lunes, 28 de septiembre de 2026

JDR - Capítulo 401

Capítulo 401

¡Encended!
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder

Julio era temporada de lluvias. Aunque la Provincia del Valle del Río se encuentra tierra adentro y las nubes de cumulonimbos se habían disipado en gran medida por los vientos del monzón, todavía podían caer aguaceros torrenciales en esta época del año. Como ahora, en un instante el sol brillaba con fuerza y al siguiente, densas nubes oscuras cubrían el cielo… “Se han avistado tropas enemigas en dirección sureste… ¡Más de mil! Su equipamiento consiste principalmente en armas ligeras, complementados con exoesqueletos modificados. ¡No se detectan vehículos blindados ni transporte!” Dentro de una tienda, un explorador informaba sobre lo que acababa de ver mientras estaba arrodillado. Richie escuchó en silencio el informe, y sus labios, normalmente impasibles, se curvaron en una sonrisa fría y burlona. “Jamás imaginé que los que se enfrentaron a nosotros durante medio mes eran habitantes del páramo…” – reflexionó Finod, con las manos a la espalda. Por muchos refuerzos que enviara la Compañía, era imposible que siguieran llegando indefinidamente. Sobre todo, su armamento rudimentario. Eso lo convenció todavía más de que quienes los estaban atacando eran gente de la zona. Probablemente de algún asentamiento de supervivientes cercano. No pudo evitar pensar que el Señor o alcalde de ese asentamiento era un insensato. “¿Qué pretenden?” – dijo Finod, qué aún no comprendía del todo que estaba pasando. – “¿Es por dinero?” Encontraron armas de la Compañía entre los cuerpos de esos soldados, como el fusil de asalto G9. Pero oponerse a la Legión por tales nimiedades parecía una tontería. Aplastarían a esa gente como hormigas. Solo aquellos que se rindieran al principio, recibirían el perdón y la gracia de poder convertirse en esclavos de la Gran Legión. En cuanto a los que se resistían… solo les esperaba la muerte. “Quizás fueron sobornados por la Compañía, quizás están locos… Sea como sea, llegaron en el momento perfecto.” Richie se levantó de su silla. Una sonrisa cruel se dibujó en sus labios, mientras un aura escalofriante emanaba de su cuerpo. Incluso el aire dentro de la tienda se enfrió varios grados. El general McClennan había emitido una orden de reubicación, iniciando repentinamente su traslado al Oasis número 9, y le preocupaba perderse la oportunidad de vengar a sus compañeros caídos. Ahora, esa oportunidad había llamado a su puerta. ¡Les haría saber a esa gente lo que significaba buscar la muerte! “Vito, Walid…” – murmurando esos nombres, agarró el casco negro que había en la mesa y se lo puso lentamente en la cabeza. – “Los vengaré…”
* * *
En la montañosa zona occidental del Valle Afortunado, se encontraba la artillería que la Nueva Alianza había preparado durante el último mes. Más de 20 lanzacohetes Tormenta y 30 réplicas de cañones de 100mm estaban repartidos por las colinas, separadas por al menos 500 metros. Junto a cada lanzacohetes y pieza de artillería se escavaron búnkeres separados para el personal, la munición y las posiciones de tiro, garantizando así la máxima seguridad del personal y el equipo en caso de fuego enemigo. Por supuesto, incluso con semejante preparación tan minuciosa, Yang Shu era muy consciente de que solo tenía una oportunidad. “¡Fuego enemigo sobre nuestras cabezas en medio minuto…! Somos la primera línea de ataque, ¡nuestros compañeros en otras colinas esperan nuestra señal! Pase lo que pase, no podemos fallar, necesito que todos mantengan la calma en todo momento, ¡sigan mis órdenes pase lo que pase! ¿Todo claro?” Liderando a su escuadrón, Yang Shu observó a sus artilleros, animándolos por última vez antes de la batalla. Los artilleros alineados en fila, con el ánimo por las nubes, alzaron la vista y lanzaron un sonoro grito. “¡Entendido!” Al contemplar esos rostros juveniles, pero increíblemente resueltos, Yang Shu asintió con satisfacción. Parecía ver su pasado reflejado en sus rostros. Hace medio año, después de que un cuenco de sopa de cebada humeante pusiera fin a sus andanzas por el páramo, decidió seguir el ejemplo del Administrador y unirse al ejército de la Nueva Alianza para resistir la invasión de la Tribu Mastica Huesos. Durante los siguientes 6 meses, marchó hacia el norte con el ejército expedicionario del Norte, participando en varias batallas para liberar la Ciudad del Continente Occidental y, al final expulsar a los depredadores río abajo. Aunque llevaba menos de un año en el ejército y su experiencia en artillería la había adquirido en el campo de batallas de otros veteranos, su experiencia en combate ya rivalizaba con la de los demás. Ahora, había sido ascendido a capitán de la 11º Compañía de Artillería de la Primera Legión. En el momento en que dio la orden, todos comenzaron a moverse. Toda la posición de artillería funcionaba como un motor bien engrasado, con cada componente operando de forma fluida y metódica. Yang Shu caminó solo hacia el puesto de observación mientras sacaba sus prismáticos y miraba fijamente en dirección al puesto de mando, esperando la señal para disparar. El primer grupo de artillería de 100mm, siguiendo sus órdenes, lanzaría una cortina de humo hacia las inmediaciones del Corazón de Acero, interfiriendo con los puestos de observación de la nave. Tras la segunda señal, otro grupo de artillería dispararía inmediatamente una segunda andanada cargada de contramedidas electrónicas contra la nave, para crear una nube a su alrededor. Con todo tipo de fragmentos de metal esparcidos a su alrededor para engañar al radar, creando una nube en la pantalla para cubrir a los aviones que trataban de penetrar su red de defensa aérea. Ambas rondas de bombardeo eran cruciales. Esto determinaría si los paracaidistas de la Nueva Alianza lograrían llegar a su destino. Una vez enviadas ambas señales, tendría que liderar una rápida retirada hacia el búnker antiaéreo más cercano y esperar a que cesara el intenso bombardeo enemigo. Al repasar el plan de batalla, Yang Shu sintió que le sudaban las palmas de las manos. Si el enemigo simplemente concentraba sus cañones de 100mm sobre su posición, creía que sus posibilidades de supervivencia serían bastante altas. Sin embargo, si el otro bando dirigía su cañón de 400mm hacia las montañas… Con semejante potencia de fuego, comparable a la de un arma sub-nuclear, sus posibilidades de supervivencia serían inferiores al 20%. Sin embargo, no sentía miedo. Comparado con quienes luchaban en el frente, sus posiciones eran relativamente seguras. Además… era solo una vida. No había nada que temer. Si estas personas no lo hubieran ayudado, su vida habría terminado hace 6 meses. Las nubes en el cielo se volvieron más densas. Al mirarlas fijamente, Yang Shu sintió cómo las gotas de lluvia caían sobre su barba incipiente antes de deslizarse por el cuello. “Parece que va a llover…” – murmuró, frunciendo el ceño al sentir el frio.
* * *
“Está lloviendo… Parece que ni siquiera el cielo está siempre de nuestro lado.” En el puesto de mando, no muy lejos de la posición de artillería, Kakarot se encontraba detrás de una roca con un fusil de asalto en la mano. Sonrió sarcásticamente mientras miraba hacia la aeronave. La lluvia afectaría a la precisión del radar, pero también eliminaría el humo y las contramedidas electrónicas. Además, el impacto de la lluvia en la maniobrabilidad de los aviones de hélice de la Alianza supondría todo un desafío. Si bien la intensidad del aguacero afectaría a ambas partes, el impacto sería más pronunciado en el equipo atacante. Sin embargo, no tenían tiempo para retrasar sus planes de combate, la lluvia no daba señales de detenerse y la nave del enemigo se retiraría sin duda en 2 días. Con los prismáticos en la mano, la expresión de Manantial permaneció inmutable. “Un cielo despejado y un viento suave sería el mejor escenario…” – dijo, permaneciendo impasible. – “Sin embargo, también podemos luchar bajo la lluvia.” Sabía que julio era temporada de lluvias, por lo que no había pasado por alto esa situación. Dejando los prismáticos, golpeó dos veces con el dedo el lateral de su casco. “¡Activen el plan B!” – ordenó, bajando la visera de su exoesqueleto. – “Nombre en clave: ¡Derribar la ballena!” Soy la Oscuridad se enderezó y realizó un saludo militar con entusiasmo. “¡Sí!”
* * *
“Va a diluviar…” – murmuró, mientras encendía el motor. En el aeropuerto de Ciudad del Amanecer. Observando las gotas de lluvia que se deslizaban por la lona de la cabina, Caída de Pluma echó un vistazo a la MV atada a su muslo. Llovía, así que tendría que ejecutar el plan B de la operación. La artillería terrestre seguiría lanzando un bombardeo de cobertura. Simplemente, el orden de avance se ajustaría ligeramente. Con buen tiempo, los aviones de la Alianza operarían alrededor de la nube de interferencia mientras las tropas terrestres iniciaban el ataque. Actuarían como señuelos para atraer el fuego del enemigo. Pero con lluvia, el efecto de la nube de interferencia se reduciría, obligándolo a depender del avión a reacción Mach 3 para convertirse en el señuelo principal. En esencia, la estrategia se mantenía sin cambios, simplemente cambiaba el orden de las acciones. En ese momento, apareció una ventana emergente de color azul claro en la pantalla de la máquina virtual.

ECM Conectado
Pluma Caída suspiró aliviado y tocó su auricular dos veces con el dedo índice. “¡Cápsula de interferencia electrónica activada! ¡Funcionamiento normal confirmado!” Existían dos métodos para interferir un radar: usar contramedidas electrónicas (chaff) para reflejar los ecos del radar o… la iluminación activa. Específicamente esto implicaría responder activamente al radar enemigo con señales de radar aleatorias o estructuradas. La primera era similar a una bomba de humo, ya que ocultaba la posición exacta del objetivo, pero tenía el inconveniente de que duraba poco tiempo y que podía ser derribado en el intento. El último consistía básicamente en alumbrar con una linterna los ojos del enemigo para cegarlo o para que juzgara mal el tamaño y la escala del objetivo. Por ejemplo, el módulo de interferencia electrónica que colgaba de su ala utilizaba esta última estrategia, capaz de simular la señal de radar de 600 cazas modelo Mosquito. Era uno de los últimos diseños preparados por el equipo de Expedición Científica de la Nueva Alianza para la Fuerza Aérea, con el objetivo de atacar el sistema de radar del Corazón de Acero. Lamentablemente, el tiempo para preparar esta batalla decisiva había sido demasiado corto. De lo contrario, podrían haber aplicado un revestimiento antirradar a cada aeronave y desplegar más aviones para la guerra electrónica y neutralizar así la potencia de fuego del enemigo. Sin embargo, no había y sí en este mundo. Habían utilizado todos los medios a su alcance. Incluso si no tenían garantía de que fuera a funcionar, si servía para ganar un segundo más… la operación tendría mayores probabilidades de éxito. La voz del centro de mando sonó a través del canal de comunicaciones. “Puesto de mando… Prepárense para entrar en posiciones de combate.” “¡Recibido!” Mientras respondía, Pluma ya había puesto el avión en la pista y presionado la válvula de control de combustible al máximo. El rugido del motor llegó desde atrás. Aunque no podía verlo, podía imaginar el chorro de fuego evaporando la lluvia de la pista al impulsarlo hacia adelante. El avión despegó de la pista y se elevó hacia el cielo cubierto de nubes. Al ver cómo el paisaje se alejaba, Pluma apoyó la espalda contra el asiento y flexionó el dedo que sostenía la palanca de control. Sus pupilas se encendieron con espíritu combativo. ‘¡Vamos! ¡Es hora de demostrar mis habilidades!’ En ese preciso instante, junto a la pista del Aeropuerto Norte de Ciudad del Amanecer, Respuesta Poco Profesional chasqueó la lengua con envidia, sentado en su avión de transporte Libélula. “Maldita sea, ¡yo también quiero pilotar eso!” Los lentos aviones de hélice no eran ni de lejos tan divertidos de pilotar como uno a reacción. Como no había silenciado el micrófono se escuchó la burlona voz de Mosquito a través del canal de comunicaciones. “Ja, ja. Eso es un prototipo. Solo hay uno por ahora. Tendrás que esperar.” “Esperaré.” Tras echar un vistazo a la cabina que tenía detrás y observar que los paracaidistas ya estaban a bordo, cerró la escotilla. Cuando la luz de señalización empezó a parpadear, agarró el intercomunicador que colgaba junto a su cabeza. “Nube Elevada N1 acaba de despegar… Es nuestro turno.” – gritó, mientras arrancaba el motor.
* * *
Al mismo tiempo, al oeste del Valle Afortunado. Al detectar objetivos terrestres aproximándose, Richie lideró 3 escuadrones de 1000 hombres, junto a 2000 supervivientes del páramo como refuerzo. Avanzaron hacia la zona objetivo, guiados por las cápsulas de observación del Corazón de Acero. Originalmente, el escuadrón de élite de Pangolín estaba destinado a ser una tropa de escolta de élite y a unirse al ataque. Sin embargo, debido a las numerosas bajas sufridas en la misión anterior, afortunadamente se quedaron atrás. Cowley llamó a Pangolín a su tienda en el Campamento Hoja Caída. “Hemos recibido órdenes de arriba. Abandonamos el campamento pasado mañana y regresaremos al desierto.” Aunque ya había escuchado la noticia, Batalla fingió oírla por primera vez, simulando sorpresa por un instante antes de poner una expresión de reticencia y preocupación. “¿Te vas?” Era una situación realmente complicada. No poder ir al frente significaba que había perdido la oportunidad de causar problemas. Aunque esperaba algún giro inesperado, el hecho de haber trabajado tan duro y no tener la oportunidad de conseguir algunas bajas le daba la sensación de haber desperdiciado sus esfuerzos. “Regresaremos a más tardar a finales de agosto.” – respondió, mirando al valiente oficial que tenía delante. – “El general McClennan valora su lealtad. Su valentía y fidelidad son evidentes para todos. Con efecto inmediato, eres el comandante de las fuerzas mercenarias del Campamento Hoja Caída. La carta de nombramiento se entregará aquí mañana.” ‘Mañana…’ Sería demasiado tarde. Batalla suspiró, pensando que probablemente no recibiría la carta de nombramiento. Aun así, adoptó una expresión solemne e inclinó la cabeza, fingiendo preocupación. “Gracias por el ascenso, señor.” Al observar al obediente subordinado frente a él, asintió con satisfacción. “Que te vaya bien. La Legión nunca duda en recompensar la lealtad. Espero que cuando regresemos, vea un ejército bien entrenado. No me decepciones.” Al escucharlo, Batalla pensó en cómo poder demostrar su lealtad cuando, de repente, escuchó un estruendo a lo lejos. Al principio, Cowley pensó que era un trueno, pero rápidamente se dio cuenta de que era el sonido de una explosión. Y… no solo uno. Tras recuperarse, la expresión de Cowley cambió. Se puso de pie de un salto y agarró la radio. “¡Ataque enemigo! ¡Prepárense para la batalla!”
* * *
Casi en el mismo instante en el que impactó la artillería, el Corazón de Acero activó su alarma de nivel 2 y desató una intensa actividad desde los puestos de observación hasta las posiciones de artillería. Aunque el ataque no había causado ningún daño a la nave, el humo de las explosiones dificultaba considerablemente la visión desde el puesto de observación que controlaba la situación en tierra. 12 minutos antes, habían detectado actividad enemiga al sureste. Sin embargo, justo cuando estaban a punto de realizar una búsqueda exhaustiva, una densa andanada de proyectiles explotó repentinamente a 500 metros al este del dirigible. La densa humareda que se elevó obstruía la vista desde la plataforma de observación, pero afortunadamente, habían detectado aproximadamente la ubicación de la artillería. “¿Esta gente se ha vuelto loca…? ¿Se atreven a dispararnos?” – exclamó el artillero sorprendido mientras cargaba un proyectil en la recámara. Tenían que saber que ese tipo de artillería sería completamente inútil contra el Corazón de Acero. En lugar de alarmarse, quedaron completamente desconcertados. El artillero auxiliar, que estaba a un lado, fijó la vista en la humareda y frunció el ceño. “¡Es una bomba de humo!” “Un truco absurdo…” El oficial que estaba detrás del cañón soltó una risita antes de echar un vistazo a la nota que le entregó el mensajero. “Cañones triples… Preparados para disparar: objetivo a 112º. Elevación 27º. Cinco salvas… ¡Fuego!” – ordenó, tras agarrar el intercomunicador. Doce estruendosos estallidos resonaron al instante. Doce estelas atravesaron la humareda y se precipitaron hacia las posiciones de artillería de la Alianza. Los destellos de las explosiones iluminaron las cimas de las colinas, seguidas rápidamente por otra ronda que cubrió la zona por completo. Las llamas se extendieron a través de las montañas a más de 20 kilómetros de distancia. La densa humareda producto del fuego cubrió rápidamente las posiciones de artillería enemigas de un mar de oscuridad. En ese momento, dentro de la zona de observación, un vigía agachado frente al sistema de puntería gritó emocionado. “¡Impacto confirmado!” La gente en la plataforma sonrió de alegría, pero antes de que pudieran siquiera aplaudir, un informe enviado por el operador del radar cambió instantáneamente sus expresiones. “¡600 cazas se aproximan desde el norte a dos veces la velocidad del sonido!” Sin dudarlo un instante, el observador ajustó la mira óptica para fijar la trayectoria de los enemigos. Pero por mucho que intentase ampliar la imagen o forzar la vista, no logró ver a través de la cortina de agua para divisar la sombra de esos 600 cazas. “¿Puedes verlos?” “¡Mierda! ¡Negativo!” Con buen tiempo, su alcance visual podía oscilar entre los 9 y 20 kilómetros. Sin embargo, con lluvia, esa distancia podía reducirse a menos de la mitad. Aun así, por muy rápido que pudiera volar, y por muy adversas que fueran las condiciones meteorológicas... no debería llegar al punto de que ni siquiera pudiera ver las estelas del enemigo. El observador que se encontraba junto al sistema de puntería comenzó a dudar de sus propias capacidades. ‘¿Está fallando el radar? Quizá tengo la vista cansada…’
* * *
Dentro del puente. Al escuchar el informe de su subordinado, el general McClennan mostró una expresión de incredulidad. “600 cazas… ¿cómo es posible?” No era el único. Casi todos los oficiales en el puente tenían la misma expresión de desconfianza. “¿Podría ser una trampa?” – preguntó un oficial del estado mayor, tras reflexionar un momento. 600 aviones… Y todos al doble de la velocidad del sonido. ¡Esa cifra era simplemente escandalosa! La expresión del general oscilaba entre la ira y la incertidumbre mientras observaba la señal intermitente del radar. Su mente trabajaba a toda velocidad. También piensa que podría ser una artimaña, pero… ¿qué sentido tendría hacerlo? Aunque lograsen desviar con éxito la potencia de fuego del Corazón de Acero, no serían capaces de traspasar la defensa del escudo direccional. Durante las últimas 2 semanas, habían intentado de todo. Ya fueran cañones antiaéreos, artillería pesada o cohetes… Todos esos ataques habían demostrado ser inútiles contra la poderosa aeronave. “Maniobran hacia el suroeste. La señal se está intensificando… ¡Se acercan!” – gritó el oficial desde la terminal del radar. “Sea un señuelo o no, fuego antiaéreo. ¡Derribad esas moscas!” – ordenó McClennan sin dudarlo. “¡Sí!” Los cañones ya habían fijado la trayectoria de esos 600 cazas. Al escuchar la orden de disparo, estelas de llamas naranjas salieron disparadas de los cañones, dirigiéndose a toda velocidad hacia los objetivos del radar. Pero para su sorpresa, esos 600 aviones continuaron volando en formación, sin dispersarse ni realizar maniobras evasivas. Se lanzaron directamente contra la andanada de proyectiles. Al contemplar a través de los ventanales del puente la densa columna de humo de las explosiones, el McClennan entrecerró ligeramente los ojos. “¿Hemos dado en el blanco?” La señal del radar desapareció, pero este éxito pareció llegar con demasiada facilidad. Al segundo siguiente, aparecieron señales fluctuantes en el radar. Las posiciones de artillería en tierra no parecían haber sido destruidas por completo y seguían disparando hacia la nave. Pero esta vez, en lugar de bombas de humo, lanzaban bengalas de interferencia como contramedidas electrónicas. No se lo podía creer. Un destello de sorpresa apareció en los ojos del general McClennan. Sabían cómo usar contramedidas electrónicas para interferir el radar, así que esta gente tenía cierto conocimiento. Sin embargo, subestimaron el radar del Corazón de Acero, podrían deshacerse de la interferencia en cuestión de minutos. Además… Su coordinación dejaba demasiado que desear. Los 600 aviones ya habían sido destruidos. Incluso si habían desplegado las contramedidas electrónicas, ya era demasiado tarde. Solo serviría para exponer todavía más las posiciones de la artillería terrestre. Mientras McClennan reflexionaba sobre lo sucedido, 22 señales débiles aparecieron repentinamente en el radar al sur de la nave. Estaban muy cerca, a menos de 10 kilómetros. Como si surgieran de la nada, volando por encima de las nubes. Al ver la serie de señales, el general quedó momentáneamente atónito antes de reaccionar bruscamente. “Artillería de estribor, ¡fuego! ¡Esos 600 cazas eran un señuelo! ¡Apunten a los objetivos al sur!”
* * *
Mientras el Corazón de Acero giraba sus troneras al unísono, Respuesta Poco Profesional agarraba la palanca de la dirección mientras miraba fijamente la MV sujeta a su muslo. Estaba contando en silencio. Les tomaría unos 17 segundos girar sus armas 110º… La artillería ya estaba disparando señuelos de contramedidas para cubrirlos desde tierra, pero sabía que ese nivel de interferencia no duraría demasiado antes de que fueran detectados por el radar del enemigo. De hecho, ni siquiera necesitarían atravesarlas. Esa densa potencia de fuego podría destrozarlos junto a la nube que causaba las interferencias. Los proyectiles trazadores ya atravesaban las nubes, explotando con densas columnas de humo negro. Fragmentos de metralla rozaban las hélices y las alas. El sonido del metal raspando el fuselaje resonaba constantemente. El avión comenzó a temblar violentamente. Al darse cuenta de que el tiempo se agotaba, Respuesta Poco Profesional agarró con calma el intercomunicador que colgaba cerca de su cabeza. “Este vuelo ha llegado a su destino. Nos estrellaremos en 10 segundos… ¡El kilómetro restante depende de vosotros!” Mientras hablaba, la parte trasera del avión se abrió lentamente, haciendo que el viento silbase en los oídos de la gente. El sonido que llegaba a través del canal de comunicaciones quedó amortiguado por la corriente de aire, pero todavía pudo sentir el orgullo inquebrantable que trasportaron esas pocas palabras. “¡Recibido!” “¡Déjalo en nuestras manos!” Los paracaidistas de la Legión Ardiente salieron del avión uno tras otro. Al observar las estelas de los proyectiles atravesando las nubes y los destellos de las llamas que iluminaban la ventana de la cabina, una sonrisa se dibujó en sus labios. ‘Misión cumplida. Bueno… seguramente no podré regresar.’ Mientras lo pensaba, cambió al canal de comunicación principal y gritó en el canal del centro de mando. “Aquí la Formación de Vuelo B… Nuestra misión ha terminado. La artillería enemiga nos tiene en la mira. No volveremos. Antes de que nos derriben… ¡escoltaremos a nuestros compañeros en este último viaje!” No hubo respuesta, pero no importaba… Poco Profesional sabía que el enemigo probablemente estaba también interfiriendo sus comunicaciones. Dejando caer el intercomunicador, pulsó el botón junto a la palanca de control, dejando salir una densa humareda negra desde la cola del avión. Al mismo tiempo, sujetó con fuerza la palanca y gritó hacia la maltrecha cabina acribillada a balazos. “¡Grupo B! ¡Desplegad humo y caída en picado!” No sabía si alguien pudo oírlo, pero en cuando su avión empezó a echar humo, las 21 Libélulas que lo acompañaban comprendieron su intención y se lanzaron en picado a su lado. Con la lluvia de disparos anaranjados surcando el aire, el cielo se iluminó. Sin la protección de las nubes, los aviones de transporte se vieron rápidamente envueltos en llamas. Pero su sacrificio no fue en vano. La densa humareda negra, junto con la caída suicida en picado como una cascada, dibujó una pared de humo extendiéndose por el firmamento. El vigía que permanecía en el puesto de observación miró lo que ocurría con los ojos desorbitados. No podía separar la mirada del cielo iluminado por el fuego de artillería. Estaba convencido de que esos aviones jamás podrían escapar de esa red de fuego. Simplemente no podía creer que no planeasen huir, sino que tenían la intención de cargar directamente contra ellos. Y entonces, vio un grupo de paracaidistas atravesar el humo. Eran como dientes de león a la deriva en un mar de llamas. Sus vidas se consumían a un ritmo vertiginoso. Aun así, la artillería y las balas dispersas no podían cambiar su dirección. “¿Se han vuelto locos…?” – murmuró el artillero detrás del cañón antiaéreo de 100mm al ver los paracaídas caer del cielo. Paracaídas… En realidad, planeaban aterrizar sobre su fortaleza con ridículos paracaídas. Incluso si unos pocos lograban atravesar la densa red de proyectiles y aterrizar con éxito… ¿qué importaba? Incluso con 5 divisiones de 1000 hombres desplegados en tierra, quedaban otros 3000 a bordo de la nave. Aunque unas pocas decenas o cientos lograsen tener éxito, no dejaban de ser hormigas… Su potencia de fuego los haría pedazos en cuestión de minutos. Dentro del puente, el general también miraba con incredulidad a los paracaídas. No sabía que les había dado a esos hombres la confianza para irrumpir en su nave con tan pocas tropas, pero no podía permitirse el lujo de ser negligente en este momento. En su opinión, esos nativos habían pagado un precio muy alto, arriesgando un montón de vidas. No lo habrían hecho solo para ver fuegos artificiales. “¡Ajustad la orientación del motor! ¡Apuntad al cielo!” – ordenó, tras volver en sí de repente. Su ayudante también se recuperó rápidamente. “¡Sí, señor!” Una vez dada la orden, los motores de ambos lados de la nave comenzaron a girar, haciendo que las hélices apuntasen directamente hacia arriba. Una potente corriente de aire se elevó hacia el cielo, empujando suavemente la aeronave hacia abajo y desorientando simultáneamente a los paracaidistas. Al ver a la gente de la Legión Ardiente en peligro, el avión Nube Elevada regresó a la contienda a pesar de que ya había abandonado el campo de batalla. Ya había soltado su módulo de interferencia electrónica. Sin emitir ya ninguna señal, era como una daga oculta en la oscuridad de la noche. Se acercó a su objetivo en silencio y con rapidez. ‘Las gotas de lluvia caen a una velocidad de unos 10 metros por segundo…’ Agarrando con fuerza la palanca de control, Pluma fijó su mirada en la fila de motores del lado derecho del dirigible. “El punto de activación del escudo deflector debería estar a unos 60 metros…” – murmuró. – “Si reduzco la velocidad junto antes de llegar al borde del escudo… ¡Debería poder entrar!” Aunque era la primera vez que intentaba una maniobra tan temeraria, un avión con alas de flecha invertida… ¡debería ser capaz de hacerlo! Contando hacia atrás con la mente mientras se aproximaba al escudo, apretó los dientes y aceleró a fondo. Al mismo tiempo, tiró de la palanca de control, haciendo que el morro del aparato se elevase bruscamente. La cola del avión giró hacia adelante y, mientras soportaba la poderosa fuerza G, Pluma accionó con fuerza la válvula del postquemador junto a su pierna derecha. Una estela de llamas salió del motor. Al disminuir la velocidad de golpe, las alas se hicieron jirones por la corriente de aire. Sin siquiera tener la oportunidad de emitir un sonido, Pluma sintió que su mundo se sumía en la oscuridad, desconectándose del juego. El avión perdió el control y cayó como una hoja al viento mientras continuaba con su avance. Sin embargo, en lugar de estrellarse contra los escudos, fue succionado por los motores junto a las alas destrozadas. Una explosión ensordecedora destrozó las hélices del lado de estribor, haciendo que la nave se inclinase instantáneamente. Tras estabilizar su paracaídas, N1 contempló la explosión con los ojos muy abiertos, repletos de asombro. “¿Qué carajo? ¿Una Maniobra Cobra?” No fue el único. Los soldados y oficiales del Corazón de Acero también observaron con incredulidad lo que acababa de suceder. Ni siquiera vieron cómo se había acercado el avión. En el último instante, redujo la velocidad, atravesó el escudo y se utilizó a sí mismo como proyectil, impactando contra la hélice de estribor. Al perder potencia en el lado derecho, el Corazón de Acero tuvo que apagar el motor izquierdo para evitar zozobrar, reduciendo drásticamente la presión sobre los paracaidistas que aterrizaban. Sin embargo, el peligro no había desaparecido. Incluso después de acercarse por la zona ciega de los cañones antiaéreos de 100mm, y de que las hélices se vieran obligadas a detenerse, una docena de ametralladoras de 10mm seguía apuntándoles desde todas direcciones. Los exoesqueletos ofrecían cierta protección contra las balas, pero eso no significaba que fueran completamente inmunes a los disparos. Tras haber superado el escudo direccional, el siguiente obstáculo era una potencia de fuego abrumadora. Hasta ese momento, más de la mitad de los 500 paracaidistas habían muerto o estaban heridos. Muchos quedaron acribillados a balazos en el aire, cayendo hacia el suelo o colgando de los cañones que sobresalían de la nave como si fueran las espinas de un erizo. Mirando fijamente el destello de los disparos y los últimos 30 metros, Caballo Blanco desenvainó la daga que colgaba de la parte delantera de su pesado exoesqueleto de caballería y gritó a través del sistema de comunicaciones. “Aunque nuestra carne y sangre se reduzcan a cenizas antes de tocar el suelo… ¡Esparciremos nuestras brasas ardientes ante sus ojos! ¡Cortad las cuerdas!” Mientras pronunciaba esas palabras, blandió la daga, cortando el paracaídas que envolvía su exoesqueleto. Se lanzó a través de la lluvia de proyectiles, recorriendo los 30 metros en un instante. Sus pies impactaron con fuerza contra la parte superior de la nave, dejando dos profundas marcas en la supuesta impenetrable armadura de acero. La verdad es que no era tan invencible como parecía. “¡El objetivo es el cañón principal de 400mm! A todos los que aún puedan moverse…” – gritó a través del canal de comunicaciones, mientras agarraba el rifle que llevaba colgado a la espalda. – “¡Avanzad!”


JDR - Capítulo 400

Capítulo 400

¡Al frente de batalla!
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder


Plan
Creo que es nuestra última oportunidad… Si no podemos hacer que se queden en el Valle del Río y regresa para abastecerse y reunirse con refuerzos, nos enfrentaremos a una crisis mucho mayor que la actual…
Refugio 79, oficina del Administrador. Además de Chu Guang, había una docena de personas presentes. Hace unos días, cuando partió del Distrito de Qingquan hacia el Valle Afortunado, había dado la orden de trasladar el cuartel general al frente. Además de asesores como Vanus, los oficiales de la Primera Legión, incluido Llave Inglesa, también fueron transferidos. Chu Guang sostenía un plan operativo escrito a mano y, tras leer la introducción, echó un vistazo al índice. El plan completo constaba de 24 páginas y había sido redactado por Manantial, comandante de la Legión Tormenta. Objetivamente, estaba muy bien escrito, con una planificación detallada tanto de movimientos generales como de los detalles más específicos. El plan dividía la campaña en tres fases: combate aéreo, terrestre y asalto. Incluía descripciones detalladas de objetivos, el número de efectivos para lograr el éxito y la cantidad de armamento que se necesitaría. Incluso tenía planes de contingencia para diferentes escenarios. Era evidente que este plan no se había desarrollado en un día. Chu Guang había notado desde hacía tiempo que, desde que la Legión Tormenta llegó al Valle Afortunado, o mejor dicho… desde que se disparó el cañón principal de 400mm, Manantial había estado observando la aeronave. Registraba datos como el alcance de observación, la precisión de la artillería, el intervalo de disparos, la velocidad de giro de los cañones, la eficiencia de sus unidades de reconocimiento… Todos esos parámetros operativos se habían incluido como prueba en su plan operativo, haciendo que cada etapa del plan fuera diseñada específicamente para abordar las posibles debilidades identificadas. Y aunque el plan era muy detallado, Manantial aún remarcó un punto clave al final.

Notas
…La disparidad entre el enemigo y nuestras fuerzas es enorme. Nuestras posibilidades de alzarnos con la victoria son inferiores al 20%. Será imposible volver a usar el mismo método. ¡Solo tenemos una oportunidad!
Dado que el resultado se decidirá en una sola batalla, no hay necesidad de conservar nuestras fuerzas.
¡Se recomienda la movilización general!
Chu Guang le pasó la última página del plan a Vanus. “¿Qué te parece?” Vanus tomó el plan y lo hojeó, tardando un poco más que Chu Guang. Lo leyó hasta el final y, tras un momento de reflexión, hizo una evaluación objetiva: “Está bien escrito, pero es un poco conservador. En mi opinión… hay un 30 % de probabilidades de éxito.” Como capitán de infantería clon de la Legión, no había estado en la aeronave. Los parámetros operativos detallados de la misma eran clasificados. Solo pudo analizar, a través de varios informes públicos, los datos probados en combate real, por eso consideraba que la evaluación de Manantial debía tener una precisión mayor del 70%. La única ventaja de la Nueva Alianza probablemente residía en su red de inteligencia. Tras la huida despavorida de la Tribu Mastica Huesos, la red de inteligencia de la Legión en la Provincia del Valle del Río era prácticamente inexistente. El Estado Libre de Bugra, al norte, podría tener espías de la Legión, pero estaba demasiado lejos. Las rutas comerciales de la Nueva Alianza con el norte apenas habían empezado y, debido a su rápido crecimiento, aunque algo de información llegase a la Legión a través de esta vía estaría varios meses desactualizada. Llave Inglesa frunció el ceño a su lado. “¿Solo el 30%?” Vanus asintió, hablando con cautela. “Sí… En mi experiencia, las batallas en las que participa el Corazón de Acero suelen ser guerras unilaterales, o lo que llamamos guerra de supresión. Teniendo esto en cuenta… Puede que no tengan experiencia en guerra electrónica o que simplemente les falte experiencia. Perdonad mi franqueza, pero esto es una apuesta muy arriesgada.” Chu Guang reflexionó un instante, antes de responder. “Apostamos a que el oponente nunca se ha enfrentado a este tipo de táctica.” Vanus asintió. “Sí, es un plan descabellado, y no te recomiendo que lo adoptes. Pero debo admirar al comandante de tu legión. En solo un mes, ha logrado estudiar a fondo todos los parámetros del Corazón de Acero.” Chu Guang sonrió levemente. Las habilidades eran sin duda un aspecto importante, pero la clave residía en su capacidad para intercambiar información con ayuda del campo morfogénico. Todos los jugadores del foro, independientemente de su profesión o condición, podían proponer análisis basándose en la información recopilada en el juego. Los jugadores podían determinar qué conclusiones eran más fiables. Si bien las armas de la Alianza se sitúan en su mayoría al nivel de la Segunda Guerra Mundial o de la Guerra Fría, su tecnología de la información podría incluso superar la de la Era de la Federación. Después de todo, el campo morfogenético, que no podía ser bloqueado ni interferido por la tecnología actual, parecía haber sido desarrollado después de que el primer administrador del Refugio 404 entrara en la Era del Páramo. También estaba todas las vidas que arriesgó la Legión Tormenta para obtener toda esa información… Tras tomar el plano de manos de Vanus, Chu Guang lo examinó fijamente durante unos cinco minutos antes de volar a hablar. “Tengo la intención de adoptar este plan.” Al oírlo, Vanus mostró un atisbo de sorpresa. “Estás… ¿seguro?” – preguntó, mientras lo miraba. Chu Guang asintió. “Sí, estoy seguro.” “No quiero desanimarte, ¡pero implementar este plan requiere una enorme cantidad de efectivos! Puede que esa nave tenga menos de 10.000 personas… Si queremos implementar este plan en una semana, como mínimo, necesitamos movilizar al menos 7000 personas en 3 días.” “3 días... ¿Es siquiera posible?” Y no estaba solo, los demás oficiales también mostraron inquietud. No era cobardía, sino simplemente una consideración estratégica; planificar una batalla tan importante en una semana era demasiado precipitado. La guerra no era como el ajedrez, donde simplemente colocar una pieza podía determinar la victoria o la derrota. Una batalla de tal magnitud requería al menos de un mes de preparación para asegurar la coordinación entre las unidades y la correcta ejecución del plan. La última batalla contra la Tribu Mastica Huesos requirió de un mes y medio de preparación antes de lanzar el ataque. “Es factible. 3 días son más que suficientes. ¡La movilización no es un problema!” – respondió Chu Guang con una leve sonrisa. Confiaba en sus jugadores. No era por el poder que le otorgaba el refugio, sino porque ya no era solo un juego. La Nueva Alianza no le pertenecía solo a él, sino a todos aquellos que habían luchado con uñas y dientes por esta tierra. Cuando se enfrentaban a amenazas de vida o muerte, ya fueran agricultores, pescadores o comerciantes… Todos darían un paso al frente sin dudarlo. No solo por lucro, sino para proteger su mundo. No necesitarían una semana para movilizarse, con un minuto era más que suficiente. “Además de la movilización… Planeo desplegar mercenarios junto al ejército regular. Siendo conservadores… ¡el número de soldados en esta batalla alcanzarán los 10.000! Chu Guang cerró el plan que tenía en las manos y lo colocó sobre el escritorio. A continuación, miró a los oficiales. Al ver esos ojos repletos de espíritu combativo, hizo una pausa antes de hablar. “Longitud de las trincheras… dónde colocar ametralladoras… No son mi especialidad, pero hay una frase en este plan con la que estoy completamente de acuerdo. Si no logramos que esa aeronave se quede aquí, tendremos mayores problemas en el futuro. Debe quedarse. ¡Sea como sea!” Ni siquiera hacía falta mencionar ese 30% de posibilidades de victoria, aunque fuera del 1%... ¡lo intentaría!
* * *
Tras concluir la reunión, Chu Guang utilizó un dispositivo de comunicación desechable para enviar la siguiente fase de los preparativos de trabajo a Pequeño7, que se encontraba en el refugio. El mensaje ocupaba menos de 10 MB e incluía la actualización de la página web, así como los detalles de la movilización general y el plan específico para reclutar mercenarios. La última parte estaba dirigida principalmente a los PNJs. Pequeño7 lo traducía del chino al idioma de la Federación y transmitía con precisión las órdenes a los distintos departamentos e individuos. De hecho, incluso sin su movilización, los jugadores ya habían interrumpido gradualmente sus actividades. Comenzaron a concentrarse en el Valle Afortunado para prepararse para la nueva expansión. Mientras tanto, era de día en el mundo real. Manantial inició un hilo en el chat para charlar, adjuntó el plan de batalla, etiquetando a los comandantes de cada legión. Al observar los nombres de tantos peces gordos en el foro, Manantial se mostró algo cauteloso, eligiendo cuidadosamente sus palabras. O mejor dicho… estaba nervioso. Después de todo, la capacidad de mando y la de escribir eran cosas totalmente distintas. La primera implicaba estrategia y táctica, mientras que la segunda se centraba en las relaciones interpersonales. Obtuvo acceso a Wasteland Online casi al mismo tiempo que Soy la Oscuridad, durante la alfa cerrada. En comparación con aquellos que obtuvieron acceso mucho antes y que podrían considerarse jugadores de primer nivel, sus logros no eran tan destacados. En términos prácticos, se sentía como un general dando órdenes a un mariscal. En cualquier otro MMORPG, lograr convencer a todos estos jefes requeriría una gran cantidad de esfuerzo. Afortunadamente, el ambiente en los servidores de Wasteland Online siempre había sido bueno. Gracias a que los desarrolladores del juego eran buenas personas y no incitaban deliberadamente a los jugadores a enfrentarse entre sí ni a competir para subir de nivel, todos tuvieron una gran experiencia. Jugadores de distintos niveles eran amigos, ya fueran de nivel T0, T1 o T2. Era muy diferente al ecosistema de otros MMORPG, donde abundaban los jugadores que pagaban para ganar, los que se comportaban como princesas o los que se dedicaban a adular a los demás. Siempre y cuando la estrategia estuviera bien redactada, les gustaría la publicación y la leerían con atención, incluso si la hubiera escrito un principiante.

Caballo Blanco
Creo que tu plan es bueno, solo ten un poco más de confianza. EAcuerdo

N1
¡Exacto! ¿La tasa de éxito es del 20%? ¡Claramente la ventaja está de nuestro lado! EMola

Habrá Tiempo Suficiente
Los asuntos profesionales realmente deben ser manejados por profesionales. Hermano, contamos contigo. Eres nuestro comandante. EAcuerdo

Vendaval Nivel8
+1

Comandante Agua de Manantial
Ejem… Me halagan… En realidad, esta es mi primera vez comandando una batalla de tal escala…

Topo Escapando del Desfiladero
Ja, ja, ja, no hay problema, ¡Rommel solo era teniente en su primera batalla! Después de esta, al menos podrás convertirte en comandante de división. EAsombro2

Golpe de Remo
¡La Legión de la Muerte obedecerá tus órdenes! ¡Déjanos a nosotros los combates más peligrosos!

Pollo a Medianoche
¡La Legión de la Jungla también se une! EAMatar

WC Realmente tiene Mosquitos
¡Piloto experto solicita despliegue en la batalla! EGanador
Al ver las respuestas en la pantalla, Manantial se emocionó y respiró hondo antes de escribir sus respuestas…

Comandante Agua de Manantial
¡Gracias! ¡Gracias a todos por su apoyo! La batalla decisiva comenzará en una semana. Asignaré las tareas más adecuadas a cada unidad, su equipo y entornos de combate preferidos… Espero que confíen en mí y sigan mis órdenes en batalla. ¡Les prometo que no los defraudaré!

Caballo Blanco
No hay necesidad de formalidades, todos somos de la Nueva Alianza. Dinos donde debemos ir… ¡y nosotros nos encargaremos del resto! EMola

Golpe de Remo
¡A la carga!
* * *
A la mañana siguiente. La tranquilidad en la ciudad exterior de la Ciudad de Boulder se vio interrumpida por una serie de gritos enérgicos y nítidos. “¡Extra! ¡Extra! Punto muerto en el frente, ¡la Nueva Alianza lanza una movilización general y recluta mercenarios para la batalla! ¡Generosas recompensas! ¡Es una oportunidad única!” Los repartidores de periódicos recorrían las calles, gritando mientras entregaban periódicos a quioscos, tabernas y tiendas, o los deslizaban en los buzones de sus clientes. En una taberna que aún no había abierto, una gran multitud rodeaba un periódico recién impreso, charlando animadamente. “La Nueva Alianza recluta mercenarios… ¡50 fichas o 100 monedas de plata por día!” “Maldita sea… ¡Eso es medio mes de sueldo!” – jadeó un hombre con manchas de aceite en la ropa. A juzgar por su atuendo, parecía ser un trabajador de una fábrica de maquinaria de la zona. Al oír hablar de recompensas tan generosas, muchos se emocionaron. “¿Esos paletos de los suburbios del norte tienen tanto dinero?” – preguntó un mercenario a su lado. “Me enteré de que el banco de la Ciudad de Boulder les prestó una gran cantidad de dinero, y todas esas fichas están depositadas allí. No tienes que preocuparte por que no te paguen.” – respondió un amigo mercenario. Al fin y al cabo, gastar dinero prestado no es doloroso. La paga de la Nueva Alianza era casi el doble de lo que la Ciudad de Boulder pagaba durante la Marea. Además, 100 monedas de plata al día solo era la paga base para un mercenario individual, pagarían mucho más por un grupo de mercenarios bien entrenados. Al oír las palabras de su compañero, el mercenario se sintió inmediatamente tentado y miró al tabernero sentado en la puerta. “¿Cómo me registro?” “Sale en el periódico… Tienes que llevarlo al punto de reclutamiento de mercenarios al sur de la Ciudad del Amanecer… Te darán ropa y un arma.” – respondió el tabernero impaciente tras soltar un bostezo. “¡Dame uno!” Sin dudarlo, el mercenario sacó su bolsa, le arrojó una ficha, agarró un periódico del puesto y se lo metió en el bolsillo. Muchos hicieron lo mismo. Ese mismo día, más de 3000 mercenarios con un periódico en la mano, partió de la ciudad hacia los suburbios del norte. Aunque las balas no tenían ojos, no necesariamente eran mucho más peligrosas que los mutantes. Para esos mercenarios que vivían al límite, era un trabajo como cualquier otro y naturalmente preferían trabajar para quien ofreciera un precio más alto. Además de la gente más intrépida, las calles y callejones de la Ciudad de Boulder bullían de conversaciones sobre la situación en el frente. Todo indicaba que el estancamiento pronto llegaría a su fin. Una batalla decisiva se estaba gestando a 150 kilómetros de distancia, en el Valle Afortunado… Mientras los habitantes de la Ciudad de Boulder comentaban la noticia, la oficina del Diario del Superviviente también bullía de actividad. Los editores estaban ocupados organizando el material y dándoles formato. Prácticamente sus cabezas estaban hundidas en montones de papeles. Excepto por una persona… Hal, el Redactor Jefe del periódico. A diferencia de los últimos días, estaba preocupado mientras estaba sentado junto a la ventana con un cigarrillo colgando de los labios. Sus ojos habían perdido su brillo. Aunque las ventas del periódico se habían disparado, no estaba nada contento. Hace apenas unos días, su hermano mayor, Kariman, había llegado a la Ciudad de Boulder para verlo. Había traído noticias de la Provincia del Atardecer. Con el apoyo de la Legión, el Reino de Halcón desató una guerra a gran escala contra los Reyes del Desierto. Las llamas del conflicto ya se habían extendido hasta el Reino del León en el Oasis número 9… Y esa noticia era del mes pasado. Con un problema tan grave en su hogar, Hal se sentía desesperado. Quería enviar a un reportero a la Provincia del Atardecer, pero nadie se atrevía a aceptar un trabajo tan peligroso. Adentrarse en el desierto era bastante arriesgado, y aún más en plena guerra. Por muy alto que fuera el sueldo, había que estar vivo para poder gastarlo. Justo cuando ya no sabía qué hacer, apareció un salvador… “Me voy al frente. La Alianza probablemente avanzará hacia el desierto. Cuando llegue al Oasis número 9, intentaré enterar sobre cómo está tu familia.” Habrá Tiempo entró en la redacción del periódico sin andarse con rodeos. Miró fijamente a Hal, que estaba sentado junto a la ventana, y fue directo al grano. Llevaba una mochila que medía la mitad de su estatura, con un fusil de asalto LD-47 colgando a su lado. Todo su equipo y equipaje estaban preparados. Hal se quedó atónito por su declaración. Solo cuando las cenizas del cigarrillo cayeron sobre sus pantalones se levantó bruscamente del taburete. Se acercó rápidamente a Habrá Tiempo, estrechándole la mano con entusiasmo. “¡Gracias! Lo siento, aparte de darte las gracias, ¡no sé qué más decir!” “De nada, pero ser corresponsal de guerra no es fácil. Recuerda pagarme el doble.” – bromeó Habrá Tiempo, al ver su rostro agradecido. “¡Te pagaré el triple! ¡También te daré mi sueldo!” – respondió Hal, emocionado. Habrá Tiempo tosió levemente. “Eso no es necesario…” Simplemente estaba bromeando. Después de haber dedicado tanto tiempo a trastear con prótesis biónicas y haber abierto el mercado de la Ciudad de Boulder para la Alianza, realmente no le faltaba dinero. Justo cuando Hal estaba a punto de contestar, una voz sorprendida surgió de repente desde un lateral. “Espera, ¿qué quieres decir? ¿Vas al frente?” Habrá Tiempo se giró en dirección a la voz, solo para ver un par de ojos sorprendidos mientras lo miraban fijamente. Tenía una cabellera de color verde esmeralda. Al notar la expresión de Dori, Hal tosió levemente, tratando de hablar en nombre de Habrá Tiempo. “La gente anhela saber la verdad y siempre se necesitará a almas valientes que se atreven a ir a dónde la mayoría no lo hace…” “Basta de hipocresía… Solo te preocupa tu familia y tienes demasiado miedo de volver. Intentas endosarle a otro tus problemas.” – dijo Dori, mirándolo fijamente. Sus palabras dieron en el clavo. – “¡Eso es abusar de tu autoridad!” La redacción del periódico estaba extrañamente silenciosa, incluso el sonido de las páginas había cesado. Sintiendo las miradas a su alrededor, Hal se defendió, avergonzado. “Por supuesto que soy una persona común y corriente… Admito lo que dijiste, realmente no me atrevo a regresar, ni tengo la capacidad, pero no estoy de acuerdo en que esté abusando de mi autoridad. Los residentes de la Ciudad de Boulder están interesados en lo que sucede en la Provincia del Atardecer… y últimamente prestan más atención a lo que ocurre en el exterior. También lo estoy considerando desde la perspectiva del periódico.” Dori ignoró sus palabras y miró a Habrá Tiempo, taladrándolo con la mirada. “¿De verdad vas al frente?” Habrá Tiempo asintió. “Sí.” Esos hermosos ojos estaban repletos de reticencia y preocupación. “Puedes quedarte…” – susurró con tono de súplica, bajando la barbilla. “Si no voy, este lugar se convertirá en el frente.” – respondió Habrá Tiempo con una sonrisa, revolviéndole el pelo con la mano. Si la Legión llegaba hasta aquí, no les importaría quien pertenecía a Ciudad del Amanecer, a la Ciudad de Boulder o a la Nueva Alianza. Tomarían todo lo que pudieran y quemarían lo que no. Al final, todo sería suyo y esclavizarían a los que no murieran… Igual que el Campamento Hoja Caída. Al sentir el calor de su mano sobre su cabeza, las mejillas de Dori se sonrojaron ligeramente, pero no se apartó. Se mordió ligeramente el labio inferior, sin lograr convencerlo del todo. “Me pagan el mes que viene, te prometí invitarte a comer… Tienes que volver sano y salvo…” – murmuró con voz muy baja. Habrá Tiempo no pudo evitar sonreír. Estaba convencido de que podría regresar. Mientras la Nueva Alianza no cayera, despertaría 3 días después, sin importar cuántas veces muriera. Sin embargo… No iba a hacer bromas insensibles. “Lo prometo.” – respondió con un tono suave, mirándola a los ojos.
* * *
Ya fueran guerreros o artesanos, sin importar su profesión o su nivel, recibieron el anuncio de movilización del servidor y respondieron a la llamada. Al mismo tiempo, en una granja al norte de Ciudad del Amanecer… Makka Pakka saltó del tractor humeante y miró al viejo granjero que llevaba una azada no muy lejos. “¡Viejo! Cuida de los cultivos durante los próximos días. Te dejo la llave del tractor aquí.” No sabía el nombre del PNJ. Pero, tras haber trabajado juntos en la granja durante tanto tiempo, se conocían bien. Al igual que muchos otros agricultores de la zona, aprendieron a conducir un tractor gracias a Cansado de Cazar Tigres. Actualmente, el nivel de agricultura de Makka Pakka había alcanzado el nivel 6, ya estaba a solo 4 niveles de la mansión de sus sueños. El dinero y todo lo demás era secundario. No podía descuidar los cultivos. El viejo granjero tampoco sabía su nombre, pero conocía a ese extraño individuo. A pesar de ser un noble residente del refugio, realizaba este trabajo duro a su lado, e incluso parecía disfrutarlo enormemente. Y no solo eso, sino que valoraba las cosechas del campo más que su propia vida. Anteriormente, una bestia de múltiples patas se había conseguido pasar des del Distrito del Olmo. Todos huyeron al verlo, pero él se lanzó hacia la bestia blandiendo su azada. De hecho, logró ahuyentarla. Era complicado imaginar qué le podía llevar a dejar los cultivos sin vigilancia durante varios días. “¿Adónde vas?” – gritó el anciano, al ver al joven listo para irse. “¡Al frente!” – respondió sin darse la vuelta. Sacudiéndose el polvo de su equipo, Makka se echó la mochila al hombro. El anciano se quedó atónito, con la azada en la mano. “¿Cuándo vas a volver?” “¡Cuando hayamos ganado!” Sin esperar la respuesta del anciano, Makka Pakka tarareó una melodía y se dirigió a la entrada de la granja, donde se reunió con Cansado de Cazar Tigres. “¿Para qué llevas todo eso? Somos pilotos. Volveremos en seguida.” – bromeó Tigre con las manos en los bolsillos, mientras miraba su saco de arpillera y la revista que colgaba de su mochila. Había escuchado que los aviones de hélice no durarían ni 2 segundos contra ese coloso de metal, pero decir que volverían en un rato era una exageración. Como mínimo, tardarían 3 días. Makka soltó una risita. “Hay otros que van a pilotar esos aviones. Esta vez… ¡Vamos a pilotar algo bueno!” “¿El qué?” – preguntó Tigre, curioso. “¡Un tanque!” – respondió, alzando la barbilla, completamente emocionado. Al oír esa palabra, Tigre se quedó estupefacto. “¡Caramba! ¿Alguna vez has conducido esa cosa?” – exclamó, antes de empezar a dudar. – ‘Espera… ¿Desde cuándo tenemos tanques?’ Makka no dio explicaciones. En cambio, se rio entre dientes. “¡No! ¡Pero no importa! ¡El director de la fábrica N81 me dijo que es lo mismo que un tractor!” Tigre no pudo evitar soltar una carcajada. “¡Es completamente diferente!” “No te preocupes, no es tan difícil como crees… Luego engañaré a alguien de tipo fuerza para que ayude a cargar la munición. Encárgate de conducir y de pisar el acelerador a fondo.” – respondió Makka, dándole unas palmaditas en el hombro.