Capítulo 398
El cebo.
Traducido por Tars
Corregido por Noe
Editado por AMarauder
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En el canal de comunicaciones, se escuchó un tono de ocupado acompañado del eco de la estática. Chu Guang, presionando su dedo índice contra su frente, se encontraba sentado en la oficina del administrador del Refugio 79, dónde colgó con cansancio la videollamada desde Ciudad del Amanecer.
Habían pasado tres días desde que había tomado el control del Refugio 79. Para establecer un punto de reaparición y una base temporal, Chu Guang había permanecido en el frente para organizarlo todo durante los últimos días. Ni siquiera había regresado al refugio en Neeko. Y hace apenas diez minutos, sus jugadores finalmente habían establecido una base de comunicaciones temporal en el Valle Afortunado. Gracias a ella, habían logrado contactar con Ciudad del Amanecer y enterarse por Luka de la situación de Kariman y de la invasión de la Legión a la Provincia del Atardecer.
Por supuesto, comprendía el principio de compartir destinos. Una vez que la Legión tomase el control de la Provincia del Atardecer, el corredor sur de la Provincia del Valle del Río se convertiría en la línea del frente en su batalla contra el Gran Valle de la Grieta.
Una vez que eso sucediera, desde Ciudad del Amanecer hasta la Ciudad del Alba… Incluida todo el sur de la Provincia del Valle del Río se convertiría en un campo de batalla. Toda la riqueza generada por los jugadores y los residentes de la Nueva Alianza durante el último año desaparecería instantáneamente.
Si no hubiera sido por la llegada del Corazón de Acero a sus puertas, miles de jugadores de la Nueva Alianza ya se habrían convertido en mercenarios y se habrían lanzado al frente para luchar contra la Legión.
Justo cuando Chu Guang planeaba discutir las contramedidas con Vanus, las comunicaciones que se habían restablecido hacían menos de diez minutos, volvieron a interrumpirse. Se oyeron pasos en el pasillo, pero antes de que llamase, Chu Guang abrió la puerta de la oficina. Como era de esperar, vio una cabellera plateada.
“Estaba copiando estos datos al servidor de la Nueva Alianza y de repente dejó de funcionar… ¿Qué pasó?” – se quejó Heya ante la puerta de la oficina con una expresión frustrada.
Chu Guang no respondió de inmediato, pero echó un vistazo a su máquina virtual, donde una ventana emergente de color azul claro parpadeaba con informes de los jugadores.
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Por sus mensajes, Chu Guang comprendió a grandes rasgos lo que acababa de suceder.
“Probablemente localizaron la fuente de la señal… Las aeronaves de la Legión dispararon contra nuestro dispositivo de comunicación temporal recién desplegado.” – respondió, tras soltar un suspiro.
“¿Ah? Entonces... ¿Están todos bien?” – preguntó Heya, preocupada.
“Informaron… Deberían estar bien.”
En la zona urbana existían numerosos lugares con cobertura. A menos que detonasen bombas de hidrógeno u otras armas subnucleares, como las bombas termobáricas, el daño por fuego de artillería sería limitado. Para el Corazón de Acero, la posición de Chu Guang podía considerarse la retaguardia de las líneas enemigas. Claramente, su munición no era lo suficientemente abundante como para permitirles bombardear la zona indiscriminadamente sin sufrir las consecuencias.
Ante la posibilidad de que el enemigo enviase tropas para evaluar los daños causados al globo de comunicaciones, dio nuevas órdenes a los jugadores para que evacuaran la zona cercana al bombardeo. Aunque no se habían restablecido las comunicaciones de larga distancia, las de corto alcance no suponían ningún problema. La débil señal era complicada de localizar con precisión. Como mucho, el enemigo sabría que había alguien allí, pero sería demasiado difícil determinar su ubicación exacta.
“Me alegra que todos estén bien…” – Rascándose la nuca, Heya sintió que no era correcto insistir. Rápidamente cambió de tema. – “Por cierto… mientras buscaba en los servidores de este refugio, me topé con algo interesante que quizás te guste.”
“¿Qué es?” – respondió, arqueando una ceja con curiosidad.
Apenas se había conectado al sistema del Refugio 79, tan solo diez minutos. Se desconectó poco después y no tuvo tiempo de escanear por completo los servidores. Sin importar qué, el Refugio 79 ya le había deparado suficientes sorpresas por el momento. Que Heya describiera sus hallazgos como algo que podría gustarle… Realmente estaba empezando a sentir curiosidad.
Al ver la expresión en el rostro de Chu Guang, Heya esbozó una agradable sonrisa mientras continuaba alegremente.
“En la base de datos privada del investigador A-7274, encontré un conjunto de planos de exoesqueletos diseñados para Garras de la Muerte. Aunque el proyecto no figuraba en los temas de investigación del refugio, el nivel de finalización del plano es sorprendentemente alto. Está casi listo para su aprobación… Te lo enviaré.”
Tras hablar, Heya pulsó dos veces su máquina virtual, compartiendo rápidamente los datos con la de él. Chu Guang abrió el archivo y vio un modelo 3D con parámetros para cada componente. Incluía cientos de piezas, con una complejidad que se situaba entre el Minero Tipo I y Tipo V.
Después de entregárselo a Pequeño7, fabricar un prototipo con la máquina CNC de plasma de confinamiento magnético no sería complicado. Tras descartar algunas configuraciones, producir una versión básica en masa a través de su industria pesada no sería demasiado complicado. Aunque era solo un diseño, el investigador que lo creó le dio un nombre muy apropiado: ¡Cazador!
“El cuerpo de una Garra de la Muerte crece rápidamente, alcanzando una altura de metro y medio al año de nacer y de entre dos a dos metros y medio en cinco meses, entrando así en la edad adulta.” – continuó Heya, al ver como los ojos de Chu Guang brillaban. – “Por lo tanto, el diseño del exoesqueleto se centró en la adaptabilidad, mejorando la flexibilidad de sus diversas estructuras. Puede ser usado por criaturas adultas con una longitud de columna vertebral de entre dos y cuatro metros. Sin embargo, la protección de la armadura del exoesqueleto es algo limitada, ya que solo protege la cabeza y el pecho de la Garra de la Muerte. Supongo que los investigadores probablemente consideraron la dificultad de operar herramientas diseñadas para cuerpos humanos después de trasplantar su conciencia a una Garra de la Muerte, por lo que diseñaron un conjunto de exoesqueletos específicamente para su nueva forma.”
La razón por la que se abandonó el proyecto también era sencilla. Aunque Heya no lo hubiera mencionado, Chu Guang probablemente lo habría adivinado. Solo tenían que mirar a la Madre de las Garras de la Muerte que estaba afuera.
Mientras se inyectasen el suero, no dejarían de crecer. Por muy perfecto que fuera el diseño del equipo, solo les serviría durante unas pocas décadas como máximo. Comparado con una vida infinita, ¡ese tiempo no era nada!
Debido a las diferentes tasas de crecimiento de los distintos tejidos y huesos, la idea de que el exoesqueleto creciera proporcionalmente al tamaño de sus cuerpos resultaba poco práctica. Solo podía rediseñarse para las distintas etapas de la vida. Al final, la idea de la mejora mecánica simplemente se abandonó.
“No está mal… Este equipo podría ser justo lo que necesita nuestra Caballería Lobo.”
Chu Guang asintió con satisfacción, guardando el plano con la intención de enviárselo a Pequeño7 una vez que se restablecieran las comunicaciones.
“¿Caballería Lobo?”
“Es un proyecto que nuestro ejército está investigando actualmente. Planeamos crear una unidad de caballería capaz de maniobrar rápidamente… Aunque suene un poco anticuado en 2341, pensamos intentarlo.” – respondió Chu Guang con naturalidad. – “No te preocupes, déjanos los asuntos de la guerra a nosotros. No tienes que inquietarte por eso.”
Heya asintió, sin comprender del todo las complejidades de la guerra. Sin embargo, sabía qué si la Nueva Alianza perdía, no podría seguir dedicándose a su investigación como hasta ahora.
“Bueno, espero poder ayudar. Vuelvo al laboratorio. Chicos… buena suerte.” – Al acercarse a la puerta, hizo una pausa y de repente hizo una broma. – “Por cierto, sonaste como un verdadero hombre cuando dijiste esa frase tranquilizadora.”
No esperó su respuesta mientras sus pasos ligeros resonaban por el pasillo.
* * *
En el Valle Afortunado.
En la azotea de un edificio residencial, Manantial sostenía unos prismáticos mientras observaba el espeso humo que se dispersaba lentamente a lo lejos. Su posición actual, situada junto al depósito de agua abandonado y en diagonal a la escalera, era una posición perfecta para evitar ser visto directamente desde el dirigible. Tumbado a su lado, Cazafantasmas también sostenía unos prismáticos, mirando en la misma dirección.
Hace unos días, Batalla le había dado una paliza y lo había usado como moneda de cambio con la Legión. Tardó tres días en regresar. Aunque Batalla afirmó en el foro haber ayudado a deshacerse de su cuerpo por precaución, Cazafantasmas fue desplegado lejos del campo de batalla para evitar ser detectado por la Legión. Así, acabó junto a Manantial. Basándose en su experiencia, permanecer cerca de este cobarde garantizaría que no iba a morir.
El único inconveniente era que se estaba aburriendo. A menos que fuera absolutamente necesario, ¡este desgraciado nunca aparecía en primera línea del campo de batalla! Y aunque apareciera, por lo general no se involucraba en ningún combate. Por ejemplo… Ahora estaba en primera línea, pero ya no su exoesqueleto, ni siquiera había traído un arma.
“¿Estás seguro de que vendrá la Legión?” – preguntó Cazafantasmas por puro aburrimiento.
“Más del 80%.”
“¿Entonces por qué no hay ningún movimiento?” – refunfuñó Cazafantasmas.
Molesto por la pregunta, Manantial le lanzó una mirada desdeñosa.
“¿Crees que no lleva tiempo caminar hasta aquí? Calla y espera.” – espetó, pero en cuanto terminó de hablar, pudo ver movimientos en la calle a lo lejos.
Un equipo de soldados fuertemente armados se acercaba con cautela a la zona de la explosión, cubriéndose unos a otros mientras avanzaban a través de un muro derrumbado. A la cabeza del ataque iban soldados vestidos con un equipo de lo más variopinto. Eran claramente carne de cañón, obligados por los hombres con túnicas negras que los seguían a entrar primero a los edificios en ruinas.
“Maldita sea, de verdad vinieron.” – murmuró Cazafantasmas asombrado, al ver cómo las sombras se movían de forma sospechosa.
“Con una señal tan fuerte… Si yo fuera el comandante del otro lado, también enviaría a alguien a investigarlo.”
Probablemente pensaron que la base de comunicaciones era su cuartel general. Mientras pensaba en sus próximos pasos, Manantial mantuvo la vista fija en la calle, observando atentamente el despliegue de equipos y personal. Basándose en el reconocimiento realizado durante los últimos días, ya había descifrado bastante bien los patrones de despliegue de la Legión.
Para misiones rutinarias, desplegaría un pequeño escuadrón de 10 hombres, acompañado por otros 100 como escolta. Los primeros solían supervisar la batalla y brindar apoyo, mientras que el segundo grupo se encargaba del asalto, la limpieza de edificios, el reconocimiento y la cobertura de retaguardia… En resumen, todas las tareas realmente arriesgadas.
Si se enfrentaran a la guerrilla de la «Compañía», desplegarían 3 equipos de 100 hombres, coordinando sus movimientos con otros 5 escuadrones auxiliares de carne de cañón.
Según la información de Batalla, el número de supervivientes en el Campamento Hoja Caída había alcanzado los casi 20.000, y el tamaño de las fuerzas auxiliares de la Legión habían aumentado de las 500 iniciales a 2000.
Si no fuera porque la organización del personal del Campamento Hoja Caída aún estaba en desarrollo, la Legión estaría encantada de entregar un machete a cada adulto apto para el servicio militar. Debido a la falta de lacayos capaces, el ritmo al que ascendían los oficiales se había disparado.
Casualmente, Batalla era ahora un firme candidato para ser ascendido una vez más, ¡de centurión a capitán de 1000 hombres! Después de todo, el mismísimo general McClennan lo había ascendido a centurión. No solo había cazado a una Garra de la Muerte, sino que también era la única persona que había luchado y vencido a la guerrilla de la Compañía en el campo de batalla.
Los miembros de la Legión de la Muerte que se infiltraron con él en el campamento enemigo también habían alcanzado el rango de lugartenientes u otros oficiales subalternos.
“¿Deberíamos darles una sorpresa?” – sugirió Cazafantasmas con entusiasmo, tras confirmar que Batalla no se encontraba entre el grupo que exploraba el terreno.
“Estamos demasiado cerca del dirigible; probablemente sus cañones ya estén apuntando hacia aquí.” – Manantial miró hacia el cielo, reflexionando, luego continuó. – “Esperemos a que anochezca.”
En ese instante, se le ocurrió una gran idea. Oyó que la Legión de la Muerte había capturado recientemente a muchos Basurillas. También habían recibido un nuevo lote de equipamiento fabricado con la ayuda de la Tecnología Goblin. Era una buena oportunidad para que los pusieran a prueba…
* * *
Ya entrada la noche, un grupo de soldados vestidos de negro avanzó en la oscuridad.
Unas diez horas antes, tras destruir una base de comunicaciones ubicada dentro de la ciudad, apareció una nueva fuente de señal de alta potencia justo cuando el cielo comenzaba a oscurecerse.
Sin dudarlo, tan pronto como se transmitieron las coordenadas a los artilleros, la dotación de reserva disparó inmediatamente tres rondas con los cañones de 100mm, enviando 9 proyectiles a la zona donde se había detectado la señal.
El hecho de que arriesgaran sus vidas para colocar esa instalación de comunicaciones, la Legión sintió que su oponente claramente tenía algo importante que comunicar a su cuartel general. Ya fuera para solicitar refuerzos o para informar sobre las novedades en el frente, no tenían ninguna intención de dar al otro bando la oportunidad de establecer comunicación.
Richie transmitió la orden del cuartel general al campamento Hoja Caída. Pronto se reunió un escuadrón de 100 hombres de supervivientes del páramo. Junto con un escuadrón de infantería de marina, se adentraron en la ciudad sumida en la oscuridad.
“¿Por qué no les bombardeamos? ¿Qué necesidad hay de ir a echar un vistazo?” – le susurró a su oficial un soldado de túnica negra que avanzaba con cautela, mientras observaba los edificios sumidos en la oscuridad.
No era buena idea entrar en la ciudad por la noche, cualquier ventana podría servir como escondite para un arma.
“La artillería ya ha bombardeado. La señal se ha debilitado, pero no se ha interrumpido por completo. Se sospecha que se trata de un refugio antiaéreo. Tenemos que ir a dónde cayeron los proyectiles y ver si hay supervivientes.” – repitió el oficial la orden sin cambiar de expresión. Tras hablar, miró fijamente a Pangolín. – “Lleva a algunos de tus hombres a explorar el terreno.”
“¡Sí!”
Como carne de cañón entrenada profesionalmente, Batalla respondió con rapidez mientras tomaba la delantera. No solo eso, sino que también trajo consigo a algunos de sus subordinados de confianza, incluido el joven llamado Li Ba que conoció al principio.
“Tú… ¡Sígueme!”
Los que debían liderar la carga tenían semblantes amargos, pero siguieron a regañadientes a Pangolín.
Al ver sus expresiones, Batalla sonrió para sus adentros, pero no dio ninguna explicación. No hacía falta darlas; se lo agradecerían más tarde. En cuanto a los demás… Estaban solos. En la guerra, siempre moría gente.
* * *
Al frente de sus subordinados, Batalla se acercó rápidamente al edificio que acababa de ser bombardeado con fuego de artillería. Probablemente antes era un centro comercial. Tenía solo 5 pisos de altura, con una cúpula de acero cubierta de exuberantes enredaderas. Sin embargo, lo único que quedaba eran vigas de acero rotas. Al contemplar el centro comercial al aire libre, Li Ba agarró su rifle, mientras sus piernas temblaron incontrolablemente. Tragando saliva con nerviosismo, miró a Pangolín, que estaba a su lado.
“¿Entramos…?”
“Quédate cerca de mí.” – respondió Batalla, sin dar más explicaciones.
Li Ba asintió inmediatamente. Aunque no podía precisar el motivo, su instinto le decía que, mientras permaneciera cerca de Pangolín, podría sobrevivir. Tras pasar el control de seguridad de la entrada principal, Batalla entró en el centro comercial, empuñando su arma y echando un vistazo brevemente a su alrededor. No pudo evitar chasquear la lengua.
“Maldita sea… Esas narices grandes tienen buena puntería.”
Las anteriores andanadas de proyectiles atravesaron casi por completo la cúpula del centro comercial, impactando justo en el centro del espacioso atrio y destrozando por completo la zona circundante.
La información verificada por la Legión Tormenta a costa de sus vidas indicaba que la Legión podía localizar señales de radio, pero no su ubicación con precisión.
Ahora, Batalla estaba casi seguro de que esos tipos de narices grandes podían localizar señales de radio a 20 kilómetros con una precisión exacta. Caminando hacia el centro de la explosión, registró la zona cuidadosamente y pronto encontró una mochila que había caído del quinto piso, junto con un montón de carritos de la compra.
La mochila estaba hecha de arpillera común y corriente. Contenía una radio y una batería de hidrógeno de estado sólido. También tenía una radio sujeta con cinta adhesiva, que repetía intermitentemente un mensaje pregrabado. Esa era la fuente de la señal. También era el señuelo de radio preparado por Manantial.
“¿Qué dice?” – preguntó Li Ba, tras acercarse para observar. Aunque la radio seguía emitiendo mensajes, no entendía ni una palabra.
“No lo sé.” – respondió Batalla con indiferencia.
Como agente doble de la Nueva Alianza, por supuesto que lo entendía. Era Manantial repitiendo un sketch cómico. Lo único que les preocupaba era si el Corazón de Acero podía interceptar la señal y escuchar el contenido. Si lo lograban, podían imaginarse la escena.
Un grupo de oficiales sentados a una mesa, escuchando atentamente un monólogo, devanándose los sesos para analizar cualquier posible información que pidiera contener.
‘Aguanta…’
Un agente doble no puede permitirse el lujo de echarse a reír en este momento. Incapaz de contenerse, Batalla tosió para disimular la risa que se le escapaba. Agarró la radio que colgaba de su hombro y recitó las frases que había memorizado hacía tiempo al oficial del exterior.
“Primera planta asegurada. Se encontró una radio enemiga… Estaba en una mochila. Debe haberse caído desde arriba. ¿Subimos para seguir buscando?”
La respuesta no tardó en llegar.
“¡Continúen la búsqueda!”
“¡Recibido!”
Con una leve sonrisa, Batalla cortó la comunicación. Se giró para mirar a algunos de sus subordinados de confianza que estaban detrás de él y se aclaró la garganta.
“Empiecen a registrar el segundo piso. Revisen cada rincón con atención. ¡Que no se os escape nada!” – ordenó. – “¡En marcha!”
Mientras Batalla guiaba a sus hombres hacia el segundo piso, las calles del exterior estaban en completo silencio.
Al no observar ninguna actividad dentro del edificio, el oficial supuso que las personas del interior estaban muertas o ya se habían retirado. Al ver que probablemente no habría batalla esta noche, sacó tranquilamente un cigarrillo del bolsillo y lo encendió con una cerilla. Un humo especiado salió de sus fosas nasales. Estaba a punto de mirar su reloj de pulsera cuando, con ayuda de la luz de la luna, vislumbró unas pupilas de color ámbar ocultas en la oscuridad.
Un silbido resonó en el aire. De pie sobre el muro, un monstruo lo miraba fijamente, con sus pupilas color ámbar repletas de sed de sangre y matanza. El rostro del oficial palideció al instante, y el cigarrillo que aún chisporroteaba entre sus rígidos labios cayó al suelo. Sobre todo, cuando se dio cuenta de que no se trataba solo de un par de ojos…
“Garras de la Muerte!” – rugió el oficial aterrorizado, agarrando su rifle y disparando el primer tiro. – “¡Prepárense para la batalla…!”
Casi al mismo tiempo que terminaba de hablar, las Garras de la Muerte comenzaron a rugir mientras cargaban contra los soldados que se encontraban en el exterior del centro comercial. La tranquilidad de la calle se vio instantáneamente destrozada por los disparos, los destellos iluminaron los rostros contraídos por el terror.
No era solo la presencia de las Garras de la Muerte lo que los asustaba. ¡Había gente montada sobre los lomos de esas bestias sedientas de sangre! No solo se habían atado brutalmente a la espalda de las bestias con cuerdas, sino que también portaban armas variadas. Algunos llevaban fusiles, otros… escopetas. También parecían llevar lanzagranadas o algo similar.
Antes de que las Garras de la Muerte llegasen hasta ellos, los soldados con túnicas negras ya habían sido aniquilados por una andanada de granadas de mano. En apenas unos instantes, la caballería ya los había alcanzado. Podían sentir el aliento caliente de las bestias en sus rostros. En ese momento, los soldados de la Legión comprendieron lo que significaba el miedo y la brutalidad.
Ese grupo de bestias sedientas de sangre era prácticamente invencible en el combate cuerpo a cuerpo; a menudo, un simple zarpazo bastaba para que la sangre volase por los aires y las extremidades cercenadas cayesen por todas partes.
Ya fueran los supervivientes del páramo o los soldados de túnica negra, fueron masacrados sin piedad. Incapaces de oponer resistencia, se dispersaron y huyeron hacia los edificios cercanos. Las personas que se encontraban dentro del centro comercial oyeron claramente el alboroto del exterior.
Al mirar por la ventana el caos que reinaba en la calle, el rostro de Li Ba reflejó miedo. Su rifle apuntó a un jinete que cargaba en medio de la batalla, pero vaciló, incapaz de reunir el valor suficiente para apretar el gatillo. En ese instante, una mano surgió desde su lado, agarró el cañón del arma y lo apartó suavemente de la ventana. Li Ba giró la cabeza, solo para encontrarse con la mirada de Pangolín.
“No dispares. No atraigas a esos monstruos. No somos rival para ellos…” – Hizo un gesto para que todos guardasen silencio. Batalla se quedó mirando por la ventana. – “Escondeos. Encontraré la manera de rescatar a nuestro oficial…”
La calle era un caos. Al principio se escucharon disparos, pero pronto todo se convirtió en gritos y lamentos. Los horribles desmembramientos y la sangre completaban la imagen. Esas bestias brutales eran extremadamente crueles al despedazar a sus oponentes. Para disfrutar de sus presas vivas, casi nunca las mataban de inmediato. En cambio, pasaban a su siguiente víctima una vez que dejaban a la primera incapacitada.
Con ambos bandos enfrascados en un combate cuerpo a cuerpo, el dirigible que observaba desde el cielo solo podía mirar impotente, incapaz de brindar apoyo. En apenas dos minutos, el ejército auxiliar sufrió numerosas bajas, mientras que el escuadrón de 10 hombres de la Legión quedó prácticamente aniquilado.
Al ver que ya no quedaban objetivos en la calle que pudieran ser atacados, la caballería se retiró rápidamente del campo de batalla, con la misma rapidez con la que había aparecido a la carga.
Al contemplar cómo esas figuras fantasmales se dispersaban y desaparecían en la oscuridad, el oficial que había sido arrastrado hasta el centro comercial aún tenía el rostro conmocionado. Jadeando, bajó la mirada hacia la mancha de sangre de su pecho, luego se volvió hacia el centurión que estaba a su lado y, con dificultad, pronunció una palabra de agradecimiento.
“Gracias…”
Batalla permaneció en silencio. En realidad, lo que más le preocupaba era que lo descubrieran, ya que su vocabulario no era lo suficientemente amplio como para mantener una conversación. Recuperando la compostura, el oficial respiró hondo y evaluó con calma la situación.
“Tenemos que retirarnos…”
“¿Qué pasa con los heridos?” – preguntó Batalla mirando a los soldados que gemían fuera del edificio.
Un destello de compasión se vislumbró en los ojos del oficial, pero rápidamente fue reemplazado por la crueldad.
“Ellos… ya están muertos.”
Jamás se habría imaginado que la Compañía sería capaz de manipular a los mutantes para que luchasen a su lado. Era completamente diferente de la información que tenían. Sobre todo, porque no podía estar seguro de cuántas de esas Garras de la Muerte estaban escondidas en la ciudad. En tales circunstancias, el centro de mando no aprobaría el envío de refuerzos. Al oír la respuesta del oficial, Batalla suspiró para sí mismo.
‘Lástima…’
* * *
Tras la evacuación de las tropas, el Corazón de Acero bombardeó la zona sin importarle el consumo de munición. Sus cañones dispararon durante 10 minutos completos.
De pie frente al ventanal del puente, la mirada del general McClennan estaba fija en la zona iluminada por el fuego de artillería, su rostro tenía una expresión sombría y desoladora. Tenía un mal presentimiento. Cuanto más tiempo permanecían allí, más soldados de la Compañía mataba… Pero nada parecía debilitar al enemigo. Al contrario, sus oponentes parecían fortalecerse con cada batalla.
Primero, aviones más rápidos que sus proyectiles… ahora, soldados montados a lomos de Garras de la Muerte. Las tácticas del enemigo se estaban volviendo cada vez más absurdas, mientras que sus ventajas eran cada vez menos evidentes…
“¿Cuántos refuerzos ha enviado la Compañía? O… ¿La inteligencia estaba mal desde el principio?” – susurró un oficial del estado mayor.
“Esa señal… Parece ser un señuelo colocado por el enemigo.”
“Hace un momento, detectamos más señales por la ciudad con diferentes frecuencias… Podemos oír sus conversaciones, pero no podemos descifrar su idioma.”
Pero cuando el general McClennan estaba a punto de hablar, un oficial se acercó al puente.
“¡Informe! ¡Una solicitud de comunicación del general Griffin!”
“Conéctalo con la sala de conferencias. Dile que espere dos minutos.” – dijo McClennan con expresión impasible.
“¡Sí!” – respondió el oficial. Luego se dio la vuelta y se alejó corriendo del puente.
Tras delegar las tareas de mando en su segundo, el general McClennan abandonó el puente, dirigiéndose a la sala de conferencias situada en el piso superior. Allí había una mesa con una máquina plateada en el centro. Al ver que el general asentía, el oficial que estaba en la puerta se retiró inmediatamente de la sala. La luz del techo se apagó y la sala quedó sumida en la oscuridad.
Sin embargo, unas partículas de color azul claro emergieron del dispositivo situado en el centro de la mesa, volviendo a iluminar el espacio. Poco después, apareció la imagen holográfica de un hombre de entre 40 y 50 años. Tenía una nariz prominente, una mirada severa y el aura de un león. A pesar de su fiero aspecto, un destello de astucia brillaba en sus ojos.
Al mirar el rostro, un atisbo de molestia apareció en los ojos de McClennan, Pero para su desgracia, ese hombre tenía una estrella más en el hombro y tuvo que saludar primero.
“¿Qué sucede?” – preguntó con paciencia.
“Anímate, son buenas noticias.” – la imagen holográfica sonrió levemente antes de continuar. – “El mariscal ha ajustado nuestro despliegue en la Provincia del Atardecer. Ahora estamos oficialmente involucrados en la guerra entre el Reino del Halcón y los Reyes del Desierto.”
Como defensor de la guerra, esto era sin duda un motivo de alegría. Solo expandiendo el territorio de la Legión se podía alcanzar la gloria; solo mediante la guerra se podían saquear más riquezas, tierras y esclavos. Sin embargo, en el rostro de McClennan no reflejaba alegría. Claramente este hombre ya se había llevado el mayor mérito. Para cuando regresase, probablemente se quedaría sin nada. Al parecer, Griffin descifró la expresión del capitán y continuó con tono amable.
“Planeaba esperar a tu regreso para comenzar la siguiente fase del plan, pero inesperadamente nos encontramos con un ataque sorpresa por parte de los refuerzos de la Compañía. Antes de que los habitantes del desierto reciban apoyo de la Costa Este, tenemos que atacar primero. Por supuesto, creo que ya te has enterado de todo esto por otras fuentes.”
Tras aclararse la garganta, el hombre de la imagen holográfica continuó.
“Ahora, te ordeno que ejecutes tus nuevas órdenes: ¡dirígete inmediatamente hacia el Oasis número 9 para apoyar al ejército del Reino del Halcón! Espero que no hayas malgastado toda tu munición. Te esperan al menos dos duras batallas antes de regresar a puerto para reabastecerte.”
“¿Refuerzos de la Compañía?”
Ignorando por completo la segunda parte del discurso de Griffin, el rostro de McClennan reflejó sorpresa e incredulidad. Su compostura anterior se desvaneció. Golpeó la mesa con las manos y alzó la voz.
“¡Eso es imposible! Los refuerzos de la Compañía están acorralados en la parte sur de la Provincia del Valle del Río por nuestra nave. ¡Los hemos estado bloqueando todo este tiempo! Le aseguro que, desde principios de mes, ni un solo equipo… Ni siquiera una caravana ha entrado en el desierto desde aquí. Si te has encontrado con los refuerzos de la Compañía… ¿contra quién estamos luchando?”
Se escuchó una risita a través del canal de comunicaciones. Contenía un toque de sarcasmo irritante.
“¿Quién sabe? ¿Quizás estés luchando contra algunos habitantes del páramo?”



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