… Realmente no dejaron nada.”
“Pero no parece haber señales de batalla, ni tampoco sangre.”
Este no era el único lugar. Los campamentos por lo que pasaron antes se encontraban en el mismo estado.
“Registremos la zona primero.” – dijo Batalla, después de reflexionar un rato.
Los dos asintieron.
“Entendido.”
Manteniendo silencio de radio, los tres acordaron un punto y una hora de encuentro, y luego se dispersaron, explorando con cautela el interior del campamento.
Su vestimenta era la misma que la de cualquier carroñero del páramo: sombrero de paja y harapos remendados que ocultaban por completo sus exoesqueletos y todo el equipo asociado a ellos.
Los bosques, las montañas y las zonas urbanas ofrecían una buena cobertura para sus movimientos, pero los asentamientos de supervivientes se ubicaban principalmente en llanuras o lindes de un bosque, por lo que era muy probable que estuvieran vigilados por exploradores del Corazón de Acero.
Independientemente de cómo se dispersasen, mientras el enemigo no estuviera ciego, deberían poder detectar sus exoesqueletos. Sin embargo, este aspecto, aunque era poco atractivo, les ayudaba a evitar la vigilancia aérea.
Aunque a la Legión no le importaba herir accidentalmente a alguien, no malgastarían munición en unos cuantos carroñeros. Si lo hicieran, no tendrían suficiente munición, ¡aunque tuvieran dos naves más!
Ignorando la aeronave que flotaba a la distancia, Batalla rebuscó entre los restos del campamento, recogiendo de vez en cuando un par de trozos de carbonizados y metiéndolos en un saco. Primero, tenía que parecerse a un carroñero, y segundo, para usarlo después para cocinar fideos instantáneos.
Su propósito al visitar este asentamiento de supervivientes era tanto recopilar información sobre la Legión como llenar sus cantimploras. Lamentablemente, no pudo alcanzar ninguno de esos objetivos.
Batalla notó que los dos únicos pozos del campamento estaban repletos de basura. Con las fuentes de agua cegadas, la aldea quedó prácticamente inutilizada.
“No encontramos cuerpos…” – dijo Kakarot tras reagruparse. – “La Legión se los llevó a todos: hombres, mujeres, ancianos y niños… y a sus bueyes de dos cabezas.”
Batalla asintió.
“Parece que están desesperados…”
En 3 días, lanzaron más de 12 ataques según lo planeado, apuntando específicamente a patrullas débiles. Y cada ataque fue rigurosamente controlado para que no durase más de tres minutos. Sin importar el resultado, se retiraban inmediatamente tras ese tiempo, evitando quedar enzarzados o de dar al enemigo la oportunidad de solicitar apoyo de artillería. Su táctica fue extremadamente efectiva.
De hecho, la mayoría de los equipos de diez hombres no podían aguantar tres minutos contra un equipo de cuatro jugadores. En cuanto al consumo de munición… No era ningún problema. Cuando se agotase la munición de los LD-47, simplemente usarían las armas de la Legión.
Los fusiles de asalto Espada, si bien no estaban tan bien fabricados como los Halcón, no eran menos poderosos. Manteniendo ese modo de combate autosuficiente, no solo agotaban la mano de obra de la Legión, sino que nunca se quedaban sin munición. Se podía decir que incluso mejoraban su potencia de fuego.
Ante el acoso continuo de la guerrilla, la Legión se vio obligada a reducir el radio de sus patrullas y aumentar el tamaño de cada equipo. Lo que nunca esperaron fue que la despiadada Legión arrasase los campamentos de supervivientes dentro de su área de influencia.
Al final, las tácticas empleadas por el Corazón de Acero eran casi idénticas a las que usó la Tribu Mastica Huesos en la Ciudad del Continente Occidental. Parecían entrenados en la misma academia militar.
“¿Adónde se llevan a los supervivientes?” – preguntó Oscuridad, frunciendo el ceño.
Kakarot negó con la cabeza.
“No lo sé, pero no creo que los lleven a la nave. Probablemente tienen algún tipo de campo de concentración, donde los pondrán a trabajar recolectando suministros por la zona.”
La Legión y los depredadores si se diferenciaban en una cosa: el primero no se comía a la gente. Al oír la suposición de Kakarot, Oscuridad se quedó atónito.
“¿Los supervivientes son tan obedientes?”
Kakarot puso los ojos en blanco.
“Los comerciantes y los mercenarios son otra historia. Pero los supervivientes tienen familia. Conseguir que obedezcan no es tan complicado.”
Ya fuera usando la comida u otros medios como presión, o contratando a depredadores o mercenarios como supervisores, se le ocurrían más de una docena de formas para hacerlo. Sin contar a los profesionales de la Legión…
La solución más sencilla era simplemente la que tenían delante: demoler sus casas. Sin un hogar al que regresar, reacios a dormir a la intemperie o a convertirse en excremento de mutante, se vieron obligados a permanecer en los campamentos controlados por la Legión. Solo una minoría podía sobrevivir estando sola en la naturaleza. Para la mayoría, alejarse de un asentamiento era mucho peor que perder su libertad.
“Pero esto puede ser una oportunidad para nosotros…” – dijo Batalla, mientras se acariciaba la barbilla. – “Si descubrimos dónde los tienen retenidos, podríamos infiltrarnos y causarles problemas.”
Los ojos de Kakarot se iluminaron.
“Esa es una buena idea.”
Sorprendentemente, hasta un bruto como Batalla podía tener ideas decentes.
“Será mejor que volvamos a la base e informemos a Manantial.” – sugirió Oscuridad con cautela. – “Además… Los suministros ya deberían haber llegado. Debemos regresar y reagruparnos.”
“Tiene sentido.” – dijo Batalla, tras pensarlo un momento. – “Separémonos. Tú y Kakarot regresareis primero y os llevareis mi exoesqueleto. Seguiré sus huellas. En cuanto localice su campamento, me reuniré con vosotros.”
Mientras el rastro estuviera fresco, seguirlas no debería ser demasiado complicado. Si esperaba, y llovía, sería mucho peor. Oscuridad asintió.
“Ten cuidado.”
Batalla sonrió, dándoles a sus amigos una mirada tranquilizadora.
“Tranquilos, ya sabéis mi nivel.”
La expresión de Oscuridad se ensombreció, mientras Kakarot volvía a poner los ojos en blanco.
“Deja de presumir. Date prisa, quítate el equipo y lárgate.”
Batalla soltó una risita.
“No puedo quitarme la ropa aquí.” – luego miró a una arboleda cercana. – “Dadme un segundo.”



Gracias por la traducción, esperemos a ver cómo se desarrolla está batalla, yo espero que más que destruir la aeronave la capturen, pero quién sabe tal ves su líder decida autodestruirá antes que darsela a sus enemigos
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