Capítulo 401
¡Encended!
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
Julio era temporada de lluvias. Aunque la Provincia del Valle del Río se encuentra tierra adentro y las nubes de cumulonimbos se habían disipado en gran medida por los vientos del monzón, todavía podían caer aguaceros torrenciales en esta época del año. Como ahora, en un instante el sol brillaba con fuerza y al siguiente, densas nubes oscuras cubrían el cielo…
“Se han avistado tropas enemigas en dirección sureste… ¡Más de mil! Su equipamiento consiste principalmente en armas ligeras, complementados con exoesqueletos modificados. ¡No se detectan vehículos blindados ni transporte!”
Dentro de una tienda, un explorador informaba sobre lo que acababa de ver mientras estaba arrodillado. Richie escuchó en silencio el informe, y sus labios, normalmente impasibles, se curvaron en una sonrisa fría y burlona.
“Jamás imaginé que los que se enfrentaron a nosotros durante medio mes eran habitantes del páramo…” – reflexionó Finod, con las manos a la espalda.
Por muchos refuerzos que enviara la Compañía, era imposible que siguieran llegando indefinidamente. Sobre todo, su armamento rudimentario. Eso lo convenció todavía más de que quienes los estaban atacando eran gente de la zona. Probablemente de algún asentamiento de supervivientes cercano. No pudo evitar pensar que el Señor o alcalde de ese asentamiento era un insensato.
“¿Qué pretenden?” – dijo Finod, qué aún no comprendía del todo que estaba pasando. – “¿Es por dinero?”
Encontraron armas de la Compañía entre los cuerpos de esos soldados, como el fusil de asalto G9. Pero oponerse a la Legión por tales nimiedades parecía una tontería. Aplastarían a esa gente como hormigas. Solo aquellos que se rindieran al principio, recibirían el perdón y la gracia de poder convertirse en esclavos de la Gran Legión. En cuanto a los que se resistían… solo les esperaba la muerte.
“Quizás fueron sobornados por la Compañía, quizás están locos… Sea como sea, llegaron en el momento perfecto.”
Richie se levantó de su silla. Una sonrisa cruel se dibujó en sus labios, mientras un aura escalofriante emanaba de su cuerpo. Incluso el aire dentro de la tienda se enfrió varios grados.
El general McClennan había emitido una orden de reubicación, iniciando repentinamente su traslado al Oasis número 9, y le preocupaba perderse la oportunidad de vengar a sus compañeros caídos. Ahora, esa oportunidad había llamado a su puerta. ¡Les haría saber a esa gente lo que significaba buscar la muerte!
“Vito, Walid…” – murmurando esos nombres, agarró el casco negro que había en la mesa y se lo puso lentamente en la cabeza. – “Los vengaré…”
* * *
En la montañosa zona occidental del Valle Afortunado, se encontraba la artillería que la Nueva Alianza había preparado durante el último mes.
Más de 20 lanzacohetes Tormenta y 30 réplicas de cañones de 100mm estaban repartidos por las colinas, separadas por al menos 500 metros. Junto a cada lanzacohetes y pieza de artillería se escavaron búnkeres separados para el personal, la munición y las posiciones de tiro, garantizando así la máxima seguridad del personal y el equipo en caso de fuego enemigo. Por supuesto, incluso con semejante preparación tan minuciosa, Yang Shu era muy consciente de que solo tenía una oportunidad.
“¡Fuego enemigo sobre nuestras cabezas en medio minuto…! Somos la primera línea de ataque, ¡nuestros compañeros en otras colinas esperan nuestra señal! Pase lo que pase, no podemos fallar, necesito que todos mantengan la calma en todo momento, ¡sigan mis órdenes pase lo que pase! ¿Todo claro?”
Liderando a su escuadrón, Yang Shu observó a sus artilleros, animándolos por última vez antes de la batalla. Los artilleros alineados en fila, con el ánimo por las nubes, alzaron la vista y lanzaron un sonoro grito.
“¡Entendido!”
Al contemplar esos rostros juveniles, pero increíblemente resueltos, Yang Shu asintió con satisfacción. Parecía ver su pasado reflejado en sus rostros.
Hace medio año, después de que un cuenco de sopa de cebada humeante pusiera fin a sus andanzas por el páramo, decidió seguir el ejemplo del Administrador y unirse al ejército de la Nueva Alianza para resistir la invasión de la Tribu Mastica Huesos. Durante los siguientes 6 meses, marchó hacia el norte con el ejército expedicionario del Norte, participando en varias batallas para liberar la Ciudad del Continente Occidental y, al final expulsar a los depredadores río abajo.
Aunque llevaba menos de un año en el ejército y su experiencia en artillería la había adquirido en el campo de batallas de otros veteranos, su experiencia en combate ya rivalizaba con la de los demás. Ahora, había sido ascendido a capitán de la 11º Compañía de Artillería de la Primera Legión.
En el momento en que dio la orden, todos comenzaron a moverse. Toda la posición de artillería funcionaba como un motor bien engrasado, con cada componente operando de forma fluida y metódica.
Yang Shu caminó solo hacia el puesto de observación mientras sacaba sus prismáticos y miraba fijamente en dirección al puesto de mando, esperando la señal para disparar.
El primer grupo de artillería de 100mm, siguiendo sus órdenes, lanzaría una cortina de humo hacia las inmediaciones del Corazón de Acero, interfiriendo con los puestos de observación de la nave.
Tras la segunda señal, otro grupo de artillería dispararía inmediatamente una segunda andanada cargada de contramedidas electrónicas contra la nave, para crear una nube a su alrededor. Con todo tipo de fragmentos de metal esparcidos a su alrededor para engañar al radar, creando una nube en la pantalla para cubrir a los aviones que trataban de penetrar su red de defensa aérea.
Ambas rondas de bombardeo eran cruciales. Esto determinaría si los paracaidistas de la Nueva Alianza lograrían llegar a su destino. Una vez enviadas ambas señales, tendría que liderar una rápida retirada hacia el búnker antiaéreo más cercano y esperar a que cesara el intenso bombardeo enemigo.
Al repasar el plan de batalla, Yang Shu sintió que le sudaban las palmas de las manos. Si el enemigo simplemente concentraba sus cañones de 100mm sobre su posición, creía que sus posibilidades de supervivencia serían bastante altas. Sin embargo, si el otro bando dirigía su cañón de 400mm hacia las montañas…
Con semejante potencia de fuego, comparable a la de un arma sub-nuclear, sus posibilidades de supervivencia serían inferiores al 20%. Sin embargo, no sentía miedo. Comparado con quienes luchaban en el frente, sus posiciones eran relativamente seguras. Además… era solo una vida. No había nada que temer. Si estas personas no lo hubieran ayudado, su vida habría terminado hace 6 meses.
Las nubes en el cielo se volvieron más densas. Al mirarlas fijamente, Yang Shu sintió cómo las gotas de lluvia caían sobre su barba incipiente antes de deslizarse por el cuello.
“Parece que va a llover…” – murmuró, frunciendo el ceño al sentir el frio.
* * *
“Está lloviendo… Parece que ni siquiera el cielo está siempre de nuestro lado.”
En el puesto de mando, no muy lejos de la posición de artillería, Kakarot se encontraba detrás de una roca con un fusil de asalto en la mano. Sonrió sarcásticamente mientras miraba hacia la aeronave.
La lluvia afectaría a la precisión del radar, pero también eliminaría el humo y las contramedidas electrónicas. Además, el impacto de la lluvia en la maniobrabilidad de los aviones de hélice de la Alianza supondría todo un desafío.
Si bien la intensidad del aguacero afectaría a ambas partes, el impacto sería más pronunciado en el equipo atacante. Sin embargo, no tenían tiempo para retrasar sus planes de combate, la lluvia no daba señales de detenerse y la nave del enemigo se retiraría sin duda en 2 días.
Con los prismáticos en la mano, la expresión de Manantial permaneció inmutable.
“Un cielo despejado y un viento suave sería el mejor escenario…” – dijo, permaneciendo impasible. – “Sin embargo, también podemos luchar bajo la lluvia.”
Sabía que julio era temporada de lluvias, por lo que no había pasado por alto esa situación. Dejando los prismáticos, golpeó dos veces con el dedo el lateral de su casco.
“¡Activen el plan B!” – ordenó, bajando la visera de su exoesqueleto. – “Nombre en clave: ¡Derribar la ballena!”
Soy la Oscuridad se enderezó y realizó un saludo militar con entusiasmo.
“¡Sí!”
* * *
“Va a diluviar…” – murmuró, mientras encendía el motor.
En el aeropuerto de Ciudad del Amanecer.
Observando las gotas de lluvia que se deslizaban por la lona de la cabina, Caída de Pluma echó un vistazo a la MV atada a su muslo. Llovía, así que tendría que ejecutar el plan B de la operación.
La artillería terrestre seguiría lanzando un bombardeo de cobertura. Simplemente, el orden de avance se ajustaría ligeramente.
Con buen tiempo, los aviones de la Alianza operarían alrededor de la nube de interferencia mientras las tropas terrestres iniciaban el ataque. Actuarían como señuelos para atraer el fuego del enemigo. Pero con lluvia, el efecto de la nube de interferencia se reduciría, obligándolo a depender del avión a reacción Mach 3 para convertirse en el señuelo principal. En esencia, la estrategia se mantenía sin cambios, simplemente cambiaba el orden de las acciones.
En ese momento, apareció una ventana emergente de color azul claro en la pantalla de la máquina virtual.
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Pluma Caída suspiró aliviado y tocó su auricular dos veces con el dedo índice.
“¡Cápsula de interferencia electrónica activada! ¡Funcionamiento normal confirmado!”
Existían dos métodos para interferir un radar: usar contramedidas electrónicas (chaff) para reflejar los ecos del radar o… la iluminación activa. Específicamente esto implicaría responder activamente al radar enemigo con señales de radar aleatorias o estructuradas.
La primera era similar a una bomba de humo, ya que ocultaba la posición exacta del objetivo, pero tenía el inconveniente de que duraba poco tiempo y que podía ser derribado en el intento. El último consistía básicamente en alumbrar con una linterna los ojos del enemigo para cegarlo o para que juzgara mal el tamaño y la escala del objetivo.
Por ejemplo, el módulo de interferencia electrónica que colgaba de su ala utilizaba esta última estrategia, capaz de simular la señal de radar de 600 cazas modelo Mosquito. Era uno de los últimos diseños preparados por el equipo de Expedición Científica de la Nueva Alianza para la Fuerza Aérea, con el objetivo de atacar el sistema de radar del Corazón de Acero.
Lamentablemente, el tiempo para preparar esta batalla decisiva había sido demasiado corto. De lo contrario, podrían haber aplicado un revestimiento antirradar a cada aeronave y desplegar más aviones para la guerra electrónica y neutralizar así la potencia de fuego del enemigo. Sin embargo, no había y sí en este mundo.
Habían utilizado todos los medios a su alcance. Incluso si no tenían garantía de que fuera a funcionar, si servía para ganar un segundo más… la operación tendría mayores probabilidades de éxito.
La voz del centro de mando sonó a través del canal de comunicaciones.
“Puesto de mando… Prepárense para entrar en posiciones de combate.”
“¡Recibido!”
Mientras respondía, Pluma ya había puesto el avión en la pista y presionado la válvula de control de combustible al máximo. El rugido del motor llegó desde atrás. Aunque no podía verlo, podía imaginar el chorro de fuego evaporando la lluvia de la pista al impulsarlo hacia adelante.
El avión despegó de la pista y se elevó hacia el cielo cubierto de nubes. Al ver cómo el paisaje se alejaba, Pluma apoyó la espalda contra el asiento y flexionó el dedo que sostenía la palanca de control. Sus pupilas se encendieron con espíritu combativo.
‘¡Vamos! ¡Es hora de demostrar mis habilidades!’
En ese preciso instante, junto a la pista del Aeropuerto Norte de Ciudad del Amanecer, Respuesta Poco Profesional chasqueó la lengua con envidia, sentado en su avión de transporte Libélula.
“Maldita sea, ¡yo también quiero pilotar eso!”
Los lentos aviones de hélice no eran ni de lejos tan divertidos de pilotar como uno a reacción. Como no había silenciado el micrófono se escuchó la burlona voz de Mosquito a través del canal de comunicaciones.
“Ja, ja. Eso es un prototipo. Solo hay uno por ahora. Tendrás que esperar.”
“Esperaré.”
Tras echar un vistazo a la cabina que tenía detrás y observar que los paracaidistas ya estaban a bordo, cerró la escotilla. Cuando la luz de señalización empezó a parpadear, agarró el intercomunicador que colgaba junto a su cabeza.
“Nube Elevada N1 acaba de despegar… Es nuestro turno.” – gritó, mientras arrancaba el motor.
* * *
Al mismo tiempo, al oeste del Valle Afortunado.
Al detectar objetivos terrestres aproximándose, Richie lideró 3 escuadrones de 1000 hombres, junto a 2000 supervivientes del páramo como refuerzo. Avanzaron hacia la zona objetivo, guiados por las cápsulas de observación del Corazón de Acero.
Originalmente, el escuadrón de élite de Pangolín estaba destinado a ser una tropa de escolta de élite y a unirse al ataque. Sin embargo, debido a las numerosas bajas sufridas en la misión anterior, afortunadamente se quedaron atrás.
Cowley llamó a Pangolín a su tienda en el Campamento Hoja Caída.
“Hemos recibido órdenes de arriba. Abandonamos el campamento pasado mañana y regresaremos al desierto.”
Aunque ya había escuchado la noticia, Batalla fingió oírla por primera vez, simulando sorpresa por un instante antes de poner una expresión de reticencia y preocupación.
“¿Te vas?”
Era una situación realmente complicada. No poder ir al frente significaba que había perdido la oportunidad de causar problemas. Aunque esperaba algún giro inesperado, el hecho de haber trabajado tan duro y no tener la oportunidad de conseguir algunas bajas le daba la sensación de haber desperdiciado sus esfuerzos.
“Regresaremos a más tardar a finales de agosto.” – respondió, mirando al valiente oficial que tenía delante. – “El general McClennan valora su lealtad. Su valentía y fidelidad son evidentes para todos. Con efecto inmediato, eres el comandante de las fuerzas mercenarias del Campamento Hoja Caída. La carta de nombramiento se entregará aquí mañana.”
‘Mañana…’
Sería demasiado tarde. Batalla suspiró, pensando que probablemente no recibiría la carta de nombramiento. Aun así, adoptó una expresión solemne e inclinó la cabeza, fingiendo preocupación.
“Gracias por el ascenso, señor.”
Al observar al obediente subordinado frente a él, asintió con satisfacción.
“Que te vaya bien. La Legión nunca duda en recompensar la lealtad. Espero que cuando regresemos, vea un ejército bien entrenado. No me decepciones.”
Al escucharlo, Batalla pensó en cómo poder demostrar su lealtad cuando, de repente, escuchó un estruendo a lo lejos. Al principio, Cowley pensó que era un trueno, pero rápidamente se dio cuenta de que era el sonido de una explosión. Y… no solo uno. Tras recuperarse, la expresión de Cowley cambió. Se puso de pie de un salto y agarró la radio.
“¡Ataque enemigo! ¡Prepárense para la batalla!”
* * *
Casi en el mismo instante en el que impactó la artillería, el Corazón de Acero activó su alarma de nivel 2 y desató una intensa actividad desde los puestos de observación hasta las posiciones de artillería.
Aunque el ataque no había causado ningún daño a la nave, el humo de las explosiones dificultaba considerablemente la visión desde el puesto de observación que controlaba la situación en tierra.
12 minutos antes, habían detectado actividad enemiga al sureste. Sin embargo, justo cuando estaban a punto de realizar una búsqueda exhaustiva, una densa andanada de proyectiles explotó repentinamente a 500 metros al este del dirigible.
La densa humareda que se elevó obstruía la vista desde la plataforma de observación, pero afortunadamente, habían detectado aproximadamente la ubicación de la artillería.
“¿Esta gente se ha vuelto loca…? ¿Se atreven a dispararnos?” – exclamó el artillero sorprendido mientras cargaba un proyectil en la recámara. Tenían que saber que ese tipo de artillería sería completamente inútil contra el Corazón de Acero.
En lugar de alarmarse, quedaron completamente desconcertados. El artillero auxiliar, que estaba a un lado, fijó la vista en la humareda y frunció el ceño.
“¡Es una bomba de humo!”
“Un truco absurdo…”
El oficial que estaba detrás del cañón soltó una risita antes de echar un vistazo a la nota que le entregó el mensajero.
“Cañones triples… Preparados para disparar: objetivo a 112º. Elevación 27º. Cinco salvas… ¡Fuego!” – ordenó, tras agarrar el intercomunicador.
Doce estruendosos estallidos resonaron al instante. Doce estelas atravesaron la humareda y se precipitaron hacia las posiciones de artillería de la Alianza. Los destellos de las explosiones iluminaron las cimas de las colinas, seguidas rápidamente por otra ronda que cubrió la zona por completo. Las llamas se extendieron a través de las montañas a más de 20 kilómetros de distancia. La densa humareda producto del fuego cubrió rápidamente las posiciones de artillería enemigas de un mar de oscuridad.
En ese momento, dentro de la zona de observación, un vigía agachado frente al sistema de puntería gritó emocionado.
“¡Impacto confirmado!”
La gente en la plataforma sonrió de alegría, pero antes de que pudieran siquiera aplaudir, un informe enviado por el operador del radar cambió instantáneamente sus expresiones.
“¡600 cazas se aproximan desde el norte a dos veces la velocidad del sonido!”
Sin dudarlo un instante, el observador ajustó la mira óptica para fijar la trayectoria de los enemigos. Pero por mucho que intentase ampliar la imagen o forzar la vista, no logró ver a través de la cortina de agua para divisar la sombra de esos 600 cazas.
“¿Puedes verlos?”
“¡Mierda! ¡Negativo!”
Con buen tiempo, su alcance visual podía oscilar entre los 9 y 20 kilómetros. Sin embargo, con lluvia, esa distancia podía reducirse a menos de la mitad. Aun así, por muy rápido que pudiera volar, y por muy adversas que fueran las condiciones meteorológicas... no debería llegar al punto de que ni siquiera pudiera ver las estelas del enemigo.
El observador que se encontraba junto al sistema de puntería comenzó a dudar de sus propias capacidades.
‘¿Está fallando el radar? Quizá tengo la vista cansada…’
* * *
Dentro del puente.
Al escuchar el informe de su subordinado, el general McClennan mostró una expresión de incredulidad.
“600 cazas… ¿cómo es posible?”
No era el único. Casi todos los oficiales en el puente tenían la misma expresión de desconfianza.
“¿Podría ser una trampa?” – preguntó un oficial del estado mayor, tras reflexionar un momento.
600 aviones… Y todos al doble de la velocidad del sonido. ¡Esa cifra era simplemente escandalosa!
La expresión del general oscilaba entre la ira y la incertidumbre mientras observaba la señal intermitente del radar. Su mente trabajaba a toda velocidad. También piensa que podría ser una artimaña, pero… ¿qué sentido tendría hacerlo? Aunque lograsen desviar con éxito la potencia de fuego del Corazón de Acero, no serían capaces de traspasar la defensa del escudo direccional.
Durante las últimas 2 semanas, habían intentado de todo. Ya fueran cañones antiaéreos, artillería pesada o cohetes… Todos esos ataques habían demostrado ser inútiles contra la poderosa aeronave.
“Maniobran hacia el suroeste. La señal se está intensificando… ¡Se acercan!” – gritó el oficial desde la terminal del radar.
“Sea un señuelo o no, fuego antiaéreo. ¡Derribad esas moscas!” – ordenó McClennan sin dudarlo.
“¡Sí!”
Los cañones ya habían fijado la trayectoria de esos 600 cazas. Al escuchar la orden de disparo, estelas de llamas naranjas salieron disparadas de los cañones, dirigiéndose a toda velocidad hacia los objetivos del radar. Pero para su sorpresa, esos 600 aviones continuaron volando en formación, sin dispersarse ni realizar maniobras evasivas. Se lanzaron directamente contra la andanada de proyectiles.
Al contemplar a través de los ventanales del puente la densa columna de humo de las explosiones, el McClennan entrecerró ligeramente los ojos.
“¿Hemos dado en el blanco?”
La señal del radar desapareció, pero este éxito pareció llegar con demasiada facilidad. Al segundo siguiente, aparecieron señales fluctuantes en el radar. Las posiciones de artillería en tierra no parecían haber sido destruidas por completo y seguían disparando hacia la nave. Pero esta vez, en lugar de bombas de humo, lanzaban bengalas de interferencia como contramedidas electrónicas. No se lo podía creer.
Un destello de sorpresa apareció en los ojos del general McClennan. Sabían cómo usar contramedidas electrónicas para interferir el radar, así que esta gente tenía cierto conocimiento. Sin embargo, subestimaron el radar del Corazón de Acero, podrían deshacerse de la interferencia en cuestión de minutos. Además… Su coordinación dejaba demasiado que desear.
Los 600 aviones ya habían sido destruidos. Incluso si habían desplegado las contramedidas electrónicas, ya era demasiado tarde. Solo serviría para exponer todavía más las posiciones de la artillería terrestre.
Mientras McClennan reflexionaba sobre lo sucedido, 22 señales débiles aparecieron repentinamente en el radar al sur de la nave. Estaban muy cerca, a menos de 10 kilómetros. Como si surgieran de la nada, volando por encima de las nubes. Al ver la serie de señales, el general quedó momentáneamente atónito antes de reaccionar bruscamente.
“Artillería de estribor, ¡fuego! ¡Esos 600 cazas eran un señuelo! ¡Apunten a los objetivos al sur!”
* * *
Mientras el Corazón de Acero giraba sus troneras al unísono, Respuesta Poco Profesional agarraba la palanca de la dirección mientras miraba fijamente la MV sujeta a su muslo. Estaba contando en silencio. Les tomaría unos 17 segundos girar sus armas 110º…
La artillería ya estaba disparando señuelos de contramedidas para cubrirlos desde tierra, pero sabía que ese nivel de interferencia no duraría demasiado antes de que fueran detectados por el radar del enemigo. De hecho, ni siquiera necesitarían atravesarlas. Esa densa potencia de fuego podría destrozarlos junto a la nube que causaba las interferencias.
Los proyectiles trazadores ya atravesaban las nubes, explotando con densas columnas de humo negro. Fragmentos de metralla rozaban las hélices y las alas. El sonido del metal raspando el fuselaje resonaba constantemente.
El avión comenzó a temblar violentamente. Al darse cuenta de que el tiempo se agotaba, Respuesta Poco Profesional agarró con calma el intercomunicador que colgaba cerca de su cabeza.
“Este vuelo ha llegado a su destino. Nos estrellaremos en 10 segundos… ¡El kilómetro restante depende de vosotros!”
Mientras hablaba, la parte trasera del avión se abrió lentamente, haciendo que el viento silbase en los oídos de la gente. El sonido que llegaba a través del canal de comunicaciones quedó amortiguado por la corriente de aire, pero todavía pudo sentir el orgullo inquebrantable que trasportaron esas pocas palabras.
“¡Recibido!”
“¡Déjalo en nuestras manos!”
Los paracaidistas de la Legión Ardiente salieron del avión uno tras otro. Al observar las estelas de los proyectiles atravesando las nubes y los destellos de las llamas que iluminaban la ventana de la cabina, una sonrisa se dibujó en sus labios.
‘Misión cumplida. Bueno… seguramente no podré regresar.’
Mientras lo pensaba, cambió al canal de comunicación principal y gritó en el canal del centro de mando.
“Aquí la Formación de Vuelo B… Nuestra misión ha terminado. La artillería enemiga nos tiene en la mira. No volveremos. Antes de que nos derriben… ¡escoltaremos a nuestros compañeros en este último viaje!”
No hubo respuesta, pero no importaba… Poco Profesional sabía que el enemigo probablemente estaba también interfiriendo sus comunicaciones. Dejando caer el intercomunicador, pulsó el botón junto a la palanca de control, dejando salir una densa humareda negra desde la cola del avión. Al mismo tiempo, sujetó con fuerza la palanca y gritó hacia la maltrecha cabina acribillada a balazos.
“¡Grupo B! ¡Desplegad humo y caída en picado!”
No sabía si alguien pudo oírlo, pero en cuando su avión empezó a echar humo, las 21 Libélulas que lo acompañaban comprendieron su intención y se lanzaron en picado a su lado.
Con la lluvia de disparos anaranjados surcando el aire, el cielo se iluminó. Sin la protección de las nubes, los aviones de transporte se vieron rápidamente envueltos en llamas. Pero su sacrificio no fue en vano. La densa humareda negra, junto con la caída suicida en picado como una cascada, dibujó una pared de humo extendiéndose por el firmamento.
El vigía que permanecía en el puesto de observación miró lo que ocurría con los ojos desorbitados. No podía separar la mirada del cielo iluminado por el fuego de artillería. Estaba convencido de que esos aviones jamás podrían escapar de esa red de fuego. Simplemente no podía creer que no planeasen huir, sino que tenían la intención de cargar directamente contra ellos.
Y entonces, vio un grupo de paracaidistas atravesar el humo. Eran como dientes de león a la deriva en un mar de llamas. Sus vidas se consumían a un ritmo vertiginoso. Aun así, la artillería y las balas dispersas no podían cambiar su dirección.
“¿Se han vuelto locos…?” – murmuró el artillero detrás del cañón antiaéreo de 100mm al ver los paracaídas caer del cielo.
Paracaídas… En realidad, planeaban aterrizar sobre su fortaleza con ridículos paracaídas. Incluso si unos pocos lograban atravesar la densa red de proyectiles y aterrizar con éxito… ¿qué importaba?
Incluso con 5 divisiones de 1000 hombres desplegados en tierra, quedaban otros 3000 a bordo de la nave. Aunque unas pocas decenas o cientos lograsen tener éxito, no dejaban de ser hormigas… Su potencia de fuego los haría pedazos en cuestión de minutos.
Dentro del puente, el general también miraba con incredulidad a los paracaídas. No sabía que les había dado a esos hombres la confianza para irrumpir en su nave con tan pocas tropas, pero no podía permitirse el lujo de ser negligente en este momento. En su opinión, esos nativos habían pagado un precio muy alto, arriesgando un montón de vidas. No lo habrían hecho solo para ver fuegos artificiales.
“¡Ajustad la orientación del motor! ¡Apuntad al cielo!” – ordenó, tras volver en sí de repente.
Su ayudante también se recuperó rápidamente.
“¡Sí, señor!”
Una vez dada la orden, los motores de ambos lados de la nave comenzaron a girar, haciendo que las hélices apuntasen directamente hacia arriba. Una potente corriente de aire se elevó hacia el cielo, empujando suavemente la aeronave hacia abajo y desorientando simultáneamente a los paracaidistas.
Al ver a la gente de la Legión Ardiente en peligro, el avión Nube Elevada regresó a la contienda a pesar de que ya había abandonado el campo de batalla. Ya había soltado su módulo de interferencia electrónica. Sin emitir ya ninguna señal, era como una daga oculta en la oscuridad de la noche. Se acercó a su objetivo en silencio y con rapidez.
‘Las gotas de lluvia caen a una velocidad de unos 10 metros por segundo…’
Agarrando con fuerza la palanca de control, Pluma fijó su mirada en la fila de motores del lado derecho del dirigible.
“El punto de activación del escudo deflector debería estar a unos 60 metros…” – murmuró. – “Si reduzco la velocidad junto antes de llegar al borde del escudo… ¡Debería poder entrar!”
Aunque era la primera vez que intentaba una maniobra tan temeraria, un avión con alas de flecha invertida… ¡debería ser capaz de hacerlo! Contando hacia atrás con la mente mientras se aproximaba al escudo, apretó los dientes y aceleró a fondo. Al mismo tiempo, tiró de la palanca de control, haciendo que el morro del aparato se elevase bruscamente.
La cola del avión giró hacia adelante y, mientras soportaba la poderosa fuerza G, Pluma accionó con fuerza la válvula del postquemador junto a su pierna derecha. Una estela de llamas salió del motor.
Al disminuir la velocidad de golpe, las alas se hicieron jirones por la corriente de aire. Sin siquiera tener la oportunidad de emitir un sonido, Pluma sintió que su mundo se sumía en la oscuridad, desconectándose del juego.
El avión perdió el control y cayó como una hoja al viento mientras continuaba con su avance. Sin embargo, en lugar de estrellarse contra los escudos, fue succionado por los motores junto a las alas destrozadas. Una explosión ensordecedora destrozó las hélices del lado de estribor, haciendo que la nave se inclinase instantáneamente.
Tras estabilizar su paracaídas, N1 contempló la explosión con los ojos muy abiertos, repletos de asombro.
“¿Qué carajo? ¿Una Maniobra Cobra?”
No fue el único. Los soldados y oficiales del Corazón de Acero también observaron con incredulidad lo que acababa de suceder. Ni siquiera vieron cómo se había acercado el avión. En el último instante, redujo la velocidad, atravesó el escudo y se utilizó a sí mismo como proyectil, impactando contra la hélice de estribor.
Al perder potencia en el lado derecho, el Corazón de Acero tuvo que apagar el motor izquierdo para evitar zozobrar, reduciendo drásticamente la presión sobre los paracaidistas que aterrizaban. Sin embargo, el peligro no había desaparecido. Incluso después de acercarse por la zona ciega de los cañones antiaéreos de 100mm, y de que las hélices se vieran obligadas a detenerse, una docena de ametralladoras de 10mm seguía apuntándoles desde todas direcciones.
Los exoesqueletos ofrecían cierta protección contra las balas, pero eso no significaba que fueran completamente inmunes a los disparos. Tras haber superado el escudo direccional, el siguiente obstáculo era una potencia de fuego abrumadora.
Hasta ese momento, más de la mitad de los 500 paracaidistas habían muerto o estaban heridos. Muchos quedaron acribillados a balazos en el aire, cayendo hacia el suelo o colgando de los cañones que sobresalían de la nave como si fueran las espinas de un erizo.
Mirando fijamente el destello de los disparos y los últimos 30 metros, Caballo Blanco desenvainó la daga que colgaba de la parte delantera de su pesado exoesqueleto de caballería y gritó a través del sistema de comunicaciones.
“Aunque nuestra carne y sangre se reduzcan a cenizas antes de tocar el suelo… ¡Esparciremos nuestras brasas ardientes ante sus ojos! ¡Cortad las cuerdas!”
Mientras pronunciaba esas palabras, blandió la daga, cortando el paracaídas que envolvía su exoesqueleto. Se lanzó a través de la lluvia de proyectiles, recorriendo los 30 metros en un instante. Sus pies impactaron con fuerza contra la parte superior de la nave, dejando dos profundas marcas en la supuesta impenetrable armadura de acero. La verdad es que no era tan invencible como parecía.
“¡El objetivo es el cañón principal de 400mm! A todos los que aún puedan moverse…” – gritó a través del canal de comunicaciones, mientras agarraba el rifle que llevaba colgado a la espalda. – “¡Avanzad!”



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