Capítulo 393
Autoridad limitada.
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
En el Corazón de Acero, sobre el cielo… Los cañones a lo largo de la nave cambiaron lentamente de ángulo, fijando su objetivo en la densa niebla. Dentro de la cabina, el artillero principal sostenía un trozo de papel que le había traído un mensajero, mientras daba órdenes al artillero auxiliar.
“Ajusta los parámetros de la artillería…”
“¡Datos de disparo configurados!”
“Carga proyectil explosivo…”
“¡Listo…!”
“¡Fuego!”
Tres cargas se activaron simultáneamente mientras tres ráfagas de disparos resonaban en el aire. Llamas y humo se disiparon entre la niebla. De pie junto a la mirilla, un soldado con un telescopio colgado al cuello miró hacia afuera, pero no pudo ver dónde había caído el proyectil. Solo se oyeron tres estruendos sordos, sin que se viera la fuente de las explosiones.
“La niebla es demasiado espesa… No veo nada.”
El artillero principal presionó la radio contra su hombro y esperó un rato antes de gritar con fuerza.
“¡Impacto confirmado! Alto el fuego.”
“Recibido.”
Los casquillos humeantes salieron del cañón. Un soldado lo arrastró hacia una carreta y lo arrojó sobre una caja de madera en la esquina de la habitación.
“Señor, ¿hay algún plan operativo para hoy?” – preguntó el observador, acercándose al artillero principal.
“No.” – respondió el artillero principal.
“¿Entonces a qué estamos disparando?” – continuó el observador confundido.
El artillero principal echó un vistazo al papel que tenía en la mano y, con indiferencia, lo arrojó a la papelera más cercana.
“Estamos disparando al objetivo del general McClennan.”
“¿Ese gigante de dos pisos?” – intervino el artillero auxiliar, interesado.
“¿Quién más?” – se rio el artillero principal. – “Además de esa cosa, ¿quién más merece la atención de nuestro comandante?”
El observador echó un vistazo hacia afuera y soltó una risita.
“Elegir un día tan nublado…”
Era de sobra conocido que en los días lluviosos o con niebla no eran ideales para cazar. No solo la visibilidad se veía limitada, sino que las miras telescópicas se empañaban, la percepción se debilitaba por el entorno y la precisión y fiabilidad de las armas se veían afectadas. Sin embargo, eso no suponía un problema para los mutantes acostumbrados a la jungla… especialmente para las Garras de la Muerte. De hecho, el ambiente húmedo las hacía más peligrosas.
“Ese cazador dijo que el lugar más peligroso es el más seguro… En fin, hemos terminado por hoy.” – dijo el artillero con indiferencia, arrojando sus guantes a un lado.
Los tres disparos de 100mm eran la única ayuda que se le había prometido al equipo de caza, y no era asunto suyo si eran efectivos. Lo único que debían hacer era que sus proyectiles cayeran en las coordenadas proporcionadas desde el frente.
Mientras tanto, en ese preciso momento, a decenas de kilómetros del dirigible, los tres disparos alcanzaban la calle y creaban una enorme devastación. Parecía que el pavimento de hormigón agrietado se había convertido en un lodazal, con escombros y piedras rotas esparcidas por todas partes. Llamas y volutas de vapor se alzaron al unísono, y la Garra de la Muerte dejó escapar un rugido ensordecedor en el centro de la explosión.
Sus ojos quedaron cegados por la metralla, su columna vertebral atravesada por proyectiles perforantes, su carne carbonizada… Aunque todas esas heridas sanaban rápidamente, el daño continuo lo había enfurecido por completo.
El suero quedó hecho pedazos por el fuego de artillería… pero eso ya no importaba. El paso desde el refugio hasta la zona de investigación ya estaba despejado, y la producción de suero continuaría. Solo hacía falta encontrar a otro grupo de incautos que fueran a buscar más al laboratorio. En cuanto a las personas que están frente a él… No… esas hormigas… ¡solo las quería muertas!
“¡Te haré pedazos! Te arrancaré los ojos, las tripas… ¡y se las daré de comer a los perros!”
Una maldición feroz, acompañado de aullidos penetrantes, resonó en la densa niebla, mientras una docena de figuras encorvadas emergían de ella. Algunos permanecieron en la calle, otros treparon a los tejados o a muros derruidos, frotando sus afiladas garras y colmillos, con los ojos de color ámbar repletos de sed de carne. Se fueron acercando a los Caballeros del Oso Blanco que se encontraban al otro extremo de la calle. Todos eran sus hijos. Aunque eran considerablemente más pequeños que su madre, seguían siendo un poco más grandes que Basura en su nivel 14.
“Dios… ¡nos atacan un montón de Basuras!” – exclamó Tail, sin mostrar ningún temor. De hecho, parecía emocionada.
“¿Por qué te emocionas de repente?” – gritó Bollito, que no sabía si reír o llorar.
“¿No te parece emocionante enfrentarte a enemigos poderosos?” – exclamó Tail entusiasmada. – “No te preocupes… ¡También hemos pedido refuerzos!”
Evidentemente, no eran los únicos presentes. Mucho antes de su llegada, la Legión de la Muerte ya había preparado una emboscada. Casi al mismo tiempo que las Garras de la Muerte se revelaban, cerca de 300 sombras aparecieron entre la niebla. Llevaban máscaras antigás colgando de sus pechos, palas de trinchera en la cintura y bayonetas en sus fusiles de asalto.
Yong entrecerró ligeramente los ojos. 270 personas… y más de la mitad eran despertados. Un destello de aprensión cruzó por sus pupilas color ámbar, pero fue rápidamente disipado por un bufido de desdén que salió de sus fosas nasales.
¡No le preocupaba! ¡Ya había superado los límites de la humanidad!
Cada célula de su cuerpo era la cristalización de la tecnología de la ciencia biológica de antes de la guerra. Se consideraba a sí mismo un Rey Inmortal, una criatura que se situaba en la cima de la cadena alimenticia solo por su destreza física, ¡y que con el tiempo se convertiría en el señor supremo del planeta! Ya fueran humanos, mutantes o ese moho viscoso… Ante sus ojos, ¡todos acabarían inclinándose ante sus pies!
“¡Hormigas insignificantes…!”
Se frotó las garras entre sí, dejando escapar un rugido furioso por su boca ensangrentada.
“¡Despedazadlos!”
Rugidos desgarradores se abalanzaron sobre los jugadores como un maremoto. Al ver a las Garras de la Muerte acercándose, todos mostraron un feroz espíritu de lucha, con la sangre hirviendo. No se podía ver ni el más mínimo rastro de miedo. Y, naturalmente, nadie dio un paso atrás.
¡Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
Un silbido agudo atravesó la niebla, otorgando una mejora imparable a todos los jugadores presentes. Para la Legión de la Muerte, cargar contra el enemigo era la táctica definitiva. ¡Y la más efectiva!
“¡Hermanos! ¡A la carga!”
“¡DEMACIA!”
“¡AWOOOOOO…!”
El metal al rojo vivo chocaba con la carne mientras los disparos resonaban por las calles. No hacía falta apuntar. Disparasen donde disparasen, darían en el blanco de todas formas.
Tras vaciar el cargador con la última bala, los soldados de la Legión de la Muerte no se detuvieron. En cambio, alzaron sus bayonetas para enfrentarse a las afiladas garras. Ambas olas colisionaron como una picadora. Carne y sangre volaban por todas partes.
Los ojos color ámbar de Yong se llenaron de asombro al presenciar el intercambio. Incluso se vislumbró en ellos un rastro de incredulidad. Recientemente se había enfrentado a un escuadrón de 100 hombres de la Legión. En aquella ocasión, había segado algunas vidas por antojo antes de que esos hombres huyeran en desbandada.
Pero esta gente… Parecían completamente ajenos a la muerte, sin intención alguna de retroceder. Cuando se les acababan las balas, usaban bayonetas, palas, barras de acero o piedras recogidas del suelo… Su estilo de lucha salvaje infundía terror hasta en el corazón de las bestias.
Esta gente… ¡Era un montón de locos! A medida que más y más crías morían en la refriega, Yong finalmente no pudo evitar rugir, cargando contra ese grupo de hormigas intrépidas. Una masacre aún más sangrienta… Acababa de comenzar.
* * *
Una hora después, las calles recuperaron su calma original. Con los primeros rayos del amanecer brillando en la distancia, la niebla que aún flotaba por las calles no tardaría en desaparecer…
Yong, apenas con vida, yacía en medio de la calle. Su cuerpo estaba enredado en cadenas de hierro y cubierto de sangre. Era como Prometeo atado a una roca. Sus ideales no traerían luz y calidad a este mundo, sino pura malicia y oscuridad. Como él mismo decía, la mitad del caos en esas tierras se originó en el Refugio 79, y había sido él quien había abierto la Caja de Pandora.
Sus heridas ya no sanaban. Como los jugadores comentaban en el foro, su capacidad de recuperación tenía sus límites. El daño continuo aceleraba el consumo de su vitalidad y, si no recuperaba energía alimentándose, el daño pronto superaría su capacidad regenerativa. A medida que los jugadores disparaban oleada tras oleada de proyectiles, finalmente sucumbió y se desplomó.
Aunque los jugadores también sufrieron bajas importantes… ¿Qué incursión contra un jefe no tuvo ninguna muerte? Según las reglas acordadas, cada jugador que sacrificaba su vida recibiría al menos 300 monedas de plata como compensación. El equivalente a las ganancias de 3 días de una incursión en una mazmorra.
Esos compañeros caídos seguramente ya se estaban jactando en el foro. Y sin duda tenían motivos para presumir, era una Garra de la Muerte de dos pisos de altura… Era la primera vez que veían algo así desde que se había abierto el servidor de la beta.
“Hablando de eso… se me olvidó preguntar, ¿cuál era el Plan B?”
Jadeando, Gran Deudor se apoyó en un coche viejo. Se limpió la sangre de la frente y miró a Obrero.
“El plan B… Significa que nos hemos quedado sin planes.” – respondió Remo riéndose, antes de que Obrero pudiera responder.
Obrero asintió.
“Así es, ¿qué plan necesitamos? ¡Simplemente cargaremos contra el enemigo!”
Si Tambor de Lavadora hubiera estado presente, sin duda habría protestado, pero por desgracia, su cabeza había salido volando en algún momento de la batalla. Basándose en su conversación previa con Tail, si el ataque sorpresa no lograba derrotar a Yong, todos se unirían contra él… Ese era el verdadero plan B.
En realidad, Obrero consideraba que el Plan A era completamente innecesario. En todos los juegos antes de que se iniciase la batalla final contra el jefe, su barra de salud estaba bloqueada. ¿Cómo podrían los desarrolladores permitir que muriera por un ataque sorpresa? Sin importar qué, al final tenían que enfrentarse a la Garra de la Muerte.
“Sería mejor atacarlo y darle una paliza desde el principio.” – dijo Gran Deudor con una sonrisa.
“Eso es demasiado temerario.” – dijo Remo con una mueca, mientras le daba una palmadita en el hombro. – “¿Qué más podemos hacer? Hemos usado todos los trucos posibles… Si de verdad queremos ganar esto, ¡tendremos que luchar como hombres!”
Contempló el cielo, envuelto en una densa niebla y entrecerró los ojos. Allí flotaba el Corazón de Acero. Ante esa nave colosal, incluso la gigantesca Madre de las Garras de la Muerte que se encontraba en el refugio parecía un saltamontes ligeramente hormonado. La verdadera amenaza a la que debían enfrentarse eran los bárbaros que pronto llegarían desde el otro lado del desierto…
Al ver a Tail, a Pasta de Sésamo y al gran oso blanco empapado en sangre acercándose, Yong finalmente mostró un atisbo de pánico. Tendido en el suelo, al borde de la muerte, sus ojos ya no reflejaban su habitual desafío y arrogancia.
“Perdonadme, puedo haceros más fuerte. ¿Acaso no anheláis un mayor poder?” – suplicó con voz ronca.
En ese preciso instante, una voz familiar provino de un lado.
“La fuerza se manifiesta de muchas maneras. Simplemente, la entendemos de forma diferente.”
Moviendo su cuello rígido, Yong miró en dirección a la voz. Y en el instante en que sus ojos se encontraron, sus pupilas ámbar se contrajeron bruscamente.
“¿No estabas muerta?” – exclamó, conmocionado.
Hace tres días, observó cómo esta mujer, tras leer los registros del experimento, se apuntaba con una pistola a la sien y apretaba el gatillo. En ese instante, bajo el destello de luz, la pared terminó manchada de sangre y sesos. Incluso sintió una fugaz punzada de arrepentimiento. Pero ahora, la persona que debería haber muerto estaba de nuevo frente a él… Los ojos de Yong se nublaron, pero SiSi no tenía intención de malgastar su aliento dando explicaciones. Simplemente le dedicó una leve sonrisa.
“Siento decepcionarte, pero ya no tienes que preocuparte por esas cosas… Se acabó.”
Tras lanzarse en paracaídas y correr más de 20 kilómetros para reunirse con Tail y el resto, llegó exhausta. Pero, por suerte, llegó a tiempo.
“¡Oh! ¡Es todo tuyo, SiSi!” – Tail levantó el pulgar y sus ojos brillaron de emoción. – “¡Dale el último golpe!”
SiSi sonrió y también levantó el pulgar.
“Oh. Gracias Tail.”
“¡De nada! Pero recuerda no dañar la cabeza. ¡Le prometí a Batalla que se la daría!” – añadió Tail, con una sonrisa orgullosa.
A cambio de esos tres disparos de 100mm. Gracias a ese ataque, lograron reducir al menos a la mitad de la barra de salud del jefe.
“No te preocupes… Le cortaré la cabeza de un solo golpe.”
Al ver a SiSi acercarse con un hacha en la mano, los ojos de Yong se llenaron de terror mientras su enorme cuerpo luchaba desesperadamente por liberarse. Desafortunadamente, las cadenas de hierro colgaban de los coches abandonados y las farolas, sujetándolo firmemente.
“Por favor… No lo hagas.”
“No tienes que darme las gracias… ¡Esta hacha fue preparada especialmente para ti!”
Dicho esto, levantó rápidamente el hacha por encima de su cabeza y la descargó directamente contra su cuello, tan grueso como el de una pitón. Golpe tras golpe. Al principio, Yong seguía aullando y suplicando clemencia, pero pronto se quedó en silencio, con únicamente los sordos golpes del hacha cortando la carne. La sangre caliente salpicaba por todas partes, pintando la escena de un matadero.
“¿Qué demonios? ¿De verdad tiene que ser tan sangriento?” – dijo Gran Deudor, observando desde lejos. No pudo evitar encoger ligeramente el cuello.
“Oh, ¡me encanta…!” – gritó de repente Obrero, mirando a SiSi con los ojos muy abiertos.
Golpe de Remo levantó una ceja mientras le dirigía una mirada extraña.
“……”
Gran Deudor tampoco sabía que decir.
“……”
* * *
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Una ventana emergente apareció en la pantalla de la máquina virtual, indicando que la misión había terminado. Al ver la cabeza cercenada, SiSi arrojó el hacha ensangrentada y sacudió su dolorida mano derecha.
“Este tipo tiene el cuello muy duro.”
“Mm, te llevó tiempo…” – dijo Tail, asintiendo con rostro serio.
Bollito y Pasta de Sésamo esbozaron una mueca, mientras guardaban tres segundos de silencio por la desgraciada Garra de la Muerte. Por supuesto, nadie sintió compasión.
Puede que haya hecho algunas buenas obras, pero comparadas con los males que había cometido a lo largo del último siglo, eran insignificantes. Además, la criatura ya no podía considerarse humana. No iban a permitir que su compasión se extendiera a un enemigo que se había vuelto contra su propia especie.
Sin embargo, los tesoros que se podían obtener del cuerpo de Yong no eran tan desagradables. Por ejemplo, la piel de la Garra de la Muerte era especialmente adecuada para fabricar mochilas y artículos de cuero. Combinada con seda demoníaca, ¡incluso se podía crear una armadura de primera categoría, ¡más resistente que el kevlar!
El único inconveniente era que resultaba complicada producirlas en masa. Sin embargo, ese problema desaparecería una vez que accedieran al Refugio 79. Una vez que obtuvieran los permisos, no sería un problema. Con suficientes dispositivos de control mental, sin mencionar usar sus pieles para hacer mochilas… ¡incluso podrían crear un ejército de caballeros Garras de la Muerte!
Mientras los jugadores seguían limpiando el campo de batalla, un rostro familiar se acercó tranquilamente: Batalla. Tras solicitar apoyo de artillería a la Legión, había permanecido observando desde lejos y ahora que todo había terminado, por fin le tocaba intervenir.
“Maldita sea, ¿cuánta gente murió?” – preguntó, al ver la calle ensangrentada y como Remo arrastraba el cuerpo hacia un lado de la calle.
“No los he contado, alrededor de un centenar… ¿por qué?” – respondió Remo, sin preocuparse demasiado.
“Nada en especial, pero estoy algo impresionado.” – dijo Batalla. – “Sus bajas son tan altas como siempre…”
Remo puso una sonrisa.
“Ah… somos un poco impulsivos. Pero no te preocupes, mientras ganemos, no hay nada de qué quejarse.”
Los jugadores centrados en la supervivencia no se unirían a la Legión de la Muerte, del mismo modo que un amante de la carne no iría a un vegetariano. Aunque los jugadores de la Legión de la Muerte generalmente no tenían niveles altos, con solo unos pocos jugadores de primer nivel alcanzando el nivel 20, sus habilidades en guerra urbana habían sido muy elogiadas por el Comandante Agua de Manantial.
Hasta en la vida real, los miembros de esta legión serían sin duda considerados un grupo de expertos en guerra urbana. Sus instintos de combate se habían perfeccionado a través de innumerables muertes, algo que no se podía cuantificar con puntos de atributo. Por eso, a pesar de su menor nivel, nadie dudaba de su destreza en combate.
“¿Dónde está la cabeza?” – preguntó Batalla, extendiendo la mano.
“No te preocupes, la guardamos para ti.” – dijo Remo señalando un contenedor junto a la carretera, donde se encontraban un saco de arpillera con la cabeza de Yong.
La cabeza de la Garra de la Muerte era comparable a la de una vaca pequeña. Incluso después de ser desangrada, pesaba al menos 100 kilogramos. Batalla se acercó, desató la cuerda de cáñamo y miró dentro.
“Nada mal, nada mal. ¡Nada como conseguir lo que buscas sin esfuerzo!” – dijo, satisfecho.
“Tendrás que pensar en cómo llevártelo tu solo. No te ayudaremos.” – dijo Remo con una sonrisa. – “Por cierto, ¿esta cabeza podrá ganarte el puesto de centurión?”
“Seguro que sí.” – respondió Batalla, soltando una risita.
¡Más que un simple centurión! ¡También había otras recompensas! El único inconveniente es que la recompensa por la misión se pagaba con dinares. Actualmente, no existía un tipo de cambio oficial entre dinares y monedas de plata, aunque era problema que se crease algún cambio estable después de que se abriera el mapa de la Legión.
“¿Y tu equipo?” – preguntó Remo.
“¿A esos? Los dejé a mitad de camino… Es agotador inventar historias para ellos.” – dijo Batalla con los ojos brillantes. – “¿Por qué no volvéis conmigo? Puedo decir que también sois de la Calle Bett.”
“Tanta gente… ¿crees que los PNJs son idiotas?” – preguntó Remo, poniendo los ojos en blanco. – “Ve con calma. Mañana enviaré a alguien a evaluar la situación. Si todo va bien, mandaré más.”
“De acuerdo, entonces no perderé más tiempo aquí.”
Levantando la cabeza de la Garra de la Muerte sobre su hombro, Batalla se despidió y se giró para adentrarse en la niebla que empezaba a disiparse.
“Vamos. Es hora de retirarse.” – gritó Remo a sus compañeros, observando el campo de batalla despejado.
“¿Adónde vamos?” – dijo Gran Deudor, acercándose. Ya había recogido su equipo.
“Vamos primero a Xiangling.” – decidió Remo.
Antes de que se disipase la niebla, necesitaban encontrar un lugar donde guardar el botín para que Batalla pudiera mostrar el campo de batalla. Si la nave viera los cuerpos y caótico espectáculo que tenían delante, ni siquiera Batalla podría explicar cómo consiguió la cabeza de la bestia…
* * *
Calle de Xiangling. En el patio central de la biblioteca municipal, hileras de cuerpos de Garras de la Muerte estaba cuidadosamente dispuestas, incluyendo al decapitado Yong. Era, básicamente, una reunión familiar.
Wu Tao y Wang Xu, estaban atónitos. Y no eran los únicos. Todos los supervivientes de Xiangling no pudieron evitar contener la respiración mientras miraban con los ojos muy abiertos los cadáveres.
¡17 Garras de la Muerte! ¡Incluso estaba ese monstruo de dos pisos!
Al contemplar a la criatura sin cabeza, Wu Tao, que había permanecido en silencio durante un buen rato, tragó saliva.
“Esa Garra de la Muerte… ¿está muerta?” – dijo con dificultad.
Sabiendo a cuál se refería, SiSi, que estaba viendo la máquina virtual, asintió con indiferencia.
“Oh, bien muerto.”
Ahora estaba empapada de sangre de pies a cabeza, lo que hacía que su figura fuera de un color rojo intenso espantoso. Cuando regresó, incluso asustó a los niños del asentamiento. Los supervivientes a su alrededor intercambiaron miradas, con expresiones complejas en sus rostros.
“Muerto… está muerto…” – Wu Tao suspiró, con el rostro triste. – “La Legión probablemente volverá…”
Jamás imaginó que ese monstruo devorador de hombres se convertiría en su ángel guardián, protegiendo al pueblo para siempre. Sin embargo, había fantaseado con que los salvajes soldados se sentirían intimidados por la presencia de la bestia y no se atreverían a volver a molestarlos.
“Este lugar pronto se convertirá en un campo de batalla, te sugiero que te marches lo antes posible.” – susurró Pasta de Sésamo, sintiendo cierta culpa.
“¡Así es!” – Tail asintió con rostro serio. – “Puedes ir a Ciudad del Amanecer. ¡La gente allí es muy amable! ¡El respetado Administrador te recibirá!”
“¿Ah sí? Gracias por su amabilidad.” – Wu Tao suspiró, preocupado. – “Pero este es nuestro hogar, hemos vivido aquí durante más de un siglo… y ahora de repente quieren que nos vayamos…”
“En realidad, hay otra manera…” – dijo de repente SiSi, que había estado trasteando con su máquina virtual todo el tiempo.
Aunque le asustaba un poco esa loca cubierta de sangre, la intuición de Wu le decía que tal vez sería una buena idea. Así que, armándose de valor, preguntó forzando una sonrisa.
“Ti… ¿Tienes alguna idea?”
“Hemos desalojado varios edificios del Refugio 79. Suficientes para albergar a 200 o 300 personas. Si de verdad no quieres abandonar este lugar, puedes esconderte allí temporalmente y regresar cuando acabe la guerra.”
“Cierto, ¡puedes esconderte en el Refugio 79!” – Tail asintió, mientras se acariciaba la barbilla. – “De todas formas, probablemente construiremos un nuevo asentamiento aquí. Quizás no sea necesario mudarte a Ciudad del Amanecer.”
“Pero… no tenemos acceso al Refugio 79…” – dudó Pasta de Sésamo.
Al oír eso, una extraña sonrisa apareció en el rostro ensangrentado de SiSi.
“Eh, sobre eso, justo iba a decir… Aunque no sé qué está pasando, parece que he obtenido algunos de los permisos de ese tipo…”
Mientras hablaba, enseñó su máquina virtual. En la pantalla se veía la imagen de vigilancia de una de las habitaciones del Refugio 79, y en un rincón de la habitación yacía un cuerpo con la cabeza destrozada. Conocía ese cuerpo, era el suyo…



Gracias por los capitulos
ResponderEliminarYa quiero saber si se vuelve centurión Batalla
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